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miércoles, 6 de febrero de 2013

Una obra maestra: La defensa de Madrid


Como no vivo dominado por la inmediatez, termino de leer ahora este extraordinario libro de Manuel Chaves Nogales estremecido ante su calidad literaria, su hondura humana y la lucidez penetrante de su visión histórica. Salgo del libro convencido de que he leído una novela y no una crónica periodística que fue publicada por entregas entre el 5 de agosto y el 22 de noviembre de 1938. La voluntad de estilo de Chaves Nogales lo acerca irremediablemente a la literatura, como puede advertirse en este ejemplo en el que se describen los efectos que causa el inicio de las hostilidades en un grupo de milicianos que se dirige despreocupado y casi festivo al frente: "Desde unas casas que están al borde de la carretera parten los primeros disparos del enemigo. Se hace un silencio súbito que corta en seco la aturdida mascarada. Es un silencio tan denso, tan inverosímil, que en un instante, el grupo y el paisaje entero toman una extraña calidad espectral."

Los diálogos, la prosa, de frase breve y ajustadísima a la materia narrativa, con las palabras precisas, con imágenes impactantes, con un lenguaje que a veces recuerda la envidiable precisión de la prosa de Valle-Inclán en El ruedo ibérico, el tratamiento del "personaje" central, el general Miaja: todo hace pensar en que lo que se lee es una novela y no una crónica. Esa es la grandeza de Chaves Nogales, romper los moldes de los géneros y hacer que un libro lo mismo pueda leerse como un modelo de crónica periodística que como una novela histórica de primer orden.

Chaves Nogales está del lado del pueblo que se batió heroicamente en los largos días de la batalla de Madrid en noviembre de 1936. Está muy lejos de las intrigas y los manejos de los sindicatos y de los partidos del Frente Popular; se muestra especialmente crítico con el entonces presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, quien no sale muy bien parado que digamos en este libro; solo muestra admiración hacia el general Miaja y hacia el heroísmo de los ciudadanos que acudieron en masa a defender Madrid con un fusil por cada cuatro hombres, sin preparación militar alguna y con escasísima munición. Seguramente muchos estarán de acuerdo con lo expresado por el autor en el último párrafo del libro: "España no será comunista ni fascista. La mayor infamia que se puede hacer aún con el pueblo español es la de tremolar triunfalmente sobre el inmenso cementerio de España cualquiera de esas dos banderas que siendo ambas extranjeras han hecho derramar tanta sangre española."

Este es un libro decisivo, un libro que todos deberíamos leer, sin la tardanza con la que lo he hecho yo, sin excusas, sin dejarlo para mañana, si no hay edición, que se reimprima y que se haga ya. Mi felicitación a la profesora María Isabel Cintas Guillén por rescatar estos textos, a la editorial Renacimiento por lo cuidado de la edición y a Antonio Muñoz Molina por lo certero del prólogo. Cierro este comentario destacando también las magníficas ilustraciones de Jesús Helguera.

miércoles, 11 de marzo de 2009

De humildades y soberbias; más sobre Chaves Nogales


Copio aquí la airada respuesta de Andrés Trapiello a la carta de María Isabel Cintas Guillén, todo ello a propósito de Chaves Nogales.

Mucha humildad

ANDRÉS TRAPIELLO - Madrid - 11/03/2009

Se quejaba María José Cintas Guillén, compiladora y editora de Chaves Nogales, de que cada vez que se habla de Chaves raramente se menciona ni reconoce su labor, y lleva razón. "Desde la humildad con la que abordo cualquier trabajo que publico", hizo el otro día unas puntualizaciones en estas Cartas al director, a propósito del "despliegue Chaves" aparecido en Babelia, que me gustaría igualmente puntualizar, porque yo quiero ser también humilde como ella.
1. Que cuando terminé Las armas y las letras, a finales de 1993, no habían aparecido aún las Obras Completas de Chaves, cuidadas por la señora Cintas, tan humilde que se olvidó de incluir en ellas el último libro de Chaves, La agonía de Francia (Montevideo, 1941).

