domingo, 25 de abril de 2010

Un ser inútil, una figura de cartón



“Ocurre algunas veces que la brillantez de una parte de la obra de algunos autores oculta la valía del resto, o dicho de otro modo -dijo Leonardo un día en que tenía ganas de remar contracorriente-, ocupan un lugar tan destacado en la historia de la literatura como prosistas, poetas o dramaturgos que lo demás de su producción literaria no se valora de igual modo. Para que me entiendan, jóvenes, la enorme calidad de la obra en verso de los poetas de la Generación del 27 ocultó, o no dejó ver con la suficiente claridad, el hecho de que también existió un grupo de prosistas en la estética vanguardista que dejó obras de auténtica valía. El Larra novelista, el de El Doncel de don Enrique el Doliente, sucumbió hecho pedazos ante la enorme fuerza del conjunto de sus artículos periodísticos. Cervantes dejó escrito, para paliar el poco favor que tuvo su obra en verso, que “siempre trabajo y me desvelo por parecer que tengo de poeta la gracia que no quiso darme el cielo”. Sin embargo, Rosalía de Castro, al revés que Cervantes, creó una obra poética que la trascendió y la hizo inmortal en libros como En la orillas del Sar o Cantares Galegos; sin embargo, su labor novelística está hoy muy olvidada y es poco tenida en cuenta. Estas son, jóvenes, las paradojas de la historia literaria”.

Su atolondrado auditorio, compuesto de adolescentes, una buena parte de los cuales ni sabía el nombre de la poeta gallega, se desperezó cuando Leonardo abrió un libro y se dispuso a leer. “Esta novela que hoy les traigo, El caballero de las botas azules, la publicó Rosalía en 1867 y es una “novela urbana, social, satírica, cervantina, realista y fantástica, rupturista, proteica...” como la califica Ana Rodríguez-Fischer, la profesora que escribe con fino criterio de análisis la introducción de esta edición moderna. En un diálogo que mantiene el misterioso caballero de las botas azules con una dama, la señora de Vinca-Rúa, se ataca a cierto tipo de mujeres improductivas, perdidas en costumbres superficiales y absurdas, clasistas a más no poder; fíjense que Rosalía es más feminista en este texto que la más ferviente defensora actual de la igualdad entre hombres y mujeres:

Tantas criaturas devoradas por la miseria y el trabajo, tantas otras también devoradas por el fastidio y el ocio..., es una terrible calamidad y en vano se habla de adelantos, de progreso; las mujeres siguen atormentadas, las unas teniendo que hacerlo todo, que trabajar para sí y para los demás; las otras haciéndose vestir y desnudar la mitad del día, teniendo el deber de asistir al baile, a la visita, viéndose obligadas a aprender la equitación y las lenguas extranjeras. (...) Dicen que las mujeres no deben ser literatas ni politiconas, ni bachilleras y yo añado que lo que no deben es dejar de ser buenas mujeres. Ahora bien, ninguna que no sepa hacer más que andar en carretela, tumbarse en la butaca, y decir que se fastidia, por más que sepa asimismo la equitación, las lenguas extranjeras y vestirse a la moda, nunca será para mí otra cosa que un ser inútil, una figura de cartón indigna de oír la más pequeña de mis revelaciones. Estas solo son dignas de ser confiadas a cierta mujer hacendosa como la hormiga, semejante a mi bisabuela, aquella condesa que hilaba en medio de sus doncellas. La ando buscando por todas partes... no sé si la encontraré...



“Ignoro si deben ustedes, me refiero al estamento femenino de la clase, ser hacendosas como hormigas, pero lo que sí deben procurar ser, creo yo sin estar muy seguro de lo que les digo porque poco me gusta a mí dar consejos, es independientes, no depender de nadie, ni en lo laboral ni en lo económico; construyan su propio proyecto de vida y luego compártanlo, si ese es su gusto, en un plano de igualdad y de no dependencia. Se ahorrarán futuras fatigas.” Dio así, con esta advertencia y esta premonición que quedaron flotando en el aire, Leonardo la clase por terminada.

Nota. El retrato de Rosalía de Castro es obra del pintor G. Bello, realizado en 1952 en el exilio de Buenos Aires, ciudad en cuya Casa de Galicia se conserva. está tomado de la página web “galiciaaberta” de Xunta de Galicia.

viernes, 16 de abril de 2010

Haikú: Lo suyo que nos queda



El mar acoge
lo suyo que nos queda,
memoria y sueño.

