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jueves, 30 de noviembre de 2017

Fernando de Rojas: diatriba contra el amor

 

De diatriba contra el amor podrían calificarse las palabras con que Pleberio se refiere a la tragedia de la muerte de su hija en el planto que cierra la extraordinaria obra de Rojas. Estas son algunas de ellas:

¡Oh amor, amor, que no pensé que tenías fuerça ni poder de matar a tus subjectos! (...) ¿Quién te dio tanto poder? ¿Quién te puso nombre que no te conviene? Si amor fuesses, amarías a tus sirvientes; si los amasses, no les darías pena; si alegres viviessen, no se matarían como agora mi amada hija. (...) Bienaventurados los que no conociste o de los que no te curaste. Dios te llamaron otros, no sé con qué error de su sentido traídos. Enemigo de toda razón, a los que menos te sirven das mayores dones, hasta tenerlos metidos en tu congoxosa dança. (...) Ciego te pintan, pobre y moço. Pónente un arco en la mano con que tires a tiento. Tu fuego es ardiente rayo que jamás haze señal do llega. La leña que gasta tu llama son almas y vidas de humanas criaturas.

Laméntase Pleberio de que la falsa alcahueta Celestina muriese a manos de los criados de Calisto, Pármeno y Sempronio, que a su vez fueron degollados; Calisto murió despeñado y Melibea  "quiso tomar la misma muerte por seguirle". Eso es lo que provocan los excesos de amor. "Dulce nombre te dieron, se queja Pleberio, amargos hechos hazes." 

Nota. La foto la tomé, en los últimos días del año 2013, en la Plaza Mayor de Cáceres.

jueves, 5 de junio de 2014

Subí para descender: de Petrarca a Fernando de Rojas


En las Epístolas familiares, reflexionando sobre la idea de la mudanza que en nosotros hace el tiempo, escribe Petrarca: "Sé que subo para descender, florezco para secarme, crezco para envejecer, vivo para morir." En La Celestina, siguiendo la misma idea, la de que "es ley de fortuna que ninguna cosa en un ser mucho tiempo permanesce: su orden es mudanças", pone Rojas en boca de Celestina la siguiente reflexión:

Cerca ando de mi fin. En esto veo que me queda poca vida. Pero bien sé que sobí para descender, florecí para secarme, gozé para entristecerme, nascí para vivir, viví para crecer, crecí para envejecer, envejecí para morirme.

Condición inexorable, pues, es consumirnos en el tiempo inermes ante sus mudanzas...

Nota. La foto la tomé en Portbou.

viernes, 31 de agosto de 2012

Fernando de Rojas: sentencias breves



Es forçoso el hombre amar a la mujer y la mujer al hombre.

El que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulçura del soberano deleite.

¿No vees tú que es necedad o simpleza llorar por lo que con llorar no se puede remediar?

Los peregrinos tienen muchas posadas y pocas amistades.

La natura huye lo triste y apetece lo delectable.

De los hombres es errar, y bestial es la porfía.

A quien dizes el secreto, das tu libertad.

No es cosa más propia del que ama que la impaciencia; toda tardança les es tormento; ninguna dilación les agrada.

Todo es assí, todo passa desta manera, todo se olvida, todo queda atrás.

Todo lo puede el dinero: las peñas quebranta, los ríos passa en seco, no hay lugar tan alto que un asno cargado de oro no suba.

Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan moço que hoy no pudiesse morir.

La prolixidad es enojosa al que oye y dañosa al que habla.

Es menester que ames si quieres ser amado.

A las obras creo, que las palabras de balde las venden dondequiera.

La mocedad ociosa acarrea la vejez arrepentida y trabajosa.

El plazer no comunicado no es plazer.

La necesidad y pobreza, la hambre, que no hay mejor maestra en el mundo, no hay mejor despertadora y avivadora de ingenios.

Nunca alegre vivirás si por voluntad de muchos te riges.

El tiempo, según me parece, se nos va, como dizen, dentre las manos. Corren los días como agua de río; no hay cosa tan ligera a huir como la vida.

Ninguna virtud hay tan perfecta que no tenga vituperadores y maldizientes.

Vale más un día del hombre discreto que toda la vida del necio y simple.

Cuando el coraçón está embargado de passión, están cerrados los oídos al consejo, y en tal tiempo las fructuosas palabras, en lugar de amansar, acrecientan la saña.


Nota. Que los clásicos son un pozo de sabiduría, una escuela de vida y un acicate para el conocimiento lo demuestra sobradamente la obra de Fernando de Rojas La Celestina. Releyéndola, lápiz en mano, en las plácidas horas de sol junto al mar y en el preludio de la siesta sosegada, me encuentro con estas, y muchas otras que no puedo incluir ahora, sentencias breves que traigo aquí para quien pase por estas páginas volanderas y quiera leer al menos una de ellas, vale la pena.