viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes



Muere Miguel Delibes en la esperanza de encontrar a Cristo en la última vuelta del camino, en la confianza de que será recordado como un buen hombre, buena gente, y en la seguridad de que llegó hasta donde pudo en el mundo de la literatura, pero que en cualquier caso llegó muy lejos.

Me golpea en esta mañana lluviosa una vez más en Barcelona la noticia del fallecimiento del escritor. Caigo en la cuenta de que su vida ha sido paralela a la de mi padre, nacieron con meses de diferencia y han muerto ambos con un intervalo de poco más de mes y medio. Echo la vista atrás y advierto que los libros de Delibes me han acompañado siempre y que he debido leer la casi totalidad de su obra narrativa; con todo, tengo pendiente la lectura, aunque muchos de los cuentos ya los leí en los volúmenes sueltos cuando se publicaron en su día, de Viejas historias y cuentos completos que publicó en 2006 Menoscuarto, en la colección “Reloj de arena”, que dirige Fernando Valls, con un estupendo prólogo de Gustavo Martín Garzo. Traigo este libro aquí porque fue el último suyo que compré. Lo empezaré a leer hoy como homenaje secreto a este escritor a quien tanto queremos y admiramos todos en casa. Lo he dicho en múltiples ocasiones: el mejor homenaje que se le puede tributar a un escritor es leer lo que escribió.

Adiós, maestro. Si llega mi humilde voz hasta donde quiera que esté en este momento, me gustaría que supiera que hasta el día de hoy he hecho leer sus novelas a muchos jóvenes que ya ni siquiera conocen el santo de su nombre. Ojalá la esperanza de la que hablaba arriba se cumpla. Tenga, no obstante, la seguridad de que le recordaremos como un hombre de bien y como un extraordinario escritor, cuya obra está llamada a quedar, a vencer al tiempo y a la muerte despiadada que por no hacer mudanza en su costumbre hoy, a las siete de la mañana, ha puesto el punto final a una vida cumplida, plena y de la cual serán testimonio eterno sus muchos libros.

Nota. La foto del escritor está tomada de hola.com, la de la portada del libro de la página web de la editorial Menoscuarto. La esperanza, la confianza y la seguridad de que se habla en el primer párrafo son expresiones del propio Delibes, manifestadas en la última entrevista que concedió hace un tiempo a la televisión y que hoy ha rescatado CNN+ en sus primeros informativos de la mañana.

jueves, 11 de marzo de 2010

El desamor


- Es preciso que nos separemos.
- Perdona, pero no te entiendo.
- Me duele decírtelo así, de sopetón, pero me he enamorado y quiero a otra persona.
- Me sorprende, a estas alturas, la verdad.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada por evitarlo, las cosas son así.
- Y qué piensas hacer.
- Separarme de ti.
- Querrás decir de nosotros.
- No, de mis hijos nunca podré separarme. Hemos de hablar para arreglar ese asunto.
- Está bien, lo arreglaremos, pero déjame decirte que si esa es tu decisión creo que te arrepentirás.
- Eso ya se verá.
- Ya lo creo que se verá. No podrás evitar que te remuerda la conciencia. No se pueden arrojar casi cuarenta años de vida en común por la borda, como quien se libera de un fardo pesado que le lastra.
- Te ruego que no me hagas recriminaciones morales, entre nosotros están fuera de lugar.
- Lo siento, perdona. ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Adelante.
- ¿Cuánto tiempo crees que tardará en esfumarse la ilusión, en volverse vieja la novedad?
- Eres incapaz de entender nada.
- Es posible, pero me cuesta trabajo aceptar, porque en cierto modo me desconcierta, que a nuestra edad puedas ilusionarte por otra persona hasta el punto de dar el paso que vas a dar.
- ¿Por qué?, si puede saberse.
- Porque ambos, aunque tú te engañes y no lo quieras ver, hemos empezado ya a envejecer y no deja de parecerme un rasgo de ingenuidad esa pretensión de felicidad tuya.
- Ingenuidad por qué.
- Porque esa relación que has iniciado es una relación sin futuro, le faltará tiempo.
- No te sigo.
- No me hagas ser más explícito, no me gustaría tener que señalar lo obvio.
- Entiendo, te refieres a la edad.
- No sólo a eso.
- Entonces a qué.
- A que no te será fácil borrar el peso de la memoria, de la historia compartida, de los proyectos de vida en común que ahora van a quedar truncados, de lo que me decías tantas veces acerca de ver crecer a nuestros hijos y acompañarles en el camino que escojan.
- He valorado todo eso y pesa más mi decisión de no renunciar a la posibilidad de volver a ser feliz.
- ¿Acaso no eras feliz con nosotros?
- No pluralices, una cosa son nuestros hijos y otra eres tú.
- De acuerdo, ¿entonces no eras feliz conmigo?
- Nuestra relación se estancó, se ahogó en el mar de las rutinas y de las obligaciones.
- Y para solucionarlo decides romper con todo.
- A veces no queda otro remedio.
- Te veo muy segura.
- Lo estoy.
- En ese caso sólo me queda desearte buena suerte.
- Lo siento, de verdad.
- Más lo siento yo, estaba tan hecho a la idea de envejecer a tu lado.
- No me lo pongas más difícil.
- No era mi intención, pero déjame decirte que me decepciona que, a pesar de los pesares, no renuncies al viejo cuento de la felicidad.
- Hay cosas a las que ni se puede ni se debe renunciar y, perdona, pero ya no me importa decepcionarte.
- Insisto, me hubiera gustado envejecer y morir a tu lado, pero no te preocupes, buscaré la forma de sobreponerme.
- Confío en que con el tiempo llegues a entenderme.
- Tal vez...


Nota. El cuadro de Magritte que ilustra esta entrada se titula “Los amantes”.

jueves, 4 de marzo de 2010

Cervantes: un microrrelato y cinco aforismos



“Enorgullecíase Cervantes de haber sido el primero en novelar en lengua castellana, refiriéndose, claro está, al término “novella” que, procedente del italiano, designaba un tipo de relato breve y empezaba a introducirse entonces en la lengua. Se refería el gran escritor a sus “Novelas ejemplares”, que vendrían a coincidir con lo que se llama hoy novela corta. Pues bien, de igual modo, hubiera podido ufanarse nuestro autor de haber utilizado antes que nadie un género narrativo ahora muy en boga y de complicada denominación, aunque tienda a imponerse la de microrrelato.”

