domingo, 4 de noviembre de 2012

Sin sitio


Hace unas semanas, seguramente para no sentirme sin sitio y buscando a quién votar -desde el año 1977 he sabido a quién votaba en la elecciones generales, en las autonómicas fue otro cantar-, leí con cierta esperanza el manifiesto “Federalistes i d’esquerres”. Compartí buena parte de su contenido hasta que me topé con la siguiente frase: “No creemos que pertenecer a España sea una obligación perpetua, pero no compartimos tampoco las razones de quienes sostienen la necesidad histórica de la ruptura.” Lo de siempre, pensé. La visión de Catalunya y de España como realidades diferentes. Parece, a juicio de los redactores del manifiesto, que “estar” en España sea transitorio; el verbo “ser”, referido a España, se diluye como agua que corre por el sumidero de la historia.


Días después, el PSC aprobó en su programa electoral la necesidad de llevar a cabo una reforma de la Constitución para garantizar el “derecho a decidir” de los catalanes. A decidir qué, se preguntaba con acierto el editorial de El País. El PSC ha contribuido gravemente, con su política errática en esta materia de la identidad, a crear la conflictiva e incierta situación actual de manera decisiva, sobre todo en los años en los que estuvo en el gobierno. Se dejó tiradas las siglas PSOE sin que nadie dijera por qué y sin dar ninguna explicación. Se alentó, desde la presidencia socialista de Maragall con el insensato apoyo de Rodríguez Zapatero, un estatuto que más tenía de constitución de un estado que de estatuto de autonomía. Aún hoy, a pesar del giro positivo, pero claramente insuficiente, no se pueden borrar los errores de tantos años de la noche a la mañana, que implica la nueva política impulsada por Pere Navarro, el PSC sigue en la ambigüedad, sin atreverse a corregir una política que en el pasado situó al partido claramente en el ámbito soberanista. Debería recuperar las siglas dejadas en el camino y hablar con más claridad a los ciudadanos. Por ejemplo, diciendo que Catalunya y España son una única realidad política, un mismo proyecto, un mismo estado. Les bastaría para ello con buscar en sus propios archivos y recuperar las palabras de Pascual Maragall cuando era alcalde de Barcelona: “Lo que es bueno para Catalunya, es bueno para España”. ¿Se acuerdan? Las pronunció en el año 1986, cuando se otorgó a Barcelona la organización de la Olimpiada del 92.

Por fin hoy, domingo 4 de noviembre, leo en El País un manifiesto con el que sentirme identificado y que firmaría sin reparos. La lástima es que lo hayan redactado en Madrid. ¡Qué falta harían intelectuales así en Catalunya! ¡Ay, España!...

2 comentarios:

Rafael dijo...

Este escrito era necesario. Al menos así lo veo yo. Ojalá tenga amplia difusión.

Un abrazo.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Gracias, Rafael, por tu comentario. Han sido demasiados años viendo cómo el PSC caía abiertamente en las redes del nacionalismo e intentaba competir con él sabiendo como sabían sus dirigentes que las bases les pedían otra cosa, al menos no jugar en campo ajeno. Dice muy bien el refrán, quien siembra viento...
Un abrazo, Javier.