miércoles, 21 de enero de 2009

Oír la luz, de Eloy Sánchez Rosillo


Desde hace unos años mantengo la costumbre de empezar el año leyendo un libro de poesía, a ser posible de poetas contemporáneos. Este 2009 lo inicié compartiendo la lectura de Oír la luz, del poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo, con Vida y destino, la gran novela de Vasili Grossman: poesía y narrativa, lírica y épica, aunque hay mucho de lírica en las hermosas páginas del libro de Grossman, a pesar de narrar historias tan duras, situaciones tan estremecedoras. También hay una épica secreta de lo cotidiano en algunos de los poemas de Sánchez Rosillo. La buena literatura no se deja encasillar fácilmente en el compartimento estrecho de los géneros.


Conocí la poesía de Sánchez Rosillo gracias a que un buen amigo incluyó un poema suyo en uno de los libritos con los que acostumbra a felicitar la navidad y el año nuevo. Me gustó tanto aquel texto que busqué inmediatamente algún libro del poeta para leer más poemas suyos. Encontré entonces, en una librería de Barcelona, un ejemplar de Las cosas como fueron, de la colección dirigida por Andrés Trapiello “La Veleta”, de la editorial Comares, de Granada. Contenía el libro todos los que hasta ese momento había publicado Sánchez Rosillo, a saber: Maneras de estar solo (1978), Páginas de un diario (1981), Elegías (1984) y Autorretratos (1989). Devoré aquel libro, lo leí casi sin tregua. Desde entonces he sido lector de Sánchez Rosillo y he compartido, con amigos y en las clases, siempre que he podido sus poemas. A ese libro siguieron otros dos, La vida (1996) y La certeza (2005). Quizá convenga aclarar ahora el hecho de que cuando un autor me gusta, si me es posible, le sigo. Con Sánchez Rosillo sí lo ha sido.



Oír la luz es una nueva indagación en las secretas galerías del alma, en la manera de ver las cosas y el mundo, desde las más cotidianas a las más escondidas y secretas. Hay en él poemas breves y estremecedores, como “Madre” y otros extensos y extraordinariamente literarios, como “Porque nada termina (Ramón Gaya)” o “En la casa de Keats”; pero el Sánchez Rosillo que más me gusta es el elegíaco, el de poemas como “A cierta edad” de Autorretratos o “Me pregunto” de este libro que comento. Con todo, me gustaría detenerme un instante en “La escondida fuente”. Se trata de un lúcido poema que a pesar de su descarnado pesimismo, mejor sería decir realismo, esconde una especie de carpe diem, una invitación a superar el dolor que vence y derrumba, a indagar en el secreto de la existencia con corazón dispuesto, dice el poeta; porque más allá de la tiniebla y el espanto, del rostro de la muerte, de la tierra estéril de las devastaciones, se esconde una fuente que es agua y luz, pura, intensa, a saber encontrarla convendría dedicar una buena parte de nuestra existencia.

Estupendo libro éste de Sánchez Rosillo, más depurado y antirretórico que los anteriores, compuesto en un estilo que de sencillo sólo tiene la apariencia. En el pecho de un hombre cabe el mundo, dice el poeta en el poema “Dentro de mí”, lo inmenso en lo pequeño puede encontrar morada y aún sobra mucho espacio. Vida, pura vida es lo que contienen los poemas de este libro.

Nota. Somos también lo que leemos, así que, un poco al azar, recogeré aquí las lecturas que uno va haciendo al correr del tiempo. Antes que escritor, fui lector y estoy seguro que nunca podré dejar de serlo.

1 comentario:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Muy buena reseña, Javier. Entre evaluación y evaluación estoy con el libroi y lo estoy disfrutando enormemente. Muy bueno, sin duda. Gracias por la referencia en mi blog.