lunes, 27 de septiembre de 2010

Besteiro, setenta años después


Hoy se cumplen setenta años del menesteroso e injusto final de Julián Besteiro en la cárcel de Carmona. Cuando presenté mi novela sobre sus últimos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en marzo de 1998, acompañado de Alfonso Guerra y Horacio Vázquez-Rial, dije que me parecía que sobre los hechos que en ella se narraban había caído una densa masa de desconocimiento y olvido a partes iguales. Pedí entonces que se anulara el juicio que lo condenó a pena de muerte, que luego sería sustituida por la de treinta años de reclusión mayor. Lo mío fue un modesto intento de reivindicar su memoria tratando de limpiarla de las graves acusaciones que algunos habían vertido sobre ella durante años. Besteiro y Dolores Cebrián no tuvieron hijos y, por tanto, tampoco nietos. Nadie, pues, que hiciera suya con tenacidad la reivindicación de su memoria, aunque su familia hiciera cuanto pudo en aquellos años duros de la dictadura. Ya en democracia, en 1988, el libro Cartas desde la prisión editado por Carmen Zulueta, hija de Mercedes Cebrián, hermana de Dolores y por tanto sobrina de don Julián (“Bugán”, como le llamaban familiarmente) fue un buen ejemplo de ello. Se tiene la impresión, a juzgar por el busto que está en los pasillos del Congreso, justo al lado de la puerta por la que entran y salen sus señorías al salón de plenos, de que a Besteiro se la ha hecho justicia (la biografía Nadar contra corriente. Julián Besteiro, publicada en 2002 por Patricio de Blas y Eva de Blas va en esa dirección) y hoy es un referente necesario (algunos dicen que de la tercera España) de la memoria histórica colectiva. Sin embargo, el juicio que lo condenó por “rebelión militar” sigue intacto y nadie que tenga verdadera influencia en estos tiempos de recuperación de la memoria histórica ha movido un solo dedo por anular una de las condenas que merecerían estar, como dijo Miguel Mena en El Periódico de Aragón al comentar mi libro, en la historia universal de la infamia.

5 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

Es muy difícil enmendar la memoria universal de la infamia. A veces pienso que es por intereses económicos, lo cual podría ser explicable; pero casi siempre es por las nefastas e intolerantes ideologías o por pura desidia, vagancia y bostezo.

"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón." Machado.

Actitudes como la tuya son de agradecer. Hombres como Basteiro, Companys, etc. merecen una restitución de la verdad historica.

Salud

Francesc Cornadó

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Gracias, Francesc, por tu comentario. Es verdad, la historia no puede ser enmendada, lo hecho, hecho está. La Constitución de Cádiz se postergó y sus ideas fueron perseguidas (véase el cuadro y la historia del fusilamiento de Torrijos y su compañeros) casi desde el mismo momento en que se alumbró. Pero, a posteriori, sí se pueden enmendar algunas cosas, aunque sea solo con valor simbólico. Anular ciertas condenas a muerte dictadas en juicios sin ninguna garantía jurídica (lo digo hoy que se cumplen 35 años de los fusilamientos finales del franquismo) es necesario, aunque solo sea como muestra del triunfo de la justicia poética, la que consuela a los seres humanos.
Un abrazo, Javier.
P.S. He visitado tu blog y lo enlazo a mi bitácora.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Gracias, Horacio, por tu comentario. Guardo un grato recuerdo de aquella presentación de Madrid y de la lectura de tu libro "El soldado de porcelana", sobre la figura de Gustavo Durán, que también leí por entonces. Lo he recordado todo ahora porque nadie mueve ni una uña por anular el juicio, por llamarle de algún modo, que se hizo a Besteiro y su infame condena a 30 años de reclusión mayor impuesta a un hombre de 69 años. En fin...
Un abrazo, Javier.

Horacio dijo...

Estimado Javier: Los azares de internet me han puesto delante este artículo. El correo que incluyes en el perfil no es fácilmente accesible, de modo que contacto contigo vía comentario. Me gustaría volver a verte. Un abrazo. Horacio

27 de septiembre de 2010 15:54

Beatriz dijo...

Cuántas barbaridades cometidas y ni un perdón.Cuánta ignorancia.
He pasado el verano en el Archivo Histórico buceando entre los expedientes de Responsabilidades Políticas y los de Depuración del magisterio. Tambien he tenido acceso a los sumarísimos militares.
Pertenezco a un seminario de historiadores vinculado a la universidad y en nuestras reuniones hemos hablado de Besteiro.
Nombras el juicio de el Goloso. Espeluznante. He tenido la suerte de visitar al Obispo de Vallecas, Alberto Iniesta. Me contó como intentó ayudarles, pidiendo ayuda "arriba" y todo fueron negativas. Escrbió una homilia contra la pena de muerte, tras las ejecuciones que se leyó en todo Madrid y recibió amenazas de muerte. Tarancón lo sacó de España.
En fin...