Como no vivo dominado por la inmediatez, termino de leer ahora este extraordinario libro de Manuel Chaves Nogales estremecido ante su calidad literaria, su hondura humana y la lucidez penetrante de su visión histórica. Salgo del libro convencido de que he leído una novela y no una crónica periodística que fue publicada por entregas entre el 5 de agosto y el 22 de noviembre de 1938. La voluntad de estilo de Chaves Nogales lo acerca irremediablemente a la literatura, como puede advertirse en este ejemplo en el que se describen los efectos que causa el inicio de las hostilidades en un grupo de milicianos que se dirige despreocupado y casi festivo al frente: "Desde unas casas que están al borde de la carretera parten los primeros disparos del enemigo. Se hace un silencio súbito que corta en seco la aturdida mascarada. Es un silencio tan denso, tan inverosímil, que en un instante, el grupo y el paisaje entero toman una extraña calidad espectral."
Los diálogos, la prosa, de frase breve y ajustadísima a la materia narrativa, con las palabras precisas, con imágenes impactantes, con un lenguaje que a veces recuerda la envidiable precisión de la prosa de Valle-Inclán en El ruedo ibérico, el tratamiento del "personaje" central, el general Miaja: todo hace pensar en que lo que se lee es una novela y no una crónica. Esa es la grandeza de Chaves Nogales, romper los moldes de los géneros y hacer que un libro lo mismo pueda leerse como un modelo de crónica periodística que como una novela histórica de primer orden.
Chaves Nogales está del lado del pueblo que se batió heroicamente en los largos días de la batalla de Madrid en noviembre de 1936. Está muy lejos de las intrigas y los manejos de los sindicatos y de los partidos del Frente Popular; se muestra especialmente crítico con el entonces presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, quien no sale muy bien parado que digamos en este libro; solo muestra admiración hacia el general Miaja y hacia el heroísmo de los ciudadanos que acudieron en masa a defender Madrid con un fusil por cada cuatro hombres, sin preparación militar alguna y con escasísima munición. Seguramente muchos estarán de acuerdo con lo expresado por el autor en el último párrafo del libro: "España no será comunista ni fascista. La mayor infamia que se puede hacer aún con el pueblo español es la de tremolar triunfalmente sobre el inmenso cementerio de España cualquiera de esas dos banderas que siendo ambas extranjeras han hecho derramar tanta sangre española."
Este es un libro decisivo, un libro que todos deberíamos leer, sin la tardanza con la que lo he hecho yo, sin excusas, sin dejarlo para mañana, si no hay edición, que se reimprima y que se haga ya. Mi felicitación a la profesora María Isabel Cintas Guillén por rescatar estos textos, a la editorial Renacimiento por lo cuidado de la edición y a Antonio Muñoz Molina por lo certero del prólogo. Cierro este comentario destacando también las magníficas ilustraciones de Jesús Helguera.