jueves, 31 de diciembre de 2015

¡Feliz 2016!


Con esta imagen de la iglesia de Valverde del Fresno, entrañable lugar al que me siento muy ligado, quiero desear a todos los que os asomáis a estas páginas volanderas de literatura y vida que acaban de cumplir siete años, felicidad, bienestar y alegría en el año nuevo que está a punto de comenzar.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Un lago de clara mansedumbre: ¡Feliz Navidad!


Con este fragmento del poema de Leopoldo Panero "El templo vacío", perteneciente al libro Escrito a cada instante (1949), quiero felicitar, un año más, la Navidad a quienes pasáis por aquí con alguna frecuencia y a los que no lo hacéis, también. 

EL TEMPLO VACÍO (fragmento)

Soy el huésped del tiempo; soy, Señor, caminante
que se borra en el bosque y en la sombra tropieza,
tapado por la nieve lenta de cada instante,
mientras busco el camino que no acaba ni empieza.

Soy el hombre desnudo. Soy el que nada tiene.
Soy siempre el arrojado del propio paraíso.
Soy el que tiene frío de sí mismo. El que viene
cargado con el peso de todo lo que quiso.

Lo mejor de mi vida es el dolor. ¡Oh lumbre
seca de la materia! ¡Oh racimo estrujado!
Haz de mi pecho un lago de clara mansedumbre.
¡Señor, Señor! Desata mi cuerpo maniatado.

Nota. Cito el poema de Memoria del corazón (Antología poética), selección y prólogo de José Cereijo, Editorial Renacimiento, Sevilla, 2009, cita de las páginas 82-83. La ilustración de la entrada es una reproducción de "La Sagrada Familia" de El Greco, cuadro pintado entre 1586 y 1588. Está en el Museo de Santa Cruz, de Toledo. 

domingo, 20 de diciembre de 2015

Tanka de lo eterno


TANKA DE LO ETERNO

Vasto silencio
el viento en los olivos
gime y suspira
mi corazón se asombra
trémulo ante lo eterno.

Nota. Los olivos pertenecen a los campos que rodean San Martín de Trevejo, en Sierra de Gata. Tomé la foto en diciembre de 2013.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Pérez Galdós: "...por indecente"


Leyendo la novela Tormento, de don Benito Pérez Galdós, me doy de bruces con el adjetivo de la polémica y de la discordia. La familia Bringas se ha cambiado de domicilio al inicio de la novela y nos encontramos a don Francisco decorando una de las paredes de la sala con ciertas dudas acerca de dónde colgar los cuadros; esta es la escena:

A pesar de la superioridad del criterio decorativo de Bringas, este no se fiaba de sí mismo, y quería consultar con su mujer peliagudos problemas.
   - Rosalía..., ven acá, hija... A ver dónde te parece que coloque estos cuadros. Creo que el Cristo de la Caña debe ir al centro.
   - Poco a poco: al centro va el retrato de Su Majestad...
   - Es verdad. Vamos a ello.
   - Se me figura que Su Majestad está muy caída. levántala un poquito, un par de dedos.
    - ¿Así?
    - Bien.
    - ¿En dónde pongo a O'Donnell?
    - A ese le pondría yo en otra parte... por indecente.
    - ¡Mujer...!

Como puede advertirse, Rosalía, la mujer de Bringas, da prioridad al retrato de "Su Majestad", esto es, Isabel II, frente a la imagen de Jesús durante la Pasión. No debe pasarse por alto la ironía, o si se quiere la anfibología, de la oración "Su Majestad está muy caída", sobre todo si se tiene en cuenta la inminencia de la revolución de 1868, la que en tiempo de Galdós se llamaba "La Gloriosa". Pero hay que detenerse en por qué llama la de Bringas "indecente" al general Leopoldo O'Donnell. Mejor, en vez de explicarlo yo mismo, que reproduzca la nota a pie de página de la edición de Vicens Vives preparada por Teresa Barjau y Joaquim Parellada que ya fue motivo de una entrada anterior en este blog; dice así:

El general Leopoldo O'Donnell, líder de la Unión Liberal, fue uno de los dos jefes de gobierno que se alternaron en el poder durante el reinado de Isabel II. Al calificarlo de indecente, Rosalía repite la opinión de la reina Isabel II y de su camarilla, con quienes tanto se identifica. O'Donnell perdió el favor real en julio de 1866 tras dirigir la represión de la insurrección popular que siguió al motín de San Gil. Pese a que el general mostró una gran dureza con los rebeldes, Isabel II juzgó que la represión había sido insuficiente, así que apartó a O'Donnell del gobierno. El general murió al año siguiente, el 5 de noviembre, pocos días antes de que los Bringas se mudaran a la Costanilla de los Ángeles.

