jueves, 23 de octubre de 2014

El ojo de la aguja


Peligros de la riqueza.

Y echando en torno una mirada, dice Jesús a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente los que posean riquezas entrarán en el reino de Dios! Los discípulos se asombraban al oír estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra les dice: Hijos, ¡cuán difícil es que los que tienen puesta su confianza en las riquezas entren en el reino de Dios! Más fácil es pasar un camello por el ojo de la aguja que entrar un rico en el reino de Dios. 

San Marcos 10, 23-25.

martes, 14 de octubre de 2014

Tanka del olivo



TANKA DEL OLIVO

Echar raíces
sobre la tierra humilde
como el olivo
que en silencio agradece
el terrón que lo ampara.

Nota. La foto del olivo está tomada en el camino de Castelló d'Empúries, en la comarca del Alt Empordà, Girona.

viernes, 10 de octubre de 2014

Todo lo que ambiciono



"Las palabras amor, gloria, poesía, no me suenan ya al oído como me sonaban antes. He aquí, hoy por hoy, todo lo que ambiciono; ser un comparsa en la inmensa comedia de la humanidad y, concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida. Cada día me voy convenciendo más que de lo que vale, de lo que es algo, no ha de quedar ni un átomo aquí."

Guatavo Adolfo Bécquer, Desde mi celda. Cartas literarias, Col Austral nº 788, Espasa Calpe, Madrid, 1972, octava edición. La cita procede de la "Carta tercera", páginas 58 y 59. 

domingo, 5 de octubre de 2014

El Romanticismo: Duque de Rivas y Casalduero / y 3


[1] Esta es la situación trágica que descubre el romanticismo. No que el corazón tenga sus razones que la razón no entiende, como en el barroco; sino que el corazón tiene una fuerza que choca contra la razón, y aun sabiendo que acarrea la perdición del hombre, su magnetismo nos atrae y nos sentimos felices al vernos en medio de esa corriente de pasión que todo lo inunda y todo lo arrastra.

[2] El hombre romántico queda reducido a la mirada -ese paisaje del alma-.

[3] El sino es una fuerza ciega que se va apoyando en azares sin sentido. El romántico, lo único que puede hacer es seguir ese frenesí entre dos gritos: la maldición y la misericordia.

[4] El hombre romántico quiere ser él, romper cadenas que aprisionan su voluntad.

[5] Entre Dios y Luzbel, el hombre romántico siente que quien triunfa es el Malo. Incomprensiblemente, absurdamente Dios ha abandonado al hombre.

[6] Si el destino es una fuerza cuyo sentido nos escapa, el amor llega hasta la muerte. El amor romántico no florece en el jardín; su pasión, su ardor agosta todo lo que toca, convierte el edén en un desierto.

Aforismos procedentes del prólogo de Joaquín Casalduero a la edición de Don Álvaro o la fuerza del sino reseñada en dos entradas anteriores.

jueves, 2 de octubre de 2014

El Romanticismo: Duque de Rivas y Casalduero / 2



[1] La única ley romántica es la de la libertad: no son las formas las que se imponen al poeta, es el poeta el que las tiene sometidas a su sentimiento.

[2] En busca de lo natural y de la palabra adecuada, confían la exuberancia de sentimiento a un vocabulario sencillo. Le elevación poética la consiguen a fuerza de vehemencia y de exaltación.

[3] El error nos hace bordear el abismo y la razón nos salva. Ese conflicto ideológico es el origen del sentimiento dramático.

[4] Lo que va a mostrar el romanticismo es la supremacía de la pasión sobre la razón.

[5] Entre la sociedad y los deberes que impone y el amor, el hombre romántico sucumbe ante la pasión.

[6] Amor, venganza, la vida como impulso, como fuerza que arrastra sin saber adónde. La ternura, el cariño, los sentimientos nobles y delicados, todo es arrasado por un viento seco y desolador.

[7] El romanticismo es una de las varias épocas de la historia a las cuales les ha sido negada la felicidad. La claridad del siglo XVIII, su ideal de felicidad van a parar al mundo turbio y desdidachado del siglo XIX.

[8] La vida romántica es siempre un desesperado tender hacia.

Aforismos procedentes del prólogo de Joaquín Casalduero a la edición de Don Álvaro o la fuerza del sino reseñada en una entrada anterior.