jueves, 22 de marzo de 2012

La Constitución de Cádiz


Faro y norte de los partidarios de la libertad en España, ahora que se conmemora su bicentenario, no estaría de más que se recordara a los que dieron su vida por la causa liberal que tan bien supo recoger el espíritu de ese texto jurídico. Tampoco sería ocioso que se dijera quién o quiénes estuvieron en contra de ese sentir y desataron una orgía de sangre para imponer sus ideas, cosa tan frecuente, por desgracia en España. Fernando VII promulgó un decreto, después de que se ahorcara a Riego el 7 de noviembre de 1823 en la plazuela de la Cebada de Madrid, que comenzaba así: "Con el fin de que desaparezca para siempre del suelo español hasta la más remota idea de que la soberanía reside en otro que en mi real persona...". Que cada palo aguante su vela y que no se disfrace lo que cada uno hizo y dijo. Que no sirvan las conmemoraciones para ocultar la verdad del pasado.

Benito Pérez Galdós escribió unas páginas estremecedoras en El terror de 1824 sobre el ahorcamiento de Riego. Federico García Lorca dramatizó la historia de la heroína granadina Mariana Pineda en su obra teatral de título homónimo, Mariana Pineda. José Esteban, el crítico y escritor interesado por el fenómeno de los exilios en España, escribió un libro, al que ya me he referido en este blog, titulado La España peregrina, editado por Mondadori en 1988, en el que apoyándose en los mecanismos de la ficción, narra en una suerte de diario fabulado, las circunstancias en que se produjo el asesinato de Torrijos y sus cincuenta y dos compañeros, el once de diciembre de 1831, en las costas de Málaga, que les vieron en desdichado día, como dejó escrito José de Espronceda en su célebre soneto "A Torrijos y sus compañeros", cuyos tercetos, vehementes y exaltados, cerraban así el poema: "Españoles, llorad; mas vuestro llanto / lágrimas de dolor y sangre sean; / sangre que ahogue a siervos y opresores; / y los viles tiranos, con espanto, / siempre delante amenazando vean / alzarse sus espectros vengadores." Cito a continuación las palabras de la última entrada de ese diario ficcionalizado en el que se reproduce con tanto acierto la voz íntima de Torrijos:

Iremos caminando por la playa, que se extiende ondulada hasta el infinito, con cierta dificultad y con fatiga. Nos acompañará la curiosa y anhelante multitud. Sonarán los tambores. Los capuchinos irán a nuestro lado dándonos sus últimos consuelos. De súbito, se parará la comitiva. Un toque destemplado y agudo de corneta, nos dejará inmóviles en el punto en que vamos a ser sacrificados. Todos, olvidando a los frailes, iremos a ocupar nuestro último lugar entre los vivos. Nos erguiremos frente a los fusiles. Yo volveré a reclamar mi derecho a dar la voz ejecutoria de fuego. No hay presente otro mariscal. Pero mis verdugos volverán a negarme ese honor último que me corresponde. El padre Vicaría no soltará llorando a su grumete, que terminará desplomándose sin sentido al contemplar tan tremendo espectáculo. Ni siquiera el tirano nos consiente morir en paz y soledad, a solas con el más allá, que me espera inflexible. Unos nos abrazaremos emocionados; otros se aislarán en su definitivo silencio. Los soldados nos irán agrupando para fusilarnos. Yo estrecharé las manos de mis compañeros, me adelantaré hacia el pelotón y cuando oiga el grito de ¡Fuego!, gritaré fuerte ¡VIVA LA LIBERTAD!, que es la última palabra que quiero oír en mi vida.

jueves, 8 de marzo de 2012

Némirovsky y Rodoreda, escritoras.


La inminente ocupación de París por las tropas alemanas en junio de 1940 provocó el éxodo de multitud de ciudadanos que abandonaron la capital francesa y se desplazaron hacia el sur, hacia lo que entonces se consideraba la Francia libre. Esa huida es la que narra Irene Némirovsky en su estupenda novela Suite francesa, que he leído en la traducción catalana de Anna Casassas, editada por La Magrana en septiembre de 2007.