Nota. La foto está tomada en Sant Pere Pescador, Alt Empordà, en un atardecer de julio.

martes, 13 de abril de 2010

Vida



VIDA

Si es verdad como dicen
que hasta la muerte
todo es vida,
que nadie me busque
en la morada fría
y áspera de las sombras;
aire quiero y espacio,
claridad enaltecida,
abiertas veredas
sobre la tierra libre
para mis pasos anhelo.
En tanto aliente la esperanza
y con renovado impulso
el latido de la sangre,
asombroso prodigio,
vida esparza por mis venas,
baldía será, muerte,
la amenaza de tu gesto
homicida e insolente;
consumido me halles
cuando vengas importuna
en el jubiloso incendio
del amor y de la vida.

Nota. El dibujo, de una ciudad vaga e imprecisa, es un ejercicio de clase de mi hija Marta y se lo he tomado prestado para esta entrada.

lunes, 5 de abril de 2010

La dignidad y la decencia: Ojos que no ven, de J.Á. González Sainz



Termino de leer esta estremecedora novela y busco algunas palabras que la puedan definir y doy con las que dejo en el título de la entrada, y me parece que son las que mejor la definen, porque eso es, creo, Ojos que no ven: una defensa enconada y melancólica de la dignidad y la decencia. Pero también, pienso, podría haber utilizado otras, la soledad y el enraizamiento en la tierra, el silencio, el equilibrio inestable entre lo que anda por nuestros adentros y lo que vemos fuera de nosotros, el intento de captar las palabras esenciales; quizá también hubiera podido decir que la novela es una crítica descarnada contra el fanatismo simplista y la intolerancia, al tiempo que se convierte en una búsqueda dolorosa de la memoria del pasado.

La dignidad y la decencia son las del personaje protagonista de esta hermosa novela corta: Felipe Díaz Carrión; también, aunque con perfiles más desdibujados, las de su segundo hijo, igualmente llamado Felipe. El fanatismo simplista y la intolerancia son los de su mujer, Asun y el de su primer hijo, Juan José. El territorio de la intolerancia es Euskadi, a donde se ve forzado a emigrar nuestro personaje. El paisaje del dolor es demasiado conocido: secuestros en condiciones bestiales, asesinatos, tiros en la nuca, coches bomba y un largo etcétera demasiado cotidiano durante demasiados años lamentablemente. La familia rota, la dignidad destrozada, pero también la lucha de Felipe por mantener su dignidad contra viento y marea.

Después la soledad y el buceo en las pantanosas aguas del pasado. También ese es un paisaje demasiado conocido. La violencia en las primeras semanas de la guerra civil. El recuerdo doloroso y el silencio del personaje. Dolor sobre dolor. Se impone el silencio. Enraizarse en la tierra. Buscar en los adentros, despacio, con la suficiente calma para llegar a las fuentes del dolor.

Extraordinaria novela cuya lectura no te deja indemne. Valiente novela. Necesaria novela. Literatura en el más puro sentido de la palabra. Poderoso estilo el del autor. Palabras contra el olvido, contra la extrañeza que nos produce a veces la realidad, palabras simples para saber lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, palabras para saber que hay límites que nunca nadie debería haber traspasado jamás.


jueves, 25 de marzo de 2010

Las fuentes escondidas de las cosas



Releyendo La llama, tercera parte de La forja de un rebelde, me encuentro hacia el final, cuando Barea narra la profunda crisis que sufre, un pasaje en el que el escritor habla de sus inicios literarios; el texto dice así:


Unos pocos días después de haberme recobrado de mi pesadilla escribí mi primer cuento sobre un miliciano en una trinchera porque los fascistas habían destruido la máquina de coser de su mujer, porque aquél era su puesto y, finalmente, porque una bala perdida había aplastado una mosca que a él le gustaba observar en un trocito de parapeto alumbrado de sol. Se lo di a Ilsa, y vi que la emocionaba. Si hubiera dicho que no era bueno creo que nunca hubiera intentado volver a escribir, porque hubiera significado que no era capaz de tocar las fuentes escondidas de las cosas.

Dos ideas se desprenden del texto que están bien arraigadas en la poética narrativa de Barea: en primer lugar, el hecho de que la buena literatura es la que emociona y estremece al lector, la que no le deja indiferente; en segundo lugar, la consideración de que la verdadera literatura debe hundir sus raíces en la esencia misma de la vida, es decir, debe aspirar a esclarecer “las fuentes escondidas de las cosas”. También se advierte en las palabras de la cita, los titubeos y las inseguridades del escritor en sus inicios, la necesidad de reconocimiento, de que alguien le dijera que estaba bien lo que había escrito.