Sin comentarios. 

Nota. Ya se ve que el uso del adjetivo de la discordia tiene antecedentes regios y literarios ilustres. Si en el caso que nos ocupa fue la reina quién juzgó y decidió, que sean ahora los ciudadanos quienes lo hagan con su voto. Al hilo de la definición que da el diccionario de la RAE, acepción 4, del adjetivo decente -"digno, que obra dignamente"-, me pregunto si recortar a más de la mitad la ayuda a los dependientes es un acto decente, y por consiguiente digno, o más bien un acto al que habría que poner el prefijo negativo "in-" a los adjetivos de marras para calificarlo. Que juzgue cada cual. Me gustaría recordar, finalmente, la figura del expresident Pujol, asomado al balcón del Palau de la Generalitat, sede del gobierno autonómico, en la Plaza de Sant Jaume" de Barcelona, vociferando, al calor del caso Banca Catalana, la histórica frase: "el govern ha fet una jugada indigne" ["el gobierno (socialista) ha hecho una jugada indigna" (indecente)]; no sé si con lo que ha ocurrido recientemente, esta rotunda afirmación del expresident se sostiene; en cualquier caso, nadie se rasgó las vestiduras entonces.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Ediciones

 
 
Max Aub: Enero sin nombre. Los relatos completos del Laberinto mágico.
Presentación de Francisco Ayala. Selección y prólogo de Javier Quiñones. Col. Alba Literaria nº 8. Editorial Alba, Barcelona, 1995, 499 pp.
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Max Aub: Aforismos en el laberinto
Prólogo de José Antonio Marina. Edición, introducción y selección de Javier Quiñones.
Col. Aforismos nº 30, Editorial EDHASA, Barcelona 2003, 181 pp.
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Varios autores: Solo una larga espera. Cuentos del exilio republicano español.
Edición, selección y prólogo de Javier Quiñones. Col. Reloj de arena nº 15, Editorial Menoscuarto, Palencia, 2006, 324  pp.
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Max Aub: Todo es vida. Elogios y alabanzas.
Edición, selección y prólogo de Javier Quiñones. Fundación Max Aub, Segorbe, Castellón, 2009, 84 pp.
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viernes, 11 de diciembre de 2015

Fátima Mernissi: aforismos

 


[1] No hay que admitir nunca la superioridad masculina, porque es absurda y absolutamente antimusulmana: Alá nos hizo a todos iguales.

[2] Hay que aprender a gritar y a protestar, del mismo modo que se aprende a caminar y a hablar. Llorar cuando te ofenden es como pedir más.

[3] ¿Somos musulmanas o no? Si lo somos, todo el mundo es igual. Alá así lo dijo. Y lo mismo predicó Su profeta. Nunca hay que aceptar la desigualdad, porque no es lógica.

[4] Todos los seres humanos son iguales, sin que importe el dinero que tengan, su origen, el lugar que ocupen en la jerarquía, ni cuáles sean su idioma y su religión. Si se tienen dos ojos, una nariz, dos piernas y dos manos, entonces uno es igual que todos los demás. 

[5] Cuando vas a emprender una aventura, no tienes que considerar el principio sino el final. Así que cuando te entren deseos de volar, piensa cómo y dónde acabarás.

[6] Una persona es feliz cuando se siente bien, alegre, creadora, satisfecha, amorosa, amada y libre. Una persona infeliz tiene la sensación de que existen barreras que aplastan los deseos y talentos que posee.

[7] Los sueños pueden cambiar la vida y, a la larga, el mundo.

[8] La peor de las prisiones es la que uno mismo se crea.

