miércoles, 23 de marzo de 2016

El silencio de Bruselas



Bruselas, 22 de marzo de 2016

¡Qué sensación extraña y desconcertante produce el silencio de una ciudad que acaba de ser golpeada por la mano ciega y fanática del terrorismo! Las calles sin coches y sin apenas transeúntes, y los pocos que transitan se miran recelosamente mientras se cruzan. La policía y el ejército patrullando por todas las avenidas fuertemente armados. Cuando pasas cerca de ellos, sientes que te miran de arriba abajo. Silencio. No hay ruido de coches, solo circulan algunas bicicletas. Las calles están cortadas al tránsito, se han convertido en peatonales. La inmensa mayoría de las tiendas están cerradas, aunque hay algunas excepciones. Los ciudadanos están recluidos en sus casas porque así lo han recomendado las autoridades. 

Vida amortecida, en estado latente. No funciona el metro, ni los tranvías. Están cerrados el aeropuerto y las estaciones de ferrocarril. Se extreman los controles fronterizos. Entrar y salir de la ciudad es casi imposible. No se oye nada. No hay risas, ni músicas, solo silencio denso y descorazonador. Silencio porque han muerto treinta y cuatro personas y más de ciento cincuenta están hospitalizadas y algunas de ellas en estado grave.

Cuando cae la tarde, decidimos salir para ir al edificio de la Bolsa, en la plaza del mismo nombre, por el bulevar Lemonniere. Hemos visto la convocatoria de la concentración a través de las redes sociales. Decidimos que es importante asistir para que nuestro silencio dolorido se una al silencio de los otros y sea así un clamor, silente, contra la barbarie que rompe la vida y pisotea la convivencia como si fuese una viola tronchada.

Hay gentes de todos los países, edades y condición que escriben sus mensajes con tizas de colores sobre el asfalto. Todas las lenguas, nosotros dejamos escritos mensajes en catalán y castellano, son una sola lengua que llora su pena sobre los adoquines grises. Las velas iluminan tres colores: el rojo, el amarillo y el negro. Mientras lo contemplo, pienso en tres palabras: libertad, fraternidad e igualdad.








Nota. Las fotos las tomamos hacia las siete y media de la tarde frente al edificio de la Bolsa, la tarde de los atentados. Mientras la gente dibujaba, las televisiones entrevistaban a algunas personas y todos nos mirábamos unos a otros como preguntándonos qué sentido tenía lo que habían hecho esa misma mañana en el aeropuerto y en el metro y que nos había convocado a todos allí.

2 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

Ahora todo es muy triste. Como tú dices: "Las calles sin coches y sin apenas transeúntes, y los pocos que transitan se miran recelosamente mientras se cruzan. La policía y el ejército patrullando por todas las avenidas fuertemente armados. Cuando pasas cerca de ellos, sientes que te miran de arriba abajo."
Ahora lamento, pero también una pregunta:
¿Qué hacía esta policía y los poderes públicos estos meses de atrás, cuando ya habían decretado el estado de alerta máxima? ¿Hacían algo más que pasearse en metralleta?
Han salido mal las cosas y no detectadon nada. ¿Ha habido ineficacia política y policial?
Un abrazo
Francesc Cornadó

Rafael Hidalgo dijo...

Imago Dei... Cristales rotos.