El cuento en cuestión, primero de la producción literaria de Arturo Barea en ver la luz, se titula “La mosca” y fue publicado, en inglés, en el diario The Daily Express, el 17 de agosto de 1937. Más tarde, pasó a formar parte del primer libro de cuentos del escritor nacido en Badajoz en 1897, Valor y miedo, que fue publicado en Barcelona, en 1938, en la editorial Publicaciones Antifascistas de Cataluña. Así describe Barea al miliciano de su relato:




Pedro es un patán y un soldado de la República. Le arrastró la ola de entusiasmo del 18 de julio. En su cerebro no hay complejidades políticas. No entiende de esto. Siente la causa, sintió aquel día el latir de la multitud y se marchó a la Casa del Pueblo. Desde entonces está en primera línea. No quiere saber nada de nada. Su única idea, la idea fija, es matar fascistas, más aún desde que supo que su casita del Puente de la Princesa era un montón de escombros. Su gramófono y sus discos de Angelillo y del Pena. La máquina de coser de su compañera.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Una elegía: Esas vidas, de Alfons Cervera


Alfons Cervera es para mí el autor de una trilogía, de lectura poco menos que imprescindible, integrada por las novelas El color del crepúsculo, Maquis y La noche inmóvil; después el autor añadiría al mismo ciclo, que llama de la memoria, la novela Aquel invierno. En ellas se ocupa de los perdedores de la guerra civil y de los que no se dieron por vencidos y continuaron una lucha que a la postre resultó estéril; se ocupa también de los largos silencios, de la represión, del hambre y de la realidad menesterosa; se ocupa, en fin, de lo que no supo, quizá porque las circunstancias políticas lo hacían punto menos que imposible, ocuparse la novela española de la primera posguerra, una realidad, la de la lucha en el interior de la España franquista, de la que tampoco podían ocuparse los novelistas desde la lejanía del exilio, aunque algunos, como Max Aub, escribieran cuentos lucidísimos y muy críticos como “Librada”, en 1948. Tendría que ser, muchos años después, en los primeros años de la década de los ochenta, la espléndida novela de Julio Llamazares Luna de lobos, la que vendría a dar carta de naturaleza a ese mundo olvidado. Después El lápiz del carpintero de Manuel Rivas y otros textos, incidirían en el mismo aspecto: rescatar del olvido una parcela de la dura realidad española de los años cuarenta.

Ahora, Esas vidas viene a coincidir, en bastantes aspectos, con el mundo trazado en esas novelas. Tres son los ejes que vertebran esta elegía: la enfermedad, agonía y muerte de la madre; la asistencia del narrador a un congreso en Grenoble sobre la memoria; la indagación en el pasado del padre algunos de cuyos aspectos más duros y sombríos son descubiertos casualmente por el narrador. Eso es la novela: una indagación en el pasado familiar. Pero es también una reflexión lúcida y certera sobre la vida y sobre la muerte, escrita en un estilo poético admirable y que llega al lector sin innecesarias complicaciones y con una fuerza verdaderamente estremecedora.

Un gran libro, recomendable en todos los sentidos. Un acierto, lleno de humanidad y de sabiduría literaria, de Alfons Cervera. Uno más.

sábado, 20 de marzo de 2010

Quevedo, El Roto y los libros electrónicos


Leo, como cada día, el periódico después de comer. Me voy adormeciendo poco a poco. Cuando he terminado con el ABC, siempre es la primera lectura en la sobremesa de los sábados, la emprendo con El País y al llegar a la página veintiséis, a la sección de "Opinión", veo la viñeta de El Roto y me tengo que levantar, encaminarme al estudio, que está en la otra parte de la casa, encender el ordenador y dejar esta entrada en el blog como homenaje, ya hacía tiempo que quería hacerlo, al talento de este agudo observador de la realidad que es El Roto. ¡Si Quevedo levantara la cabeza!... 

lunes, 15 de marzo de 2010

Dos haikus de mar




Nota. El mar de las fotografías es el Mediterráneo en el Cap de Creus y están tomadas en un ventoso día de primavera.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes



Muere Miguel Delibes en la esperanza de encontrar a Cristo en la última vuelta del camino, en la confianza de que será recordado como un buen hombre, buena gente, y en la seguridad de que llegó hasta donde pudo en el mundo de la literatura, pero que en cualquier caso llegó muy lejos.

Me golpea en esta mañana lluviosa una vez más en Barcelona la noticia del fallecimiento del escritor. Caigo en la cuenta de que su vida ha sido paralela a la de mi padre, nacieron con meses de diferencia y han muerto ambos con un intervalo de poco más de mes y medio. Echo la vista atrás y advierto que los libros de Delibes me han acompañado siempre y que he debido leer la casi totalidad de su obra narrativa; con todo, tengo pendiente la lectura, aunque muchos de los cuentos ya los leí en los volúmenes sueltos cuando se publicaron en su día, de Viejas historias y cuentos completos que publicó en 2006 Menoscuarto, en la colección “Reloj de arena”, que dirige Fernando Valls, con un estupendo prólogo de Gustavo Martín Garzo. Traigo este libro aquí porque fue el último suyo que compré. Lo empezaré a leer hoy como homenaje secreto a este escritor a quien tanto queremos y admiramos todos en casa. Lo he dicho en múltiples ocasiones: el mejor homenaje que se le puede tributar a un escritor es leer lo que escribió.