[9] Las vidas de las feministas parecían tratar todas de luchas y matrimonios desgraciados, nunca de momentos felices, noches maravillosas o lo que fuera que les diese fuerza para seguir adelante. Si alguna vez dirigía alguna batalla por la liberación de la mujer, no olvidaría la sensualidad. ¿Para qué rebelarse y cambiar el mundo si no puedes conseguir lo que le falta a tu vida? Y lo que le falta más claramente a nuestras vidas es amor y lujuria. ¿Por qué organizar una revolución si el nuevo mundo va a ser un desierto emocional?

[10] Es cierto que si no posees el poder, un simple sueño no transforma el mundo ni hace desaparecer los muros, pero te ayuda a conservar la dignidad.

Nota. Hace unos días falleció Fátima Mernissi. Sueños en el umbral, libro editado por Muchnik Editores en marzo de 1995, en traducción del inglés de Ángela Pérez, es una de las memorias de infancia más hermosas que he leído y desde luego, ni por su estilo ni por su contenido, el libro dejará indiferente al lector que se acerque a él. En este tiempo en que la tolerancia, pero también la lucidez, la claridad de ideas y la valentía, son tan necesarias, dejo aquí como homenaje  a la mujer y a la escritora estos aforismos intratextuales, todos ellos pertenecientes al libro mencionado. Me uno al dolor de sus familiares y amigos. Descanse en paz.

martes, 1 de diciembre de 2015

El bien y la bondad


A Leonardo, con el paso de los años, parece que se le acaban los calificativos para condenar la violencia. Ya no sabe qué decirles a sus jóvenes alumnos ante la abrumadora presencia del mal, del sinsentido del mal, que solo engendra violencia y más violencia. Es como si las palabras utilizadas tantas veces para condenarla hubieran perdido ya su sentido, su fuerza, como si no sirvieran para nada. Pero escarba en sus libros, lee, relee y busca textos que afirmen y justifiquen que el bien existe y la bondad también, que no todo está perdido, que somos capaces de lo peor, pero también de lo mejor. De modo que aquella mañana de otoño, cuando aún estaba vivo el rescoldo del dolor por la muerte de tantos seres inocentes, puso en su cartera un libro voluminoso, Vida y destino, del escritor ruso Vasili Grossman, y se dirigió a clase como cada lunes. Al empezar, sus alumnos esperaban con los ojos velados aún por el sueño, sus palabras sobre lo ocurrido aquel fin de semana. Leonardo, sin previo aviso, sacó el libro de su cartera y se dispuso a leer:

El bien no está en la naturaleza, tampoco en los sermones de los maestros religiosos ni de los profetas, no está en las doctrinas de los grandes sociólogos y líderes populares, no está en la ética de los filósofos. Son las personas corrientes las que llevan en sus corazones el amor por todo cuanto vive; aman y cuidan de la vida de modo natural y espontáneo. Al final del día prefieren el calor del hogar a encender hogueras en las plazas.

Así, además de ese bien grande y amenazador, existe también la bondad cotidiana de los hombres. Es la bondad de una viejecita que lleva un mendrugo de pan a un prisionero, la bondad del soldado que da de beber de su cantimplora al enemigo herido, la bondad de los jóvenes que se apiadan de los ancianos, la bondad del campesino que oculta en el pajar a un viejo judío. Es la bondad del guardia de una prisión que, poniendo en peligro su propia libertad, entrega las cartas de prisioneros y reclusos, con cuyas ideas no congenia, a sus madres y mujeres.

Es la bondad particular de un individuo hacia otro, es una bondad sin testigos, pequeña, sin ideología. Podríamos denominarla bondad sin sentido. La bondad de los hombres al margen del bien religioso y social.

"Lo que cuenta, pues -dice Leonardo-, lo único que se me ocurre recomendarles, es que hagan el bien -recuerden que para Sócrates el bien es un estado del alma-, por pequeño que sea su alcance, hagan el bien, cada uno en lo suyo y eviten el mal, que nos ahoga y nos desborda, que nos deja el corazón frío, como las estrellas que tiritan en el cielo en una noche de invierno; recuerden también que Vida y destino, una gran novela, se centra en la batalla de Stalingrado, la más sangrienta y dura de las acaecidas durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la mortandad fue altísima, no lo olviden."

