jueves, 25 de marzo de 2010

Las fuentes escondidas de las cosas



Releyendo La llama, tercera parte de La forja de un rebelde, me encuentro hacia el final, cuando Barea narra la profunda crisis que sufre, un pasaje en el que el escritor habla de sus inicios literarios; el texto dice así:


Unos pocos días después de haberme recobrado de mi pesadilla escribí mi primer cuento sobre un miliciano en una trinchera porque los fascistas habían destruido la máquina de coser de su mujer, porque aquél era su puesto y, finalmente, porque una bala perdida había aplastado una mosca que a él le gustaba observar en un trocito de parapeto alumbrado de sol. Se lo di a Ilsa, y vi que la emocionaba. Si hubiera dicho que no era bueno creo que nunca hubiera intentado volver a escribir, porque hubiera significado que no era capaz de tocar las fuentes escondidas de las cosas.

Dos ideas se desprenden del texto que están bien arraigadas en la poética narrativa de Barea: en primer lugar, el hecho de que la buena literatura es la que emociona y estremece al lector, la que no le deja indiferente; en segundo lugar, la consideración de que la verdadera literatura debe hundir sus raíces en la esencia misma de la vida, es decir, debe aspirar a esclarecer “las fuentes escondidas de las cosas”. También se advierte en las palabras de la cita, los titubeos y las inseguridades del escritor en sus inicios, la necesidad de reconocimiento, de que alguien le dijera que estaba bien lo que había escrito.


El cuento en cuestión, primero de la producción literaria de Arturo Barea en ver la luz, se titula “La mosca” y fue publicado, en inglés, en el diario The Daily Express, el 17 de agosto de 1937. Más tarde, pasó a formar parte del primer libro de cuentos del escritor nacido en Badajoz en 1897, Valor y miedo, que fue publicado en Barcelona, en 1938, en la editorial Publicaciones Antifascistas de Cataluña. Así describe Barea al miliciano de su relato:




Pedro es un patán y un soldado de la República. Le arrastró la ola de entusiasmo del 18 de julio. En su cerebro no hay complejidades políticas. No entiende de esto. Siente la causa, sintió aquel día el latir de la multitud y se marchó a la Casa del Pueblo. Desde entonces está en primera línea. No quiere saber nada de nada. Su única idea, la idea fija, es matar fascistas, más aún desde que supo que su casita del Puente de la Princesa era un montón de escombros. Su gramófono y sus discos de Angelillo y del Pena. La máquina de coser de su compañera.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Una elegía: Esas vidas, de Alfons Cervera


Alfons Cervera es para mí el autor de una trilogía, de lectura poco menos que imprescindible, integrada por las novelas El color del crepúsculo, Maquis y La noche inmóvil; después el autor añadiría al mismo ciclo, que llama de la memoria, la novela Aquel invierno. En ellas se ocupa de los perdedores de la guerra civil y de los que no se dieron por vencidos y continuaron una lucha que a la postre resultó estéril; se ocupa también de los largos silencios, de la represión, del hambre y de la realidad menesterosa; se ocupa, en fin, de lo que no supo, quizá porque las circunstancias políticas lo hacían punto menos que imposible, ocuparse la novela española de la primera posguerra, una realidad, la de la lucha en el interior de la España franquista, de la que tampoco podían ocuparse los novelistas desde la lejanía del exilio, aunque algunos, como Max Aub, escribieran cuentos lucidísimos y muy críticos como “Librada”, en 1948. Tendría que ser, muchos años después, en los primeros años de la década de los ochenta, la espléndida novela de Julio Llamazares Luna de lobos, la que vendría a dar carta de naturaleza a ese mundo olvidado. Después El lápiz del carpintero de Manuel Rivas y otros textos, incidirían en el mismo aspecto: rescatar del olvido una parcela de la dura realidad española de los años cuarenta.

