jueves, 5 de marzo de 2009

Ceniza sobre el agua



No me busques ni me llames
cuando ya no esté entre vosotros,
porque yo ya no seré yo, sino
este inútil despojo de mí mismo,
sombra estéril, rescoldo de llama
que ni alumbra ni conforta,
inservible ceniza sobre el agua.
Como el navegante que en noche
de tormenta ve zozobrar su barca
entre hostiles vientos e inclementes olas,
así dejas, Señor, que mi alma naufrague
desamparada y sola, sin haber tenido
de tu existencia una señal siquiera,
solo sequedad y áspero silencio,
entre las frías y oscuras aguas
del mar
de la calma, la nada y el olvido.


Nota. La foto que ilustra esta entrada es el mar del Cap de Creus en un atardecer de septiembre.

2 comentarios:

Mega dijo...

Qué precioso poema, Javier. Me gusta esa voz desnuda y sincera, cruda de tan veraz. Tan fuerte, tan digna. Hay en toda la composición como un eco de letanía, de rezo secreto.

Un abrazo

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

A veces me pregunto, Mega, si no seré yo quien no sabe interpretar las señales; ello no evita, con todo, ni el áspero silencio ni la sequedad. Gracias por tu comentario.
Un abrazo, Javier.