viernes, 27 de marzo de 2009

Nadie es más que nadie: treinta y dos aforismos políticos


[1] Si el primero de todos los derechos, el derecho a la vida, no lo elegimos, se nos concede, reivindico más que nunca el derecho a vivir en libertad.

[2] Los nacionalistas, al soñar una patria portadora de todas las virtudes, desconocen la incertidumbre.

[3] Desarbolada y vencida queda la razón ante la barbarie terrorista.

[4] ¿Es libre aquel que no dispone de tiempo para pensar si es libre?

[5] ¿Se puede aspirar a una vida digna en condiciones económicas de miseria?

[6] De haber seguido siendo, como era, una República, cuánto sufrimiento se hubiera ahorrado España.

[7] Si se concibe la lengua como signo de identidad, mal asunto.

[8] Se dice en Castilla: nadie es más que nadie; que alguien lo supere.


[9] Cuando un dirigente político toma decisiones que comprometen a su país, sin importarle lo que éste piense, el alcance y las consecuencias que de ellas se deriven sólo corresponde a quien las ha tomado.

[10] En los momentos difíciles, de aguda crisis económica, la literatura es refugio seguro, consuelo contra las adversidades del mundo.

[11] Nadie tiene derecho, en nombre de nada, a quitar la vida a otra persona.

[12] ¿Una justicia basada en las apariencias, en los testimonios falsos, en las pruebas no contrastadas, debe ser llamada justicia?

[13] A veces conviene pasarse lo políticamente correcto por el arco del triunfo.

[14] Este mundo no es el camino para el otro que es morada sin pesar.

[15] Merece la pena, a pesar de todo, luchar por los ideales.

[16] ¡Laicismo total y absoluto!


[17] El fracaso de Larra consistió en pensar que este país podría cambiar mediante la educación y la cultura.



[18] Es un tópico decir “me gustan los que dudan”; ¿se puede dudar frente a las dictaduras, frente a las limpiezas étnicas, frente a la marginación, la pobreza, la miseria, el terrorismo...?

[19] No es lo importante cómo morimos, sino cómo vivimos.

[20] Binomios educativos: libertad y responsabilidad, solidaridad e igualdad, compromiso y democracia.

[21] ¿Un político español del siglo XX? Julián Besteiro.

[22] La República fue un sueño truncado, pero fue el más hermoso de los sueños.

[23] En desacuerdo con Gil de Biedma: no es del todo verdad que los españoles seamos un intratable pueblo de cabreros.

[24] Las cosas nunca suceden porque sí.



[25] Quien utiliza el poder para ser desleal a las ideas de que quienes le han aupado con sus votos a él, no es un gobernante democrático y leal, sino un vulgar usurpador.

[26] Quien pierde el poder, la furia del mando, no se resigna con facilidad y utiliza, artero y taimado, cuantas estrategias coadyuven a recuperarlo.

[27] A la altura de los tiempos que corren, es necesario reiterar que no se puede ser nacionalista y socialista al mismo tiempo.

[28] Es un error gobernar con quien se declara abiertamente independentista, más temprano que tarde los caminos acaban, borrascosamente, bifurcándose.

[29] Mejor ejercer la libertad de conciencia que actuar al dictado de consignas.

[30] Un lema: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

[31] Cuantas más vueltas le doy, más considero incivil nuestra guerra civil.


[32] Al pasar de los años se ve más claro que el socialismo democrático de raigambre liberal es el más sensato de los caminos políticos.


Nota. Las fotos que ilustran esta entrada son de la ciudad de Granada, las tomé en diciembre de 2007.

martes, 24 de marzo de 2009

El vivir apasionado de Lope de Vega


Se ha escrito mucho sobre la vida de Lope de Vega, desde la memorable y documentadísima biografía de Hugo A. Rennert y Américo Castro, que leí y disfruté en el curso de doctorado que impartió José Manuel Blecua, pasando por el Lope en silueta de Azorín o el Lope de Vega, de Zamora Vicente, hasta otros trabajos como Lope: Vida y valores de Francisco Márquez Villanueva. Sin embargo, quiero referirme en esta entrada de hoy a un texto curioso de Fernando Lázaro Carreter: Lope de Vega. Introducción a su vida y su obra, que editó Anaya en 1966 y que releído ahora causa mi asombro. He mencionado la fecha de edición y la editorial porque tal vez tengan algo que ver en el contenido del fragmento que incluyo aquí. Lázaro, al comentar la vida del gran dramaturgo barroco, escribe un sorprendente "Pórtico" que dice lo siguiente:

"PÓRTICO:

Adelantamos que la vida de este español insigne no es edificante. La contradicción parece gobernar su vivir apasionado. Menéndez Pelayo lo definió, con frase célebre, como fervoroso creyente aunque gran pecador.
   Ello exige de nuestra parte un esfuerzo de ecuanimidad, ante un espíritu tan remoto y, en muchos aspectos, tan grande. A los hechos que vamos a conocer, antepongamos la conciencia de que su protagonista contribuyó decisivamente a la formación del espíritu de España y que nos legó imperecederos monumentos de arte."

