viernes, 9 de noviembre de 2012

Barcelona, octubre de 1934 / 1


Gabriel Jackson: La República española y la Guerra Civil. 1931-1939, Princeton University Press, México, D.F., 1967. Páginas 133-135.

A pesar del Estatuto y de la gran popularidad personal de Companys, Cataluña fue sacudida por una oleada de nacionalismo incontrolado. En la Universidad, los profesores castellanos veían cómo sus discípulos y sus colegas catalanes se mostraban deliberadamente hostiles al uso continuado de la lengua castellana en las aulas. Aparecieron octavillas exhortando a los catalanes a no contaminar su sangre casándose con castellanas. Más grave que tales síntomas era el crecimiento de un movimiento casi fascista dentro de las filas juveniles de la Esquerra. Llevando camisas verdes, llamándose a sí mismos escamots (pelotones), y denominando a su movimiento Estat Català, hacían la instrucción en formación militar, con fusiles anticuados o inservibles, reconociendo como jefe a José Dencás, consejero de Orden Público de la Generalidad. (...) Los escamots, a veces amenazando con sus pistolas, detuvieron tranvías y autobuses, dijeron a los expendedores de billetes en las taquillas del Metro que se fueran a sus casas, y amenazaron con destrozar los escaparates de las tiendas que no cerraran. También se informó que estaban levantando los raíles del ferrocarril al este de Lérida para separar "Cataluña" de "España". (...) El presidente Companys se vio metido en medio de una tormenta en formación. (...)  La tarde del día 6, los nacionalistas exaltados esperaban la proclamación de la plena independencia de Cataluña. Dencás planeaba por su cuenta la proclamación del Estat Català. Companys, en medio de tantos fuegos cruzados, tomó el micrófono de manos de Dencás y proclamó el "Estado catalán dentro de la República federal española". Luego él y su Gobierno se atrincheraron en la Generalidad, dependiendo para su defensa de unos 100 mozos y esperando desesperadamente que el general Batet permaneciera neutral. (...) Dencás, olfateando el fracaso, huyó de Barcelona aquella noche. A las cinco de la mañana, Companys acordó por teléfono los términos de la rendición. El general Batet ordenó que se abrieran las puertas y que los mozos salieran con los brazos en alto. (...) La revolución catalana de octubre costó algunos muertos en las escaramuzas habidas en la noche del 6 al 7 de octubre, y al amanecer el Gobierno de Companys fue a la cárcel para aguardar el proceso bajo el cargo de rebelión contra la autoridad debidamente constituida.

3 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

Los nacionalismos son intolerantes, lo han demostrado a lo largo de la historia, han causado dolor y muertes y no escarmentan, continuan queriendo trazar fronteras a punta de fanatismo y manipulación informativa.
Salud
Francesc Cornadó

Rafael dijo...

Las lecciones de la Historia a veces son tan dolorosas...

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Gracias, Francesc y Rafael por vuestros comentarios. Ojalá algunos no olvidarán con tanta rapidez esas lecciones de la historia. En fin...
Un abrazo, Javier.