2. Que leí A sangre y fuego, de Chaves, mucho antes, en un ejemplar del librero de viejo, poeta y amigo Abelardo Linares, como me ha gustado contar por escrito muchas veces.

3. Que cuando se publicó Las armas y las letras, en febrero de 1994, ni yo ni casi nadie había visto aún las Obras Completas de Chaves, editadas por la Diputación de Sevilla y sepultadas entonces en sus dependencias (de donde saqué el ejemplar que me sirvió para escribir la reseña que apareció en Babelia en agosto de ese 1994 y donde se aludía, claro, a La agonía de Francia), por lo que cuando decía en mi artículo que muchos se encontraron por primera vez al Chaves de la Guerra Civil en Las armas y las letras, no estaba diciendo nada especial, ni tampoco cuando afirmaba que fue entonces la primera vez que se valoraba a Chaves respecto de todos los demás escritores, y por supuesto que con ello no quería restar méritos a la señora Cintas, cuyas melancolías, nacidas acaso de las comparaciones inadecuadas y de la mucha humildad, comprendo muy bien, tanto que me he propuesto, a partir de hoy, citar el nombre de esta señora no sólo cuando se hable de Chaves Nogales, sino de cualquier otro en el que ella haya trabajado humildemente, si lo hubiera, y aunque no venga a cuento.

Nota. Sin comentarios. Tal vez señalar que la profesora Cintas Guillén se llama María Isabel y no María José.

domingo, 8 de marzo de 2009

Más sobre Chaves Nogales



Copio aquí la carta de María Isabel Cintas Guillén que ayer publicó el diario El País:

A propósito de Chaves Nogales

Como estudiosa y editora de la obra de Manuel Chaves Nogales, quisiera hacer algunas puntualizaciones respecto al magnífico y esclarecedor trabajo aparecido en Babelia el sábado 28 de febrero, firmado por Jesús Ruiz Mantilla, y al artículo de Andrés Trapiello que completa el informe.

Quiero aportar a la bibliografía de Chaves la recopilación de los dos tomos de su Obra periodística, Diputación de Sevilla, 2001, que ayudan a completar la figura del escritor y que se ha olvidado incluir. Es de menor importancia que se me dé el título de catedrática de la Universidad de Sevilla, ya que soy catedrática, pero de Bachillerato.

Quiero salir al paso de las afirmaciones frecuentes y, en concreto, en "lo peor", que hace el señor Trapiello acerca de la importancia (y novedad) de su aportación al conocimiento del periodista sevillano. Dice: "Cuando en 1994 muchos lectores de Las armas y las letras se tropezaron por primera vez con extractos del prólogo de A sangre y fuego (...) no podían dar crédito. Fue el gran descubrimiento." Desde la humildad con la que abordo cualquier trabajo que publico, quiero recordar que el mismo señor Trapiello hizo para Babelia una reseña ("Una resurrección", 27 de agosto de 1994) de la Obra Narrativa Completa de Manuel Chaves Nogales, publicada por la Diputación de Sevilla, 1993, donde están recogidos los libros de Chaves, los que ahora se editan y otros. Y que, me consta, han servido de base para estas reediciones. María Isabel Cintas Guillén. Sevilla.


Nota. Invito también a los lectores de este blog a visitar el de Antón Castro, donde hay una esclarecedora entrada acerca de Juan Belmonte y Chaves Nogales, titulada "Juan Belmonte, el torero ilustrado" y cuyas palabras iniciales son: "No es exacto decir que Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) sea un olvidado."