¿Por qué no es "edificante" la vida de Lope? ¿Qué vivir no está presidido por la contradicción? ¿Por qué es Lope un espíritu remoto cuya vida debe quedar en segundo y oscuro plano, quien sabe si por inmoral, para resaltar su contribución a la formación del espíritu español? ¿Acaso no debe contarse el soneto escrito evocando la muerte de Marta de Nevares, su última mujer, o "pecado" o "contradicción" para algunas mentes estrechas, es que no debe contarse, digo, ese soneto que acaba: "Permíteme callar sólo un momento: / que ya no tienen lágrimas mis ojos, / ni conceptos de amor mi pensamiento" entre lo mejor y más logrado del Lope lírico sin tener en cuenta que su inspiración procede directamente de la experiencia de esos amores "pecaminosos" que algunos consideran poco "edificantes"? Asusta pensar las prevenciones ante la vida de Lope y da cierta pena releer los libros en que se formaban los escolares españoles de aquel tiempo. En fin, qué se le va a hacer. Estoy seguro de que Fernando Lázaro hubiera dirigido un buen dardo contra sus propias palabras de haberlas recordado en su momento.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Afirmarse siquiera en apariencia


Algunas veces Leonardo siente que le faltan las fuerzas de tanto nadar contracorriente. Lleva años dando de leer a unos muchachos somnolientos, que apenas prestan atención a lo que leen, a Unamuno. Tantas veces le han dicho que San Manuel Bueno, mártir o Del sentimiento trágico de la vida ya no interesan a los jóvenes de la generación del ipod, los móviles, el messenger y demás que, a veces, tiene la tentación de pensar que es un esfuerzo inútil, baldío. ¿Qué les dice Unamuno a unos muchachos más preocupados por si gana la liga el equipo de fútbol de su ciudad o por la marcha que les espera la noche del sábado? Ay!, don Miguel, el que pensaba que “quien escribe es porque quiere dejar una sombra de su espíritu, algo que le sobreviva, que le singularice, que le haga sobrevivir en la memoria de los otros, que le permita afirmarse siquiera en apariencia”.

Pero Leonardo no ceja, no desiste. Y algunas veces se asombra. Hace un par de semanas, en una clase en apariencia anodina, leyendo San Manuel Bueno, mártir, quiso hacer énfasis en la siguiente frase del texto: “Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir.” Lo hizo con más elocuencia de la debida y se armó el belén: que si ellos no necesitaban que la religión les consolase de nada, que si las religiones, todas, era una engañifa y un fraude, que si la única religión digna de ser seguida es la de la decencia, y cosas por el estilo. Les dejó hablar Leonardo. Cuando las voces se amansaron, les leyó una nota a pie de página, enganchada con una llamada a la palabra “morir”, la última de la cita que provocó el acalorado debate, que decía lo siguiente: “Idea fundamental del existencialismo: el hombre nace para morir, es un ser para la muerte.” Leonardo se armó de valor: “Vayan, jóvenes, escribiendo una redacción en tres párrafos acerca de lo que les sugiere la idea de marras.” Treinta y cinco minutos después recogió los trabajos y dio la clase, meditabundo y con una sensación extraña, por terminada. Esa noche, en la soledad de su estudio, leyó con asombro lo que había escrito una jovencita que no quiso participar en el debate:

Cuando se afirma que el ser humano nace para morir y que es un ser para la muerte, se está expresando una obviedad y al mismo tiempo una contradicción. Biológicamente hemos sido diseñados para morir; nuestros órganos vitales se consumen en el tiempo y acaban por dejar de funcionar y producen así la muerte. Ésta también puede llegar por accidente o por enfermedad incurable. Se trata de una verdad científica y hay que aceptarlo así.

La contradicción consiste en que se nace para morir, o sea, el destino de la vida es la muerte y ese oxímoron nos atormenta y nos angustia. Si después de morir nos diluimos en la nada, es posible que la vida se nos muestre como algo carente de sentido. Por eso, para combatir ese sinsentido, necesitamos creer en la inmortalidad de una parte de nosotros, el alma, puesto que el cuerpo es caduco y transitorio.

Pero no es fácil que nuestra razón acepte semejante dilema y división de nuestro ser. Ese desajuste entre razón y sentimiento es la base de nuestra angustia existencial. Buscamos desesperadamente consuelo ante esa angustia, en la religión, en el arte, en el amor. Probablemente estemos ante un dilema irresoluble, ante el que sólo cabe la resignación y aprender a convivir con él, esto es, en la “desesperación resignada” de que hablaba Unamuno.

Al día siguiente, Leonardo encontró, a la hora de su clase, el aula vacía. Ningún alumno había acudido a clase, todos habían secundado una convocatoria de huelga convocada por un sindicato estudiantil. Boloña, la selectividad, la privatización de la enseñanza, las becas, vaya usted a saber... Habrán querido, pensó Leonardo, afirmarse siquiera en apariencia.