Ahora, Esas vidas viene a coincidir, en bastantes aspectos, con el mundo trazado en esas novelas. Tres son los ejes que vertebran esta elegía: la enfermedad, agonía y muerte de la madre; la asistencia del narrador a un congreso en Grenoble sobre la memoria; la indagación en el pasado del padre algunos de cuyos aspectos más duros y sombríos son descubiertos casualmente por el narrador. Eso es la novela: una indagación en el pasado familiar. Pero es también una reflexión lúcida y certera sobre la vida y sobre la muerte, escrita en un estilo poético admirable y que llega al lector sin innecesarias complicaciones y con una fuerza verdaderamente estremecedora.

Un gran libro, recomendable en todos los sentidos. Un acierto, lleno de humanidad y de sabiduría literaria, de Alfons Cervera. Uno más.

sábado, 20 de marzo de 2010

Quevedo, El Roto y los libros electrónicos


Leo, como cada día, el periódico después de comer. Me voy adormeciendo poco a poco. Cuando he terminado con el ABC, siempre es la primera lectura en la sobremesa de los sábados, la emprendo con El País y al llegar a la página veintiséis, a la sección de "Opinión", veo la viñeta de El Roto y me tengo que levantar, encaminarme al estudio, que está en la otra parte de la casa, encender el ordenador y dejar esta entrada en el blog como homenaje, ya hacía tiempo que quería hacerlo, al talento de este agudo observador de la realidad que es El Roto. ¡Si Quevedo levantara la cabeza!... 

lunes, 15 de marzo de 2010

Dos haikus de mar




Nota. El mar de las fotografías es el Mediterráneo en el Cap de Creus y están tomadas en un ventoso día de primavera.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes



Muere Miguel Delibes en la esperanza de encontrar a Cristo en la última vuelta del camino, en la confianza de que será recordado como un buen hombre, buena gente, y en la seguridad de que llegó hasta donde pudo en el mundo de la literatura, pero que en cualquier caso llegó muy lejos.

Me golpea en esta mañana lluviosa una vez más en Barcelona la noticia del fallecimiento del escritor. Caigo en la cuenta de que su vida ha sido paralela a la de mi padre, nacieron con meses de diferencia y han muerto ambos con un intervalo de poco más de mes y medio. Echo la vista atrás y advierto que los libros de Delibes me han acompañado siempre y que he debido leer la casi totalidad de su obra narrativa; con todo, tengo pendiente la lectura, aunque muchos de los cuentos ya los leí en los volúmenes sueltos cuando se publicaron en su día, de Viejas historias y cuentos completos que publicó en 2006 Menoscuarto, en la colección “Reloj de arena”, que dirige Fernando Valls, con un estupendo prólogo de Gustavo Martín Garzo. Traigo este libro aquí porque fue el último suyo que compré. Lo empezaré a leer hoy como homenaje secreto a este escritor a quien tanto queremos y admiramos todos en casa. Lo he dicho en múltiples ocasiones: el mejor homenaje que se le puede tributar a un escritor es leer lo que escribió.

Adiós, maestro. Si llega mi humilde voz hasta donde quiera que esté en este momento, me gustaría que supiera que hasta el día de hoy he hecho leer sus novelas a muchos jóvenes que ya ni siquiera conocen el santo de su nombre. Ojalá la esperanza de la que hablaba arriba se cumpla. Tenga, no obstante, la seguridad de que le recordaremos como un hombre de bien y como un extraordinario escritor, cuya obra está llamada a quedar, a vencer al tiempo y a la muerte despiadada que por no hacer mudanza en su costumbre hoy, a las siete de la mañana, ha puesto el punto final a una vida cumplida, plena y de la cual serán testimonio eterno sus muchos libros.