Nota. Cité el libro de Grossman,  Vida y destino, en marzo de 2009, en otra entrada que ahora enlazo para quien esté interesado. La fotografía está tomada en la Capella de la Escola Industrial de Barcelona.

sábado, 21 de noviembre de 2015

De envidia, viento y sombra: los celos en Lope de Vega



En El caballero de Olmedo puso Lope estos versos en boca del personaje Fernando, noble y cómplice de ese amante torpe llamado don Rodrigo, quien se muere de celos hacia don Alonso porque doña Inés no le hace el más mínimo caso. Lope bucea una vez más en el alma humana y se muestra como lo que era, un gran poeta y un sutil analista de las pasiones provocadas por el amor, unos de los temas centrales de su obra:


FERNANDO

Son celos, don Rodrigo, una quimera
que se forma de envidia, viento y sombra,
con que lo incierto imaginado altera;
una fantasma que de noche asombra,
un pensamiento que a locura inclina,
y una mentira que de verdad se nombra. 

Obra narrativa

                                        


                                                                      Arana
                        Editorial La Fragua del Trovador
                         Zaragoza, 2021, 207 pp.    
                            ________________________________________________________               


                                            

                                           El hijo del guarda
(Una elegía de la Guerra Civil en Sierra de Gata)
Col. de Narrativa, Muñoz Moya Editores,
Sarrión (Teruel), 2015, 271 pp.
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                                             Max Aub, novela
                                 Editorial Edhasa, Barcelona,
                                             2007, 575 pp. 
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El final del sueño
Col. Los Cinco Elementos nº 24, DVD Ediciones
Barcelona 2002, 201 pp. 
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Nada que no seas tú
Col Alba joven nº 18
Editorial Alba, Barcelona, 1999, 220 pp.
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     Años trunfales. Prisión y muerte de Julián Besteiro

Presentación de Camilo José Cela, Premio de Novela Ciudad de Barbastro 1997, Col. Alba Literaria nº 31, Editorial Alba, Barcelona, 1998, 223 pp.
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De ahora en adelante
Col. Alba joven nº 4
Apéndice de Joaquim Parellada
Editorial Alba, Barcelona, 1995, 219 pp.
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De libertad tendidas mis banderas
Premio Internacional de Cuentos "Max Aub" 1992
Colección Max Aub de narrativa breve
Excmo. Ayuntamiento de Segorbe (Castellón) 1993
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lunes, 9 de noviembre de 2015

Donde habita el olvido: la estación de Tordesalas en otoño


El corte exacto de los raíles, que ya no llevan a ninguna parte, deja una cicatriz abierta sobre la tierra. La sosegada luz de la tarde de otoño se posa con nostalgia sobre los travesaños y las piedras, sobre la maleza y las carrascas, sobre los montes grisáceos a lo lejos: placidez dormida en la soledad del paisaje. 


Tordesalas es ya, como su estación inservible, que resiste en pie desafiando a los elementos y al paso del tiempo, un pueblo abandonado. Con todo, las estadísticas que consulto me hablan de cinco habitantes en el año 2014.


La maleza lo invade todo. Los huecos de las ventanas, los umbrales de las puertas que ya no existen, el letrero que resiste anclado en la pared señalando la altitud del lugar 1066,2 metros sobre el nivel del mar, ¡qué lejos del mar está esta tierra árida y seca, donde el otoño es tan dulce y los inviernos tan largos!, los andenes derruidos, las vías desaparecidas en este tramo, el tejado que se resiste a dejar a la intemperie a las paredes que heroicamente siguen en pie, todos me están hablando en la tarde de otoño en que los contemplo de la fugacidad del tiempo, de la brevedad de la vida, que se escapa a cada momento por esas vías que ya no llevan a ningún lugar.


El edificio de la estación y el árbol cuya sombra apenas cobija se integran en la naturaleza que los envuelve y los rodea bajo el cielo de la tarde de octubre. Son como un vestigio del pasado, cuando la vida no pasaba de largo por estos lugares.


El milagro de la naturaleza hace que de una vieja carrasca, de una encina que apenas llega a serlo, brote el humilde fruto, hermosas bellotas en la rama, como el que don Quijote toma en su mano cuando, ante los pastores que no le escuchan vencidos por el sueño, pronuncia para nadie su inolvidable "Discurso de la Edad de Oro". Pienso por un instante, entre la luz declinante del atardecer, en esta nuestra edad de hierro, y como el hidalgo me asombro de que se rinda ciega pleitesía a la técnica como a un moderno becerro de oro y se echen en el abandono lugares tan hermosos como estos.