lunes, 16 de marzo de 2009

Cuando todo se ha perdido


Gordon W. Allport (1897-1967), antiguo profesor de psicología de la Universidad de Harvard, se pregunta en el prefacio a la obra del Dr. Frankl que aquí se cita: “¿Cómo pudo él –que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio-, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla?” Se refiere el profesor Allport al hecho de que Victor E. Frankl viese morir a sus padres, a su hermano y a su esposa en el campo de exterminio de Auschwitz y fuese capaz de sobrevivir a aquel infierno. Cuando llegaban a los campos los trenes de deportados, se llevaba a cabo una primera selección y los no aptos para el trabajo eran conducidos a las cámaras de gas y solo los capaces de trabajar salvaban momentáneamente la vida. Ese proceso brutal es el que describe Vasili Grossman en las páginas de Vida y destino en las que narra la marcha hacia las cámaras de gas de un grupo de deportados que no ha superado la selección, entre ellos va la doctora Sofia Ósipovna que no desvela su condición de médico para no colaborar con los nazis. Las páginas de Grossman son estremecedoras y las interrogaciones acerca de cómo se puede soportar algo así y sobre todo, cómo se puede narrar, parecen ligarse con la narración autobiográfica del doctor Frankl, creador de la logoterapia, que pasó por una experiencia similar. Enfrento ahora, casi como pregunta y respuesta, los textos de estos dos escritores que en sus obras se acercan al universo concentracionario nazi para contar, de forma magistral, lo sucedido en los llamados campos de la muerte.

Vasili Grossman, Vida y destino


¿Cómo se puede transmitir la sensación de un hombre que aprieta la mano de su mujer por última vez? ¿Cómo describir la última y rápida mirada al rostro amado? ¿Cómo se puede vivir cuando la memoria despiadada te recuerda que en el instante de aquella despedida silenciosa tus ojos parpadearon para esconder la grosera sensación de alegría que experimentaste por haber salvado la vida? ¿Cómo puede ese hombre enterrar el recuerdo de su esposa, que le depositó en la mano un paquete con el anillo de boda, algunos terrones de azúcar y unas galletas? ¿Cómo puede seguir viviendo al ver el resplandor rojo inflamarse en el cielo con fuerza renovada? Ahora las manos que él ha besado deben de estar ardiendo, los ojos que se iluminaban con su llegada, sus cabellos cuyo olor podía reconocer en la oscuridad; ahora arden sus hijos, su mujer, su madre. ¿Cómo es posible que pida un lugar más cercano a la estufa en el barracón, que sostenga la escudilla bajo el cucharón que sirve un litro de líquido grisáceo; que repare la suela rota de su bota? ¿Es posible que golpee con la pala, que respire, que beba agua? Y en los oídos resuenan los gritos de los hijos, el gemido de la madre.


Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido













Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad –aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente –con dignidad- ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: “Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita.”



Nota. Las fotos de ambos escritores y la de la puerta del campo de concentración están tomadas de la red. Tienen ambos autores un cierto y extraño parecido. Los textos pertenecen a las ediciones de Galaxia Gutenberg y Herder, respectivamente.

sábado, 14 de marzo de 2009

Fotografías veladas, de Antón Castro



“Uno no sabe si la vida es un cuento o si los cuentos amontonados unos encima de los otros son la vida.” Estas palabras las dice el narrador de “Historias de la mina” en el inicio de uno de los relatos que integran este volumen y al leerlas, se me da por pensar que Antón Castro ha ido narrando su biografía, literaria y personal, cuento a cuento y que estos que reúne en este volumen de acertado título vienen a ser un poco el resumen y la explicación de muchos de los anteriores, que encontraron su sitio en otros libros suyos, de los que yo he leído tres: El testamento de amor de Patricio Julve (1995), El álbum del solitario (1999) y Golpes de mar (2006), todos ellos editados por Destino. El libro del que me ocupo hoy, lo publica Xordica.

Dice el propio Antón, en una “Nota final”, que estos cuentos están escritos en diferentes épocas y que algunos fueron publicados en periódicos, revistas, libros colectivos o antologías temáticas, pero que al reunirlos ahora comprueba “que quizá haya una unidad de fondo, temas recurrentes: la fotografía, la interferencia entre Aragón y Galicia, la huella del mar y de la naturaleza y la presencia constante de la novia del viento: Zaragoza.” Leyéndolos, y habiendo leído los de sus otros libros, se advierte claramente esa unidad, aunque aquí, quizá más que en los anteriores, lo biográfico, ficcionalizado, cobra mayor protagonismo; como ejemplo de lo dicho, el cuento “Patricio Julve y otros fotógrafos imaginarios”, que podría tomarse por un relato real, en el cual, un narrador de ficción cuenta y da detalles de lo que otros narradores, también de ficción, contaron en otros libros. Y detrás de todos ellos, la figura del autor, que se asoma como pidiendo permiso a sus narradores para desvelar algunos “secretillos” de sus criaturas de ficción. Metaliteratura, pues, y de alto calibre, porque se lee con emoción y con complicidad, por los guiños generacionales, por el paisaje y por el paisanaje también.

Algunos cuentos parecen escapados de otros libros: por ejemplo, “Las mujeres del cuadro”, que podría haber formado parte de El álbum del solitario. La variedad temática del libro es amplia: desde los cuentos con perro –en la memoria, cada vez que leo un cuento con perro, el de Ignacio, “Siempre hay un perro al acecho”-, estupendo “Un perro entre reyes” con la figura de Manuel Martín Mormeneo, que es también protagonista de un cuento muy emotivo, por el desengaño amoroso, “La estación del adiós”, hasta el mundo del fútbol, tan cercano a Antón –siempre leo en su blog las crónicas del Garrapinillos, donde el fútbol tiene aún dimensión humana- en ese cuento un poco en clave que es “La radio y el ídolo”, en el que creo que habla de Arsenio Iglesias, aunque, claro, no lo puedo afirmar. Lo literario está presente en un cuento titulado “Siete noches con Inés de Garza”, que gustará a los muchos becquerianos que andan por el mundo y a quienes, como yo, hayan visitado con frecuencia esa zona: Trasmoz, Veruela, Tarazona y otros lugares por los que en su día anduvo el poeta sevillano.