La novela permaneció inédita más de sesenta años. La peripecia del manuscrito constituye de por sí otra novela. La escritora, de origen judío ucraniano, fue víctima de las leyes antisemitas promulgadas por el gobierno colaboracionista de Vichy. De modo que fue detenida y deportada al campo de exterminio de Auschwitz, donde murió en el verano de 1942. Sus hijas, que habían sido enviadas por sus padres a Issy-l'Évêque, guardaron los originales inéditos de su madre y entre ellos estaba esta Suite francesa.


La escritora catalana Merce Rodoreda, exiliada en esa misma época en Francia, narró la misma peripecia en un cuento magnífico titulado “Orleáns, 3 kilómetros”. Traduje ese cuento del catalán y lo edite en Solo una larga espera. Ahora, después de haber leído la estremecedora novela de Irene Némirovsky, veo las coincidencias en la materia narrativa de las obras de ambas escritoras, mujeres que han dejado una obra que, en el caso de Némirovsky, la redime de una muerte injusta y cruel, y en el caso de Rodoreda, la convierte en una escritora fundamental en la historia de la literatura catalana.


Dos párrafos que se asemejan:


Némirovsky:


Per la carretera de París arribava una riuda contínua i lenta de cotxes, camions, carros i bicicletas, a la qual es barrejaven els animals dels pagesos, que abandonaven les granges i se n’anaven cap al sud arrossegant criaturas i bestiar. L’embús era tal que era impossible surtir de la ciutat. Els cotxes anaven arribant els uns rere els altres, plens a vessar, carregats a més no poder de maletes i mobles, cadascun amb un matalàs lligat al sostre.


Rodoreda:


A lado y lado de la carretera se extendían los campos de trigo. Las espigas se doblaban, maduras, llenas, a punto de reventar; una brisa ligera las llenaba de olas rubias. El sol se ocultaba entre nieblas: un sol de color carmín llenaba el paisaje de tonos malva. De cuando en cuando una amapola se asomaba entre las espigas, excesiva en su inmovilidad. La carretera estaba llena de gente que no sabía hacia donde se dirigía. Pasaban carros a rebosar de muebles, de jaulas llenas de aves sedientas y hambrientas, de colchones, de cacharros de cocina, de herramientas de trabajo.

lunes, 27 de febrero de 2012

Una lección de vida



Estimado Rafael:


Terminé, hace unos días, la lectura de las memorias de Julián Marías en la edición de Alianza Editorial, publicadas en tres volúmenes bajo el título global de Una vida presente. Aunque ya había leído el primer volumen hace algunos años, para estudiar lo que en él se decía de Julián Besteiro, solo ahora, releído de un tirón junto a los otros dos, recobra el libro todo su esplendor. Pienso que no exagero si digo que ese primer volumen es de lectura imprescindible, también los otros dos, claro, para quien quiera saber lo que se perdió con el tajo de la Guerra Civil. La Facultad de Filosofía de la Universidad de Madrid es un claro ejemplo de ello. Juan Marichal dijo alguna vez que la libertad de conciencia había sido muy poco ejercida en España y que esa carencia influyó decisivamente en lo que hemos sido como país. Marías, republicano moderado, defensor siempre de la libertad y enemigo de cualquier extremismo, sobre todo político, vio con lucidez que esa libertad de conciencia en la que él se educó y se formó intelectualmente en la Facultad de Filosofía mencionada, con maestros como Ortega, Zubiri o el propio Besteiro, tardaría demasiados años en ser recuperada, en el nivel público, que no en el privado donde tantas personas la ejercieron durante los años de plomo de la dictadura, en España. La vida de Marías y su trabajo, los libros sobre todo, pero también las conferencias, los cursos en las universidades extranjeras -aquí no se le permitía ejercer la docencia en ese ámbito-, el magisterio ejercido siempre sobre pequeños grupos ilustrados, es un ejemplo de vínculo, de nexo de continuidad con una España que la guerra y la dictadura franquista se encargaron de laminar.