Es hora de seguir camino, Barcelona queda lejos aún, tan lejos como atrás han quedado Valverde del Fresno y la Sierra de Gata. La ruta, por la nacional 234, me ha llevado a cruzarme de nuevo con los restos de esta clausurada línea de tren sobre la que ya escribí en este blog. Pueblos deshabitados, estaciones en desuso que aún se mantienen en pie como testigos del pasado, de un tiempo que se fue sin remedio y dejó este paisaje abandonado a su soledad y desamparadas estas hermosas tierras de España, tan austeras, tan entrañables, tan dulces al recuerdo. 


Nota. Las fotografías fueron tomadas a primera hora de la tarde del domingo 25 de octubre de 2015, en el trayecto del viaje de regreso a Barcelona desde Sierra de Gata entre Soria y Calatayud, en la nacional 234.

domingo, 1 de noviembre de 2015

El sueño igualitario: entrevista



Desde La Librería de Cazarabet, Mas de las Matas, Teruel, para El Sueño Igualitario, Memoria en Campo Abierto, me hacen una entrevista a raíz de la publicación de El hijo del guarda que dejó aquí para quien esté interesado.

lunes, 26 de octubre de 2015

Otoño en Sierra de Gata: gracias, Valverde


Quiero con esta entrada agradecer a todas las personas que me acompañaron el sábado 24 de octubre en la presentación de El hijo del guarda su asistencia al acto. Gracias, de corazón. Para mí fue muy emotivo, sentí muy de cerca el calor de las personas que ya considero mis amigos. Reproduzco aquí este breve pasaje de la novela en el que el narrador habla del paisaje de la Sierra de Gata en la primavera de 1936:

Cae la lluvia mansamente, como si no quisiera maltratar ni la tierra ni los árboles ni los campanarios de las iglesias ni los rojos tejados de las casas.
     Cae la lluvia sobre la Sierra de Gata y empapa los campos y las dehesas para que la tierra sea fértil y dé generosa los frutos que alimentan a los hombres.
     Cae la lluvia sobre los caminos y las casas solitarias, sobre las huertas y los corrales. Cae la lluvia sobre la tierra callada, que no sabe de caciques ni de luchas obreras ni de revoluciones ni de violencias.
     Cae la lluvia y la Sierra de Gata se encoge sobre sí misma, tiritando de frío, sin saber que el conflicto está a punto de estallar y que no será agua lo que empapará sus campos en pocas semanas.
     Cae la lluvia sobre el sosegado corazón de los hombres de bien, de los hombres de paz, que ignoran lo que en nada se les vendrá encima. Cae la lluvia y es todavía una lluvia de esperanza que reverdece la vida y llena de nostalgia el paisaje. Cae la lluvia sobre la Sierra de Gata.

Nota. La fotografía fue tomada a primera hora de la mañana del domingo 25 de octubre en la carretera de San Martín de Trevejo a El Payo.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Presentación en Valverde del Fresno



Dejo este enlace para quien quiera leer este artículo publicado en Sierra de Gata Digital y reproducido en el blog de Antonio Corredera Un sitiu valverdeiru, al que también se puede acceder desde los "enlaces" de este blog.

jueves, 15 de octubre de 2015

El hijo del guarda


TEXTO DE LA CONTRAPORTADA

El hijo del guarda se inicia cuando, tras la muerte de su padre, el escritor Javier Quiñones decide escribir una narración centrada en su figura. Pone en marcha para ello un proceso de indagación que le revelará la existencia de un pasado del que lo desconoce casi todo. Descubre así que su padre, a quien recuerda en los años de niñez siempre con el uniforme de comandante del Ejército del Aire, participó en la campaña electoral a favor del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 y fue el fundador de la Juventud Socialista en Valverde del Fresno, pueblo de la Sierra de Gata. Tras el triunfo del Alzamiento, fue encarcelado en Coria, donde estuvo en trance de perder la vida con solo diecisiete años. Al hilo de la investigación, el escritor conoce también la violenta historia de lo ocurrido en los pueblos de esa hermosa comarca cacereña durante las primeras semanas de la Guerra Civil

Con estos mimbres, procedentes de la memoria familiar y colectiva, se urde la trama narrativa que conforma esta elegía, en la cual, orillando los límites de los géneros literarios, se entrevera el proceso de indagación con las voces apagadas de quienes fueron protagonistas de aquellos hechos.