A Leonardo le gusta a veces establecer relaciones un poco traídas por los pelos, inestables como pompas de jabón sobre el vacío, frágiles como los hilos con los que las arañas tejen sus mortales celadas a los insectos. Juega de ese modo con la historia literaria, se muestra irrespetuoso con los géneros, trata de despertar la curiosidad de sus jóvenes alumnos por el hecho literario.

“Pródigo como fue siempre a la hora de mostrar sus dotes narrativas, en el “Prólogo” a la Segunda Parte de don Quijote nos dejó no uno, sino dos cuentos breves que utilizó para arremeter contra el falsario que le robó los personajes y le llamó viejo y manco entre otras lindezas. Este es el cuento en cuestión:


CUENTO CON PERRO Y LOCO

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro, y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió una vara de medir, y salió al loco, y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía:

- Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?

Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito y sin querer atreverse a descargar la piedra, decía:

- Este es podenco: ¡guarda!

En efecto; todos cuantos perros topaba, aunque fueran alanos, o gozques, decía que eran podencos; y así, no soltó más el canto.

“No sólo arremete contra el falsario sino que el hecho le sirve, cómo no podía ser de otro modo tratándose de Cervantes, en el mismo prólogo y en los primeros capítulos de la Segunda Parte, cuando se habla en ellos de las aventuras de la Primera Parte, que ya corren impresas de boca en boca y son de todos conocidas y celebradas, le sirve, digo, para reflexionar con sosiego sobre el hecho literario y así nos deja Cervantes estos cinco aforismos que ahora les quisiera hacer llegar, tomen ustedes nota –y dictaba Leonardo a sus aplicados alumnos:


CONSEJOS DE ESCRITURA

1. No se escribe con las canas sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

2. Para componer historias y libros de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento.

3. No hay libro tan malo que no tenga algo de bueno.

4. Es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente a todos los que le leyeran.

5. Una de las mayores tentaciones del demonio es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro con el que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama.



Pidiéndole a sus jóvenes alumnos que no echaran en saco roto esos aforismos, dio, con cierta melancolía, Leonardo la clase por terminada.

Nota. El grabado de Cervantes está tomado de www.cervantesvirtual.com

lunes, 1 de marzo de 2010

Lo que me queda de ti



Lo que me queda de ti
es un naufragio de sombras,
un extraño silencio
devastador e infinito,
la quietud inerte
de tu cuerpo amortajado,
el apagado latido
de tu soledad eterna.

Lo que me queda de ti
es también lo que me dejas,
el recuerdo de tu vivir
confuso y apasionado,
la dulce melancolía
de los años de la niñez,
la llama de tu memoria
incendiando mi corazón
indeleble mientras viva.

Lo que me queda de ti
es una larga nostalgia
escondida en los recodos
del camino que me lleva
cada noche al territorio
inclemente de tu ausencia.

Lo que me queda de ti
es este lamento de amor
desvalido e impreciso
como el barco que zozobra
a merced de la tormenta.


Nota. La pintura que ilustra este poema pertenece a Gonzalo Goytisolo Gil y fue un encargo de la Editorial Alba para la portada de mi novela Años triunfales. Prisión y muerte de Julián Besteiro, el único de mis libros que dediqué a mi padre en vida. Les pedí un paisaje desolado en el atardecer, que diese la impresión de soledad, del desamparo infinito con el que debemos enfrentarnos a la muerte. Así es como Gonzalo Goytisolo lo interpretó. Me viene ahora de perlas para esta entrada. Goytisolo Gil es un cotizado pintor en la estética del hiperrealismo. Tiene una espléndida página web en la que puede verse una cumplida muestra de su arte pictórico: www.gonzalogoytisoloso.com

martes, 23 de febrero de 2010

Los parques de Bruselas bajo la nieve






En los parques de Bruselas bajo la nieve
Languidece la luz aletargada
Tiritando de frío entre las ramas
Desoladas y yertas de los árboles
Llora el cielo su acerada melancolía
Estremecida la fronda y marchita
Como si la vida estuviera ausente
Y fuera todo, padre, invierno y sombra.

Nota. Las fotos de esta entrada las tomó mi hija Marta en un parque de Bruselas el día 15 de febrero y me las cedió para ilustrar este poema de ausencia.

viernes, 19 de febrero de 2010

Magritte: aforismos

El progreso es una idea descabellada.

No hay elección: no hay arte sin vida.

El Surrealismo es el conocimiento inmediato de lo real.

Ser surrealista es desterrar del pensamiento lo “ya visto” y buscar “lo todavía no visto”.

Todo en mis obras viene de la impresión de certeza de que formamos parte, de hecho, de un universo enigmático.

El término “composición” supone una “descomposición” probable en forma de análisis, por ejemplo. En la medida en que mis cuadros son válidos, no se prestan al análisis.

La poesía escrita es invisible, la poesía pintada tiene una apariencia visible.

Lo entiendo así, ese momento de lucidez que ningún método puede hacer que aparezca.

Pinto el más allá, muerto o vivo. El más allá de mis ideas mediante imágenes.

La idea de progreso está unida a la creencia de que nos acercamos al bien absoluto, lo cual permite a mucho mal actual manifestarse.

La revolución es un reflejo del hombre vivo.

La libertad es la posibilidad de ser y no la obligación de ser.

Mi único deseo es enriquecerme con nuevos y estimulantes pensamientos.
Odio mi pasado y el de los demás. Odio la resignación, la paciencia, el heroísmo profesional y cualquier sensiblería forzosa. También odio las artes decorativas, el folklore, la publicidad, la voz de los locutores, el aerodinamismo, los boy scouts, el olor de la gasolina, la actualidad y la gente borracha. Me gustan el humor subversivo, las pecas, las rodillas, el pelo largo de mujer, las risas de los niños en libertad, una jovencita corriendo por la calle. Deseo el amor que vive, lo imposible y lo quimérico. Temo conocer mis límites con precisión.