Tiene razón Marías cuando dice que somos lo que hemos hecho pero también lo que no pudimos hacer. Su palabra escrita, el relato que hace de su propia vida es una enorme lección de tenacidad, de lucha por la libertad, de compromiso con sus ideas y con su tiempo. La ética, la decencia y la defensa de su dignidad son admirables, incluso en contextos tan adversos como en los que le tocó vivir. Tienes razón, Rafael, entrañable es la palabra adecuada. Entrañables son las páginas dedicadas a narrar el dolor por la muerte de su primer hijo y también estremecedoras resultan aquellas en las que cuenta la enfermedad y muerte de su mujer, a la que le unió una historia de amor muy particular. La grandeza de Marías asoma tras cada página. Por ejemplo, cuando se niega a nombrar a las personas que le denunciaron al acabar la guerra y que dio con sus huesos en la cárcel. Tú sabes muy bien, Rafael, que su hijo Javier lo contó, en cierto modo, cerró la “vida presente” de su padre, en su novela Tu rostro mañana; y digo que lo sabes muy bien porque en tu estupendo libro sobre don Julián sigues la pista de esos personajes y nos cuentas qué fue de ellos. ¡Admirable la actitud de Marías! Y entrañable el abrazo de despedida de Julián Besteiro cuando este fue detenido en los sótanos del Ministerio de Hacienda de Madrid. Estremecedora también resulta la imagen que nos deja de Ortega desde que regresó a España hasta su final.


Si hubiera un canon de biografías, la de Marías debería ocupar un lugar muy destacado. Pienso que el primer volumen, uno de los más hermosos libros que he leído en mi vida, debería ser de lectura obligatoria en institutos y universidades.


Recibe un afectuoso saludo de este amigo y lector tuyo, Javier.

domingo, 12 de febrero de 2012

Palabra sagrada



En tanto que lee un soneto de Garcilaso de la Vega, oye Leonardo inopinadamente voces, murmullos graciosillos que interfieren la música que, procedente de las palabras del poeta, va inundando el aula de armonías que se posan, en sosegado vuelo, en el alma incipiente de sus jóvenes alumnos. Ante las voces discordantes, insolentes y fuera de lugar de algunos de ellos, detiene Leonardo la lectura y se dirige a quienes hablan y en el fondo a todos en general:

La poesía es como la palabra sagrada. Debe oírse en actitud de respetuoso silencio. ¿Se concibe que alguien se ponga a hablar mientras un violonchelista interpreta una suite de Bach? Viven ustedes en la civilización del ruido absurdo.


Para mañana, termina por decirles, quiero que me escriban una redacción de diez líneas acerca de ese tema: el ruido absurdo. En adelante, cuando en esta clase se digan los versos de los poetas o los relatos de los narradores, háganse al caso de que el silencio ha de ser total, absoluto.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Poesía española del siglo XX



(Luis Cernuda, nacido en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y fallecido en el exilio, en México, el 5 de noviembre de 1963.)
 


(Federico García Lorca, nacido en Fuente Vaqueros el 5 de junio de 1898 y asesinado entre Víznar y Alfacar el 18 de agosto de 1936.)


(Juan Ramón Jiménez, nacido el 23 de diciembre de 1881 en Moguer y fallecido en el exilio, en San Juan de Puerto Rico, el 29 de mayo de 1958.)


(Antonio Machado, nacido en Sevilla el 26 de julio de 1875 y fallecido en el exilio, en Collioure, el 22 de febrero de 1939.)


(Miguel Hernández, nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910 y fallecido en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942.)


Pedro Salinas, nacido en Madrid el 27 de noviembre de 1891 y fallecido en el exilio, en Boston, el cuatro de diciembre de 1951.)

domingo, 5 de febrero de 2012

Al correr de los años


 

Después de ser liberado del campo de concentración nazi de Oraniemburg en el que estuvo preso, Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno, se instaló en París y allí, en 1946, escribió las cartas que se editaron en el libro Mis recuerdos. En una de ellas, titulada "Pensando en España", deja estas significativas palabras que traigo hoy a estas páginas volanderas para que, siguiendo a su autor, cada uno las interprete como tenga a bien:

Hace años, en un mitin celebrado en el Cine Pardiñas, en el que hablamos Saborit, Besteiro y yo, cuyos discursos se publicaron en un folleto, decía yo que si me preguntasen qué quería, mi respuesta sería esta: ¡República! ¡República! ¡República! Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! Luego que le ponga cada cual el nombre que quiera.