Uno de los mejores cuentos del libro, si no el mejor, es el titulado “Pabostría”, en el cual el narrador vuelve a una ciudad, Zaragoza, buscando las huellas del pasado de su padre y en el fondo buscándose a sí mismo. Es un cuento extenso y de una intensidad muy bien lograda. A menudo nos buscamos a nosotros mismos en las huellas de los demás e intentamos imaginar cómo fue la vida de los otros para entender un poco quiénes somos. Eso creo que es lo que busca el narrador en este excelente cuento. Y esa búsqueda es, a la vez, un punto final y el inicio de la ficcionalización de esa búsqueda; así acaba el cuento: “Allí, en Pabostría, puso punto final a todas sus fugas y a su soledad. Y ahí, algunas horas después, al alba y a la intemperie, Alberto Gomesende Esmoría decidió la primera frase de la novela que pensaba dedicarle: “Mi padre eligió para morir una calle con gatos en los balcones y un tañido de campanas...” Que Antón, si lee esta entrada, me perdone el revelar el final de un cuento, cosa imperdonable para la que ya le estoy pidiendo indulgencia, pero creo que todos, llegados a un cierta edad nos hacemos la misma o parecida pregunta: ¿quién fue en realidad nuestro padre? La respuesta es o puede ser literatura.

Que Antón escribe muy bien lo sabemos todos sus lectores y repetirlo ahora es ocioso. Sólo me queda invitar a los visitantes de este blog a hacerse con el libro de Antón, sobre todo quienes hayan leído alguno de los anteriores, aunque no es condición imprescindible, desde luego, y disfrutar de estos estupendos relatos.



Nota. La foto de Antón es del día de la presentación del libro y es de José Antonio Melendo Puértolas, del blog “La foto de cada día”, cuyas magníficas fotografías invito a ver en la dirección “joseanmelendo.blogia.com”. La de la portada es mía y pido disculpas por la calidad de la misma pero los colores oscuros de la ilustración no lo facilitan precisamente; la culpa será, quizá, de los fantasmas que no supieron captar los fotógrafos imaginarios de Antón. Por cierto, tuve que encargar el libro, porque en una de las mejores librerías de fondo de Barcelona, no llegó la distribución.

viernes, 13 de marzo de 2009

Pasarán los años




Veinticinco años despues, a quién, si no a ti.

Pasarán los años
Y lo olvidaremos todo
Afanes y desvelos
Cansancio y sinsabores
Ingratitudes amargas
Como la luz áspera
De los sueños quebrantados

Pasarán los años
Y a merced del tiempo
Quedaremos como sombras
Desvanecidos e inermes
Hasta que el viento del otoño
Desordene severo
El enajenado rastro
De las hojas abandonadas

Pasarán los años
Y seguiré a tu lado
Fervoroso abrazo
Absorto en el asombro
De ver en tus ojos reflejada
La torpeza mía de este amor
Apasionada querella
Que dulcemente ignora
Con voluntad insensata
Cuanto de tenebroso esconde
La senda que conduce
Desde el silencio de los sueños
Hacia la muerte y el olvido


Nota. El cuadro que ilustra esta entrada, cuyo título es "Desnudos en la playa", pertenece al pintor José de Togores y es de 1922.

miércoles, 11 de marzo de 2009

De humildades y soberbias; más sobre Chaves Nogales


Copio aquí la airada respuesta de Andrés Trapiello a la carta de María Isabel Cintas Guillén, todo ello a propósito de Chaves Nogales.

Mucha humildad

ANDRÉS TRAPIELLO - Madrid - 11/03/2009

Se quejaba María José Cintas Guillén, compiladora y editora de Chaves Nogales, de que cada vez que se habla de Chaves raramente se menciona ni reconoce su labor, y lleva razón. "Desde la humildad con la que abordo cualquier trabajo que publico", hizo el otro día unas puntualizaciones en estas Cartas al director, a propósito del "despliegue Chaves" aparecido en Babelia, que me gustaría igualmente puntualizar, porque yo quiero ser también humilde como ella.
1. Que cuando terminé Las armas y las letras, a finales de 1993, no habían aparecido aún las Obras Completas de Chaves, cuidadas por la señora Cintas, tan humilde que se olvidó de incluir en ellas el último libro de Chaves, La agonía de Francia (Montevideo, 1941).

2. Que leí A sangre y fuego, de Chaves, mucho antes, en un ejemplar del librero de viejo, poeta y amigo Abelardo Linares, como me ha gustado contar por escrito muchas veces.

