miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Feliz 2015!



A todos los que pasáis por aquí, y a los que no, también, os deseo lo mejor para el año que empieza de inmediato. No estaría de más considerar, aunque fuera solo un instante, el refrán de la ilustración que acompaña esta entrada, que quiere ser una felicitación de paz y bienestar: juntos estamos mejor; a mí no me cabe ninguna duda, pero, eso sí, cada oveja con su pareja. Feliz año, pues, a todos.

Nota. Como en otras ocasiones, el dibujo es de MQ.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Tanka de la estrella



TANKA DE LA ESTRELLA

Llora su pena
en el cielo una estrella 
lágrimas tristes
como luces de ausencia
relumbran en la noche.

Nota. La foto de París es de MQ y a ella está dedicado el tanka.

jueves, 18 de diciembre de 2014

José Ramón Arana: tres apuntes biográficos / y 3


El tercer apunte biográfico, y último de esta serie, procede también, como los de las anteriores entradas, del libro Can Girona. Por el desván de los recuerdos. Hace ahora alusión Ramón, en conversación con el médico de la fábrica, don Carlos, a su gusto por la lectura y a su precoz afición a "devorar" libros.

   - Desde niño he sido un insaciable devorador de letra impresa. Siete años tenía cuando leí El crimen sacrílego, El judío errante y otros novelones parecidos. Sé que fue en ese tiempo porque mi padre vivía aún; a los ocho me quedé sin él.
     - ¿Y le dejaban leer eso?
     - ¡Qué me habían de dejar! A escondidas era. Escogí la parte baja de un armario en el que guardaba mi padre cuadernos, tinta, pizarrines y otros materiales de la escuela. Hecho un ovillo en lo más bajo, dejaba entre una y otra portezuela una rendija para que entrara luz, y a tragar páginas. Así hasta que me dolía todo por lo incómodo de la postura.
   - ¿De donde sacaba esas novelas?
   - Es que encontré una mina entre los muebles y cacharros que guardaba mi madre en el desván. Un día alcé la tapa de un vetusto baúl forrado de piel de cabra, con desgarros aquí y allí, pelado a corros y reforzado con herrajes -parece que estoy viéndolo-, y allí estaba el filón. Había algunos libros en un idioma extraño, supongo que latín, empastados en pergamino, y no pocas novelas. Cuando las leí todas, metí el diente a un libraco incomprensible para mí, pero atractivo. Barruntaba en él algún misterio gordo y lo leí de cabo a rabo sin entender ni jota. Era una Historia del arte de partear.
    - ¡Qué horror! Seguro que tenía láminas.
    - No, dibujos a línea sin nada claro para mí.

Este entrañable bosquejo de los inicios como lector de José Ramón Arana resulta, a mi juicio, del máximo interés y explica muchas cosas; entre ellas, la influencia, aunque fuera en este caso pasiva, de la figura del padre en el despertar a la literatura de nuestro escritor. Si don Ventura Ruiz no hubiera sido profesor y esos libros no hubieran estado allí, tal vez al niño que fue José Ruiz Borau no se le hubiera despertado el gusto por la letra impresa, como él dice, por la lectura, por la literatura, en definitiva. Pero ocurrió, y además, en la más temprana edad, así que la semilla que habría de germinar años después quedó sembrada y firmemente enraizada en el alma incipiente de un muchacho que al correr de los años, tras haber vivido duras y complejas experiencias, escribiría en México una de las mejores novelas cortas sobre la Guerra Civil Española, El cura de Almuniaced

sábado, 13 de diciembre de 2014

José Ramón Arana: tres apuntes biográficos / 2



Continuando con el mismo libro de la entrada anterior, Can Girona. Por el desván de los recuerdos, anotamos ahora un apunte biográfico más, este bien curioso, que en sus páginas nos dejó el escritor. Se refiere en él a su afición a los toros y a su fallido intento de convertirse en torero. Dialoga Ramón ahora con Damián, logradísimo personaje que comparte con él el protagonismo de la historia y que en un tris estuvo de dar título al libro:

Hablo, a pregunta suya, de la primera vez que vine a Barcelona, hace casi tres años. Damián ríe de buena gana cuando le digo que vine a tirarme a la corrida de la Merced.
    - ¿Querías ser torero?
  - Sí, claro; ya llevaba dos años de capeas. Mira -y le enseño en la pierna izquierda una cicatriz larga, blancuzca-, aquí tengo un puntazo corrido. Me lo dio "la Chorreada", una vaquilla que sabía latín.
   - Pues oye, no te enfades, pero el tipo te ayudaría poco. Más lo tienes de picador.
   - Sí, me lo decían todos, pero uno... De todas maneras, lo peor no fue que el tipo me ayudara poco, sino que el miedo me estorbaba mucho. Sobre todo desde que mató una vaca a mi compañero de aventuras. "El Puri", le decíamos. Le metió el cuerno por la ingle y para qué te cuento.