Nota. Estos aforismos de René Magritte están escritos en las paredes de las salas que forman el museo que lleva su nombre en Bruselas y que se ha convertido en una referencia de visita obligada, como lo es el Van Gogh de Amsterdam, el de los impresionistas en París, el Dalí en Figueres, el Picasso, la Fundación Tàpies, o el Miró en Barcelona y tantos otros. El cuadro que ilustra esta entrada, cuyo título en inglés es “The Blank Page” (1967), es el último que pintó Magritte y puede verse en el museo de Bruselas. Representa el sosiego de un mundo en calma, nocturno, presidido por la luna y su simbolismo de mágica fatalidad adornada por una naturaleza muerta; el fondo azul nocturno y las casas en sombra con las ventanas iluminadas, en un efecto que recuerda el impresionante “El imperio de la luces” que también puede verse en el museo, confieren al cuadro ese efecto de calma, de tranquilidad, de soledad y de sosiego, tal y como al pintor, según declaró, le hubiese gustado que el mundo siguiera tras su tránsito. Los incluyo en una nueva sección de este blog a la que doy el nombre de "Aforismos ajenos". Las fotos están tomadas en el Musée Magritte de Bruselas. La del cuadro es una fotografía del tríptico publicitario del propio museo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Cinco haikus de Soria








Nota. Textos y fotos se ensamblan pero son diferentes. Las fotos, todas de Soria y sus tierras, las tomé en distintas épocas, en las muchas temporadas que paso en aquella geografía austera, en aquel paisaje irrepetible. Los haikus pertenecen a la "Suite castellana" de la que ya he dado otras entregas en estas páginas. Inauguro una sección con ellas a la que doy el nombre de "Poesía visual".

lunes, 8 de febrero de 2010

El destino de los libros


Mentiría quien dijese que no le preocupaba lo que iba a ser de sus libros. Le habían acompañado desde siempre, así que, al correr de los años, había reunido miles de volúmenes en su biblioteca personal. Nunca se paró a pensar adónde irían a parar tras su muerte; por eso cuando enfermó, de modo brutal e inesperado, y supo inminente su final, no dejó ninguna indicación sobre qué hacer con ellos, salvo una desconcertante frase referida a mí que le dijo un día a mi madre, su única hermana: “él sabrá encontrarles sitio”.

Transcurridos unos días del fallecimiento de mi tío, mi madre me telefoneó para decirme que el administrador del piso la urgía a que lo vaciase cuanto antes. Como no sabía qué decisión tomar y alguien le había pasado el número de una empresa que se dedicaba a esos menesteres, contrató sus servicios para que se encargaran de la desmesurada biblioteca personal de su hermano. Yo vivía entonces en Budapest, así que le dije, cuando me llamó para pedirme consejo, que hiciera lo que le pareciera conveniente.

Días después supe que los operarios vaciaron el piso en cuestión de horas. Metían los libros en cajas sin el menor miramiento. Las cerraban con cinta adhesiva y las bajaban a un camión aparcado frente a la fachada del edificio. De lo demás, un reloj de pared con una inscripción en latín omnes vulnerant, ultima necat, algunas estilográficas y un par de álbumes de fotografías se hizo cargo ella; el resto, ropa y otros enseres, se tiró.

Cuando ya casi lo tenía olvidado, un amigo me escribió para decirme que en el mercado de los trastos viejos había visto un montón de libros depositados de cualquier manera sobre el suelo. Revolvió en él a la búsqueda de alguna sorpresa. Advirtió que se trataba de la biblioteca de un lector culto, tal vez de algún profesor. Clásicos griegos y latinos en ediciones en inglés, francés y alemán. Libros de patrística cristiana, de Gracián y de Cervantes, las obras completas de Jovellanos y mucha filosofía: Spinoza, Kant, Descartes. Se encontró también un ejemplar de una traducción de La Eneida al catalán que yo había regalado a mi tío para su colección de ediciones de Virgilio. Llevaba mi firma y una afectuosa dedicatoria. Lo compró casi regalado y me lo envió por correo con una nota que decía: “para que vuelva a ti y sea menos aciago su destino.”

miércoles, 3 de febrero de 2010

Max Aub: Todo es vida. Elogios y alabanzas



En el año 1952, durante su exilio en México, Max Aub publicó una serie de colaboraciones en el semanario Diógenes. Moral y Luz firmadas con el pseudónimo de “El Escolástico” y agrupadas bajo el título de “Elogios”. La doctora Eugenia Meyer recogió esos textos en su magnífica recopilación de la labor periodística de Aub en el exilio Los tiempos mexicanos de Max Aub. Legado periodístico 1943-1972. Cuando fui invitado a presentar ese libro en Madrid, dije que me parecía que esos textos, los “Elogios”, estaban pidiendo a voces ser editados en un volumen suelto, dada su entidad y su unidad temática y estilística. Ahora ve la luz una antología de ellos a la que puse el título de Todo es vida. Elogios y alabanzas y que acaba de editar la Fundación Max Aub (http.//www.maxaub.org/) con el fin de felicitar el nuevo año a sus amigos y colaboradores. El lector maxaubiano, y quien se acerque a él por primera vez, se va a encontrar, en sentido y forma, con unos textos representativos de lo que fue la labor literaria del escritor valenciano, autor de El laberinto mágico, tal vez el mejor ciclo de novelas sobre la Guerra Civil Española. A la luz de una larga tradición que me detengo a estudiar en el prólogo de la edición, hay aquí textos memorables, como el “Elogio de la lealtad” o el “Elogio del amor” del que doy este fragmento:


ELOGIO DEL AMOR

Quien esto escribe, ahora, en primavera, siente deseos de huir de tantas cosas feas como le rodean y se refugia en el elogio del amor, que es ante todo lealtad y constancia, dulzura y suavidad, bendición de la tierra y del cielo, olvido de cuanto malo le rodea a uno, sueño en la vela, temperatura que no se siente, música humana, pérdida de sí mismo en los ojos de otro ser, admiración continua, cautividad del alma, robo de la voluntad, ardimiento incesante, desfallecimiento continuo, reventar del corazón, quedarse sin pulsos ni sentidos, transformar en sí la cosa amada, andar con sobresalto para no disgustar, vivir muerto por la vida ajena, por una sola vida ajena que vale más que todas las demás juntas.

El amor une los corazones en uno, de muchas voluntades hace una voluntad, transporta al que ama y le trae fuera de sí. Se vive en lo que se ama. Págase la deuda de amor con otro amor, la voluntad es la del amado, y, como la del amado es la suya, existe una sola voluntad común que llena de alegría los dos corazones. Nada hay más suave que estar entregado al poder y albedrío de otro, si es de consenso. Siémbrase y se recoge inmediatamente su fruto. Dando, ya se coge.