Adiós, maestro. Si llega mi humilde voz hasta donde quiera que esté en este momento, me gustaría que supiera que hasta el día de hoy he hecho leer sus novelas a muchos jóvenes que ya ni siquiera conocen el santo de su nombre. Ojalá la esperanza de la que hablaba arriba se cumpla. Tenga, no obstante, la seguridad de que le recordaremos como un hombre de bien y como un extraordinario escritor, cuya obra está llamada a quedar, a vencer al tiempo y a la muerte despiadada que por no hacer mudanza en su costumbre hoy, a las siete de la mañana, ha puesto el punto final a una vida cumplida, plena y de la cual serán testimonio eterno sus muchos libros.

Nota. La foto del escritor está tomada de hola.com, la de la portada del libro de la página web de la editorial Menoscuarto. La esperanza, la confianza y la seguridad de que se habla en el primer párrafo son expresiones del propio Delibes, manifestadas en la última entrevista que concedió hace un tiempo a la televisión y que hoy ha rescatado CNN+ en sus primeros informativos de la mañana.

jueves, 11 de marzo de 2010

El desamor


- Es preciso que nos separemos.
- Perdona, pero no te entiendo.
- Me duele decírtelo así, de sopetón, pero me he enamorado y quiero a otra persona.
- Me sorprende, a estas alturas, la verdad.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada por evitarlo, las cosas son así.
- Y qué piensas hacer.
- Separarme de ti.
- Querrás decir de nosotros.
- No, de mis hijos nunca podré separarme. Hemos de hablar para arreglar ese asunto.
- Está bien, lo arreglaremos, pero déjame decirte que si esa es tu decisión creo que te arrepentirás.
- Eso ya se verá.
- Ya lo creo que se verá. No podrás evitar que te remuerda la conciencia. No se pueden arrojar casi cuarenta años de vida en común por la borda, como quien se libera de un fardo pesado que le lastra.
- Te ruego que no me hagas recriminaciones morales, entre nosotros están fuera de lugar.
- Lo siento, perdona. ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Adelante.
- ¿Cuánto tiempo crees que tardará en esfumarse la ilusión, en volverse vieja la novedad?
- Eres incapaz de entender nada.
- Es posible, pero me cuesta trabajo aceptar, porque en cierto modo me desconcierta, que a nuestra edad puedas ilusionarte por otra persona hasta el punto de dar el paso que vas a dar.
- ¿Por qué?, si puede saberse.
- Porque ambos, aunque tú te engañes y no lo quieras ver, hemos empezado ya a envejecer y no deja de parecerme un rasgo de ingenuidad esa pretensión de felicidad tuya.
- Ingenuidad por qué.
- Porque esa relación que has iniciado es una relación sin futuro, le faltará tiempo.
- No te sigo.
- No me hagas ser más explícito, no me gustaría tener que señalar lo obvio.
- Entiendo, te refieres a la edad.
- No sólo a eso.
- Entonces a qué.
- A que no te será fácil borrar el peso de la memoria, de la historia compartida, de los proyectos de vida en común que ahora van a quedar truncados, de lo que me decías tantas veces acerca de ver crecer a nuestros hijos y acompañarles en el camino que escojan.
- He valorado todo eso y pesa más mi decisión de no renunciar a la posibilidad de volver a ser feliz.
- ¿Acaso no eras feliz con nosotros?
- No pluralices, una cosa son nuestros hijos y otra eres tú.
- De acuerdo, ¿entonces no eras feliz conmigo?
- Nuestra relación se estancó, se ahogó en el mar de las rutinas y de las obligaciones.
- Y para solucionarlo decides romper con todo.
- A veces no queda otro remedio.
- Te veo muy segura.
- Lo estoy.
- En ese caso sólo me queda desearte buena suerte.
- Lo siento, de verdad.
- Más lo siento yo, estaba tan hecho a la idea de envejecer a tu lado.
- No me lo pongas más difícil.
- No era mi intención, pero déjame decirte que me decepciona que, a pesar de los pesares, no renuncies al viejo cuento de la felicidad.
- Hay cosas a las que ni se puede ni se debe renunciar y, perdona, pero ya no me importa decepcionarte.
- Insisto, me hubiera gustado envejecer y morir a tu lado, pero no te preocupes, buscaré la forma de sobreponerme.
- Confío en que con el tiempo llegues a entenderme.
- Tal vez...


Nota. El cuadro de Magritte que ilustra esta entrada se titula “Los amantes”.

jueves, 4 de marzo de 2010

Cervantes: un microrrelato y cinco aforismos



“Enorgullecíase Cervantes de haber sido el primero en novelar en lengua castellana, refiriéndose, claro está, al término “novella” que, procedente del italiano, designaba un tipo de relato breve y empezaba a introducirse entonces en la lengua. Se refería el gran escritor a sus “Novelas ejemplares”, que vendrían a coincidir con lo que se llama hoy novela corta. Pues bien, de igual modo, hubiera podido ufanarse nuestro autor de haber utilizado antes que nadie un género narrativo ahora muy en boga y de complicada denominación, aunque tienda a imponerse la de microrrelato.”

