martes, 15 de septiembre de 2009

Preposiciones y signos


El Ayuntamiento de una ciudad catalana del interior, que cuida y protege ejemplarmente su centro histórico, por la que paseaba una calurosa tarde del pasado mes de julio, ha tenido la sensatez y el buen gusto de conservar ciertas reliquias del pasado aunque no estuvieran escritas en la lengua autóctona. Consulto el Diccionario Normativo y Guía Práctica de la Lengua Española, de Francisco Marsá, y dice lo siguiente: “La preposición so equivale a bajo o debajo de, y no se usa sino formando locuciones con los sustantivos capa, color, pena y pretexto.” No deja de asombrarme que una preposición aparentemente en desuso, o poco usada, aparezca tan correctamente empleada en este antiguo letrero tan sabiamente conservado. María Moliner, en su Diccionario de uso del español, escribe en la entrada dedicada a la mencionada preposición: “Hoy se emplea, ya poco, en las expresiones so capa o so color, y se emplea corrientemente en so pena de.”

Por el contrario, circulando por las carreteras cercanas a la costa, me encontré en una valla publicitaria este anuncio de una cadena de gasolineras escrito imitando el lenguaje que los jóvenes emplean en los mensajes que se envían a través de los teléfonos móviles. Las diferencias entre ambos son tan obvias que casi no merece la pena comentarlas. Diré, solamente, que uno contribuye poderosamente al correcto empleo de la lengua y el otro, sin más, con el uso incorrecto de signos matemáticos que sustituyen a palabras, la empobrece y deteriora.

3 comentarios:

lanca dijo...

Un post muy interesante, por el contenido y la gráfica. Me ha gustado
y estoy de acuerdo contigo en todo.
A enriquecer el lenguaje, o por lo menos a no perderlo. La economía, para el dinero.
Saludos

José Miguel Ridao dijo...

Deberían prohibir el lenguaje SMS, al menos en colegios y universidades (lo usan hasta en exámenes), so pena de cero patatero.

Un abrazo, Javier. Me ha gustado mucho la entrada.

Javier Quiñones dijo...

Gracias, Lanca y José Miguel, por vuestros comentarios. Si fuéramos más conscientes de la importancia capital, espiritual si se quiere, del lenguaje, algunos excesos no se cometerían, pero...
Un abrazo, Javier.