Escribe Javier Barreiro, en "Un acercamiento biográfico", en el prólogo de su edición de Poesías, Rolde de Estudios Aragoneses, Diputación de Zaragoza, 2005, comentando esta afición del escritor, lo siguiente: "De natural inquieto, cambió de trabajo con frecuencia y hasta probó suerte en el carpetovetónico mundo de las capeas. En esta y otras aventuras, siempre estuvo acompañado de su amigo Miguel, al que en 1951 dedicaría Veturián, y que después se hizo barbero. La historia terminó cuando una vaca, La Chorreada, corneó al futuro escritor en la pierna. La gran cicatriz que le cruzaba desde el tobillo hasta la rodilla daba fe del episodio." 

Nota. En la foto que ilustra esta entrada, recorte de una familiar publicada en otra entrada de este blog dedicada a Arana "Biografía de solapa", se puede apreciar, en el hombro derecho del escritor, el pelo de Veturián Arana Godás, último hijo del escritor nacido de su matrimonio con Elvira Godás. 

martes, 9 de diciembre de 2014

José Ramón Arana: tres apuntes biográficos / 1



El libro, cuya portada ilustra esta entrada, inicio del ciclo narrativo "Por el desván de los recuerdos", recrea los años en que Arana trabajó en la fundición Can Girona, en el Poble Nou, un barrio obrero de la Barcelona del tiempo de la dictadura de Primo de Rivera. Dedica Ramón, nombre del protagonista y narrador, el libro a sus "compañeros de ayer" y nos deja algunos interesantes testimonios que poseen, además del entrañable valor humano, el carácter de documentos biográficos sobre la vida de José Ramón Arana, por aquel entonces aún José Ruiz Borau.
     En el primero de ellos, dialoga Ramón con Don Carlos, el médico de la fábrica, culto, escéptico y empedernido lector, que lo atiende de unas heridas producidas en el duro laborar:

-  Usted no ha sido siempre obrero, ¿verdad?
- Siempre. A los doce años entré de aprendiz en una imprenta y desde entonces...
- Pues es raro. ¿Por qué dejó ese oficio?; a mí me hubiera gustado, creo.
- Y a mí, pero eran diez horas dándole al pedal de una "Minerva" por veinticinco céntimos, y comprenderá usted que con un real...
- ¡No he de comprender! Era inicuo. ¿Lo sacó su padre de allí?
- No, mi padre había muerto años atrás.
- ¿Y qué era su padre?
- Maestro.
-¡Ah, vamos!

El padre de Arana se llamaba Ventura Ruiz Lara y fue maestro en Garrapinillos, Zaragoza, donde nació el escritor. Murió "de tuberculosis prematuramente -en 1913- sin tener suficientes servicios para causar pensión", escribe Luis A. Esteve en el prólogo a su edición de El cura de Almuniaced, Biblioteca del Exilio, Editorial Renacimiento, Sevilla, 2005, lo que conllevó que el escritor y su madre pasaran "muchas estrecheces". Según Esteve, la madre abrió un taller-academia de corte y confección en Pina de Ebro y a los doce años su hijo entró de aprendiz en una imprenta cuando vivían ya en el casco viejo de Zaragoza.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Tanka de los adentros



TANKA DE LOS ADENTROS

Por mis adentros
como en un laberinto
me pierdo a veces
buscándote, Dios mío,
detrás de tu silencio.

Nota. La foto de la playa de la Barceloneta, con el edificio de La Vela al fondo, está tomada el pasado mes de noviembre.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Rivesaltes: las sombras pasan



Una tarde de otoño, de finales de octubre, cuando declinaba la luz y el cielo encapotado amenazaba lluvia, cuando el viento inclemente azotaba los arbustos de la desangelada llanura en medio de la nada, llegué al Campo de Concentración de Rivesaltes, o mejor dicho, al monumento erigido para honrar la memoria de quienes allí estuvieron recluidos. Una placa sobre un monolito de piedra, la de la fotografía que ilustra la entrada, recuerda a los niños, a las mujeres y a los hombres civiles y militares republicanos españoles que allí estuvieron internados. Unos versos de Antonio Machado, traducidos al francés, sugieren un pensamiento profundo. Los versos pertenecen al poema que el autor sevillano escribió en memoria de don Francisco Giner de los Ríos y que incluyó en el libro Campos de Castilla, en la edición de 1917. El poema está fechado en Baeza, el 21 de febrero de 1915. 

Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan,
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced,campanas!

Quien grabó los versos en el mármol no quiso poner la exclamación que tan significativa resulta.


Otros monolitos se levantan para honrar la memoria de los más de 2250, entre ellos ciento diez niños, judíos deportados al campo de exterminio de Auschwitz entre agosto y octubre de 1942.


Un talud de arena, de unos dos metros de alto, rodea los restos del campo de concentración, abandonados a la intemperie, mostrando la ruina de un tiempo pasado de infausta memoria. Unos letreros advierten de que se está en terreno militar y de que no se puede acceder sin contravenir el código penal en determinados artículos explicitados en los numerosos letreros que rodean el campo. Parece como si se quisiera ocultar la historia, como si se pretendiera borrar la memoria de ese campo de internamiento que permaneció abierto muchos años.