Quiérese con todo el extremo del mundo, se vive siempre con el horizonte en las manos, se borran las distancias, todo se funde en un canto sirenaico, pura llama de deseos de comunicarse; estase bien consigo mismo con sólo estar con la persona amada, todo es complacencia y contentamiento.

Roba con su agrado y gracia, se lleva tras sí los ojos y las lenguas, gana el corazón y la voluntad, despierta la afición en el pecho, se enternecen las entrañas, hace perder el pulso, se desea de mil modos y maneras, todo es herida que estimula y atiza, ilumina la noche más oscura, arde en vivas llamas.

Sírvese con buena voluntad, hace el trato afectuoso, andan a una las voluntades, una de entrambos, unos los pensamientos, una el alma que en los dos habla. Granjea los corazones con su sola vista, los rayos de luz revocan el corazón a la cara. Ámase una piedra y se vuelve canto. Hechiza: la mujer amada es la más hermosa, ríndese la hermosura a la fealdad, divinizándola. La llama del amor tiene ciegos los ojos, quiérese a quien sea con llama de amor divino. Roba la libertad, y no importa.

domingo, 31 de enero de 2010

A vueltas con Gil de Biedma



Mi amigo Javier Pérez Escohotado visita mi blog y deja un comentario en la entrada que dediqué a Gil de Biedma y a la película biográfica que aún está en la cartelera. Lo rescato de donde él me lo dejó y lo traigo a esta entrada para realzarlo como se debe. Javier es escritor, poeta y ensayista, de ya largo recorrido; profesor universitario en la Pompeu Fabra y actualmente en la Secundaria, ha sido, es y será estudioso de casi todo lo que tenga que ver con la letra impresa. Como poeta ha publicado dos poemarios: Laura llueve (2000) y Papel Japón (2002); como ensayista: Antonio de Medrano, alumbrado epicúreo. Proceso inquisitorial (Toledo, 1530), con prólogo de Ricardo García Cárcel (2003) y Crítica de la razón gastronómica (2007), entre otros. Como estudioso de la poesía de Gil de Biedma publicó en Poemas memorables. Antología consultada y comentada (1939-1999) (Castalia, 1999) un soberbio comentario a uno de los mejores poemas de Jaime Gil “Pandémica y Celeste”. También ha sido editor del poeta en el libro Conversaciones (El Aleph, 2002). Javier, pues, cuando habla de Gil de Biedma no lo hace a humo de pajas y no es merecedor, en absoluto, a pesar de su actitud crítica hacia el libro que sirve de base a la película, me refiero a la biografía de Miguel Dalmau, de los agrios comentarios hacia su persona que el biógrafo va esparciendo por ahí a la ligera. Nada hay peor que alguien que publica y no es capaz de asumir la crítica. Este es el texto que Javier me dejó como comentario en la mencionada entrada:

El cónsul de Sodoma o de tal palo, tal astilla.


Como editor de Jaime Gil de Biedma, Conversaciones, y autor de alguna crítica a la biografía de Gil de Biedma publicada por M. Dalmau -crítica que los lectores pueden encontrar en el núm. 86 de Letra Internacional-, me permito colaborar en la polémica, llamando la atención del Jurado que entregará los Goya sobre una de las nominaciones: la del Goya al mejor guión adaptado de El cónsul de Sodoma. Si el guión ha sido adaptado de la citada biografía, el resultado ha sido necesariamente el esperado: un fiasco.La biografía de Dalmau está ordenada como un tríptico a partir de una manipulación chapucera de varios cuadros de Bacon. El primer panel del tríptico aborda la historia familiar y personal del poeta en 75 páginas, para las que no ha necesitado consultar ni un solo libro de historia. Y el segundo repasa, con jugosos errores de interpretación, la obra de Gil de Biedma en 125 páginas. Ambos paneles se cierran en 1985. El tercer panel relata con naturalismo clínico, y en clave rosa, la vida sexual del poeta, que ocupa las 255 páginas restantes hasta 1990. El tríptico no parece estar bien compensado. En realidad, las dos primeras partes no son más que un aperitivo mal descongelado antes de atacar el chuletón casi crudo de la enérgica y atareada sexualidad del poeta, que ya no escandaliza ni a los niños de la doctrina. La bibliografía “básica” de la obra, limosna a la puerta de una iglesia, no puede ocultar el feo vicio del autor de no mencionar las fuentes y, lo que es peor, apropiarse indebidamente de ellas. Por ejemplo, de Shirley Mangini, a la que utiliza sin escrúpulo, o sea, sin las obligadas comillas, que son las que indican el propietario del texto. Y no cabe aquí la eximente de intertextualidad, que consiste, según Bajtin, en un diálogo textual y no en una mera copia.

Nota. Un torpe e inapropiado comentario anónimo, dejado en la entrada "Mi padre", me ha obligado a instalar la moderación en los comentarios. Os pido disculpas a los que entráis aquí habitualmente, pero los que aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid para malbaratar palabras en bitácoras ajenas me obligan a ello. Gracias.

viernes, 29 de enero de 2010

Elogio del desierto



SOBRE EL PÁRAMO INMENSO

 Sobre el páramo inmenso en el que vives,
un cielo lento y negro, un cielo bajo
que roza los fangales y se ensucia.
Un cielo que se vuelve tierra muerta,
sobre la aislada casa en la que mueres.
Vine a esta tierra para ver tus ojos,
vine al infierno para ver tus ojos,
para, antes de irme, dar algún sentido
a esta confusa y breve luz dudosa.

Javier Sánchez Menéndez me hace llegar un ejemplar de Elogio del desierto, libro de poemas de Julio Martínez Mesanza ilustrado con fotografías de José del Río Mons, editado en la colección “Anejos de Siltolá”. Enhorabuena a los tres, al poeta por sus hermosos versos, al fotógrafo por la inmensa calidad de las fotografías y a Javier por editar con tan acendrado gusto.