3. Que cuando se publicó Las armas y las letras, en febrero de 1994, ni yo ni casi nadie había visto aún las Obras Completas de Chaves, editadas por la Diputación de Sevilla y sepultadas entonces en sus dependencias (de donde saqué el ejemplar que me sirvió para escribir la reseña que apareció en Babelia en agosto de ese 1994 y donde se aludía, claro, a La agonía de Francia), por lo que cuando decía en mi artículo que muchos se encontraron por primera vez al Chaves de la Guerra Civil en Las armas y las letras, no estaba diciendo nada especial, ni tampoco cuando afirmaba que fue entonces la primera vez que se valoraba a Chaves respecto de todos los demás escritores, y por supuesto que con ello no quería restar méritos a la señora Cintas, cuyas melancolías, nacidas acaso de las comparaciones inadecuadas y de la mucha humildad, comprendo muy bien, tanto que me he propuesto, a partir de hoy, citar el nombre de esta señora no sólo cuando se hable de Chaves Nogales, sino de cualquier otro en el que ella haya trabajado humildemente, si lo hubiera, y aunque no venga a cuento.

Nota. Sin comentarios. Tal vez señalar que la profesora Cintas Guillén se llama María Isabel y no María José.

Cinco años después


Han pasado cinco años: silencio, dolor solidario con las víctimas, respeto.

Un aforismo: Desarbolada y vencida, en toda edad, queda la razón ante la barbarie terrorista.

Nota. La foto es de EFE y está tomada de ABC.es

martes, 10 de marzo de 2009

Epístola sentimental para ser leída en voz baja



Iria Flavia, 5 de junio de 2003.

Camilo,


Vengo, por fin, a tu encuentro, cuando ya no puedo verte y tampoco estoy seguro de que llegue hasta ese incierto laberinto de sombras por el que andas extraviado, el dolorido sentir de mi voz en desconsuelo.

Te pido indulgencia para mi corazón estremecido, que se desliza peligrosamente por el inoportuno tobogán del sentimentalismo.

He venido a tu casa más querida, invitado por la complicidad generosa de Marina, para hablar de ti y de Max.

En el momento en que escribo esto, caigo en la cuenta de que la única vez que hablé contigo fue sobre Max Aub. Tu voz me llegó, firme y por sorpresa, a través del teléfono:
- ¿Javier Quiñones?, buenas tardes, soy Camilo José Cela.

Te había dedicado un ejemplar de mi edición de los cuentos de Aub y, con sinceridad, lo que menos esperaba era tu llamada, así que te respondió mi timidez y mi infinito respeto hacia tu persona y tu obra.
- ¡Háblame de tú, coño! –me dijiste.
- Me cuesta, Camilo, pero como usted quiera –te respondí.

Me ofreciste entonces la imagen de un Max envejecido, de un hombre poco menos que en puertas de la muerte, que llegó de modo inopinado hasta tu retiro de Mallorca, como un espectro de un pasado lejano y sin embargo todavía vivo.

Al despedirnos, no sé si presagiando que a lo mejor no tendría otra oportunidad de hacerlo, quise decirte lo mucho que te admiraba como escritor y cuánto había aprendido leyendo tus libros.

- ¡Bueno, bueno, bueno... déjate de zarandajas! –dijiste medio riendo, al tiempo que noté en ti cierta impaciencia. Luego te despediste y colgaste.

No volví a hablar contigo. Tuve, tiempo después, la osadía de pedirte unas palabras de presentación para mi novela sobre la muerte de Julián Besteiro. Las tuve, como quien dice, a vuelta de correo.

Planeé mil veces ir a verte, porque sabía abiertas para mí las puertas de tu casa, pero tantas veces como lo hacía lo postergaba diciéndome: “Para qué le vas a molestar, qué le vas a decir tú, que no eres nadie ni representas nada” –perdona que te tome prestadas tus palabras.

¡Quién me dijera, Camilo, que aquella vez en que hablamos de Aub iba a ser la primera y la última que hablase contigo!

Siento en este momento, en que por fin he venido a encontrarme con la luz en calma de tu ausencia, una paz sosegada e infinita en el fondo del corazón; la misma que he sentido esta mañana junto al olivo de piedra lunar y de tronco retorcido, cuya umbría centenaria acoge tu descanso eterno.

A lo mejor no te sirve de nada, pero leo y releo tus libros y hago que los lean somnolientos y perezosos muchachos, para que aprendan de tu mano de maestro que “el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.”

He venido, Camilo, a ofrecerte, en la posteridad jubilosa de tu destiempo, el testimonio de mi amistad más humilde y más sincera.


Nota. Este texto, breve homenaje personal a un escritor a quien admiro y cuyas obras siempre me ha gustado leer, fue el proemio a la conferencia "Camilo José Cela y Max Aub, evocación de una amistad transterrada", dictada el cinco de junio de 2003 en el marco de un homenaje de la Fundación Cela a Max Aub al cumplirse centenario de su nacimiento. El acto se llevó a cabo en el salón de actos de la Fundación Cela, con sede en Iria Flavia. Pude entonces visitar el olivo al pie del cual descansan los restos del escritor, en el cementerio de la Colegiata de Santa María. El texto de esa conferencia y esta epístola pueden leerse en el Anuario 2005 de Estudios Celianos, publicado por la Universidad Camilo José Cela en 2005; el texto abarca las páginas 89 a 105.Las fotos de Camilo son detalles captados por mi cámara sobre unas fotos incluidas en el libro del Círculo de Lectores Retrato de Camilo José Cela, de Alonso Zamora Vicente y Juan Cueto.

domingo, 8 de marzo de 2009

Más sobre Chaves Nogales



Copio aquí la carta de María Isabel Cintas Guillén que ayer publicó el diario El País:

A propósito de Chaves Nogales

Como estudiosa y editora de la obra de Manuel Chaves Nogales, quisiera hacer algunas puntualizaciones respecto al magnífico y esclarecedor trabajo aparecido en Babelia el sábado 28 de febrero, firmado por Jesús Ruiz Mantilla, y al artículo de Andrés Trapiello que completa el informe.