Pero es difícil ocultar la historia. Al regresar, ya entrada la noche, a casa, al otro lado de la frontera, leí, después de cenar, en el libro Mas allá de la muerte y el exilio, escrito por Louis Stein en 1979 y publicado por Plaza y Janés, en traducción de Manuel Vázquez, en diciembre de 1983, lo siguiente:

El doctor Harvey, que visitó Rivesaltes en septiembre de 1941, quedó también asombrado por la inadecuada ubicación física del campo -una llanura desnuda, barrida por los vientos- y por las deficiencias de la dieta. El guía oficial subrayó el hecho de que los refugiados eran huéspedes de Francia y afirmó que se les estaban suministrando un promedio de 1750 calorías diarias, la misma cantidad que a la población francesa. Resultó evidente al norteamericano, sin embargo, que esa afirmación era falsa. La inmensa mayoría de habitantes del campo eran mujeres, niños y viejos. El doctor Harvey visitó la guardería infantil, y observó aproximadamente a treinta niños. Había algunos niños de ocho y nueve años de edad que parecían recién nacidos. Pocos eran los pequeños que estaban ganando peso normalmente. El hospital, un barracón transformado, no podía albergar más que a una pequeña proporción de enfermos. La mayoría de los refugiados enfermos permanecían en sus propios barracones.


Finalmente, en julio de 1941, Humbert llamó la atención del prefecto sobre el informe de Lefebvre y señaló la gravedad de la situación. El prefecto respondió entonces  ordenando al doctor Dorvault, inspector médico de los Pirineos Orientales, que investigara la situación. El doctor Dorvault no se alarmó excesivamente por lo que halló en la investigación. El malestar afectaba a un número relativamente pequeño de individuos en la población del campo de ocho mil personas. Estos pacientes eran incapaces de defenderse contra la infección debido a sus constituciones débiles o dañadas, o porque sus cuerpos habían envejecido prematuramente a causa de la guerra y la emigración. Inevitablemente, se producían muertes frecuentes entre ellos. Llegó a la conclusión de que el brote de disentería era estacional, no epidémico, y que afectaba solamente a los miembros más débiles del grupo. Señaló cierta falta de alimentación, y aprobó la concesión de raciones mayores.


Abandoné el campo no sin antes asomarme, junto a unos jóvenes franceses que fotografiaban los restos de edificios y de alambradas, a ver lo que pude desde los límites del talud, lo que queda, del campo de concentración en el que mis compatriotas republicanos habían tenido la desgracia de ir a parar. Conduje en silencio, estremecido por la impresión que siempre me causa visitar lugares como este. Llegué a casa y releí el libro de Stein, mientras pensaba en el poema de Machado y en cuántos de aquellos "hermanos" se habrían ido, como se fue el "hermano Francisco" por "una senda clara" esperando que alguien alguna vez les hiciera un "duelo de labores y esperanzas".

domingo, 23 de noviembre de 2014

Me pasó lo mismo


Leo con asombro el artículo de Claudia Piñeiro "No me morí mañana", en "La cuarta página" de la edición de El País de hoy. Por si le sirve de consuelo a la autora, a mí me hicieron lo mismo: anunciar mi muerte en la página de Wikipedia dedicada a mí. Me vi obligado a escribir una "fe de vida", publicada en este blog el seis de julio. Una compañera y amiga rectificó la broma macabra, por calificarla de algún modo. Tiene mucha razón Piñeiro cuando dice que "el anonimato es el gran talón de Aquiles del sistema virtual". Mi solidaridad.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Elzéard Bouffier: la esperanza



"Cuando pienso que un solo hombre, reducido a sus simples recursos físicos y morales, fue capaz de hacer surgir del desierto este país de Canaán, siento que, pese a todo, la condición humana es admirable. Pero cuando llevo la cuenta de toda la constancia en la grandeza de alma y de todo el empeño en la generosidad que han sido necesarios para obtener este resultado, me invade un inmenso respeto por ese viejo campesino iletrado que supo completar una obra digna de Dios."

Jean Giono, El hombre que plantaba árboles, prólogo de José Saramago, Duomo Ediciones, Barcelona, 2011; cita de la página 58.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Así, no


[1] Sin garantías democráticas, legales y constitucionales, se desvirtúa la democracia, se desnaturaliza.

martes, 4 de noviembre de 2014

Tanka de la historia


TANKA DE LA HISTORIA

Con voz callada
nos recuerda la historia
que nadie gana
en la estéril batalla
de patrias y banderas.


NOTA. La fotografía fue tomada el viernes treinta y uno de octubre desde el mirador de los Encantes Viejos que se asoma a la Plaza de las Glorias de Barcelona. Compré allí una edición de Francisco Ayala de El vergonzoso en palacio, de Tirso de Molina, en la colección Clásicos Castalia, nº 31, de la Editorial Castalia, Madrid, 1979. Con este soberbio párrafo inicia Ayala la introducción: "En tiempo de Fray Gabriel Tellez era idea admitida y corriente en España la de que las virtudes intrínsecas de una sangre noble se manifiestan en el carácter y conducta de la persona, aun cuando esta ignore la calidad de su origen." Pues eso...   

jueves, 23 de octubre de 2014

El ojo de la aguja


Peligros de la riqueza.