Nota. Inauguro con esta entrada una nueva sección de este blog a la que doy el nombre de "Acuse de recibo". Me propongo recoger en ella lo que me va llegando, comentarios, envíos, cartas, etc.

martes, 26 de enero de 2010

Mi padre


(31 de marzo de 1919 - 24 de enero de 2010)

jueves, 21 de enero de 2010

Cien años de la Residencia


Con un par de semanas de retraso recibo la doble felicitación de la Residencia de Estudiantes: la del año 2010 y la de sus cien años. Hago extensiva, con ese diseño tan logrado, a todos los visitantes de este blog, la felicitación del 2010 y me congratulo, por su valor simbólico, con la segunda. ¡Cien años de la Residencia! Dentro de poco, a lo largo de este década, de casi todo hará cien años, de la publicación de El árbol de la ciencia, de la muerte de Rubén Darío, del lorquiano Impresiones y paisajes, de Campos de Castilla, ¡cien años! Y entre todo eso, y tantísimas otras cosas, ahí está la Residencia como símbolo vivo de la España liberal e ilustrada, la que brilló con la República, la que no pudo ser porque no la dejaron, la de la Institución Libre de Enseñanza, la que fue anegada por la Guerra Incivil del 36. Ahí sigue, bien viva, la Residencia, organizando actos culturales, tratando de tender un puente de concordia entre esta España democrática y la que sucumbió en abril del 39. Ahí sigue la Residencia, la de Lorca, la de Moreno Villa, la de Dalí, la de Buñuel y la de tantos otros que en ella vivieron o por ella pasaron para dar conferencias, para leer versos, como lo hizo Gil de Biedma en su día. Ahí está la Residencia, dispuesta a cumplir cien años más para el bien de la cultura de este país.


Nota. La fotografía de este coche la hice en Madrid, frente al Ministerio de Hacienda, en la calle de Alcalá, en los primeros días de este mes de enero. Ignoro cuál era el motivo por el que estaba allí aparcado. La foto podría ilustrar el Madrid del pasado, el de los años treinta, cuando la Residencia era una referencia necesaria en la cultura de la España republicana, al igual que lo sigue siendo hoy.


jueves, 14 de enero de 2010

Que la vida iba en serio...


Lo que resultaba apasionante de la figura de Jaime Gil de Biedma era su enorme talento poético y su vastísima cultura literaria; en modo alguno, excepto para él, claro, su vida personal, su tendencia sexual, la mucha o poca pasión que pusiese en ello, las infidelidades y las noches de dormida en antros o en hoteles recién fríos, de habitaciones para hombre solo. Lo que cuenta es lo que se deja, la obra y no la biografía. Jaime Gil de Biedma dejó una obra breve que, con el paso de los años, no ha hecho sino crecer y crecer al tiempo que irradiaba luz, la que él mismo recibió de Cernuda y otros autores, sobre los poetas que le siguieron. Eso es lo que lo hace apasionante: Las personas del verbo, su Diario del artista seriamente enfermo, su Retrato del artista en 1956, sus estudios literarios, El pie de la letra.

La última vez que lo vi fue en el Ateneo Barcelonés de la calle Canuda, en 1988. Pronunció entonces una conferencia sobre la poesía de Luis Cernuda. Se le traspapelaron las notas que llevaba escritas. Interrumpió un rato su alocución para tratar de ordenar los papeles. Como le fuera imposible hacerlo, siguió durante un buen rato hablando de Cernuda sin nota alguna y fue realmente una lección de sabiduría poética y literaria como me ha sido dado ver pocas veces. Estábamos aquella tarde en la sala no más de veinte personas. Los fieles del Ateneo, seguramente miembros de la junta directiva, mis amigos José Ángel Cilleruelo y Joaquín Parellada, quien esto escribe y el también amigo y poeta Luis Izquierdo, que fue el único que dialogó con Jaime Gil en el coloquio que siguió a su estupenda conferencia. Ese era el Jaime Gil apasionante.

Es muy arriesgado hacer una película biográfica sobre Gil de Biedma, porque se corre el peligro de tergiversar su figura y hacerlo interesante por aquello que no debería serlo: su opción y su vida sexual, poniéndolo por encima de su figura literaria e intelectual, que es lo que lo va engrandeciendo desde que nos dejó y convirtiéndolo poco a poco en un clásico imprescindible de la poesía española del siglo XX. Eso es lo que tristemente ha ocurrido con El cónsul de Sodoma. No que la película no tenga aciertos cinematográficos, que los tiene, sobre todo en la creación de los ambientes filipinos y en la interpretación medida y correcta, brillante en la dicción, de Jordi Mollá, sino que pone por delante aquello que nunca debiera haber sido puesto en lugar tan preponderante, a veces hasta la saciedad, por pertenecer exclusivamente a la vida privada del escritor. Lo peor, con todo, es el guión porque es deslavazado, de escenas inconexas y no pocas veces gratuitas, porque le falta consistencia en los diálogos, porque nos deja caricaturas de los grandes escritores, alguno de ellos aún vivo -y que se ha quejado amargamente de la película-, de la Generación del 50 barcelonesa, porque da un dibujo demasiado esquemático de Gil de Biedma, un hombre extraordinariamente complejo. En suma, una oportunidad perdida, porque no es fácil que un productor se juegue el dinero en una película sobre la vida de un poeta de culto y minoritario, seguramente desconocido para eso que suele llamarse gran público y que dudo mucho que se interese por su figura después de ver la película. Tiene razón Dalmau cuando dice que tal vez Gil de Biedma hubiera merecido una película de más entidad.

jueves, 7 de enero de 2010

Fallece Avalle-Arce



Es muy probable que el apellido que se menciona en el título de esta entrada diga muy poco a muchos lectores, pero el día 4 de enero, en Madrid, en las páginas del diario ABC, en su sección de "Necrológicas-Esquelas", me encontré con la noticia de su muerte y me causó una gran impresión. Han sido tantos años de explicar las razones de la locura de don Quijote a través de sus luminosos análisis y de sus certeras conjeturas, que, a fuerza de leer sus textos, era Avalle-Arce alguien muy familiar para mí, aunque sólo lo conociera a través de sus obras, de sus estudios cervantinos principalmente. Ese día, lluvioso y frío en Madrid, mientras saboreaba el café del desayuno, conocí la triste noticia. Había fallecido el 25 de diciembre, pero por razones que ignoro, el diario lo hizo público el 4 de enero. Estos grandes hispanistas, maestros de tantos profesores, que llevan a cabo una fecunda labor de investigación y de crítica y que casi siempre son perfectos desconocidos fuera del ámbito universitario y del mundo de los especialistas, casi nunca tienen el reconocimiento que merecen y es la suya una labor callada y para minorías, pero su aportación a los estudios literarios suele ser decisiva y hemos de reconocer, muchos, que su trabajo nos ha iluminado no pocas veces oscuros y difíciles pasajes de nuestra historia literaria. Juan Bautista Avalle-Arce, fallecido a los 82 años, es un claro ejemplo de cuanto digo. Su último libro publicado, Las novelas y sus narradores, lo fue en 2006, aunque me gustaría recordar ahora su Don Quijote como forma de vida, de 1976, al que pertenecen estas palabras luminosas sobre la locura de don Quijote que copio a continuación y que dejo aquí como testimonio de profundo respeto y de homenaje:

Quiero destacar en la ocasión el hecho de que los sentidos no engañan a don Quijote en absoluto. Sus sentidos perciben una aislada venta manchega y dos prostitutas, imágenes autorizadas por la sucesión de autores que intevinieron en la redacción de la historia de don Quijote. Es en el paso de lo sensorial a lo anímico que estas imágenes quedan totalmente trascordadas: el alma de don Quijote registra, en vez de venta, un castillo, y dos hermosas doncellas en lugar de las dos mozas del partido. Y las imágenes sensoriales quedan totalmente metamorfoseadas y embellecidas en el momento de imprimirse en el alma de nuestro héroe. (...) La explicación de fenómeno tan extraordinario es tan sencilla como contundente. Las imágenes que se perciben sólo pueden pasar de lo sensorial a lo anímico por la aduana de la imaginativa, y ésta don Quijote la tiene lesionada. En consecuencia, lo que registra el fuero más interno de nuestro caballero andante no responde en absoluto a la realidad que perciben sus sentidos. Pero es más grave aún porque nuestro héroe tiene lesionada asimismo la fantasía. (...) Y así llego al final de este aspecto de mi demostración: la venta es recibida por el alma de don Quijote como un castillo por el desajuste de su imaginativa, y una vez que se imprime en su alma la imagen de un castillo acude su lesionada fantasía a perfeccionarla "con todos aquellos adherentes que semejantes castillos se pintan."

viernes, 1 de enero de 2010

Se abre una puerta..., de Álvaro Fernández Suárez


Aunque lo sustantivo está básicamente dicho, estudiado, publicado, reconocido y bien analizado, situado adecuadamente en su contexto, todavía es posible hoy, entrando en la segunda década del siglo XXI, descubrir aspectos nuevos de la literatura española que siguió al final de la Guerra Civil en 1939. Es el caso que, con la publicación del libro de cuentos aún inédito en España de Álvaro Fernández Suárez Se abre una puerta..., Fernando Valls da nombre a una nueva tendencia de la narrativa de esos años; así, frente a lo que Sobejano denominó “realismo existencial”, tendencia en la que se sitúa, entre otras obras, Nada de Carmen Laforet, Valls propone llamar “fábulas existenciales” a las narraciones que recurren al género fantástico para denunciar igualmente la soledad y el desamparo del ser humano perdido en una sociedad que intentaba renacer de sus cenizas tras el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial. Leyendo el libro de Fernández Suárez, sobre todo después de haber leído La ciénaga inútil, su otro libro de cuentos, se tiene la impresión de la que la propuesta de Fernando Valls es del todo certera y merecedora de ser tenida en cuenta de ahora en adelante al estudiar la literatura de esos años.

Fue a Ignacio Soldevila a quien primero escuché hablar de la obra literaria de Fernández Suárez, autor del llamado exilio republicano, en un congreso en la Universidad Autónoma de Bellaterra, en el que también habló de sus cuentos Fernando Valls. Después, Soldevila editó, con un prólogo suyo, la novela Hermano perro (Edicios do Castro, La Coruña, 2006). Ahora se publica, en edición de Fernando Valls, este Se abre una puerta..., (KRK Ediciones, Oviedo, 2009). Por mi parte, edité uno de los cuentos, el que da título al libro, “La ciénaga inútil”, en Sólo una larga espera. Cuentos del exilio republicano español.

El libro del que hablo se editó por primera vez en 1953 y como he dicho ya, aún estaba inédito en España. Se trata de un conjunto de seis cuentos dividido en dos secciones “Celestiales” e “Infernales”; los dos cuentos que abren ambas secciones, por su desarrollo y extensión, son más bien novelas breves: “La misteriosa ciudad de Aurora” y “La confesión del padre O’Leary”, magnífico este último. Sin embargo, de la primera parte a mí el cuento que más me ha gustado ha sido “Naufragio en las playas del cielo”, en el cual un anacoreta, llamado Eufrasio, sueña que llega al Cielo y dialoga con Dios. No reproduciré ningún fragmento de ese diálogo, que se encuentra en las páginas 205-210, pero invito a quien lea esta nota a disfrutarlo, a medir el verdadero alcance de la reflexión del autor. Tampoco tiene desperdicio el encuentro de Eufrasio con Satanás en el relato “Los abismos”. Es este conjunto de cuentos una profunda reflexión sobre los límites y el sentido de la existencia, sobre Dios, sobre la frontera entre la realidad y el sueño, sobre la inanidad y la grandeza de la vida, reflexión que se expresa en una prosa límpida, clásica, con una sintaxis compleja y precisa y un léxico admirable, con una enorme, en fin, sabiduría literaria. Digno de leerse. Un verdadero acierto, y no lo digo solo por la estupenda y cuidada edición de KRK en la colección “Tras 3 Letras”, que ya conocía por La filosofía en invierno, de Menéndez Salmón, sino por la calidad literaria de los cuentos de Fernández Suárez y por qué no decirlo, por la reparación histórico-literaria que esta edición supone. Me alegra dedicarle la primera entrada de 2010.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Aforismos populares lisboetas

A José Ángel Cilleruelo, poeta y amigo, autor de las obras ambientadas en Lisboa Alfama, Barrio Alto y El Visir de Abisinia.