lunes, 30 de enero de 2012

Los folicularios y el estilo



Es cosa sabida que don Manuel Azaña no fue un presidente al uso. Numerosas razones lo abonan. No es lo corriente que un presidente se desvíe del argumento político al escribir sus diarios para perderse en un meandro reflexivo acerca del estilo de los periodistas españoles de su tiempo. Cuando Negrín y Zugazagoitia lo visitaron en La Pobleta, en mayo de 1937, recién estrenados sus cargos de presidente del Gobierno y ministro de la Gobernación, teniendo en cuenta la tarea periodística del nuevo ministro, escribe, de modo admirable, el presidente de la República en sus Memorias de guerra 1936-1939:

Desde hace algunos años, a casi todos los folicularios españoles les ha dado por escribir, venga o no a pelo, con frasecitas cortas, con cláusulas breves, creyéndose con ello más "modernos". Cuando se trata de gentes sin talento literario, ni formación de escritor, ni conocimiento siquiera superficial de la lengua escrita, se contentan con tronchar las oraciones, cortándolas a cada dos o tres vocablos con un punto y seguido arbitrario, sin observar correspondencia alguna entre el desarrollo de la frase y el de la idea o pensamiento que pretenden expresar. Así resulta una frase cojitranca y jadeante. La atención del lector, como la materia suele ser parva y muy cursada, corre más veloz que la elocución del articulista, y, se ve forzada a detenerse en las pausas indebidas de la prosa, desligadas de las pausas del discurso. Queriendo ser rápidos, son tartamudos. Pero, ¡bueno!, ¿a qué viene ahora hablar de estilos? Hablemos de política.

lunes, 23 de enero de 2012

Lo que desarma en él


En esta tarde de enero, en que tengo noticia del fallecimiento de Miguel García-Posada, mientras leo el último volumen de las memorias de Julián Marías -¡qué extraordinaria lección de vida!-, me llega un correo de mi amigo Joaquim Parellada con una cita que no me resisto a compartir con quien se pase por aquí. Es de un texto de nuestro admirado José-Carlos Mainer y en él escribe sobre dos de los autores que tanto queremos Joaquim y yo, Galdós -tan bien editado por él y por Teresa Barjau- y Baroja. La amistad se mezcla con la melancolía, la vida es hermosa cuando existe la amistad, nunca seremos quienes somos sin la amistad.

“… lo que desarma en él [Baroja] es su melancólica desesperanza, su nihilismo sincero y su sinceridad de fondo… Puede resultar enfadoso alguna vez, pero su frecuentación no me cansa nunca porque es un escritor que gana cuando lo lees a lo largo, por extenso… como comprobé al editar las Obras completas y volvérmelo a repasar de cabo a rabo y por su orden…Galdós es el ser humano más cabal [¿recuerdas nuestra cita de Cernuda al respecto?], aunque no sé qué opinarían las amantes que se quitaba de encima de modo poco piadoso… Es un inventor de mundos vecinos en los que siempre hay una nota de piedad, otra de humor y otra de utopía: la primera nunca es sensiblera, la segunda –excipiente casi obligado de la novela de su época—tampoco es blanda; la tercera nunca es retórica.”


J.C. Mainer (conversación entre él, Juan Marqués y Julio José Ordovás) en Para Mainer, La Veleta, 2011.


¡Qué capacidad de síntesis! ¡Hay cuatro o cinco tesis doctorales en germen en estas líneas!

lunes, 9 de enero de 2012

Julián Marías: hablar por boca ajena



A J.G., que encabezó
la pequeña lista.

Los libros ejercen ciertos efectos sobre sus lectores, pocos o muchos; a veces, durante muchos años, en algunos casos excepcionales, durante siglos. Pero no se suele reparar en los efectos que tienen sobre el autor, que queda modificado por cada uno de ellos, siempre que se trate de libros auténticos, nacidos del fondo de la persona. El libro sobre Ortega había sido de larga elaboración; me había ocupado más tiempo que ningún otro; es decir, había “vivido” en él, sumergido en él durante tres años, inmerso en el empeño de reconstruir su mundo.