Y echando en torno una mirada, dice Jesús a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente los que posean riquezas entrarán en el reino de Dios! Los discípulos se asombraban al oír estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra les dice: Hijos, ¡cuán difícil es que los que tienen puesta su confianza en las riquezas entren en el reino de Dios! Más fácil es pasar un camello por el ojo de la aguja que entrar un rico en el reino de Dios. 

San Marcos 10, 23-25.

martes, 14 de octubre de 2014

Tanka del olivo



TANKA DEL OLIVO

Echar raíces
sobre la tierra humilde
como el olivo
que en silencio agradece
el terrón que lo ampara.

Nota. La foto del olivo está tomada en el camino de Castelló d'Empúries, en la comarca del Alt Empordà, Girona.

viernes, 10 de octubre de 2014

Todo lo que ambiciono



"Las palabras amor, gloria, poesía, no me suenan ya al oído como me sonaban antes. He aquí, hoy por hoy, todo lo que ambiciono; ser un comparsa en la inmensa comedia de la humanidad y, concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida. Cada día me voy convenciendo más que de lo que vale, de lo que es algo, no ha de quedar ni un átomo aquí."

Guatavo Adolfo Bécquer, Desde mi celda. Cartas literarias, Col Austral nº 788, Espasa Calpe, Madrid, 1972, octava edición. La cita procede de la "Carta tercera", páginas 58 y 59. 

domingo, 5 de octubre de 2014

El Romanticismo: Duque de Rivas y Casalduero / y 3


[1] Esta es la situación trágica que descubre el romanticismo. No que el corazón tenga sus razones que la razón no entiende, como en el barroco; sino que el corazón tiene una fuerza que choca contra la razón, y aun sabiendo que acarrea la perdición del hombre, su magnetismo nos atrae y nos sentimos felices al vernos en medio de esa corriente de pasión que todo lo inunda y todo lo arrastra.

[2] El hombre romántico queda reducido a la mirada -ese paisaje del alma-.

[3] El sino es una fuerza ciega que se va apoyando en azares sin sentido. El romántico, lo único que puede hacer es seguir ese frenesí entre dos gritos: la maldición y la misericordia.

[4] El hombre romántico quiere ser él, romper cadenas que aprisionan su voluntad.

[5] Entre Dios y Luzbel, el hombre romántico siente que quien triunfa es el Malo. Incomprensiblemente, absurdamente Dios ha abandonado al hombre.

[6] Si el destino es una fuerza cuyo sentido nos escapa, el amor llega hasta la muerte. El amor romántico no florece en el jardín; su pasión, su ardor agosta todo lo que toca, convierte el edén en un desierto.

Aforismos procedentes del prólogo de Joaquín Casalduero a la edición de Don Álvaro o la fuerza del sino reseñada en dos entradas anteriores.

jueves, 2 de octubre de 2014

El Romanticismo: Duque de Rivas y Casalduero / 2



[1] La única ley romántica es la de la libertad: no son las formas las que se imponen al poeta, es el poeta el que las tiene sometidas a su sentimiento.

[2] En busca de lo natural y de la palabra adecuada, confían la exuberancia de sentimiento a un vocabulario sencillo. Le elevación poética la consiguen a fuerza de vehemencia y de exaltación.

[3] El error nos hace bordear el abismo y la razón nos salva. Ese conflicto ideológico es el origen del sentimiento dramático.

[4] Lo que va a mostrar el romanticismo es la supremacía de la pasión sobre la razón.

[5] Entre la sociedad y los deberes que impone y el amor, el hombre romántico sucumbe ante la pasión.

[6] Amor, venganza, la vida como impulso, como fuerza que arrastra sin saber adónde. La ternura, el cariño, los sentimientos nobles y delicados, todo es arrasado por un viento seco y desolador.

[7] El romanticismo es una de las varias épocas de la historia a las cuales les ha sido negada la felicidad. La claridad del siglo XVIII, su ideal de felicidad van a parar al mundo turbio y desdidachado del siglo XIX.

[8] La vida romántica es siempre un desesperado tender hacia.

