miércoles, 30 de marzo de 2016

Tanka de la despedida

 
 
TANKA DE LA DESPEDIDA
                      
Me despido así
una tarde de lluvia
triste contigo
encendida nostalgia
de terrazas vacías.

jueves, 24 de marzo de 2016

El silencio de Bruselas / y 2


Lo que en la tarde del día de los atentados, el martes, fue una silenciosa manifestación de duelo y de respeto sobrecogedor, se ha ido convirtiendo, con el paso de las horas y los días, en un auténtico asunto mediático. El silencio se ha trocado en un continuo corear de consignas lanzadas al aire como se vociferan los gritos de ánimo en un estadio de fútbol. Los jóvenes, muy jóvenes, se han adueñado de las escaleras de acceso a la puerta principal del edificio de la Bolsa y desde allí agitan sus banderas, son muy numerosas las turcas, y sin parar de moverse cantan las improvisadas consignas en francés: "nous sommes tous, nous sommes Bruxelles".

Abajo, en la calle y en las aceras, las televisiones de medio mundo realizan conexiones en directo para los informativos de sus respectivos países. Los fotógrafos, que abundan, fijan sus objetivos, principalmente, en las numerosas familias belgas musulmanas que han acudido hasta aquí para testimoniar su rechazo a la barbarie terrorista.

Acuden los políticos franceses en señal de condolencia y solidaridad, Anne Hidalgo y Manuel Valls, alcaldesa de París y primer ministro, ambos de origen español. La policía en formación, todos sus miembros con la mirada perdida en la lejanía, sin mirar a nadie, les rinde honores. Los ciudadanos aplauden a los políticos, pero, sobre todo, se advierte en la intensidad de los aplausos, a los policías. 

Otros policías, armados hasta los dientes, patrullan entre la gente y dan protección a los equipos de televisión. Hay tambores, guitarras, cánticos, abrazos gratis, muchas velas, innumerables grafitis escritos con tizas de colores en el asfalto. Hay todo eso, pero se echa de menos la contención y el silencio, dolorido, respetuoso y solidario con las víctimas de la primera tarde después de los atentados.

miércoles, 23 de marzo de 2016

El silencio de Bruselas



Bruselas, 22 de marzo de 2016

¡Qué sensación extraña y desconcertante produce el silencio de una ciudad que acaba de ser golpeada por la mano ciega y fanática del terrorismo! Las calles sin coches y sin apenas transeúntes, y los pocos que transitan se miran recelosamente mientras se cruzan. La policía y el ejército patrullando por todas las avenidas fuertemente armados. Cuando pasas cerca de ellos, sientes que te miran de arriba abajo. Silencio. No hay ruido de coches, solo circulan algunas bicicletas. Las calles están cortadas al tránsito, se han convertido en peatonales. La inmensa mayoría de las tiendas están cerradas, aunque hay algunas excepciones. Los ciudadanos están recluidos en sus casas porque así lo han recomendado las autoridades. 

Vida amortecida, en estado latente. No funciona el metro, ni los tranvías. Están cerrados el aeropuerto y las estaciones de ferrocarril. Se extreman los controles fronterizos. Entrar y salir de la ciudad es casi imposible. No se oye nada. No hay risas, ni músicas, solo silencio denso y descorazonador. Silencio porque han muerto treinta y cuatro personas y más de ciento cincuenta están hospitalizadas y algunas de ellas en estado grave.

Cuando cae la tarde, decidimos salir para ir al edificio de la Bolsa, en la plaza del mismo nombre, por el bulevar Lemonniere. Hemos visto la convocatoria de la concentración a través de las redes sociales. Decidimos que es importante asistir para que nuestro silencio dolorido se una al silencio de los otros y sea así un clamor, silente, contra la barbarie que rompe la vida y pisotea la convivencia como si fuese una viola tronchada.

Hay gentes de todos los países, edades y condición que escriben sus mensajes con tizas de colores sobre el asfalto. Todas las lenguas, nosotros dejamos escritos mensajes en catalán y castellano, son una sola lengua que llora su pena sobre los adoquines grises. Las velas iluminan tres colores: el rojo, el amarillo y el negro. Mientras lo contemplo, pienso en tres palabras: libertad, fraternidad e igualdad.








Nota. Las fotos las tomamos hacia las siete y media de la tarde frente al edificio de la Bolsa, la tarde de los atentados. Mientras la gente dibujaba, las televisiones entrevistaban a algunas personas y todos nos mirábamos unos a otros como preguntándonos qué sentido tenía lo que habían hecho esa misma mañana en el aeropuerto y en el metro y que nos había convocado a todos allí.

sábado, 19 de marzo de 2016

De San Agustín a Camilo José Cela: Dios y el tiempo



En el "Capítulo XIV" del "Libro Undécimo" de las Confesiones, en traducción del humanista, escritor y fraile agustino Ángel Custodio Vega, escribe san Agustín lo siguiente sobre el tema de la creación y el tiempo:
 
No hubo, pues, tiempo alguno en que tú no hicieses nada, puesto que el mismo tiempo es obra tuya. Más ningún tiempo te puede ser coeterno, porque tú eres permanente, y este, si permaneciese, no sería tiempo. ¿Qué es, pues, el tiempo? ¿Quién podrá explicar esto fácil y brevemente? ¿Quién podrá comprenderlo con el pensamiento, para hablar luego de él? Y, sin embargo, ¿qué cosa más familiar y conocida mentamos en nuestras conversaciones que el tiempo? Y cuando hablamos de él, sabemos sin duda qué es, como sabemos o entendemos lo que es cuando lo oímos pronunciar a otro. ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.
 
En 1999 publicó Camilo José Cela la que a la postre sería su última novela, Madera de boj. En ella, escribe Cela, de quien este año de 2016 se cumple el centenario de su nacimiento en Iria Flavia, sobre el tema de Dios y el tiempo, motivo de esta entrada de hoy:
 
La mar no se paró nunca desde que Dios inventó el tiempo hace ya todos los años del mundo, Dios inventó el mundo al mismo tiempo que el tiempo, el mundo no existía antes del tiempo, la mar no se cansa nunca, el tiempo no se cansa nunca, ni el mundo, que cada día es más viejo pero tampoco se cansa nunca, la mar se traga un barco o cien barcos, se lleva un marinero o cien marineros y sigue murmurando con su voz afónica, con su voz de borracho triste y pendenciero, amargo y peleón.
 
La personificación y la metáfora A de B, con su desgarradora enumeración, tiene el poder de evocar esas vidas en el tiempo, en el Finis Terrae, en la Costa da Morte, donde naufragan las embarcaciones a merced de Dios y el tiempo, que no tiene vuelta atrás, aunque se le trate con "inteligencia y cariño", como dice en un momento de la novela el narrador.
 
Nota. La cita del San Agustín procede de Confesiones, introducción de José Luis Aranguren y traducción y notas de Ángel Custodio Vega, Col. Bruguera Libro Clásico 159, Editorial Bruguera, Barcelona, marzo de 1984, 423 pp: cita de la pág. 328. La de Camilo José Cela de Madera de boj, Col. Espasa Narrativa, Editorial Espasa, Madrid, 1999, 323 pp.; cita de la pág. 13. La ilustración es un cuadro de Sandro Botticelli.