Nota. Esto puede verse escrito en las paredes de Lisboa. Todo una buena muestra de aforismos populares. Las fotos las tomó mi hija Marta, yo se las pedí prestadas para esta entrada.

sábado, 19 de diciembre de 2009

García Lorca: La Huerta de San Vicente


Cuando se cumple un año desde que publiqué la primera entrada, recupero hoy una anotación de mi diario personal escrita en Cádiz el 6 de agosto de 1988. Encontrarán sus restos o nos los encontrarán, pero sabemos, tiene razón García Montero, lo necesario y tal vez lo decisivo: que fue un poeta extraordinario; que su verbo era claro y luminoso y su capacidad metáforica, tan dislocada a veces, como correspondía al vanguardismo, muy difícil de igualar; que se puso, perteneciendo a otra clase, siempre del lado de los oprimidos; que nos dejó un puñado de obras teatrales del más alto nivel; que estaba escribiendo un cancionero de sonetos, en el que se advierten ecos lejanos del petrarquismo, hablo de los Sonetos del amor oscuro, que el destino quiso que se convirtiera, inacabado, en un indicio de lo que hubiera podido escribir de haberle alcanzado la vida para hacerlo; sabemos, digo, lo decisivo, que lo asesinaron los intolerantes y cerriles de siempre; encontrarán sus restos o no, pero sabemos lo decisivo, lo que realmente importa. Que cada cual cargue con su responsabilidad: los que lo detuvieron y decidieron después asesinarlo; los que teniendo informaciones valiosas para saber cómo se desarrollaron los hechos, callaron durante años; los que guiados por un afán irresponsable de protagonismo, queriéndose dar importancia a costa del poeta, dieron pistas falsas; los que historiaron, y siguen haciéndolo, el proceso basándose en el testimonio vivo, sin contrastar o por lo menos cuestionar la veracidad de las fuentes; los que han especulado siempre con la triste muerte del poeta; los que no quieren "llenar Granada de agujeros"; los que...

Cádiz, 6 de agosto de 1988

El tráfico de Granada es caótico. No sólo por el gran número de vehículos, sino por la señalización de sus calles, que las convierte en intrincados laberintos. Salimos en dirección a la costa de Motril. Un letrero en color rosa indica al viajero que puede visitar la casa-museo de Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente. Seguimos solícitos los carteles indicadores hasta que nos extraviamos entre un grupo de casas viejas y campos de verde moribundo y abandonado, con el aspecto de terrenos suburbiales de ciudad. Paramos el coche frente a la fachada de una hermosa casa, dejando a un lado un pequeño jardín de aspecto dejado. Un perro fiero nos ladra sujetado por una cadena a un pequeño pozo. Junto al edificio principal de la casa hay otro anexo con un patio. Sentado a una mesa redonda un señor, de edad avanzada y de escaso cabello rubio muy corto y gafas doradas responde a nuestra pregunta:

- Sí, ésta es la casa de Federico García Lorca.

Aparcamos el coche y entramos, precedidos de nuestro guía particular, en la casa de verano del poeta. Ya desde el umbral nos explica nuestro cicerone que todo está tal y como lo dejó la familia, pero que todo ha de cambiar puesto que está en proyecto hacer un museo de la casa, pero que mientras tanto todo está tal y como estuvo siempre: "Llevo más de cuarenta años trabajando para la familia". Faltan en las paredes casi todos los dibujos del poeta, que ahora deben estar en Nueva York en una exposición. El salón está como entonces, "ustedes lo habrán visto en la serie de televisión; sobre este aparador estaba la radio en la que toda la familia escuchaba las alarmantes noticias del Alzamiento".


Nos explica que el piano ya no está, que lo tiene doña Isabel, la única hermana del poeta que vive, y se lo ha llevado a Madrid junto con la ropa del poeta, el mono de "La Barraca", las chaquetas blancas, que estuvieron por aquí hasta hace poco. Se conserva en el salón el enorme retrato de Isabel, muy romántico, muy de otro tiempo. Todo tiene un indefinible aire de nostalgia, de estar anclado en el pasado. La tapicería de las sillas sigue siendo la misma, en color rojo granate, de entonces; hoy está protegida por una solícita funda de flores blancas y verdes que la mujer de nuestro guía ha colocado para evitar el desgaste del polvo y de los años.

En la planta baja, según se entra a mano izquierda, hay una pequeña habitación que aún contiene un retrato, de grandes dimensiones, del poeta envuelto en un albornoz de color amarillo. Hay una antesala, que separa este cuarto del salón, en la que, nada más abrir la puerta, se encuentra un hermosísimo arcón de madera que tiene encima un tapete blanco y un jarrón. Durante un tiempo este arcón guardó algunos ejemplares de las obras del poeta, sobre todo de Impresiones y paisajes. Nuestro guía nos explica, al terminar la visita, ya en el jardín, que una vez, hace muchos años, tuvo que regalar un ejemplar a un argentino que se "puso pesadísimo"; "Los argentinos son muy lorquianos, como ustedes los catalanes -dijo al ver la matrícula del coche-".

Completa la planta baja un hermosa y limpia cocina en forma cuadrangular, con las alacenas, las mesas y la antigua cocina de carbón y leña, en la que se cocinaba en los años en los que el poeta habitó la casa. A su lado hay una moderna cocina de gas butano: "Los tiempos cambian, prueben a cocinar con eso y verán; eso sí, es muy hermosa". Por un instante he tratado de imaginar el trajín de criadas preparando la comida o la cena.

Saliendo de la cocina se encuentra la escalera, que lleva al piso de arriba, donde están situadas las habitaciones. La escalera es preciosa, con un pasamanos de hermosa madera y unos escalones de cerámica roja rematados en madera oscura. Dos rellanos; tiene forma de u, gira casi ciento ochenta grados de abajo arriba. Frente al final, el cuarto de las hermanas del escritor, muy bello, con dos camas. A mano derecha, el cuarto del poeta con un balcón que se asoma al jardín y a la fachada principal. Su cama, cubierta con una colcha blanca de ganchillo, su enorme mesa de trabajo, preciosa de madera clara, como de roble o de haya; sobre ella, enmarcado en la misma madera y protegido con cristal, un cartel de "La Barraca".

Hay en la habitación un regalo de Rafael Alberti, con su dedicatoria, que el poeta gaditano hizo a Lorca en la Residencia de Estudiantes con motivo de una representación teatral. Todo tiene el aire de una habitación habitada, se tiene la impresión de que el poeta va a entrar por la puerta, vestido de blanco, en cualquier momento. La habitación es muy bella. Realmente hay algo del alma del poeta que sigue vivo entre sus paredes, se nota, lo percibo, yo que no creo en estas supersticiones, claramente, me toca, guardo silencio, no lo comento con quien va conmigo.