domingo, 1 de marzo de 2009

Chaves Nogales en Babelia



"Estos dos volúmenes (Obra periodística/La agonía de Francia y A sangre y fuego), más la oportuna edición de Espasa, recuperan en su entera dimensión a una figura clave de nuestra cultura de entreguerras. Un español que rechazó el cainismo como norma de conducta, privilegió el diálogo sobre la violencia y se quedó casi solo, con algunos otros españoles, en la hora más oscura de nuestra historia." Así escribía, a página completa, bajo el título de "Un gigante", Miguel García-Posada en las páginas de ABC Cultural el 20 de octubre de 2001, comentando la simultánea aparición de los volúmenes de la Obra periodística, en edición de la profesora de la universidad de Sevilla María Isabel Cintas Guillén, más La agonía de Francia y la recuperación del volumen de narraciones A sangre y fuego por parte de Espasa en la colección "Relecturas". En el título y en la cita que copio al principio de esta entrada se pone de manifiesto el interés del crítico por el escritor y el adecuado tratamiento que le dio en su día el periódico ABC. Han pasado unos cuantos años desde la publicación del texto de García-Posada, ocho para ser exactos, y ahora sorprende que Babelia "descubra" a Chaves Nogales, porque el artículo publicado ayer tiene todo el "tono" de quien acaba de descubrir a un genio escondido, a alguien que no había sido justamente valorado, vaya, a un desconocido.


Hace veinte años, durante un verano en Calafell, por indicación de un poeta amigo, que me dijo que era un escritor fantástico, me regalaron por mi cumpleaños la biografía de Juan Belmonte escrita por Chaves Nogales, que leí entregado y me sirvió, a destiempo, porque seguramente otros eso ya lo sabían, para darme cuenta del extraordinario escritor que fue el autor sevillano. Ese libro llevaba un epílogo escrito por Josefina Carabias en 1970, en el que la autora nos daba un esbozo de la figura de Chaves Nogales y de su importancia como escritor y periodista, aunque no mencione, seguramente porque no pudo ver el libro, A sangre y fuego. Busqué, encontré sin mayor dificultad y leí fascinado El maestro Juan Martínez que estaba allí en la edición de Castillejo Narrativa impreso en Sevilla en 1992. Después me hice con lo editado por Cintas Guillén, que leí y sigo leyendo asombrado; vaya desde aquí mi reconocimiento a la labor de rescate llevada a cabo por esta catedrática sevillana. En enero de 2002, en el número 210, por encargo de su entonces director Fernando Valls, publiqué en la revista de literatura Quimera, que ya se había ocupado antes del autor, una elogiosa crítica sobre el libro A sangre y fuego así como una nota biográfica; ambas están publicadas en este blog en la sección "Crítica" y "Galería". Más tarde, en abril de 2006, escribía estas palabras en el prólogo de Sólo una larga espera. Cuentos del exilio republicano español, donde incluía un relato del autor: "¡Viva la muerte!" es un cuento ambientado en el inicio de la guerra civil en dos escenarios: Valladolid y Miradores, en la sierra de Madrid. En él Manuel Chaves Nogales pone de manifiesto el insoportable clima de violencia instalado en la sociedad española a raíz del golpe militar. Chaves Nogales, cuya posición crítica frente a los execesos de unos y de otros, de fascistas y de revolucionarios, le hizo abandonar España en 1936, narra en su cuento un caso de ingratitud y de traición. (...) La historia le sirve a Chaves Nogales para mostrar la violencia, el desprecio de la vida humana y el clima de represión sobre los vencidos. El triunfalismo de los falangistas en Valladolid, la grandilocuencia de los discursos, contrasta con la crueldad, los asesinatos y la violencia." Quiero agradecer aquí, en mi blog, aunque dudo que llegue a leerlo, a Miguel García-Posada su mesurada crítica a mi antología -puso en ella de manifiesto lo que le había gustado y lo que no de aquella publicación- y su acertado instinto literario al valorar a Chaves Nogales en la forma en que lo hizo. Por el contrario, Rafael Conte pasó como una apisonadora desbocada desde las páginas de Babelia sobre mi libro. Ahora parece que hayan descubierto a Chaves Nogales y que no se hubiera ni escrito ni hablado ni publicado nada sobre este magnífico autor. En fin, que cada palo aguante su vela.