Paradójicamente, fue después de la muerte de Ortega cuando más intensa y constantemente me ocupé de él, cuando penetré con mayor hondura en su obra y en la adivinación de su vida, en un extraño experimento mental consistente en ver el mundo –el intelectual y el resto- tal como lo había vivido.

Este intento de reviviscencia de otra vida, este ensayo de trasladarme imaginativamente a mundos ajenos y relativamente pretéritos, me dio experiencias que nunca hubiera poseído. Al acabar de escribir el libro, tenía que ser sensiblemente diferente.

Algunas personas reconocieron que la visión de Ortega iba en adelante a ser otra, y se dieron cuenta de que ello era así porque había sido visto desde una perspectiva a que yo mismo no había llegado antes. Pero al mismo tiempo se consolidó en España la decisión de “no enterarse”, de anular a Ortega por el procedimiento de cerrar los ojos.

No sería sincero si no confesara que esto me produjo alguna desilusión. Soy bastante resistente, quizá por ser muy poco vanidoso, por no interesarme la popularidad, pero cuando se publica un libro es para que sea leído y entendido, para que sirva de algo. Resultaría asombrosa una pequeña lista de personas que no dijeron nada de este libro, simplemente como si no existiera.


Nota. Estas reflexiones, extraídas de las páginas 156 y 157, pertenecen al libro de Julián Marías Una vida presente. Memorias 2 (1951-1975), Alianza Editorial, Madrid, 1989. Apelo a la indulgencia del lector para que perdone la osadía y de paso rogarle que donde dice Ortega ponga Aub, el de Max Aub, novela.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz 2012




A pesar de que este año nuevo, que ya está llamando a la puerta, parece que viene con el gesto adusto y cargado de recortes y de dificultades, quiero desear a todos los que se pasen por aquí, y a los que no lo hagan también, una buena entrada y que sea lo más venturoso y feliz posible.  

sábado, 24 de diciembre de 2011

Cuento de Nochebuena



- Digas lo que digas, papá, todo eso es un cuento.
- No hija, no es un cuento, es una verdad histórica y demostrable.
- Jesús no existió, papá, nos dicen que creamos en él, pero en verdad nunca existió.
- Pues la tradición dice que nació justamente en una noche como la de hoy, en el seno de una familia judía.
- ¿Y también le adoraron los pastores y hasta unos reyes desconocidos le trajeron exóticos presentes guiados por una estrella del cielo?
- No, todo eso no es creíble hija, forma parte del enaltecimiento con que la tradición rodea al personaje.
- Y la Virgen María, su madre, ¿fue concebida por obra y gracia del Espíritu Santo?
- Eso no tiene nada que ver con Jesús, hija, eso son dogmas de la Iglesia y todo el mundo sabe que solo son eso, dogmas, en los que están obligados a creer quienes quieran pertenecer a ella.
- ¿Y tú crees en ellos, papá?
- No, hija, para mí es imposible creer en eso, fuerza de tal modo mi razón que no hay manera.
- Entonces Jesús no es quien es, papá.
- No te sigo.
- Quiero decir que si esos dogmas no son verdad, tampoco lo es que Jesús sea el hijo de Dios. ¿Quién fue realmente Jesús?
- Un hombre justo y bueno.
- Asi, sin más...
- ¿Te parece poco? Jesús alumbró un pensamiento, una visión del ser humano, que se convirtió en una religión que han seguido miles de millones de hombres y mujeres en el mundo desde hace muchos siglos.
- No me respondes, fue o no Jesús el hijo de Dios.
- Esta es noche de sosiego y de alegría, hija. No sé responderte a lo que me preguntas, pero siento que esta noche se conmemora el nacimiento de un hombre bueno, íntegro, que en medio de la maldad del mundo vino a sembrar, como le gustaba decir a él, un mensaje de esperanza en el corazón de los seres humanos. No sé si es o no el hijo de Dios, ni siquiera sé si existe Dios, pero a mí me basta con eso.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Aproximación al desconcierto