Quiero aportar a la bibliografía de Chaves la recopilación de los dos tomos de su Obra periodística, Diputación de Sevilla, 2001, que ayudan a completar la figura del escritor y que se ha olvidado incluir. Es de menor importancia que se me dé el título de catedrática de la Universidad de Sevilla, ya que soy catedrática, pero de Bachillerato.

Quiero salir al paso de las afirmaciones frecuentes y, en concreto, en "lo peor", que hace el señor Trapiello acerca de la importancia (y novedad) de su aportación al conocimiento del periodista sevillano. Dice: "Cuando en 1994 muchos lectores de Las armas y las letras se tropezaron por primera vez con extractos del prólogo de A sangre y fuego (...) no podían dar crédito. Fue el gran descubrimiento." Desde la humildad con la que abordo cualquier trabajo que publico, quiero recordar que el mismo señor Trapiello hizo para Babelia una reseña ("Una resurrección", 27 de agosto de 1994) de la Obra Narrativa Completa de Manuel Chaves Nogales, publicada por la Diputación de Sevilla, 1993, donde están recogidos los libros de Chaves, los que ahora se editan y otros. Y que, me consta, han servido de base para estas reediciones. María Isabel Cintas Guillén. Sevilla.


Nota. Invito también a los lectores de este blog a visitar el de Antón Castro, donde hay una esclarecedora entrada acerca de Juan Belmonte y Chaves Nogales, titulada "Juan Belmonte, el torero ilustrado" y cuyas palabras iniciales son: "No es exacto decir que Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) sea un olvidado."

sábado, 7 de marzo de 2009

Juego decisivo: tie break

Para Claudio

Era un partido importante, puesto que se dirimía el pase a la final del torneo. A pesar de que hubiera sido mejor que no jugara, decidimos no decirle nada, a los once años es mejor no hablar de según qué cosas, y le acompañamos, como siempre, en el coche. Para él todos los campeonatos son igual de importantes, así que agradeció el no faltar a la convocatoria. La tarde nublada amenazaba llover cuando se inició el encuentro. Empezó jugando bien, concentrado, apoyándose sobre todo en la derecha invertida y en el revés a dos manos, sus golpes más resolutivos, pero cedió el primer set por un ajustado siete a cinco, tras casi una hora de lucha. El segundo arrancó mal, el rival se puso tres a cero. El fantasma de la derrota le espoleó y le hizo despertar. Buscó más los ángulos, subió a la red, hizo dejadas y resolvió con el revés paralelo de ataque. Acabó imponiéndose por seis a cuatro en cuarenta y tres minutos. Ninguno de los dos jugadores parecía dispuesto a entregar el partido, de modo que los intercambios eran cada vez más intensos y más agresivos. La igualdad en el tercer set, el que habría de decidir el partido, se mantuvo hasta el empate a seis juegos. Habría, pues, juego decisivo, tie break. Chispeaba cuando lo empezaron, pero el juez árbitro no detuvo el juego. Tras haber cambiado de campo con empate a tres, el rival le ganó un servicio y cobró ventaja de cinco a tres. Cuando se disponía a servir para hacerse con la primera bola de partido, mi mujer sintió la vibración del móvil en el bolsillo de su chaqueta. Contestó la llamada. Cuando colgó, me dijo: “Es del hospital: tu padre.” No me fui enseguida, para que no perdiera la concentración.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ceniza sobre el agua



No me busques ni me llames
cuando ya no esté entre vosotros,
porque yo ya no seré yo, sino
este inútil despojo de mí mismo,
sombra estéril, rescoldo de llama
que ni alumbra ni conforta,
inservible ceniza sobre el agua.
Como el navegante que en noche
de tormenta ve zozobrar su barca
entre hostiles vientos e inclementes olas,
así dejas, Señor, que mi alma naufrague
desamparada y sola, sin haber tenido
de tu existencia una señal siquiera,
solo sequedad y áspero silencio,
entre las frías y oscuras aguas
del mar
de la calma, la nada y el olvido.


Nota. La foto que ilustra esta entrada es el mar del Cap de Creus en un atardecer de septiembre.

miércoles, 4 de marzo de 2009

En defensa de la Filología Hispánica


Me llega, a través de un correo electrónico que me envía mi amigo Javier Lluch, la noticia de la intención de cerrar cuatro carreras de filología, entre ellas la hispánica, en la Universidad del País Vasco. Me adjuntan Javier y Natalia Vara Ferrero un manifiesto con la intención de darle publicidad y mostrar así el rechazo y la solidaridad. Lo cuelgo aquí, en las páginas de mi blog, con esa intención. Una sociedad que arrincona este tipo de enseñanza y conocimientos humanísticos no va en la buena dirección, levanto pues mi voz contra ello.