Nota. Seguramente son muchos los que han escrito y valorado la obra de Chaves Nogales y yo no los menciono aquí; para todos ellos, igual que hago con García-Posada en el texto de la entrada, mi reconocimiento. Asimismo, no quiero olvidarme de decir que no puedo compartir la afirmación de Andrés Trapiello, quien se ocupó de A sangre y fuego en su Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939), en el artículo "Lo peor", que forma parte del reportaje dedicado a Chaves Nogales; cuando dice que tras el traslado del Gobierno republicano a Valencia en la guerra "ya no se luchaba por la democracia sino por el fascismo o el bolchevismo", está haciendo una afirmación que supone la igualación de las causas, la de los generales golpistas y la de la República, poder legítimamente constituido y derrocado por la fuerza de las armas; no todo el mundo en las filas republicanas era bolchevique ni mucho menos, ni tampoco revolucionario, pero muchos se vieron arrastrados a una guerra que ni quisieron ni habían buscado y de la que no son responsables ante la historia. Proverbio de Antonio Machado en Nuevas canciones: "El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve."

jueves, 22 de enero de 2009

Voces críticas en tiempo de conflicto


CHAVES NOGALES, Manuel, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, Col. Relecturas, Ed. Espasa, Madrid, 2001, 253 pp.

La fortuna de los libros suele ser casi siempre azarosa e incierta. Hay libros a los cuales las circunstancias en que vieron por primera vez la luz no les fueron favorables y el paso del tiempo los ha condenado injustamente a un inmerecido olvido. Las voces críticas en tiempo de conflicto resultan difíciles de asimilar. La posición ética y política de quien sabe buscar su camino apartándose de unos y de otros, guiado sólo por la luz de su propia conciencia, incomoda cuando se expresa públicamente, sobre todo a través de la literatura. Tal es el caso del escritor y periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (Sevilla,1897-Londres,1943), cuyo libro A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España permaneció inédito entre nosotros desde 1937, año en que vio la luz por vez primera en Chile, hasta 1993, en que la Diputación de Sevilla y la Fundación Luis Cernuda lo publicaron gracias al trabajo de la profesora María Isabel Cintas Guillén. Ahora la editorial Espasa lo recupera como volumen suelto para su interesante colección Relecturas.

En un momento en el cual "la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España", alguien para quien "todo revolucionario es tan pernicioso como cualquier reaccionario" se queda sin espacio político y contrae con su actitud crítica insobornable "méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros." De modo que "cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba, escribe Chaves Nogales en el prólogo a su libro, me fui". No resulta extraño, por tanto, que A sangre y fuego, tan alejado del fervor revolucionario del Madrid de los primeros meses de la guerra civil, tuviera que ser publicado en tierra de nadie, en la lejanía del exilio. Es obvio, tras de su lectura, que el contenido debió de irritar a unos y a otros, fascistas y revolucionarios. El tono acre de denuncia del clima de violencia feroz que se instaló en la convulsa sociedad española tras el golpe militar del 18 de julio, no le hizo las cosas fáciles al libro. Así que el silencio y el olvido se cernieron sobre él desde el mismo momento de su publicación. Por otra parte, esta actitud crítica ante los extremismos de uno y otro signo que con sus impaciencias históricas pusieron cerco a la República desde casi el mismo momento de su implantación, fue denunciada reiteradamente por Chaves Nogales en sus escritos periodísticos; basta leer para ello el artículo publicado en Ahora el 20 de enero de 1933 titulado significativamente "Los enemigos de la República". Ahora, gracias también al trabajo de la profesora Cintas Guillén, se recupera la Obra periodística de Chaves Nogales en dos volúmenes publicados por la Diputación de Sevilla así como La agonía de Francia en volumen suelto.



