jueves, 4 de marzo de 2010

Cervantes: un microrrelato y cinco aforismos



“Enorgullecíase Cervantes de haber sido el primero en novelar en lengua castellana, refiriéndose, claro está, al término “novella” que, procedente del italiano, designaba un tipo de relato breve y empezaba a introducirse entonces en la lengua. Se refería el gran escritor a sus “Novelas ejemplares”, que vendrían a coincidir con lo que se llama hoy novela corta. Pues bien, de igual modo, hubiera podido ufanarse nuestro autor de haber utilizado antes que nadie un género narrativo ahora muy en boga y de complicada denominación, aunque tienda a imponerse la de microrrelato.”

A Leonardo le gusta a veces establecer relaciones un poco traídas por los pelos, inestables como pompas de jabón sobre el vacío, frágiles como los hilos con los que las arañas tejen sus mortales celadas a los insectos. Juega de ese modo con la historia literaria, se muestra irrespetuoso con los géneros, trata de despertar la curiosidad de sus jóvenes alumnos por el hecho literario.

“Pródigo como fue siempre a la hora de mostrar sus dotes narrativas, en el “Prólogo” a la Segunda Parte de don Quijote nos dejó no uno, sino dos cuentos breves que utilizó para arremeter contra el falsario que le robó los personajes y le llamó viejo y manco entre otras lindezas. Este es el cuento en cuestión:


CUENTO CON PERRO Y LOCO

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro, y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía:

- Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?

Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito y sin querer atreverse a descargar la piedra, decía:

- Este es podenco: ¡guarda!

En efecto; todos cuantos perros topaba, aunque fueran alanos, o gozques, decía que eran podencos; y así, no soltó más el canto.

“No sólo arremete contra el falsario sino que el hecho le sirve, cómo no podía ser de otro modo tratándose de Cervantes, en el mismo prólogo y en los primeros capítulos de la Segunda Parte, cuando se habla en ellos de las aventuras de la Primera Parte, que ya corren impresas de boca en boca y son de todos conocidas y celebradas, le sirve, digo, para reflexionar con sosiego sobre el hecho literario y así nos deja Cervantes estos cinco aforismos que ahora les quisiera hacer llegar, tomen ustedes nota –y dictaba Leonardo a sus aplicados alumnos:

CONSEJOS DE ESCRITURA

1. No se escribe con las canas sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

2. Para componer historias y libros de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento.

3. No hay libro tan malo que no tenga algo de bueno.

4. Es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeran.

5. Una de las mayores tentaciones del demonio es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con el que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama.


 Pidiéndole a sus jóvenes alumnos que no echaran en saco roto esos aforismos, dio, con cierta melancolía, Leonardo la clase por terminada.



Nota. El grabado de Cervantes está tomado de www.cervantesvirtual.com

2 comentarios:

Luis Valdesueiro dijo...

No deja de ser curioso que en el Quijote, incluso los prólogos son memorables. Y en éste de la segunda parte, cuánta finura puso Cervantes en decir todo lo que debía y quería decir.
Muy instructivo el tal Leonardo. Esperemos que se prodigue.
Saludos.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Gracias por tu comentario, como siempre, Luis. En efecto, la finura de Cervantes para ponerle las peras a cuarto al falsario, que según Martín de Riquer no era otro que el aragonés Gerónimo de Passamonte, como bien sabes, no conoce límites, es fantástico.

Cuando Leonardo, que es un personaje que corpotagonizó mis novelas juveniles, tuvo conocimiento de que abría un blog, me pidió un espacio propio y yo se lo di bajo el nombre de "Agenda escolar"; negándose a desaparecer del todo, anda por aquí protagonizando algunas reflexiones sueltas. A mí no me causa mayores problemas abrirle las puertas de esta nave que va cruzando los espacios marítimos virtuales y dejarle vida mientras aliente.
Un abrazo, Javier.