martes, 1 de diciembre de 2015

El bien y la bondad


A Leonardo, con el paso de los años, parece que se le acaban los calificativos para condenar la violencia. Ya no sabe qué decirles a sus jóvenes alumnos ante la abrumadora presencia del mal, del sinsentido del mal, que solo engendra violencia y más violencia. Es como si las palabras utilizadas tantas veces para condenarla hubieran perdido ya su sentido, su fuerza, como si no sirvieran para nada. Pero escarba en sus libros, lee, relee y busca textos que afirmen y justifiquen que el bien existe y la bondad también, que no todo está perdido, que somos capaces de lo peor, pero también de lo mejor. De modo que aquella mañana de otoño, cuando aún estaba vivo el rescoldo del dolor por la muerte de tantos seres inocentes, puso en su cartera un libro voluminoso, Vida y destino, del escritor ruso Vasili Grossman, y se dirigió a clase como cada lunes. Al empezar, sus alumnos esperaban con los ojos velados aún por el sueño, sus palabras sobre lo ocurrido aquel fin de semana. Leonardo, sin previo aviso, sacó el libro de su cartera y se dispuso a leer:

El bien no está en la naturaleza, tampoco en los sermones de los maestros religiosos ni de los profetas, no está en las doctrinas de los grandes sociólogos y líderes populares, no está en la ética de los filósofos. Son las personas corrientes las que llevan en sus corazones el amor por todo cuanto vive; aman y cuidan de la vida de modo natural y espontáneo. Al final del día prefieren el calor del hogar a encender hogueras en las plazas.

Así, además de ese bien grande y amenazador, existe también la bondad cotidiana de los hombres. Es la bondad de una viejecita que lleva un mendrugo de pan a un prisionero, la bondad del soldado que da de beber de su cantimplora al enemigo herido, la bondad de los jóvenes que se apiadan de los ancianos, la bondad del campesino que oculta en el pajar a un viejo judío. Es la bondad del guardia de una prisión que, poniendo en peligro su propia libertad, entrega las cartas de prisioneros y reclusos, con cuyas ideas no congenia, a sus madres y mujeres.

Es la bondad particular de un individuo hacia otro, es una bondad sin testigos, pequeña, sin ideología. Podríamos denominarla bondad sin sentido. La bondad de los hombres al margen del bien religioso y social.

"Lo que cuenta, pues -dice Leonardo-, lo único que se me ocurre recomendarles, es que hagan el bien -recuerden que para Sócrates el bien es un estado del alma-, por pequeño que sea su alcance, hagan el bien, cada uno en lo suyo y eviten el mal, que nos ahoga y nos desborda, que nos deja el corazón frío, como las estrellas que tiritan en el cielo en una noche de invierno; recuerden también que Vida y destino, una gran novela, se centra en la batalla de Stalingrado, la más sangrienta y dura de las acaecidas durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la mortandad fue altísima, no lo olviden."

Nota. Cité el libro de Grossman,  Vida y destino, en marzo de 2009, en otra entrada que ahora enlazo para quien esté interesado. La fotografía está tomada en la Capella de la Escola Industrial de Barcelona.

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