El libro consta de nueve extensas narraciones, a medio camino entre el relato y la novela corta. Se trata de textos con un indudable sustrato real -"cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera"-, que entreveran sabiamente elementos de ficción y sucesos muy cercanos a la realidad. Dominados por una enrarecida atmósfera de violencia, los personajes son muchas veces meros juguetes de las circunstancias y por ella se ven zarandeados cruelmente. Se transparenta en el libro el olímpico desprecio por la vida humana que sintieron muchos en aquel momento, ejerciendo la violencia indiscriminada o bombardeando impunemente a la población civil de las ciudades. Así, en el relato que abre el libro, titulado "¡Masacre, masacre!", asistimos a los bombardeos sobre Madrid por parte de la aviación nacionalista, pero también a la violencia ejercida por la patrulla de Enrique Arabel sobre los militares profesionales ya jubilados que siguen en Madrid como ciudadanos anónimos sin participar en la rebelión militar y que son acusados de formar parte de la llamada "quinta columna". El asalto a la cárcel y el asesinato del padre de Valero y de otros ciento veinticinco oficiales, le da un tono violentamente amargo al final del relato. Una de estas patrullas anarquistas, que tanto terror sembró con sus acciones violentas, es también protagonista del relato "La Columna de Hierro". Ambientado en Valencia, presenta la nota positiva de que sean los propios republicanos los encargados de combatir y neutralizar la violencia de ese grupo, mostrando así el autor que no todos en el bando republicano aprobaban los excesos y los crímenes.


Hay relatos, como "La gesta de los caballistas", que transcurren en el medio rural y que sirven a Chaves Nogales para denunciar una mentalidad que conocía bien: la del terrateniente andaluz. El marqués, protagonista de la historia, no duda en ponerse al lado de Queipo de Llano y arremete contra los campesinos mostrando su desprecio por el pueblo español que luchaba por sus libertades: "El pueblo siempre es cobarde y cruel. Pero se le pega fuerte y se humilla." En otros relatos, como "Los guerreros marroquíes" y "¡Viva la muerte!", los protagonistas pertenecen al bando rebelde y tampoco la opinión que sobre ellos nos da el autor es positiva. La violencia es ejercida por la Falange. La crueldad del fusilamiento de Adela y Rosario pone de manifiesto idéntico desprecio hacia la vida humana: "Rosario no protestó, no chilló, no hubo que sostenerla ni levantó el puño, pero ¡cómo lloraba! Lloraba como una chiquilla."

Pero en medio de este clima de desprecio hacia la vida, surgen personajes capaces de mostrar lo más noble del ser humano. Entre ellos destaca Bigornia, protagonista del relato que lleva su nombre. Personaje de estirpe galdosiana, es un ejemplo limpio del compromiso llevado hasta sus últimas consecuencias. Compartiendo con Bigornia el derecho a vivir libremente y en paz, el protagonista de Consejo obrero, Daniel, se enfrenta a las entelequias y maquinaciones de los comités revolucionarios. Al final muere en el frente y las amargas palabras del narrador cierran, en un tono sombrío, el relato y el libro: "Su causa, la de la libertad, no había en España quien la defendiese."

Al lector que conozca el estilo de Chaves Nogales a través de la lectura de libros como Juan Belmonte, matador de toros (1935, Alianza Ed. 1970) o El maestro Juan Martínez que estaba allí (1934, Castillejo, 1992), no le defraudará A sangre y fuego. Podrá comprobar, eso sí, que la prosa, tal vez por la materia de los relatos, está cargada de mayor gravedad, transida de una dureza austera sin perder por ello la agilidad y la belleza que la caracterizan. Los relatos, en fin, están estructurados en secuencias más o menos breves que aparecen separadas por asteriscos o espacios en blanco; estamos, pues, ante una estructura fragmentaria que emparenta estos relatos con otros renovadores del panorama narrativo de los años treinta.

A sangre y fuego
es un libro necesario, cuya recuperación, en edición cuidada y asequible, ha sido un indudable acierto que nos muestra páginas muy dolorosas de nuestra historia reciente.