Aforismos procedentes del prólogo de Joaquín Casalduero a la edición de Don Álvaro o la fuerza del sino reseñada en una entrada anterior.

martes, 30 de septiembre de 2014

El paso de los años: García Morales


La misma tarde en que compré el libro cuya portada ilustra esta entrada, en la Feria del Libro de Ocasión de Barcelona, tuve noticia del fallecimiento de la escritora Adelaida García Morales. Entablé conversación con la librera, una señora muy culta y elegante, acerca de la obra de la autora. Me enseñó un recorte de periódico en que aparecía la noticia de su adiós. Charlamos acerca de El sur, de la película de Víctor Erice, de sus anteriores obras y le dije que me había hecho ilusión encontrar una primera edición de un libro suyo que no leí en su tiempo. Un cliente desvió la atención de la librera y entendí que la conversación había terminado. Me fui pensando, con cierta nostalgia, en los años ochenta, cuando leí por primera vez a García Morales. Pensé también en que el mejor homenaje que se puede hacer a un escritor es leer sus obras, así que me propuse leer durante el fin de semana la obra que había comprado. Lo hice y me confirmó ese tono de tristeza, de melancolía que predomina en muchas de las novelas de la autora y además, en esta, un clima inquietante; así se expresa Irina, la joven que pretende en vano el amor de Héctor:

Solo puedo pensar en una palabra: tedio. Una palabra enorme y única que lo llena todo. Invade mi mente y el espacio que me rodea. Tedio. Como si fuera una palabra sembrada a mi alrededor que me envuelve y me oprime. No hay nada más. Linda con el vacío más absoluto. Mi mente está cegada por una blancura vacía, solo tedio repite una vez y otra mi pensamiento.
Me uno desde estas páginas al dolor de sus familiares y amigos. Descanse en paz Adelaida García Morales. Gracias por su obra, por su literatura.

jueves, 25 de septiembre de 2014

El Romanticismo: Esquivel y Casalduero / 1



EL CUADRO DE ESQUIVEL


Esquivel pintó el famoso cuadro de Zorrilla leyendo sus poesías  en el estudio del pintor. Esta reuniones de artistas y escritores que nos dejó el pincel del siglo XIX son equivalentes a las enumeraciones literarias de los siglos XVI y XVII. Del valor social de esas presencias nos queda un testimonio en la sátira en verso de Martínez Villergas: Cuadro de la pandilla. Lo mismo que con las antologías, ocurre con esas reuniones. Aparte todos los motivos que puedan existir para censurar la selección, hay siempre uno poderoso: el no encontrarse entre los elegidos. Pero cesado el tumulto de la actualidad, esos grupos tienen un gran encanto, que deriva no solo de los protagonistas, sino también de los que sirven de coro y contribuyen a crear el ambiente.

 Esquivel compuso su cuadro con un hondo sentido de espiritualidad social. Zorrilla está leyendo sus poesías y da a la reunión un elevado acento; el pintor casi en el centro, pero al fondo, obliga a la mirada a no fijarse en un punto, sino a abarcar el conjunto, mientras que el empaque del actor, enfrente del poeta, con su elegancia algo teatral, quita al grupo el aire íntimo y le impone, sin forzarlo, cierto tono de solemnidad. Parece como si viéramos al verso dramatizar su lirismo y salir a las tablas, en tanto que el pintor entrega al lienzo el espectáculo que no podría existir si no hubiera oyentes, todos pendiendo de la poesía, atentos también a su papel de espectadores y al puesto que ocupan en la representación.

 Presidiendo ese momento se ven dos cuadros: el retrato del duque de Rivas y el de Espronceda. De las figuras vivas pasamos a las inmortales. No son la musa trágica y la lírica, sino el poeta dramático y el lírico, que no simbolizan, sino que románticamente encarnan la creación del drama y del lirismo español de la época.

Duque de Rivas, Don Álvaro o la fuera del sino, Prólogo y notas de Joaquín Casalduero, Edción de Alberto Blecua, Col. Textos Hispánicos Modernos nº 30, Editorial Labor, Barcelona, 1974; cita de las páginas 7 y 8.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Verdadera libertad de espíritu


CANCIÓN XXXV

En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

DECLARACIÓN. Dos cosas hace en esta canción el Esposo. La primera, alabar la soledad en que antes el alma quiso vivir, diciendo cómo fue medio para en ella hallar y gozar a su Amado a solas de todas las penas y fatigas que antes tenía; porque como ella se quiso sustentar en soledad de todo gusto y consuelo y arrimo de las criaturas por llegar a la compañía y junta de su Amado, mereció hallar la posesión de la paz de la soledad en su Amado, en que reposa ajena y sola de todas las dichas molestias.
   La segunda, es decir que, por cuanto ella se ha querido quedar a solas de todas las cosas criadas por su querido, él mismo enamorado de ella por esta su soledad, se ha hecho cuidado de ella, recibiéndola en sus brazos, apacentándola en sí de todos los bienes, guiando su espíritu a las cosas altas de Dios. Y no solo dice que él es ya su guía, sino que a solas lo hace sin otros medios, ni de ángeles ni de hombres, ni de formas ni de figuras, por cuanto ella por medo de esta soledad tiene ya verdadera libertad de espíritu, que no se ata a alguno de estos medios.