Para Javier Sánchez Menéndez

Leo La dama del alba y anoto la metáfora con que Casona, por boca de la Peregrina, define la risa: "es un temblor alegre que corre por dentro como las ardillas por un árbol hueco." Mientras, cae la tarde con sosiego más allá de los cristales y se esparcen por la habitación las notas de Kind of blue. Tengo que recoger los libros esparcidos por la mesa de trabajo, devolverlos a las estanterías. Me detengo en reseñar los nombres de sus autores: Molière, García Gutiérrez, Martínez de la Rosa, Hartzenbusch, García Lorca, Stéphane Hessel, Zorrilla, Tirso de Molina, Espronceda, Larra, Guimerà, Spinoza, Martín Gaite, Gaarder, Fernando Ortiz, Azorín, Darío, Valverde, Javier Sánchez Menéndez, Sábato, Alberto Méndez, Chaves Nogales, Baroja, Juan Ramón, Sanchis Sinisterra, Pérez de Ayala, José Machado, Marco Malvaldi, Fernán-Gómez, José Luis Ferris, Schopenhauer, Gabriel Jackson. Leo, trabajo, anoto, apunto y nunca ordeno nada. Las pilas de libros amenazan seriamente el espacio de mi mesa de trabajo. Converso con todos esos autores, dejo la conversación a medias y luego ellos me recriminan en silencio que los deje amontonados así, sin más ni más, de cualquier manera. Todo esto es, como dice Javier Sánchez Menéndez, Una aproximación al desconcierto: Y estos vivos / que dejan de gritarse, / tan muertamente. Como Javier, como todos los arriba enumerados, también yo: Una mañana / despertaré sin persona: / vivo en el cielo. Quién sabe si entonces mi nombre y el de Javier no formarán pila abandonados en otra mesa de trabajo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tres años de blog



Repaso, en esta fecha de aniversario las últimas entradas, y me doy cuenta de que el blog se me está volviendo, cada vez más, una suerte de diario de anotaciones. La etiqueta que más predomina es la de diario. Ni me molesta ni me parece mal. Dejemos que las cosas transcurran por el rumbo que ellas mismas elijan. Tan absurdo sería acotarlas como ponerle puertas al campo. Adelante, pues.

Brevedad sobre todo. Escribir textos breves que se puedan leer en una visita rápida. Sin contar palabras ni oraciones. Lo ideal: dos párrafos, tres a lo sumo, pero breves. Acotar el espacio como en la columna periodística. No cansar al lector como norma sagrada. Libertad absoluta en los temas tratados. Mantener abierta la comunicación por si alguien tiene a bien dejar contribuciones en forma de comentario. Seguir contando las visitas sabiendo que ni significa nada ni tiene el menor sentido. Escribir entradas como quien manda mensajes en una botella.

martes, 6 de diciembre de 2011

De metáforas e hipérboles



Paseando por las calles de mi ciudad me fijo en unos carteles que anuncian un hecho cultural, algo de teatro creo. Al pie de uno de ellos, unos versos de Jacint Verdaguer: El corazón del hombre es un mar, todo el universo no lo llenaría. Una hermosa metáfora clásica A es B, rematada en una evocadora hipérbole. Al llegar a casa me siento a escuchar cantar a José Mercé: Esa mirada es un patio más grande que la mañana. Detengo el reproductor de cedés y vuelvo al inicio. Eso es lo que dice el principio de “Este amanecer”. Exactamente el mismo recurso que el poeta catalán. Hermosa metáfora A es B, rematada con una hipérbole igualmente lograda. Un poco más de un siglo entre ambos textos, dos lenguas distintas, dos lugares geográficos alejados, dos personalidades diferentes, pero una misma sensibilidad: el corazón, el mar, una mirada, un patio, la calma, el sosiego, el universo, la mañana. La poesía y la música embelleciendo este árido paisaje del presente.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El bien absoluto



