Consulto el libro de Antony Beevor sobre la Guerra Civil Española –iba a escribir sobre nuestra guerra, pero no, no es la nuestra, por lo menos no es la mía, es la de ellos, la de los que la impusieron y no fue civil, sino profundamente incivil- y me llama la atención el ajustado resultado de las elecciones de febrero de 1936:
Frente Popular: 4. 654.116
Nacionalistas vascos: 125.714
Centro: 400.901
Derechas: 4.503.524
Con ironía británica, llama Beevor la atención sobre el hecho de que Falange obtuviera 46.000 votos en toda España, unos 1.000 votos por provincia, e ironiza sobre el peligro de la amenaza fascista proclamada por Largo Caballero.
La izquierda, sin pararse a considerar la estrechez de su victoria, procedió a comportarse como si hubiese recibido un mandato aplastante para el cambio revolucionario. Como era de esperar, la derecha se exasperó al ver cómo las multitudes corrían a liberar a los presos, sin esperar siquiera a una amnistía.