Javier Quiñones ha escrito un libro estremecedor, una elegía en la que, cual desolado Eneas, desciende al reino de las sombras para rescatar la figura de su padre y devolverla, gracias al poder evocador de la literatura, esclarecida en las páginas de este emotivo libro, en el que desvela, setenta años después, las claves de un pasado que le fue ocultado, el de su progenitor y el de muchos otros que, como él, se convirtieron, en aquellos trágicos días, en soldados a la fuerza.

Javier Quiñones, El hijo del guarda (Una elegía de la Guerra Civil en Sierra de Gata), Col. de Narrativa, Muñoz Moya Editores, Sarrión, Teruel, septiembre de 2015, 277 pp.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Tanka del árbol en otoño



TANKA DEL ÁRBOL EN OTOÑO

Y de repente
mientras muere la tarde
un árbol solo
batido por el viento
que araña el horizonte.

Nota. La foto de este árbol la tomé en un pueblo aragonés, al que siempre acabo por volver, días antes de que empezara el otoño.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Azorín: maneras de leer


En su libro Lope en silueta, nos deja Azorín estos sabios consejos acerca de la lectura o de cómo debemos afrontar la lectura:

Comencemos a leer. ¿Podemos leer en silencio, en la soledad, apartados del tráfago humano, entregados a nosotros mismos? Pues leamos así, que es la mejor manera de leer. No pensemos en que leemos para enterarnos, para saber, para hacer crítica luego. Si leemos con estos propósitos, no nos apropiaremos la sustancia de la obra. Nos hallaremos en guardia, vigilantes, para que no pase inadvertido lo que debemos aprehender. Esta actitud de rigidez nos impedirá abandonarnos a la obra, entregarnos total y definitivamente a Lope. Gozaremos, entregados a la obra, de lo que debemos gozar, sin miedo a que esto que nos gusta no guste a los críticos. Esquivaremos lo que debemos esquivar, sin temor a que con ello se indignen los cultos. Y poco a poco, en la soledad y en el silencio, Lope irá entrando en nosotros. Y luego, tal vez, empapados de Lope, vibrante aún nuestra sensibilidad, diremos del poeta cosas que los demás no dicen, y acaso también sonreiremos de las cosas que los agudos y sabihondos críticos ponderan.

Donde Azorín dice Lope, podemos nosotros poner el nombre del autor, o autora, que nos guste y sin necesidad de llegar a tanto, esto es, a decir cosas que nadie dice, la lectura habrá sido "dulce y útil", a la manera de Horacio.  

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La claridad metafísica de Ruiz-Borau


Escribía en su tiempo don Antonio Machado que era "poco sensible a los primores de la forma, a la pulcritud y pulidez del lenguaje, y a todo cuanto en literatura no se recomienda por su contenido". Señalaba también que en la metáfora genuinamente poética subyacen tres elementos: intuición, emoción y "relación necesaria con una experiencia humana compartida para evitar la excesiva subjetividad". Esa poética machadiana parece estar en la base de la manera de entender la poesía de Alberto Ruiz-Borau; así, en el breve prólogo de la obra, dice el autor: "es [la mía] una poesía que no busca la sonoridad de las palabras, sino que define sentimientos".

En sus poemas, que el propio autor califica como "gritos silenciosos en busca de respuestas", Ruiz-Borau reflexiona sobre las inquietudes existenciales que acompañan la vida de los seres humanos desde la noche de los tiempos: el sentido del vivir, la muerte, la vida después de la muerte, el paso del tiempo, la llegada de la vejez... Pero Ruiz-Borau no es un filósofo metafísico, sino un poeta que indaga en el sentimiento y lo expresa con la máxima claridad, siguiendo el viejo canon renacentista de escribir sin afectación, con naturalidad, para que cualquier lector, incluso quienes no leen poesía habitualmente, lo puedan entender:

LA VIDA
La vida es un sueño
que se sueña al revés
primero se despierta
y se duerme después.