El siglo XX nos dio sobradamente muestras de que somos capaces de lo peor, pero también de lo mejor.  Las experiencias terribles de los campos de exterminio nazis nos enseñaron la peor cara de lo que somos, bien podría decirse que la humanidad tocó fondo en ese momento; pero, al mismo tiempo, en exacta sincronía, la Maternidad Suiza de Elna nos dio un ejemplo de que también se puede hacer el bien absoluto y de modo desinteresado. Mientras personajes siniestros diseñaban la llamada “solución final” y enviaban a las cámaras de gas a mujeres y niños principalmente, aunque de modo general a todo aquel que no pudiera ser explotado como mano de obra esclava, Elizabeth Eidenbenz y los que con ella trabajaban ayudaron a venir al mundo a muchos niños y niñas cuyas madres estaban, en condiciones infrahumanas de desnutrición y de desprotección, prisioneras en los campos de concentración del sur de Francia, habilitados en las arenas de las playas de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Rivesaltes por las autoridades francesas para albergar, ¡qué irónicamente traicionan las palabras!, a los refugiados republicanos españoles. El trabajo de esta maestra suiza, enfermera voluntaria, salvó la vida a más de seiscientos niños que allí nacieron desde 1939 hasta que la Maternidad hubo de cerrarse por presiones de los nazis en 1944. También, al asociarse la Maternidad con la Cruz Roja, se atendió allí a muchas madres judías que consiguieron así salvarse de las crueles leyes que obligaban a los ciudadanos franceses a delatarlas, con lo que ello suponía de deportación a los campos del infierno concentracionario nazi. Estos dos ejemplos que traigo hoy a esta entrada nos muestran dos aspectos, dos actitudes en todo diferentes: el mal absoluto de los dirigentes nazis que idearon y llevaron a cabo la solución final y el altruismo filantrópico de personas que como Elizabeth Eidenbenz hicieron desinteresadamente el bien absoluto. Así somos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Oración por don Antonio Machado



A todos vosotros en recuerdo de nuestra
visita a Elne y Collioure

Amigos:


Considerad la vida de un poeta, así empezaba el discurso que Azorín leyó junto a Baroja ante la tumba de Larra el 13 de febrero de 1901 y así comenzamos también el nuestro, considerad la vida de un artista misterioso y silencioso, cuya mirada era tan profunda que apenas se podía ver, como escribiera de él Rubén Darío; considerad la vida de un escritor de palabra diáfana y profunda, en cuyos versos siempre se veía arder la luz de sus pensamientos, como dejó dicho el vate nicaragüense; considerad la vida de un hombre que unió su destino final al del pueblo al que pertenecía y a cuyo lado siempre quiso estar; considerad, en fin, la vida de un poeta que recorrió incansablemente las secretas galerías de su alma para dejarnos proverbios tan luminosos como este: Poned atención: un corazón solitario, no es un corazón.

He ahí, en esos versos, la razón por la cual vosotros hoy, jóvenes del siglo XXI, habéis venido a este lugar a honrar la memoria de quien nunca persiguió la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres su canción. Habéis venido porque sois jóvenes y porque el verso y la palabra del poeta son aún capaces de iluminar vuestros pensamientos y de estremecer vuestro sentir. Habéis venido porque sois jóvenes, sí, pero también porque entendéis que no seríamos lo que somos sin el trabajo, el esfuerzo, el sufrimiento, la inteligencia y la creatividad de quienes nos precedieron. Habéis venido, en fin, porque aunque jóvenes, sabéis distinguir muy bien las voces de los ecos y habéis aprendido a escuchar entre las voves una, la de los poetas, la de quienes lucharon por legarnos un mundo más justo y más solidario. Sé que en eso estáis y estaréis siempre.

Porque sabéis que el mejor homenaje que se puede hacer a un escritor es leer sus obras, habéis venido aquí para decirle en voz baja al poeta que su palabra sigue viva entre vosotros y que la belleza de sus versos os conmueve y emociona.

Y te enviaré mi canción, se canta lo que se pierde..., dejó escrito el poeta y vosotros sabéis que de ese sentimiento elegíaco de nostalgia nace toda la poesía; de esa añoranza es de la que se nutren estos versos de otro autor sevillano dedicados como homenaje a nuestro poeta: Hablaste tú muy bajo, para ti mismo, a solas, / buscando a Dios entre la niebla siempre, / e hicieron de tu voz megáfono de feria. / Mas que te importa a ti, que quisiste quedarte / por entre inextricables galerías. / Hay un sitio muy tuyo que aún no he visitado. / Algún día también yo iré a Colliure.