Ante los rumores aparecidos en prensa sobre la desaparición de las titulaciones de Filología Hispánica, Francesa, Clásica y Alemana en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea, los alumnos y profesores de la Facultad de Letras manifestamos lo siguiente:

1) La eliminación de estas cuatro filologías supone la amputación de una parte fundamental del patrimonio cultural de la Comunidad Autónoma Vasca, con la disminución del capital intelectual y simbólico que ello supone y el coste social que implica en el marco europeo en que nos ubicamos.
2) Tal como define la L.O.U. y los Estatutos de la UPV-EHU una de las funciones principales de la Universidad es la “preparación para el ejercicio de actividades profesionales”, pero es indiscutible que entre las funciones que se definen para la institución universitaria en la propia ley, tal como recogen los citados estatutos, se encuentran también “la difusión del conocimiento y la cultura”, “el desarrollo de la ciencia […] así como […] la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida” y la formación de una actitud “crítica”.
3) No puede estructurarse la enseñanza superior atendiendo exclusivamente a la servidumbre a un sistema económico y social que proyecta sus beneficios económicos a corto plazo. La rentabilidad social de los estudios humanísticos y de las filologías en particular es mucho mayor que los beneficios económicos directos que se producen en un sistema de mercado como el que soportamos.
4) El papel de la investigación y de la transferencia de conocimientos en Filología es sin duda más difuso que en los dominios de las ciencias duras, pero su impacto social y cultural es al menos tan profundo y duradero como el de aquellas.
5) La eliminación de las cuatro titulaciones de Filología en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea plantea el problema fundamental de la redefinición del saber en el estadio actual y del papel que la enseñanza superior, pública y de calidad, desempeña en nuestra sociedad.
6) La eliminación de estas cuatro titulaciones de la Universidad pública abre el debate sobre la implantación de un modelo privatizado en la enseñanza pública.
7) A su vez, la eliminación de estas cuatro titulaciones cuestiona y desarticula el futuro de la enseñanza secundaria en la Comunidad Autónoma Vasca y su valor como servicio público obligatorio e indispensable para la formación de los ciudadanos. ¿Qué sucederá cuando la demanda de nuevos filólogos en secundaria no pueda ser satisfecha? ¿Quién va a desempeñar esa labor?
8) Es necesario repensar el papel de la investigación y la transmisión del conocimiento en la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y en la propia sociedad vasca, y el papel esencial que en ésta desempeñan los estudios de Filología.
9) El estudio de las filologías no es sólo un modo de erudición, sino una forma de profundización en la cultura y de construcción de una identidad histórica y social, tanto en nuestra comunidad como en el contexto europeo.
10) La Universidad debe seguir desempeñando el papel de garante de una conciencia crítica en la sociedad, a la que sirva como espacio de reflexión y de defensa rigurosa de los valores de un sistema plural.

También me adjuntan algunas direcciones de correo electrónico para hacer llegar la protesta por este hecho, o intención, tan lamentable; igualmente, las adjunto aquí.

jtpgoori@bi.ehu.es

gvpgomuc@lg.ehu.es

vvgvicer@vc.ehu.es

Me acuerdo ahora, mientras escribo el cierre de esta entrada, de José Manuel Blecua y de Ignacio Soldevila y pienso en lo que ellos opinarían de estas nefastas intenciones. En fin... Mi solidaridad con los profesores y alumnos de Filología Hispánica, y de las demás, naturalmente, de la Universidad del País Vasco.

martes, 3 de marzo de 2009

Gramática parda


Puesto entre la espada y la pared, cuando ante la pregunta de aquel alumno a quien no bastaba el "a leer y a escribir solo se aprende leyendo y escribiendo", a Leonardo no le quedó otro remedio que descender a la arena y echar mano de su instinto pedagógico para dar una respuesta más o menos adecuada a las inquietudes de aquel muchacho. Como profesor era Leonardo, cada vez más, firme partidario del método intuitivo y de echarle a la cosa, a contramano y sin previo aviso, lo cual no pocas veces confundía a su joven auditorio, buenas dosis de gramática parda, lo que equivale a decir, de sentido común. Así que, frente a la pregunta de qué se puede hacer para redactar mejor, que descolocó a Leonardo, respondió este: "Dispónganse al método y al orden y tomen nota", dijo con el tono de voz de quien aparentaba estar enfadado ante la impertinencia de la pregunta:

"Regla primera. Escribir es expresar lo que se piensa, así que antes de que se echen a escribir, piensen primero en lo que quieren decir. Regla segunda. Controlen en todo momento los constituyentes inmediatos de la oración: sujeto, verbo y complementos. Nunca den por buena una oración que vulnere gravemente las normas sintácticas y gramaticales. Es conveniente que las oraciones sean breves. Regla tercera. Organicen en párrafos el contenido de lo que quieren decir. Mantengan un control estricto sobre el párrafo. Piensen bien en los conectores que engarzan las oraciones y asegúrense de que el párrafo esté bien cohesionado y mantenga la coherencia. Regla cuarta. Estructuren y ordenen bien los párrafos y comprueben que su escrito cumple las propiedades textuales: adecuación, coherencia y cohesión. Regla quinta. Inicien, desarrollen y cierren bien sus textos. Cerciórense de que lo que han escrito responde a lo que querían decir. Corrijan siempre lo escrito."