A Leonardo le gusta a veces establecer relaciones un poco traídas por los pelos, inestables como pompas de jabón sobre el vacío, frágiles como los hilos con los que las arañas tejen sus mortales celadas a los insectos. Juega de ese modo con la historia literaria, se muestra irrespetuoso con los géneros, trata de despertar la curiosidad de sus jóvenes alumnos por el hecho literario.

“Pródigo como fue siempre a la hora de mostrar sus dotes narrativas, en el “Prólogo” a la Segunda Parte de don Quijote nos dejó no uno, sino dos cuentos breves que utilizó para arremeter contra el falsario que le robó los personajes y le llamó viejo y manco entre otras lindezas. Este es el cuento en cuestión:


CUENTO CON PERRO Y LOCO

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro, y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía:

- Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?

Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito y sin querer atreverse a descargar la piedra, decía:

- Este es podenco: ¡guarda!

En efecto; todos cuantos perros topaba, aunque fueran alanos, o gozques, decía que eran podencos; y así, no soltó más el canto.

“No sólo arremete contra el falsario sino que el hecho le sirve, cómo no podía ser de otro modo tratándose de Cervantes, en el mismo prólogo y en los primeros capítulos de la Segunda Parte, cuando se habla en ellos de las aventuras de la Primera Parte, que ya corren impresas de boca en boca y son de todos conocidas y celebradas, le sirve, digo, para reflexionar con sosiego sobre el hecho literario y así nos deja Cervantes estos cinco aforismos que ahora les quisiera hacer llegar, tomen ustedes nota –y dictaba Leonardo a sus aplicados alumnos:


CONSEJOS DE ESCRITURA

1. No se escribe con las canas sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

2. Para componer historias y libros de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento.

3. No hay libro tan malo que no tenga algo de bueno.

4. Es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeran.

5. Una de las mayores tentaciones del demonio es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con el que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama.



Pidiéndole a sus jóvenes alumnos que no echaran en saco roto esos aforismos, dio, con cierta melancolía, Leonardo la clase por terminada.

Nota. El grabado de Cervantes está tomado de www.cervantesvirtual.com

lunes, 1 de marzo de 2010

Lo que me queda de ti



Lo que me queda de ti
es un naufragio de sombras,
un extraño silencio
devastador e infinito,
la quietud inerte
de tu cuerpo amortajado,
el apagado latido
de tu soledad eterna.

Lo que me queda de ti
es también lo que me dejas,
el recuerdo de tu vivir
confuso y apasionado,
la dulce melancolía
de los años de la niñez,
la llama de tu memoria
incendiando mi corazón
indeleble mientras viva.

Lo que me queda de ti
es una larga nostalgia
escondida en los recodos
del camino que me lleva
cada noche al territorio
inclemente de tu ausencia.

Lo que me queda de ti
es este lamento de amor
desvalido e impreciso
como el barco que zozobra
a merced de la tormenta.


Nota. La pintura que ilustra este poema pertenece a Gonzalo Goytisolo Gil y fue un encargo de la Editorial Alba para la portada de mi novela Años triunfales. Prisión y muerte de Julián Besteiro, el único de mis libros que dediqué a mi padre en vida. Les pedí un paisaje desolado en el atardecer, que diese la impresión de soledad, del desamparo infinito con el que debemos enfrentarnos a la muerte. Así es como Gonzalo Goytisolo lo interpretó. Me viene ahora de perlas para esta entrada. Goytisolo Gil es un cotizado pintor en la estética del hiperrealismo. Tiene una espléndida página web en la que puede verse una cumplida muestra de su arte pictórico: www.gonzalogoytisoloso.com

martes, 23 de febrero de 2010

Los parques de Bruselas bajo la nieve






En los parques de Bruselas bajo la nieve
Languidece la luz aletargada
Tiritando de frío entre las ramas
Desoladas y yertas de los árboles
Llora el cielo su acerada melancolía
Estremecida la fronda y marchita
Como si la vida estuviera ausente
Y fuera todo, padre, invierno y sombra.

Nota. Las fotos de esta entrada las tomó mi hija Marta en un parque de Bruselas el día 15 de febrero y me las cedió para ilustrar este poema de ausencia.

viernes, 19 de febrero de 2010

Magritte: aforismos

El progreso es una idea descabellada.

No hay elección: no hay arte sin vida.

El Surrealismo es el conocimiento inmediato de lo real.

Ser surrealista es desterrar del pensamiento lo “ya visto” y buscar “lo todavía no visto”.