San Juan de la Cruz, Poesías completas y otras páginas, edición de José Manuel Blecua, Biblioteca Clásica Ebro nº 68, Zaragoza, 1974; cita de la página 102.

martes, 9 de septiembre de 2014

El soplo de Dios



El alma constituía una realidad simple, y del complejo humano era ella lo único fundamental. Apenas recordaba el cadáver de su padre yaciendo en un ataúd negro, del tamaño del de un niño, y últimamente el descarnado y enlutado de la señora Zoa. Pero al evocarlos ahora, experimentaba una sensación rotundamente clara de que allí no quedaba apenas nada de su padre o de la señora Zoa. Eran unos amorfos pedazos de materia, un cárdeno montón de pienso para los gusanos. Aquella rigidez amoratada de los miembros, aquella mueca póstuma dibujada en el rostro con el postrer rechinar de dientes y el último movimiento muscular voluntario daban idea de que allí se había consumado un desligamiento, una recentísima escisión. De un lado quedaba aquel cuerpo, tieso y frío como un garrote; al otro, en una región inaudita e inasequible para los vivos, permanecería el alma durante una era interminable. Aquello no era, pues, el sueño eterno, sino un eterno despertar. (...) Esto [el cuerpo] desaparecerá un día. Volverá a fundirse con el barro de donde ha salido. Pero el alma..., el alma es el soplo de Dios.

Miguel Delibes, Aún es de día, 1ª edición, octubre de 1949, Col. Áncora y Delfín, Editorial Destino, Barcelona; cita de las páginas 230-231.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La ciudad se le hacía vieja


A pesar de la inmensa tristeza que destila Aún es de día, segunda novela de Miguel Delibes, publicada en 1949, y del ambiente sórdido que rodea al protagonista, Sebastián, a quien acompañamos en su camino de perfección a lo largo de páginas en las que se describe un ambiente asfixiante y mezquino, la maestría narrativa del autor aparece en párrafos como este, a la altura del mejor Delibes, que cambiaría su rumbo narrativo con la publicación de El camino, en 1950, y acabaría convirtiéndose en un clásico fundamental en la historia de la novela española:

Ahora la ciudad se le hacía vieja, turbia y desapaciblemente sucia; desabrida en su rutina gris, en su monotonía de piedras amontonadas con un diverso y a veces opuesto sentido arquitectónico. La escasa luz la hacía todavía más lánguida y decadente. Las calles equivalían a tiras de asfalto, ribeteadas por casas desiguales, amorfas, vagamente lóbregas y huidizas. Las conversaciones de los transeúntes eran huecas y vulgares, como las casas y las calles; con un ritmo roto, desafinado, de música maltratada. En las esquinas algunas viejas vendían castañas asadas, encerradas en una casetucha de maderas grises, con reminiscencias de ataúdes.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Camino del exilio



En memoria de todos los que sufrieron el exilio republicano. 75 aniversario. 1939-2014. Que el presente nunca olvide las huellas del pasado.


domingo, 6 de julio de 2014

Fe de vida


Algún descerebrado, o quizá algún gracioso barato, me da por muerto en Wikipedia. Según se dice en la entrada dedicada a mi persona, fallecí el 4 de julio de 2014. Quede claro, con esta fe de vida, que no ha llegado mi hora aún y que por decencia alguien debería corregir esa broma de mal gusto. 

¡Viva el rigor de las enciclopedias en la red!

jueves, 5 de junio de 2014

Subí para descender: de Petrarca a Fernando de Rojas


En las Epístolas familiares, reflexionando sobre la idea de la mudanza que en nosotros hace el tiempo, escribe Petrarca: "Sé que subo para descender, florezco para secarme, crezco para envejecer, vivo para morir." En La Celestina, siguiendo la misma idea, la de que "es ley de fortuna que ninguna cosa en un ser mucho tiempo permanesce: su orden es mudanças", pone Rojas en boca de Celestina la siguiente reflexión:

Cerca ando de mi fin. En esto veo que me queda poca vida. Pero bien sé que sobí para descender, florecí para secarme, gozé para entristecerme, nascí para vivir, viví para crecer, crecí para envejecer, envejecí para morirme.

Condición inexorable, pues, es consumirnos en el tiempo inermes ante sus mudanzas...

Nota. La foto la tomé en Portbou.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Con una venda en los ojos: García Lorca y Bagaría


En una entrevista que Luis Bagaría hizo a Federico García Lorca el diez de junio de 1936, publicada en el diario El Sol, mantuvieron este diálogo sobre el nacionalismo:

- ¿No crees, Federico, que la patria no es nada, que las fronteras están llamadas a desaparecer? ¿Por qué un español malo tiene que ser más hermano nuestro que un chino bueno?

- Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política.

Para los tiempos que corren, toda una declaración de principios sensata y lúcida.

