jueves, 6 de diciembre de 2012

La Constitución de 1978


Escribo esta entrada conmemorativa, por la fecha, para recordar que la Constitución de 1978 ha posibilitado el periodo más largo de vida democrática continuada en España y eso es motivo para todos nosotros de legítimo orgullo. En el marco constitucional amparado por esa norma magna se ha producido la alternancia entre gobiernos de diferente signo político y se ha descentralizado el estado como nunca antes se había hecho. Los que la critican alegando que no participaron en el referéndum que la aprobó, porque no habían nacido o porque no tenían la edad necesaria para ejercer el derecho al voto, no deben olvidar que las constituciones son más longevas que las personas y que es bueno que sea así, porque su misma pervivencia en el tiempo es una inequívoca señal de que la nación sigue viviendo en libertad y en democracia. Redactada desde el consenso, sería bueno que si hay que modificarla en algún momento, lo sea también por consenso y no por urgencias vengan dictadas de donde vengan. Quienes la menosprecian y la atacan diciendo que está obsoleta, que ya no sirve y que sería necesario un nuevo marco jurídico, cometen a mi juicio un grave error político. Es verdad que las constituciones no son intocables, pero hay que estudiar con mucha calma en qué, por qué, cómo y para qué se modifican. Que nadie espere cambios imposibles. Nunca una constitución española, ni la de 1978 ni cualquier otra que pudiera venir en el futuro, y muy probablemente tampoco ningún gobierno español, al menos eso es lo deseable, dará cobijo ni coartada al independentismo disgregador. Por ello hoy más que nunca se hace necesario recuperar el "Viva la Constitución" con el que algunos diarios ilustraron sus portadas después del intento de golpe del 23 de febrero de 1981. 

Nota. La foto es del diario El País. Produce cierta nostalgia, a los que vivimos su elaboración y participamos en su aprobación, la ausencia de algunos de los llamados "padres de la constitución". Tempus irreparabile fugit...

1 comentario:

Joselu dijo...

Ay, amigo Javier, la constitución no vive uno de sus mejores momentos. No fue elaborada en momentos de euforia patriótica ni tuvo la épica necesaria para hacerse carne de todos. Yo no la voté. Recuerdo que estaba en Barcelona cuando tenía que haber estado en Zaragoza para votarla, pero mi abstención era activa o mi convencimiento para ella no fue lo suficientemente sólido como para que la votara. Olía demasiado a imposición y nos retiró toda la épica que había tenido la transición y la lucha democrática. Este origen de un pacto -ahora lo veo- es su mayor bagaje pero carece de valor para la ciudadanía que no se reconoce en ella. Siento que es una pena, ciertamente, y coincido con tus apreciaciones que no se proyectan en estados de opinión. Acabo de pasar un fin de semana constitucional en Platja d'Aro y he visto el ambiente "constitucional" que se respira en Girona donde es omnipresente la estelada. Me temo que la Constitución es una institución valiosa pero aparece como mohosa y anticuada. Me gustaría pensar que tienes razón, pero dos días fuera de Barcelona me han hecho ver qué valor tiene la Constitución, que como característica tiene el no tener unos adeptos en ningún lado que no sean puramente racionales, y una constitución necesita de muchos apoyos sentimentales, emocionales e incluso pasionales. Y esta no los tiene. ¿Adónde iremos? Al desastre, seguro. Un cordial saludo.