Nota. Este texto se publicó en la revista de literatura Quimera. Abro esta sección de crítica para recoger en ella comentarios a libros que he ido publicando de modo disperso desde hace algunos años; pretendo que queden recogidos, de forma unitaria, en este espacio. La fotografía de Chaves Nogales aparece en el libro El maestro Juan Martínez, que estuvo allí, de la editorial Castillejo, de Sevilla, que lo editó en 1992.

martes, 30 de diciembre de 2008

Manuel Chaves Nogales, periodista y escritor (1897-1944)



El 8 de mayo de 1944 fallecía, después de una operación quirúrgica, a los 46 años y en la soledad de un hospital de Chelsea, el escritor y periodista Manuel Chaves Nogales. A finales de 1936, desengañado y contrariado por el violento curso de los acontecimientos, abandonó España camino del exilio en Francia. No volvió más. Vivió en París hasta que en 1940, tras la ocupación alemana de Francia, prosiguió su destierro en Londres, ciudad en la que desarrolló una intensa labor cultural y periodística. Quienes han escrito sobre él se sorprenden y lamentan porque su nombre no figure ni en los manuales de historia literaria ni en los diccionarios de Literatura. En la obra de Chaves Nogales, quien fue un apasionado de la escritura, es difícil a veces precisar dónde acaba el periodista y dónde empieza el escritor.

Manuel Chaves Nogales nació en Sevilla en 1897. Tuvo un ambiente cultural y familiar favorable, su padre era también periodista y escritor y su madre concertista de piano. Así que no resulta extraño que desde muy joven se despertase en él la vocación por la escritura y por el periodismo. Colaboró, como redactor en varios periódicos, tanto en Sevilla como en Córdoba, donde se casó en 1921. Desde muy temprano se advierte en sus escritos periodísticos una innegable fuerza literaria. En 1920 publica Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos. En 1922 se traslada a vivir a Madrid, ciudad en la que residirá hasta que la abandone para marchar al exilio francés.


Chaves Nogales, "uno de los periodistas más brillantes de la República", en palabras de Aub -quizá convendría recordar que fue Premio Mariano de Cavia en 1927-, combinó, durante estos años, su labor como redactor en varios periódicos, con largos viajes que le servían para escribir después reportajes que unas veces se consumían en la prensa diaria y otras se reunían en forma de libro. En ese sentido, es memorable su viaje a la Rusia revolucionaria, que le ayudaría después en la redacción de su libro El maestro Juan Martínez que estaba allí, publicado en 1934 y en el que un bailarín de flamenco es testigo del momento de la revolución. Entre los periódicos en los que colaboró se encuentran Heraldo, La Acción y sobre todo, Ahora, del que llegó a ser director.

Chaves Nogales se definía como un "pequeño burgués liberal", así que los años de la República, con la que se comprometió y a la que apoyó desde el principio, fueron años de esperanza. En 1935 publicó uno de los libros que más fama le dieron, Juan Belmonte, matador de toros. Al estallar la guerra, después del golpe militar del 18 de julio, está en Madrid como director del diario Ahora. Un consejo obrero, en sus propias palabras, se incautó del rotativo y le mantuvo al frente de la publicación. Su distanciamiento tanto de los fascistas como de los comunistas, así como el clima de violencia y de desprecio hacia la vida humana le empujaron a un exilio del que ya no regresaría. Su libro más amargo sobre España lo publica en 1937 en Chile y lo titula A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, en él su prosa se sitúa a la altura de la de los mejores autores que han escrito sobre la guerra de España.


Tanto sus años en Londres como en París siguen siendo años de intensa actividad periodística e intelectual. Colabora en diarios como el Evening News y otros de ámbito latinoamericano como El Nacional de México o La Nación de Buenos Aires. Proyecta libros que el tiempo le impidió escribir, entre ellos una ambiciosa novela sobre los exiliados españoles y los refugiados del régimen nazi. En 1941 publicó en Montevideo La agonía de Francia, sobre la capitulación de Francia en 1940. En soledad, en fin, separado de su familia y en una tierra extraña le llegó la muerte a quien de haber vivido un tiempo menos turbulento habría sido reconocido como lo que siempre fue, un magnífico periodista y un gran escritor.

Nota. Este texto fue publicado en la revista de literatura Quimera.