Nota. La foto del Museo Dalí de Figueres la tomé el pasado mes de agosto. Según indica García-Posada en nota al texto, Lorca envió las respuestas por escrito a su entrevistador. El texto procede de Federico García Lorca, Obras Completas III. Prosa, edición de Miguel García-Posada, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997, pág. 637. 

jueves, 22 de mayo de 2014

Tanka del ser



TANKA DEL SER

Soy el que nunca
ni pudo ni ser quiso
otro que el que fui
sombra leve en el sueño
nada que esparce el aire

Nota. La foto del viaducto, obra de Gustave Eiffel en 1878, la tomé en Colera. 

viernes, 9 de mayo de 2014

La muerte a destiempo



Me golpea la noticia, mientras tomó el primer café de la mañana, del terrible accidente que ha costado la vida, en edades tan tempranas, a cinco jóvenes en Extremadura. Nunca se está preparado para la muerte y menos cuando llega tan a destiempo. Pienso en aquellos versos de Manrique: "No se engañe nadie, no, / pensando que ha de durar / lo que espera / más que duró lo que vio, / pues que todo ha de pasar / por tal manera." Anoche subrayé, en el libro que estoy leyendo, Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón, el siguiente aforismo sobre la brevedad de la vida: 

La vida, escribirá Beda con palabras que parecen de mármol pero pesan menos que la lluvia, es un pájaro que sale volando de la oscuridad, aletea mientras cruza por un salón iluminado y regresa a la negrura de la que surgió. 

De pronto esa metáfora, al hilo de las vidas segadas en edad tan inadecuada, cobra un sentido trágico y hace que sea consciente, por un instante, de lo poco que pensamos, inmersos en el tráfago cotidiano, en que en cualquier momento se puede quebrar el débil hilo que nos une a la vida. Mi más sentido pésame, desde estas páginas de literatura y vida, a las familias.

Nota. La foto, como otras ya publicadas en este blog, la tomé en Portbou, en el monumento "Pasajes" de Dani Karavan dedicado a la memoria de Walter Benjamin. 

miércoles, 9 de abril de 2014

El 98 y España: Ramón del Valle-Inclán / y 5


Probablemente sea Luces de bohemia la obra más perfecta que ha dado el teatro español desde La vida es sueño y, desde luego, una de las mejores, si no la mejor, del siglo XX. En cualquier caso, es una de las grandes aportaciones de Valle-Inclán al arte dramático español. De ella, para cerrar estas entradas dedicadas al 98 y España, selecciono los siguientes aforismos:

[1] España, en su concepción religiosa, es una tribu del Centro de África.

[2] Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere.

[3] ¿Qué sería de este corral nublado? ¿Qué seríamos los españoles? Acaso más tristes y menos coléricos... Quizá un poco más tontos... Aunque no lo creo.

[4] En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.

[5] ¿Dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?

[6] ¡En España siempre reina Felipe II!

[7] Y así, revertiéndonos la olla vacía, los españoles nos consolamos del hambre y de los malos gobernantes.

[8] En España podrá faltar el pan, pero el ingenio y el buen humor no se acaban.

[9] La Leyenda Negra, en estos días menguados, es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco. Rabia y vergüenza.

[10] Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.

[11] En España es un delito el talento.

[12] En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.

miércoles, 2 de abril de 2014

El 98 y España: Ángel Ganivet / 4


Quien fuera considerado precursor del 98, dejó escrito lo que sigue en su estupenda novela, podríamos decir que algo olvidada, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid (1898):

- En nuestro amado país -dijo Pío Cid- todos los centros gubernativos deberían llevar una partícula negativa. Tendríamos entonces Ministerios de la Desgobernación y así por el estilo. El único que funciona es el de la Guerra y funciona mal. Yo le digo a usted que hay que trabajar para que España se levante y que hasta que no se levante no hay medio de hacerla andar en ningún sentido. Lo único que tenemos hoy en España es ignorancia y orgullo, no se puede pedir más perfecta representación de lo que somos. Ese orgullo es bueno: algún día vendrá el saber y todo se andará. Nosotros no conocemos más que dos orgullos: el aristocrático y el militar. El día que tengamos el orgullo intelectual podremos aspirar a algo.

Nota. El retrato del escritor se debe a José Ruiz de Almodóvar.

viernes, 28 de marzo de 2014

El 98 y España: Miguel de Unamuno / 3


En su libro En torno al casticismo, publicado en 1895, escribió Unamuno lo que sigue:

Fue grande el alma castellana cuando se abrió a los cuatro vientos y se derramó por el mundo, luego cerró sus valvas y aún no hemos despertado. Mientras fue la casta fecunda no se conoció como tal en sus diferencias, su ruina empezó el día en que gritando: "¡Mi yo, que me arrancan mi yo!", se quiso encerrar en sí.
     ¿Está todo moribundo? No, el porvenir de la sociedad española espera dentro de nuestra sociedad histórica, en la intrahistoria, en el pueblo desconocido, y no surgirá potente hasta que le despierten vientos o ventarrones del ambiente europeo.
     Eso del pueblo que calla, ora y paga es un tropo insustancial para los que más le usan y pasa cual verdad inconclusa entre los que bullen en el vacío de nuestra vida histórica que el pueblo es atrozmente bruto e inepto.
     España está por descubrir, y solo la descubrirán españoles europeizados.