Hay en el libro un tono melancólico y elegíaco, hasta cierto escepticismo producido por el paso del tiempo, pero no hay desesperanza. La posición del autor frente a estos asuntos de tanto calado humano está dominada por el sosiego, por la cordialidad, por la naturalidad con la que se acepta que no hay respuestas para este tipo de preguntas y que por mucho que busquemos, al final hemos de acabar reconociendo que sobre eso, la trascendencia del ser humano, no sabemos nada: "Y es que nada sabemos del porqué / ni para qué vivimos. / Si miro el cielo: Vacío, / soles que arden y se extinguen, / infinito y caos, eso veo. / Si me preguntáis qué siento / os confesaré que es miedo".

Los recuerdos lejanos de la infancia, perdidos en el tiempo, son un motivo temático muy presente en el libro, como también lo es la noche, la contemplación del cielo estrellado. En un magnífico poema dedicado a Mercedes Dieste, niña también, como Ruiz-Borau, de la Guerra Civil, evoca el poeta aquellos años duros: "Abel fueron los niños que aventó la guerra / a los cuatro puntos cardinales / las madres / que alimentan a sus hijos / con sopa de centeno / y lloran a escondidas / mientras gotea un tiempo / de días amarillos / que parecen eternos, / aunque no es cierto".

Notable es también la "Elegía" que el autor dedica a la muerte de uno de sus hermanos. En el libro hay hermosos poemas de amor y algún autorretrato, como el titulado "Ayer y hoy", en el que poeta nos da la visión que de sí mismo tiene ahora: "Ahora soy alguien / que camina con sosiego / acompañado de un perro, / y que va buscando el sol / en las mañanas de invierno, / que de bienes y de amigos, / está viviendo de restos / y que lleva en los oídos / canciones de un tiempo viejo".

Polvo de estrellas (2013) es un hermoso libro de poemas con una escritura diáfana y un contenido que se va filtrando, en cada verso leído, sosegadamente en el alma. 

Nota. Alberto Ruiz-Borau nació en Barcelona en 1928. Es hijo del escritor aragonés José Ramón Arana (José Ruiz Borau) y de Mercedes Gracia Argensó. Ha escrito desde siempre, pero publica desde no hace mucho. Se autoeditó sus obras durante años, pero de un tiempo a esta parte publica en la editorial aragonesa "La fragua del trovador". Es narrador y novelista y entre sus obras destaca La piel de la serpiente (edición del autor, 2001). Es autor, entre otras obras, de la novela El año que perdí el otoño (2007) y de Leyendas de la Jacetania y otros cuentos (2010), editadas por la editorial mencionada. Polvo de estrellas se publicó en 2013 y se hizo una lectura pública, acompañada de música, en el Club de Lectura de la Biblioteca de San Mateo de Gállego, lugar de residencia del autor.

viernes, 4 de septiembre de 2015

La buena gente de Valverde


Suelen escritores e historiadores, cuando se documentan para preparar un libro, recurrir a los testimonios orales, a la memoria viva, de las personas que tienen información sobre aquello en lo que están trabajando. Acostumbran, cuando el libro se publica, a poner una nota de agradecimiento general a todos los que les han ayudado en esa tarea. Es lo frecuente, lo que suele hacerse.

Hoy quiero, sin embargo, dedicar esta entrada a la memoria de mi amigo, como tal me trató cuando lo conocí, Florencio Pereira. Cuando lo visité en Valverde buscando información sobre mi padre, me acogió en su casa y me contó cuanto recordaba de sus propias vivencias y también lo que su padre le había contado del mío y de mi abuelo. No solo eso, sino que me regaló una copia de un DVD en el que aparecía mi padre junto a Pablo Castellano e Ignacio Gallego en un mitin unitario de la izquierda celebrado en Valverde del Fresno en febrero de 1978. Después le escribí agradeciéndole su cálida acogida y le hice llegar un ejemplar de mi novela sobre Julián Besteiro.

Ahora no podrá ver el fruto de aquella investigación en el pasado familiar y colectivo de ese pueblo de la Sierra de Gata, que finalmente se ha convertido en mi nuevo libro, porque ha fallecido después de una larga enfermedad que arrostró con gran dignidad y entereza. Gracias, Florencio, donde quiera que estés, por tu hospitalidad y por tu generosidad. Me sumo desde estas páginas, aunque sea a destiempo, al dolor de tu familia y de tus amigos.

Nota. La foto la tomé en casa de Florencio, en Valverde, a finales de diciembre de 2013.