Nota. La foto del escritor está tomada de hola.com, la de la portada del libro de la página web de la editorial Menoscuarto. La esperanza, la confianza y la seguridad de que se habla en el primer párrafo son expresiones del propio Delibes, manifestadas en la última entrevista que concedió hace un tiempo a la televisión y que hoy ha rescatado CNN+ en sus primeros informativos de la mañana.

jueves, 11 de marzo de 2010

El desamor


- Es preciso que nos separemos.
- Perdona, pero no te entiendo.
- Me duele decírtelo así, de sopetón, pero me he enamorado y quiero a otra persona.
- Me sorprende, a estas alturas, la verdad.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada por evitarlo, las cosas son así.
- Y qué piensas hacer.
- Separarme de ti.
- Querrás decir de nosotros.
- No, de mis hijos nunca podré separarme. Hemos de hablar para arreglar ese asunto.
- Está bien, lo arreglaremos, pero déjame decirte que si esa es tu decisión creo que te arrepentirás.
- Eso ya se verá.
- Ya lo creo que se verá. No podrás evitar que te remuerda la conciencia. No se pueden arrojar casi cuarenta años de vida en común por la borda, como quien se libera de un fardo pesado que le lastra.
- Te ruego que no me hagas recriminaciones morales, entre nosotros están fuera de lugar.
- Lo siento, perdona. ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Adelante.
- ¿Cuánto tiempo crees que tardará en esfumarse la ilusión, en volverse vieja la novedad?
- Eres incapaz de entender nada.
- Es posible, pero me cuesta trabajo aceptar, porque en cierto modo me desconcierta, que a nuestra edad puedas ilusionarte por otra persona hasta el punto de dar el paso que vas a dar.
- ¿Por qué?, si puede saberse.
- Porque ambos, aunque tú te engañes y no lo quieras ver, hemos empezado ya a envejecer y no deja de parecerme un rasgo de ingenuidad esa pretensión de felicidad tuya.
- Ingenuidad por qué.
- Porque esa relación que has iniciado es una relación sin futuro, le faltará tiempo.
- No te sigo.
- No me hagas ser más explícito, no me gustaría tener que señalar lo obvio.
- Entiendo, te refieres a la edad.
- No sólo a eso.
- Entonces a qué.
- A que no te será fácil borrar el peso de la memoria, de la historia compartida, de los proyectos de vida en común que ahora van a quedar truncados, de lo que me decías tantas veces acerca de ver crecer a nuestros hijos y acompañarles en el camino que escojan.
- He valorado todo eso y pesa más mi decisión de no renunciar a la posibilidad de volver a ser feliz.
- ¿Acaso no eras feliz con nosotros?
- No pluralices, una cosa son nuestros hijos y otra eres tú.
- De acuerdo, ¿entonces no eras feliz conmigo?
- Nuestra relación se estancó, se ahogó en el mar de las rutinas y de las obligaciones.
- Y para solucionarlo decides romper con todo.
- A veces no queda otro remedio.
- Te veo muy segura.
- Lo estoy.
- En ese caso sólo me queda desearte buena suerte.
- Lo siento, de verdad.
- Más lo siento yo, estaba tan hecho a la idea de envejecer a tu lado.
- No me lo pongas más difícil.
- No era mi intención, pero déjame decirte que me decepciona que, a pesar de los pesares, no renuncies al viejo cuento de la felicidad.
- Hay cosas a las que ni se puede ni se debe renunciar y, perdona, pero ya no me importa decepcionarte.
- Insisto, me hubiera gustado envejecer y morir a tu lado, pero no te preocupes, buscaré la forma de sobreponerme.
- Confío en que con el tiempo llegues a entenderme.
- Tal vez...


Nota. El cuadro de Magritte que ilustra esta entrada se titula “Los amantes”.

jueves, 4 de marzo de 2010

Cervantes: un microrrelato y cinco aforismos



“Enorgullecíase Cervantes de haber sido el primero en novelar en lengua castellana, refiriéndose, claro está, al término “novella” que, procedente del italiano, designaba un tipo de relato breve y empezaba a introducirse entonces en la lengua. Se refería el gran escritor a sus “Novelas ejemplares”, que vendrían a coincidir con lo que se llama hoy novela corta. Pues bien, de igual modo, hubiera podido ufanarse nuestro autor de haber utilizado antes que nadie un género narrativo ahora muy en boga y de complicada denominación, aunque tienda a imponerse la de microrrelato.”