Todo en mis obras viene de la impresión de certeza de que formamos parte, de hecho, de un universo enigmático.

El término “composición” supone una “descomposición” probable en forma de análisis, por ejemplo. En la medida en que mis cuadros son válidos, no se prestan al análisis.

La poesía escrita es invisible, la poesía pintada tiene una apariencia visible.

Lo entiendo así, ese momento de lucidez que ningún método puede hacer que aparezca.

Pinto el más allá, muerto o vivo. El más allá de mis ideas mediante imágenes.

La idea de progreso está unida a la creencia de que nos acercamos al bien absoluto, lo cual permite a mucho mal actual manifestarse.

La revolución es un reflejo del hombre vivo.

La libertad es la posibilidad de ser y no la obligación de ser.

Mi único deseo es enriquecerme con nuevos y estimulantes pensamientos.
Odio mi pasado y el de los demás. Odio la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y cualquier sensiblería forzosa. También odio las artes decorativas, el folklore, la publicidad, la voz de los locutores, el aerodinamismo, los boy scouts, el olor de la gasolina, la actualidad y la gente borracha. Me gustan el humor subversivo, las pecas, las rodillas, el pelo largo de mujer, las risas de los niños en libertad, una jovencita corriendo por la calle. Deseo el amor que vive, lo imposible y lo quimérico. Temo conocer mis límites con precisión.

Nota. Estos aforismos de René Magritte están escritos en las paredes de las salas que forman el museo que lleva su nombre en Bruselas y que se ha convertido en una referencia de visita obligada, como lo es el Van Gogh de Amsterdam, el de los impresionistas en París, el Dalí en Figueres, el Picasso, la Fundación Tàpies, o el Miró en Barcelona y tantos otros. El cuadro que ilustra esta entrada, cuyo título en inglés es “The Blank Page” (1967), es el último que pintó Magritte y puede verse en el museo de Bruselas. Representa el sosiego de un mundo en calma, nocturno, presidido por la luna y su simbolismo de mágica fatalidad adornada por una naturaleza muerta; el fondo azul nocturno y las casas en sombra con las ventanas iluminadas, en un efecto que recuerda el impresionante “El imperio de la luces” que también puede verse en el museo, confieren al cuadro ese efecto de calma, de tranquilidad, de soledad y de sosiego, tal y como al pintor, según declaró, le hubiese gustado que el mundo siguiera tras su tránsito. Los incluyo en una nueva sección de este blog a la que doy el nombre de "Aforismos ajenos". Las fotos están tomadas en el Musée Magritte de Bruselas. La del cuadro es una fotografía del tríptico publicitario del propio museo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Cinco haikus de Soria








Nota. Textos y fotos se ensamblan pero son diferentes. Las fotos, todas de Soria y sus tierras, las tomé en distintas épocas, en las muchas temporadas que paso en aquella geografía austera, en aquel paisaje irrepetible. Los haikus pertenecen a la "Suite castellana" de la que ya he dado otras entregas en estas páginas. Inauguro una sección con ellas a la que doy el nombre de "Poesía visual".

lunes, 8 de febrero de 2010

El destino de los libros


Mentiría quien dijese que no le preocupaba lo que iba a ser de sus libros. Le habían acompañado desde siempre, así que, al correr de los años, había reunido miles de volúmenes en su biblioteca personal. Nunca se paró a pensar adónde irían a parar tras su muerte; por eso cuando enfermó, de modo brutal e inesperado, y supo inminente su final, no dejó ninguna indicación sobre qué hacer con ellos, salvo una desconcertante frase referida a mí que le dijo un día a mi madre, su única hermana: “él sabrá encontrarles sitio”.

Transcurridos unos días del fallecimiento de mi tío, mi madre me telefoneó para decirme que el administrador del piso la urgía a que lo vaciase cuanto antes. Como no sabía qué decisión tomar y alguien le había pasado el número de una empresa que se dedicaba a esos menesteres, contrató sus servicios para que se encargaran de la desmesurada biblioteca personal de su hermano. Yo vivía entonces en Budapest, así que le dije, cuando me llamó para pedirme consejo, que hiciera lo que le pareciera conveniente.

Días después supe que los operarios vaciaron el piso en cuestión de horas. Metían los libros en cajas sin el menor miramiento. Las cerraban con cinta adhesiva y las bajaban a un camión aparcado frente a la fachada del edificio. De lo demás, un reloj de pared con una inscripción en latín omnes vulnerant, ultima necat, algunas estilográficas y un par de álbumes de fotografías se hizo cargo ella; el resto, ropa y otros enseres, se tiró.