Cuando Leonardo hubo terminado su retahíla de lugares comunes, añadió: "Colofón: a leer y a escribir sólo se aprende leyendo y escribiendo; he dicho." Al acabar, dio la clase por terminada y por mal empleada.

domingo, 1 de marzo de 2009

Chaves Nogales en Babelia



"Estos dos volúmenes (Obra periodística/La agonía de Francia y A sangre y fuego), más la oportuna edición de Espasa, recuperan en su entera dimensión a una figura clave de nuestra cultura de entreguerras. Un español que rechazó el cainismo como norma de conducta, privilegió el diálogo sobre la violencia y se quedó casi solo, con algunos otros españoles, en la hora más oscura de nuestra historia." Así escribía, a página completa, bajo el título de "Un gigante", Miguel García-Posada en las páginas de ABC Cultural el 20 de octubre de 2001, comentando la simultánea aparición de los volúmenes de la Obra periodística, en edición de la profesora de la universidad de Sevilla María Isabel Cintas Guillén, más La agonía de Francia y la recuperación del volumen de narraciones A sangre y fuego por parte de Espasa en la colección "Relecturas". En el título y en la cita que copio al principio de esta entrada se pone de manifiesto el interés del crítico por el escritor y el adecuado tratamiento que le dio en su día el periódico ABC. Han pasado unos cuantos años desde la publicación del texto de García-Posada, ocho para ser exactos, y ahora sorprende que Babelia "descubra" a Chaves Nogales, porque el artículo publicado ayer tiene todo el "tono" de quien acaba de descubrir a un genio escondido, a alguien que no había sido justamente valorado, vaya, a un desconocido.

Hace veinte años, durante un verano en Calafell, por indicación de un poeta amigo, que me dijo que era un escritor fantástico, me regalaron por mi cumpleaños la biografía de Juan Belmonte escrita por Chaves Nogales, que leí entregado y me sirvió, a destiempo, porque seguramente otros eso ya lo sabían, para darme cuenta del extraordinario escritor que fue el autor sevillano. Ese libro llevaba un epílogo escrito por Josefina Carabias en 1970, en el que la autora nos daba un esbozo de la figura de Chaves Nogales y de su importancia como escritor y periodista, aunque no mencione, seguramente porque no pudo ver el libro, A sangre y fuego. Busqué, encontré sin mayor dificultad y leí fascinado El maestro Juan Martínez que estaba allí en la edición de Castillejo Narrativa impreso en Sevilla en 1992. Después me hice con lo editado por Cintas Guillén, que leí y sigo leyendo asombrado; vaya desde aquí mi reconocimiento a la labor de rescate llevada a cabo por esta catedrática sevillana. En enero de 2002, en el número 210, por encargo de su entonces director Fernando Valls, publiqué en la revista de literatura Quimera, que ya se había ocupado antes del autor, una elogiosa crítica sobre el libro A sangre y fuego así como una nota biográfica; ambas están publicadas en este blog en la sección "Crítica" y "Galería". Más tarde, en abril de 2006, escribía estas palabras en el prólogo de Sólo una larga espera. Cuentos del exilio republicano español, donde incluía un relato del autor: "¡Viva la muerte!" es un cuento ambientado en el inicio de la guerra civil en dos escenarios: Valladolid y Miradores, en la sierra de Madrid. En él Manuel Chaves Nogales pone de manifiesto el insoportable clima de violencia instalado en la sociedad española a raíz del golpe militar. Chaves Nogales, cuya posición crítica frente a los execesos de unos y de otros, de fascistas y de revolucionarios, le hizo abandonar España en 1936, narra en su cuento un caso de ingratitud y de traición. (...) La historia le sirve a Chaves Nogales para mostrar la violencia, el desprecio de la vida humana y el clima de represión sobre los vencidos. El triunfalismo de los falangistas en Valladolid, la grandilocuencia de los discursos, contrasta con la crueldad, los asesinatos y la violencia." Quiero agradecer aquí, en mi blog, aunque dudo que llegue a leerlo, a Miguel García-Posada su mesurada crítica a mi antología -puso en ella de manifiesto lo que le había gustado y lo que no de aquella publicación- y su acertado instinto literario al valorar a Chaves Nogales en la forma en que lo hizo. Por el contrario, Rafael Conte pasó como una apisonadora desbocada desde las páginas de Babelia sobre mi libro. Ahora parece que hayan descubierto a Chaves Nogales y que no se hubiera ni escrito ni hablado ni publicado nada sobre este magnífico autor. En fin, que cada palo aguante su vela.

Nota. Seguramente son muchos los que han escrito y valorado la obra de Chaves Nogales y yo no los menciono aquí; para todos ellos, igual que hago con García-Posada en el texto de la entrada, mi reconocimiento. Asimismo, no quiero olvidarme de decir que no puedo compartir la afirmación de Andrés Trapiello, quien se ocupó de A sangre y fuego en su Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939), en el artículo "Lo peor", que forma parte del reportaje dedicado a Chaves Nogales; cuando dice que tras el traslado del Gobierno republicano a Valencia en la guerra "ya no se luchaba por la democracia sino por el fascismo o el bolchevismo", está haciendo una afirmación que supone la igualación de las causas, la de los generales golpistas y la de la República, poder legítimamente constituido y derrocado por la fuerza de las armas; no todo el mundo en las filas republicanas era bolchevique ni mucho menos, ni tampoco revolucionario, pero muchos se vieron arrastrados a una guerra que ni quisieron ni habían buscado y de la que no son responsables ante la historia. Proverbio de Antonio Machado en Nuevas canciones: "El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve."