martes, 27 de enero de 2009

Una dulce historia de mariposas y libélulas, de Jordi Sierra i Fabra


En la estela de Kafka y la muñeca viajera, libro por el cual obtuvo el autor el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil el año 2007, se editó en 2008 esta fábula acerca del obstinado amor de un padre que no quiere abandonar a su hijo en la soledad eterna sin procurarle la adecuada compañía. Para ello emprende un viaje, si no inciático, porque Qin, así se llama el padre de Zhai, el hijo recién fallecido, está ya en puertas de la vejez, sí transformador de la realidad, en tanto en cuanto ese viaje se convertirá en el centro de su existencia y a concluirlo con éxito dedicará toda su energía y los esfuerzos de que es capaz a pesar de sus muchos años; nada le importarán las humillaciones y las privaciones sin cuento que tendrá que afrontar a lo largo de los días que dure el trayecto: ese viaje será el motor y el centro único de su existencia; ese viaje servirá para ofrecer a su hijo un consuelo para la vida del más allá y para traer sosiego a su atormentada conciencia, que no descansa desde que Zhai, muerto en plena infancia, se ve privado de la necesaria compañía para vagar por el mundo de las sombras. De acuerdo a una tradición ancestral china, Qin debe suministrar a su hijo una esposa para que le acompañe en su segunda existencia en el reino de las sombras: es lo que se llama, según la doctrina de Confucio, el minghun, esto es, el matrimonio en el más allá. Esa será la razón, la única razón que presidirá el existir de Qin hasta lograrlo y a ello, a conseguirlo, dedicará esfuerzos titánicos y sobrehumanos, iniciando una peripecia de la que da cuenta este hermoso relato de Sierra i Fabra.

Nacido a raíz de la lectura de un artículo publicado en The New York Times y en El País, Sierra i Fabra nos deja una poetización de la realidad en la que a partir del dolor de la infancia desamparada, se ahonda en el auténtico sentimiento del amor paterno, en la compasión y en la bondad, también en la perseverancia para alcanzar los objetivos, por difíciles que puedan resultar, que a veces se proponen las personas. Es esta una historia de amor y de soledad y de tesón y lucha, la de un padre que no quiere darse por vencido, que no quiere abandonar a su hijo al silencio eterno y hará cuanto esté en su mano para darle la compañía que se merece y de la que la vida tan cruelmente le ha privado.

Con una prosa poética y un lenguaje muy estilizado, con una tendencia a lo fragmentario en la construcción del párrafo y en la brevedad de los capítulos que ya empleó el autor en la espléndida novela sobre Kafka y la niña que perdió a su muñeca jugando en un parque de Berlín, Sierra i Fabra consigue emocionar con esta historia triste y esperanzada a un tiempo, historia que bien pueden compartir padres e hijos, leyéndola cada uno desde su perspectiva. El libro, muy bien editado, cuenta con unas hermosas, sugerentes y adecuadas ilustraciones de Pep Montserrat.

1 comentario:

Mega dijo...

Parece una historia hermosa, sí. Sobre todo, por ese empeño del padre que se afana por conseguir, en el más allá, el bienestar del hijo muerto.

Resulta esperanzador (y hasta necesario) creer que hay padres tan buenos como éste.
Un abrazo