Cuando ya casi lo tenía olvidado, un amigo me escribió para decirme que en el mercado de los trastos viejos había visto un montón de libros depositados de cualquier manera sobre el suelo. Revolvió en él a la búsqueda de alguna sorpresa. Advirtió que se trataba de la biblioteca de un lector culto, tal vez de algún profesor. Clásicos griegos y latinos en ediciones en inglés, francés y alemán. Libros de patrística cristiana, de Gracián y de Cervantes, las obras completas de Jovellanos y mucha filosofía: Spinoza, Kant, Descartes. Se encontró también un ejemplar de una traducción de La Eneida al catalán que yo había regalado a mi tío para su colección de ediciones de Virgilio. Llevaba mi firma y una afectuosa dedicatoria. Lo compró casi regalado y me lo envió por correo con una nota que decía: “para que vuelva a ti y sea menos aciago su destino.”

miércoles, 3 de febrero de 2010

Max Aub: Todo es vida. Elogios y alabanzas



En el año 1952, durante su exilio en México, Max Aub publicó una serie de colaboraciones en el semanario Diógenes. Moral y Luz firmadas con el pseudónimo de “El Escolástico” y agrupadas bajo el título de “Elogios”. La doctora Eugenia Meyer recogió esos textos en su magnífica recopilación de la labor periodística de Aub en el exilio Los tiempos mexicanos de Max Aub. Legado periodístico 1943-1972. Cuando fui invitado a presentar ese libro en Madrid, dije que me parecía que esos textos, los “Elogios”, estaban pidiendo a voces ser editados en un volumen suelto, dada su entidad y su unidad temática y estilística. Ahora ve la luz una antología de ellos a la que puse el título de Todo es vida. Elogios y alabanzas y que acaba de editar la Fundación Max Aub (http.//www.maxaub.org/) con el fin de felicitar el nuevo año a sus amigos y colaboradores. El lector maxaubiano, y quien se acerque a él por primera vez, se va a encontrar, en sentido y forma, con unos textos representativos de lo que fue la labor literaria del escritor valenciano, autor de El laberinto mágico, tal vez el mejor ciclo de novelas sobre la Guerra Civil Española. A la luz de una larga tradición que me detengo a estudiar en el prólogo de la edición, hay aquí textos memorables, como el “Elogio de la lealtad” o el “Elogio del amor” del que doy este fragmento:


ELOGIO DEL AMOR

Quien esto escribe, ahora, en primavera, siente deseos de huir de tantas cosas feas como le rodean y se refugia en el elogio del amor, que es ante todo lealtad y constancia, dulzura y suavidad, bendición de la tierra y del cielo, olvido de cuanto malo le rodea a uno, sueño en la vela, temperatura que no se siente, música humana, pérdida de sí mismo en los ojos de otro ser, admiración continua, cautividad del alma, robo de la voluntad, ardimiento incesante, desfallecimiento continuo, reventar del corazón, quedarse sin pulsos ni sentidos, transformar en sí la cosa amada, andar con sobresalto para no disgustar, vivir muerto por la vida ajena, por una sola vida ajena que vale más que todas las demás juntas.

El amor une los corazones en uno, de muchas voluntades hace una voluntad, transporta al que ama y le trae fuera de sí. Se vive en lo que se ama. Págase la deuda de amor con otro amor, la voluntad es la del amado, y, como la del amado es la suya, existe una sola voluntad común que llena de alegría los dos corazones. Nada hay más suave que estar entregado al poder y albedrío de otro, si es de consenso. Siémbrase y se recoge inmediatamente su fruto. Dando, ya se coge.

Quiérese con todo el extremo del mundo, se vive siempre con el horizonte en las manos, se borran las distancias, todo se funde en un canto sirenaico, pura llama de deseos de comunicarse; estase bien consigo mismo con sólo estar con la persona amada, todo es complacencia y contentamiento.

Roba con su agrado y gracia, se lleva tras sí los ojos y las lenguas, gana el corazón y la voluntad, despierta la afición en el pecho, se enternecen las entrañas, hace perder el pulso, se desea de mil modos y maneras, todo es herida que estimula y atiza, ilumina la noche más oscura, arde en vivas llamas.

Sírvese con buena voluntad, hace el trato afectuoso, andan a una las voluntades, una de entrambos, unos los pensamientos, una el alma que en los dos habla. Granjea los corazones con su sola vista, los rayos de luz revocan el corazón a la cara. Ámase una piedra y se vuelve canto. Hechiza: la mujer amada es la más hermosa, ríndese la hermosura a la fealdad, divinizándola. La llama del amor tiene ciegos los ojos, quiérese a quien sea con llama de amor divino. Roba la libertad, y no importa.