Nota: El retrato de Unamuno se debe a Gutiérrez Solana.

martes, 25 de marzo de 2014

El 98 y España: Antonio Machado / 2


Pedro Laín Entralgo calificó estos versos de Machado, pertenecientes al poema "El mañana efímero", de Campos de Castilla (1917), como "cuatro de los más atroces versos que jamás se hayan escrito sobre la realidad de la vida española" en su libro La Generación del 98 (1961). Frente a la España que en ellos se describe, Machado habla en otros versos del mismo poema de la "España del cincel y de la maza, implacable y redentora, la de la rabia y la de la idea", la que no debe "ahogarse en la España que bosteza", la que no debe "helarse en la España que se muere", como dijo en el poema "Envío", fechado en Baeza en 1913:


Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza.

jueves, 20 de marzo de 2014

El 98 y España: Pío Baroja / 1


En octubre de 1912 y recién instalado en "Iztea", fechó Pío Baroja El aprendiz de conspirador, primera novela de las Memorias de un hombre de acción. De ella tomo este diálogo entre Martín Zurbano, un contrabandista de Varca, y Eugenio de Aviraneta sobre lo que es o no necesario para España:

- Aquí se necesita un hombre, Aviraneta.
- Aquí se necesita un pueblo, Zurbano.
- Yo estoy convencido de que en España, hoy, lo mejor sería una dictadura militar, una dictadura de un hombre justo, valiente, que supiese sentar las costillas a todo el que quisiera salirse de la ley.
- No, Martín -contestó Aviraneta-; no estoy conforme. España no necesita más que una dictadura: la de la justicia, la de la inteligencia, la de la libertad. Nada de fuerza, nada de soldados que quieran imitar a Napoleón. El poder civil debe estar siempre por encima del poder militar. El ejército no debe ser más que el brazo de la nación, nunca la cabeza. 

martes, 11 de marzo de 2014

Diez años de aquel 11-M


Nota. La foto la tomé en el cementerio de Portbou, en el interior del monumento a la memoria de Walter Benjamin, del escultor israelí Dani Karavan. Está en sentido ascendente, desde el mar hacia la luz difuminada del cielo. Mi solidaridad con los familiares de los fallecidos.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Con tenacidad, lo consiguieron



Lleva años quejándose Leonardo del arrinconamiento al que han sometido a la literatura en las aulas los jerarcas educativos. Cada vez se queja menos, porque aunque le cueste, ha acabado por reconocer la derrota y retirarse, como se suele decir, a sus cuarteles de invierno, en la certeza de que no han de venir tiempos mejores. Con todo, hace unos días, explicando a sus jóvenes alumnos la importancia de la prosa modernista de Valle-Inclán, tras la lectura de un fragmento de la Sonata de Otoño, recurrió al libro de texto que se utilizaba en COU para la asignatura de "Literatura Española del siglo XX", de Fernando Lázaro Carreter y Vicente Tusón y  leyó el siguiente fragmento:

Las Sonatas son las supuestas memorias del Marqués de Bradomín, un "don Juan feo, católico y sentimental". Con una frecuente aureola de leyenda y de misterio, se suceden aventuras y amores, episodios de exquisita elegancia o de un amoralismo provocador. Es la exaltación de un mundo decadente, visto con una mirada nostálgica y distanciada. Por su estilo, suponen para la prosa española lo que la obra de Rubén Darío supuso para la poesía: es una prosa rítmica, refinada, rica en efecto sensoriales, bellísima.

"De paso -dijo- y sin querer hacer comparaciones, que ya se sabe que siempre son odiosas, observen el listado de libros de lectura que los alumnos debían leer a lo largo del curso en aquella asignatura que disponía de cuatro horas semanales en el horario lectivo:

Miguel de Unamuno, San Manuel Bueno, mártir.
Pío Baroja, El árbol de la ciencia.
Ramón del Valle-Inclán, Luces de bohemia.
Antología poética de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba.
Antología poética de la Generación del 27.
Camilo José Cela, La colmena.
Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio.
Miguel Mihura, Tres sombreros de copa.
Antonio Buero Vallejo, El tragaluz.
Antología poética de Blas de Otero.
Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Juan Rulfo, Pedro Páramo.


Cuando Leonardo terminó, algo fatigado, la lectura del listado de autores y títulos de obras, añadió que había un capítulo final del libro dedicado a las literaturas catalana, gallega y vasca en la que se leían poemas de Salvador Espriu y fragmentos de Mercè Rodoreda en catalán; textos de Castelao y Celso Emilio Ferreiro en gallego y poemas en vasco de Gabriel Aresti, todos con traducción al castellano. Una asombrosa pregunta tuvo aún que atender: "¿Y todo eso lo leían en un curso?" "No solo -respondió Leonardo-, a ello deben añadir una selección de la bibliografía de consulta", "¿y eso qué es -volvió a preguntar la joven voz-?" Leonardo guardó silencio y en vez de contestar decidió empezar la lectura de un poema de Rubén Dario: Yo soy aquel que ayer no más decía / el verso azul y la canción profana.

Nota. La cita procede del libro Literatura Española, Manuales de Orientación Universitaria, Ediciones Anaya, Madrid, 1985.