A Leonardo le gusta a veces establecer relaciones un poco traídas por los pelos, inestables como pompas de jabón sobre el vacío, frágiles como los hilos con los que las arañas tejen sus mortales celadas a los insectos. Juega de ese modo con la historia literaria, se muestra irrespetuoso con los géneros, trata de despertar la curiosidad de sus jóvenes alumnos por el hecho literario.

“Pródigo como fue siempre a la hora de mostrar sus dotes narrativas, en el “Prólogo” a la Segunda Parte de don Quijote nos dejó no uno, sino dos cuentos breves que utilizó para arremeter contra el falsario que le robó los personajes y le llamó viejo y manco entre otras lindezas. Este es el cuento en cuestión:


CUENTO CON PERRO Y LOCO

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro, y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía:

- Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?

Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito y sin querer atreverse a descargar la piedra, decía:

- Este es podenco: ¡guarda!

En efecto; todos cuantos perros topaba, aunque fueran alanos, o gozques, decía que eran podencos; y así, no soltó más el canto.

“No sólo arremete contra el falsario sino que el hecho le sirve, cómo no podía ser de otro modo tratándose de Cervantes, en el mismo prólogo y en los primeros capítulos de la Segunda Parte, cuando se habla en ellos de las aventuras de la Primera Parte, que ya corren impresas de boca en boca y son de todos conocidas y celebradas, le sirve, digo, para reflexionar con sosiego sobre el hecho literario y así nos deja Cervantes estos cinco aforismos que ahora les quisiera hacer llegar, tomen ustedes nota –y dictaba Leonardo a sus aplicados alumnos:

CONSEJOS DE ESCRITURA

1. No se escribe con las canas sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

2. Para componer historias y libros de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento.

3. No hay libro tan malo que no tenga algo de bueno.

4. Es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeran.

5. Una de las mayores tentaciones del demonio es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con el que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama.


 Pidiéndole a sus jóvenes alumnos que no echaran en saco roto esos aforismos, dio, con cierta melancolía, Leonardo la clase por terminada.



Nota. El grabado de Cervantes está tomado de www.cervantesvirtual.com

lunes, 1 de marzo de 2010

Lo que me queda de ti



Lo que me queda de ti
es un naufragio de sombras,
un extraño silencio
devastador e infinito,
la quietud inerte
de tu cuerpo amortajado,
el apagado latido
de tu soledad eterna.

Lo que me queda de ti
es también lo que me dejas,
el recuerdo de tu vivir
confuso y apasionado,
la dulce melancolía
de los años de la niñez,
la llama de tu memoria
incendiando mi corazón
indeleble mientras viva.

Lo que me queda de ti
es una larga nostalgia
escondida en los recodos
del camino que me lleva
cada noche al territorio
inclemente de tu ausencia.

Lo que me queda de ti
es este lamento de amor
desvalido e impreciso
como el barco que zozobra
a merced de la tormenta.


Nota. La pintura que ilustra este poema pertenece a Gonzalo Goytisolo Gil y fue un encargo de la Editorial Alba para la portada de mi novela Años triunfales. Prisión y muerte de Julián Besteiro, el único de mis libros que dediqué a mi padre en vida. Les pedí un paisaje desolado en el atardecer, que diese la impresión de soledad, del desamparo infinito con el que debemos enfrentarnos a la muerte. Así es como Gonzalo Goytisolo lo interpretó. Me viene ahora de perlas para esta entrada. Goytisolo Gil es un cotizado pintor en la estética del hiperrealismo. Tiene una espléndida página web en la que puede verse una cumplida muestra de su arte pictórico: www.gonzalogoytisoloso.com