domingo, 31 de enero de 2010

A vueltas con Gil de Biedma



Mi amigo Javier Pérez Escohotado visita mi blog y deja un comentario en la entrada que dediqué a Gil de Biedma y a la película biográfica que aún está en la cartelera. Lo rescato de donde él me lo dejó y lo traigo a esta entrada para realzarlo como se debe. Javier es escritor, poeta y ensayista, de ya largo recorrido; profesor universitario en la Pompeu Fabra y actualmente en la Secundaria, ha sido, es y será estudioso de casi todo lo que tenga que ver con la letra impresa. Como poeta ha publicado dos poemarios: Laura llueve (2000) y Papel Japón (2002); como ensayista: Antonio de Medrano, alumbrado epicúreo. Proceso inquisitorial (Toledo, 1530), con prólogo de Ricardo García Cárcel (2003) y Crítica de la razón gastronómica (2007), entre otros. Como estudioso de la poesía de Gil de Biedma publicó en Poemas memorables. Antología consultada y comentada (1939-1999) (Castalia, 1999) un soberbio comentario a uno de los mejores poemas de Jaime Gil “Pandémica y Celeste”. También ha sido editor del poeta en el libro Conversaciones (El Aleph, 2002). Javier, pues, cuando habla de Gil de Biedma no lo hace a humo de pajas y no es merecedor, en absoluto, a pesar de su actitud crítica hacia el libro que sirve de base a la película, me refiero a la biografía de Miguel Dalmau, de los agrios comentarios hacia su persona que el biógrafo va esparciendo por ahí a la ligera. Nada hay peor que alguien que publica y no es capaz de asumir la crítica. Este es el texto que Javier me dejó como comentario en la mencionada entrada:

El cónsul de Sodoma o de tal palo, tal astilla.


Como editor de Jaime Gil de Biedma, Conversaciones, y autor de alguna crítica a la biografía de Gil de Biedma publicada por M. Dalmau -crítica que los lectores pueden encontrar en el núm. 86 de Letra Internacional-, me permito colaborar en la polémica, llamando la atención del Jurado que entregará los Goya sobre una de las nominaciones: la del Goya al mejor guión adaptado de El cónsul de Sodoma. Si el guión ha sido adaptado de la citada biografía, el resultado ha sido necesariamente el esperado: un fiasco.La biografía de Dalmau está ordenada como un tríptico a partir de una manipulación chapucera de varios cuadros de Bacon. El primer panel del tríptico aborda la historia familiar y personal del poeta en 75 páginas, para las que no ha necesitado consultar ni un solo libro de historia. Y el segundo repasa, con jugosos errores de interpretación, la obra de Gil de Biedma en 125 páginas. Ambos paneles se cierran en 1985. El tercer panel relata con naturalismo clínico, y en clave rosa, la vida sexual del poeta, que ocupa las 255 páginas restantes hasta 1990. El tríptico no parece estar bien compensado. En realidad, las dos primeras partes no son más que un aperitivo mal descongelado antes de atacar el chuletón casi crudo de la enérgica y atareada sexualidad del poeta, que ya no escandaliza ni a los niños de la doctrina. La bibliografía “básica” de la obra, limosna a la puerta de una iglesia, no puede ocultar el feo vicio del autor de no mencionar las fuentes y, lo que es peor, apropiarse indebidamente de ellas. Por ejemplo, de Shirley Mangini, a la que utiliza sin escrúpulo, o sea, sin las obligadas comillas, que son las que indican el propietario del texto. Y no cabe aquí la eximente de intertextualidad, que consiste, según Bajtin, en un diálogo textual y no en una mera copia.

Nota. Un torpe e inapropiado comentario anónimo, dejado en la entrada "Mi padre", me ha obligado a instalar la moderación en los comentarios. Os pido disculpas a los que entráis aquí habitualmente, pero los que aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid para malbaratar palabras en bitácoras ajenas me obligan a ello. Gracias.

viernes, 29 de enero de 2010

Elogio del desierto



SOBRE EL PÁRAMO INMENSO

 Sobre el páramo inmenso en el que vives,
un cielo lento y negro, un cielo bajo
que roza los fangales y se ensucia.
Un cielo que se vuelve tierra muerta,
sobre la aislada casa en la que mueres.
Vine a esta tierra para ver tus ojos,
vine al infierno para ver tus ojos,
para, antes de irme, dar algún sentido
a esta confusa y breve luz dudosa.

Javier Sánchez Menéndez me hace llegar un ejemplar de Elogio del desierto, libro de poemas de Julio Martínez Mesanza ilustrado con fotografías de José del Río Mons, editado en la colección “Anejos de Siltolá”. Enhorabuena a los tres, al poeta por sus hermosos versos, al fotógrafo por la inmensa calidad de las fotografías y a Javier por editar con tan acendrado gusto.

Nota. Inauguro con esta entrada una nueva sección de este blog a la que doy el nombre de "Acuse de recibo". Me propongo recoger en ella lo que me va llegando, comentarios, envíos, cartas, etc.

martes, 26 de enero de 2010

Mi padre


(31 de marzo de 1919 - 24 de enero de 2010)