lunes, 27 de febrero de 2012

Una lección de vida



Estimado Rafael:


Terminé, hace unos días, la lectura de las memorias de Julián Marías en la edición de Alianza Editorial, publicadas en tres volúmenes bajo el título global de Una vida presente. Aunque ya había leído el primer volumen hace algunos años, para estudiar lo que en él se decía de Julián Besteiro, solo ahora, releído de un tirón junto a los otros dos, recobra el libro todo su esplendor. Pienso que no exagero si digo que ese primer volumen es de lectura imprescindible, también los otros dos, claro, para quien quiera saber lo que se perdió con el tajo de la Guerra Civil. La Facultad de Filosofía de la Universidad de Madrid es un claro ejemplo de ello. Juan Marichal dijo alguna vez que la libertad de conciencia había sido muy poco ejercida en España y que esa carencia influyó decisivamente en lo que hemos sido como país. Marías, republicano moderado, defensor siempre de la libertad y enemigo de cualquier extremismo, sobre todo político, vio con lucidez que esa libertad de conciencia en la que él se educó y se formó intelectualmente en la Facultad de Filosofía mencionada, con maestros como Ortega, Zubiri o el propio Besteiro, tardaría demasiados años en ser recuperada, en el nivel público, que no en el privado donde tantas personas la ejercieron durante los años de plomo de la dictadura, en España. La vida de Marías y su trabajo, los libros sobre todo, pero también las conferencias, los cursos en las universidades extranjeras -aquí no se le permitía ejercer la docencia en ese ámbito-, el magisterio ejercido siempre sobre pequeños grupos ilustrados, es un ejemplo de vínculo, de nexo de continuidad con una España que la guerra y la dictadura franquista se encargaron de laminar.


Tiene razón Marías cuando dice que somos lo que hemos hecho pero también lo que no pudimos hacer. Su palabra escrita, el relato que hace de su propia vida es una enorme lección de tenacidad, de lucha por la libertad, de compromiso con sus ideas y con su tiempo. La ética, la decencia y la defensa de su dignidad son admirables, incluso en contextos tan adversos como en los que le tocó vivir. Tienes razón, Rafael, entrañable es la palabra adecuada. Entrañables son las páginas dedicadas a narrar el dolor por la muerte de su primer hijo y también estremecedoras resultan aquellas en las que cuenta la enfermedad y muerte de su mujer, a la que le unió una historia de amor muy particular. La grandeza de Marías asoma tras cada página. Por ejemplo, cuando se niega a nombrar a las personas que le denunciaron al acabar la guerra y que dio con sus huesos en la cárcel. Tú sabes muy bien, Rafael, que su hijo Javier lo contó, en cierto modo, cerró la “vida presente” de su padre, en su novela Tu rostro mañana; y digo que lo sabes muy bien porque en tu estupendo libro sobre don Julián sigues la pista de esos personajes y nos cuentas qué fue de ellos. ¡Admirable la actitud de Marías! Y entrañable el abrazo de despedida de Julián Besteiro cuando este fue detenido en los sótanos del Ministerio de Hacienda de Madrid. Estremecedora también resulta la imagen que nos deja de Ortega desde que regresó a España hasta su final.


Si hubiera un canon de biografías, la de Marías debería ocupar un lugar muy destacado. Pienso que el primer volumen, uno de los más hermosos libros que he leído en mi vida, debería ser de lectura obligatoria en institutos y universidades.


Recibe un afectuoso saludo de este amigo y lector tuyo, Javier.

domingo, 12 de febrero de 2012

Palabra sagrada



En tanto que lee un soneto de Garcilaso de la Vega, oye Leonardo inopinadamente voces, murmullos graciosillos que interfieren la música que, procedente de las palabras del poeta, va inundando el aula de armonías que se posan, en sosegado vuelo, en el alma incipiente de sus jóvenes alumnos. Ante las voces discordantes, insolentes y fuera de lugar de algunos de ellos, detiene Leonardo la lectura y se dirige a quienes hablan y en el fondo a todos en general:

La poesía es como la palabra sagrada. Debe oírse en actitud de respetuoso silencio. ¿Se concibe que alguien se ponga a hablar mientras un violonchelista interpreta una suite de Bach? Viven ustedes en la civilización del ruido absurdo.

Para mañana, termina por decirles, quiero que me escriban una redacción de diez líneas acerca de ese tema: el ruido absurdo. En adelante, cuando en esta clase se digan los versos de los poetas o los relatos de los narradores, háganse al caso de que el silencio ha de ser total, absoluto.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Poesía española del siglo XX



(Luis Cernuda, nacido en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y fallecido en el exilio, en México, el 5 de noviembre de 1963.)
 


(Federico García Lorca, nacido en Fuente Vaqueros el 5 de junio de 1898 y asesinado entre Víznar y Alfacar el 18 de agosto de 1936.)


(Juan Ramón Jiménez, nacido el 23 de diciembre de 1881 en Moguer y fallecido en el exilio, en San Juan de Puerto Rico, el 29 de mayo de 1958.)


(Antonio Machado, nacido en Sevilla el 26 de julio de 1875 y fallecido en el exilio, en Collioure, el 22 de febrero de 1939.)


(Miguel Hernández, nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910 y fallecido en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942.)


Pedro Salinas, nacido en Madrid el 27 de noviembre de 1891 y fallecido en el exilio, en Boston, el cuatro de diciembre de 1951.)

domingo, 5 de febrero de 2012

Al correr de los años


 

Después de ser liberado del campo de concentración nazi de Oraniemburg en el que estuvo preso, Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno, se instaló en París y allí, en 1946, escribió las cartas que se editaron en el libro Mis recuerdos. En una de ellas, titulada "Pensando en España", deja estas significativas palabras que traigo hoy a estas páginas volanderas para que, siguiendo a su autor, cada uno las interprete como tenga a bien:

Hace años, en un mitin celebrado en el Cine Pardiñas, en el que hablamos Saborit, Besteiro y yo, cuyos discursos se publicaron en un folleto, decía yo que si me preguntasen qué quería, mi respuesta sería esta: ¡República! ¡República! ¡República! Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! Luego que le ponga cada cual el nombre que quiera.