Pero vosotros, amigos, sí habéis venido y en el momento de la despedida nada mejor que las palabras que cierran la oración laica que Rubén Darío escribió para don Antonio: Montado en un raro Pegaso, un día al imposible fue. Ruego por Antonio a mis dioses; ellos le salven siempre. Amén. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Corpus Barga: vida y literatura


Algo olvidado, a pesar de la labor encomiable de algunos que lo reivindican, recuerdan, editan y estudian su obra, Arturo Ramoneda entre ellos, me parece que está hoy Corpus Barga, claro que esta puede ser una impresión subjetiva y de todo punto discutible. Debe decirse, con todo, que de “las veteranas nociones” de las que hablaba José-Carlos Mainer en su artículo del sábado en Babelia, la que mejor le correspondería al gran periodista, escritor y memorialista es la de “escritor injustamente olvidado”. Casi ruboriza recordar, a estas alturas, que Los pasos contados es uno de los grandes libros de memorias, o autobiografía si se quiere, de la literatura escrita en lengua castellana. Las páginas, por poner solo un ejemplo, que abren el primer volumen, Mi familia, el mundo de mi infancia, en las que el escritor se sumerge en las estancadas aguas del pasado a la busca del hilo de sus antepasados, son sencillamente magistrales. Todo lo editó, desde la sabiduría con la que ejerció la labor de editor, Jaime Salinas en aquella memorable colección “Alianza Tres”. En el último volumen, según Ramoneda, una reescritura de su novela de 1910 La vida rota, publicado bajo el enigmático título de Los galgos verdugos, nos deja esta suculenta reflexión sobre la literatura y la vida, nacida al hilo de unos párrafos dedicados a Galdós:

La falsedad de las novelas está en presentar la vida con arreglo a un patrón de papel recortado, separado del todo, donde cada cosa aparece en su sitio supuesto y llega cuando se supone que es debido. La vida humana no sucede así, con esa claridad, es oscura, inextricable, un entrecruzamiento de sucesos, personas, sensaciones, voluntades, deseos, agresiones y digresiones. La vida misma es una digresión. Desde luego, un juego al escondite de aciertos y errores, del bien y la maldad. Un carnaval de caracteres.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La esperanza




Se tiene la impresión, a menudo, de que muchas veces no sabemos con claridad de qué hablamos cuando hablamos de la esperanza, de tener o de mantener viva la llama de la esperanza. ¿Esperanza en qué o en quién o para qué? ¿Esperanza de alcanzar nuestros propósitos, si es que tenemos alguno? ¿Esperanza de que se conviertan en realidad nuestros sueños o nuestras ilusiones? ¿Esperanza de que no se acabe todo en este nuestro vivir terrenal? ¿Esperanza en la más que improbable redención de los menesterosos, de los humillados, de los que padecen hambre y sed de justicia? En definitiva, ¿qué sentido tiene que se hable de la esperanza, de que unos animen a otros a no perderla? El lenguaje coloquial pinta de verde la esperanza y la alimenta con numerosas frases hechas, lo último que se pierde, suele decirse.

El poeta Ruben Darío nos dejó en Cantos de vida y esperanza (1905) un hermoso y trascendente poema en el que nos habla de su deseo, de su esperanza, de que no todo acabe con la muerte, de que Jesús nos ayude a trascenderla y nos invite a seguir gozando de otro nuevo tipo de vida con su "levántate y anda".

SPES

Jesús, incomparable perdonador de injurias,
oye; Sembrador de trigo, dame el tierno
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno,
una gracia lustral de iras y lujurias.

Dime que este espantoso horror de la agonía
que me obsede, es no más de mi culpa nefanda,
que al morir hallaré la luz de un nuevo día
y que entonces oiré mi "¡Levántate y anda!"

miércoles, 8 de junio de 2011

Haikú: Retrobar-me



Casi no sé quién soy
y este mar no me ayuda
a reencontrarme.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Haikú: Cami de ronda



Camino de ronda
bajo una lluvia de olvido,
fulgor de ausencia.