jueves, 27 de octubre de 2011

Nueva transición



Se oye últimamente mucho la expresión “transición hacia el derecho a decidir”. El enunciado suscita inmediatamente algunas preguntas: transición hacia dónde, hacia qué y de qué modo; derecho a decidir qué, para qué, y de qué forma. Se esconden trampas semánticas en ese enunciado que es muy confuso, tan polisémico que acaba uno no captando la información que quiere transmitir, el referente se pierde en una maraña confusa e ininteligible.


Recomendaba Juan de Mairena a los jóvenes que hicieran política para que otros no acabaran haciéndola en su nombre, pero sobre todo que la hicieran a cara descubierta, esto es, sin máscaras. Parece que el enunciado dicho esconda ideas que no se quieren expresar abiertamente y se hayan de vestir con esos ropajes retóricos que solo sirven para no decir nada, salvo para ocultar las verdaderas intenciones.


Aquí ya se hizo la transición de la dictadura a la democracia y del centralismo al estado autonómico.¿Cabe esa nueva transición de la que se habla en la Constitución del 78? ¿De qué transición se habla, pues?

lunes, 24 de octubre de 2011

Irse de rositas


Provoca en mí un sentimiento profundo de rechazo, que linda con la repugnancia moral, esa intención de pasar página como si aquí no hubiera sucedido nada, como si se tratase de un cambio de estrategia y nada más, es decir, lo que no se ha conseguido matando a mansalva se ha de intentar de formas menos violentas.

Quienes así piensan y actúan están legitimando la violencia, esto es, quieren decirnos que las niñas de la Casa Cuartel de Vic, por poner solo un ejemplo, fueron asesinadas para alcanzar ciertos objetivos políticos. Con ello se nos dice también que el fin justifica los medios, o lo que es lo mismo, que todo vale. Por consiguiente, nadie debe exigir responsabilidades, ni judiciales, ni éticas, ni políticas, ni de ningún tipo.

Esa forma de pensar, sobre ser totalitaria y antidemocrática, pisotea la ética y constituye en sí misma una descomunal estafa, arroja al arroyo el estado de derecho, tritura la civilización y deja inermes a los ciudadanos ante la barbarie, a los pies de los caballos.