Al dejar la habitación de Federico, atravesamos un pequeño pasillo al que se asoman todas las otras, de puertas verdes y paredes blancas; algunas están cerradas y no se nos enseñan. Al final de ese pasillo una puerta da a la terraza desde la que el poeta contemplaba La Alhambra; bueno, entonces se vería, hoy no se ve más que una hilera de bloques de pisos: "La casa es muy fresquita para el verano y antes Granada no era la que es hoy, todo eso que ven ahí era campo que separaba esta huerta de la ciudad."

Salimos al jardín. Fotografío, con permiso de nuestro guía, el balcón de la habitación del poeta y la fachada inundada de madreselvas con una cerámica que dice "Huerta de San Vicente nº 6": "Todo esto será un parque y la casa un museo. Ya está hecho el concurso para la adjudicación de las obras y pronto empezarán. Hay quien dice que prefiere ver la casa así, tal cual estaba en su época y no como quedará después de su acondicionamiento como museo. Yo casi lo preferiré, porque aquí están los dibujos y los libros, la ropa y, la verdad, con los tiempos que corren..."

Han pasado cincuenta y dos años desde que Lorca se refugió en esta casa, huyendo de los temores del golpe militar. Su presencia sigue viva en cada mueble, en cada esquina, en cada prenda, en cada objeto de esta casa preciosa, prendada de nostalgia, de la melancolía que siempre tienen las muertes inútiles y a fe que la del poeta lo fue; vive Dios que lo fue.

Nota. Volví a visitar, ya convertida en museo, la casa de Lorca en diciembre de 2006, a esa visita pertenecen las fotos que ilustran esta entrada, en la anterior no tenía cámara digital. La sensaciones que apunto en esta entrada, cuando la visité tal como era en la época en que la familia veraneaba aquí, habían desaparecido casi por completo, fue como si el tiempo hubiera borrado la memoria, la presencia, que tan fuertemente se me manifestó cuando vine por primera vez. Números redondos. Un año de blog. Esta es la entrada número cien. Mil cuatrocientas personas han entrado a ver mi perfil. Trece mil han visitado las páginas volanderas de esta bitácora. Algunos, muchos menos, han dejado comentarios a esas entradas. Incertidumbre sobre el futuro del blog. ¿Qué haré? ¿Cómo lo continuaré? ¿Qué sesgo tomarán las entradas? Lo ignoro. Hoy sólo quiero agradecer esas trece mil visitas que han entrado en este blog y sobre todo, a los que ya considero amigos, por su reiteración en el dejar comentarios. A todos, muchas gracias.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El jardín quebrado: Catalunya y España, diez aforismos



[1] Si España no entiende a Cataluña, mal para España.

[2] Si Cataluña, para afirmarse, necesita renegar de España, mal para Cataluña.

[3] Si los españoles no son capaces de advertir la nobleza, la lealtad constitucional y la hombría de bien de los catalanes, su dignidad y su firmeza en defender sus señas de identidad, lo que son, su cultura, su lengua, mal para los españoles.

[4] Si los catalanes, aferrándose al tópico, sólo ven en los españoles todo aquello que los caricaturiza y deforma y que en absoluto responde a lo que son de verdad, mal para los catalanes.

[5] Si los nacionalismos de uno y otro signo enconan sus posiciones y tensan la cuerda hasta ponerla en riesgo de rompimiento, mal para unos y para otros.

[6] Si la tolerancia y el respeto mutuo naufragan entre el griterío y las proclamas o entre las procelosas aguas de las reivindicaciones imposibles, mal para España y mal para Cataluña.

[7] Si hay catalanes con miras tan estrechas como para entender que España y Cataluña son realidades diferentes, mal para esos catalanes.

[8] Si hay españoles que para afirmar la unidad de España se empeñan en aplastar con el rodillo uniformador cuanto de diferente y enriquecedor hay en ella, mal para esos españoles.

[9] Si algunos catalanes afirman, abierta o soterradamente, que la única forma de solucionar el dilema Catalunya-España es un divorcio, una separación amistosa y civilizada, que no olviden que más de la mitad de sus conciudadanos se sienten al mismo tiempo españoles y catalanes; mal para esos catalanes.

[10] Si algunos españoles son incapaces de entender que hay múltiples maneras de sentirse español y que es perfectamente legítimo ser español y no sentirse o abstenerse de hacer gala de ese sentimiento, mal para esos españoles.

[Colofón] Si las posiciones se enconan hasta hacer el aire irrespirable, el conflicto está servido; que no olvide nadie entonces que quien siembra vientos recoge tempestades.

Nota. La foto procede de "yahoo.es". Escribo estas reflexiones el domingo día 13, jornada en la que en 166 municipios de Cataluña se está votando en una consulta sin reconocimiento legal sobre la independencia de Cataluña. Tomo el sintagma "El jardín quebrado" de mi buen amigo y maestro Laureano Bonet, de uno de sus libros dedicados a estudiar la Generación Barcelonesa del 50, grupo literario integrado, como es bien sabido, por autores nacidos en Cataluña que escribieron, y algunos aún siguen escribiendo, toda su obra en castellano.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Memoria del antifranquismo y la transición: Solé Tura



No lo conocía, pero su talante conciliador, su sabiduría política, su compromiso con lo que en sentido amplio se suele llamar los valores de la izquierda, su moderación, su aguda inteligencia, su palabra siempre sosegada y penetrante hacían de él una figura respetada. Me golpea la noticia de su muerte y recuerdo la última vez que me crucé con él, en el descanso de un concierto de música contemporánea, en el vestíbulo del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Su mirada perdida, que miraba fijamente, como intentando saber si conocía en verdad a quien a él le miraba, hombre público en definitiva, una mirada escrutadora, náufraga, la de quien andaba ya extraviado en el propio laberinto de su memoria desbaratada por la enfermedad. Me causó una gran impresión. En nada comparable a la tristeza de hoy por la pérdida de este hombre bueno en el sentido machadiano del término. Referente para muchos de mi generación en la lucha contra el franquismo, salvando la discrepancia ideológica, él era comunista, aunque luego abandonara esa militancia y pasase al socialismo, vimos siempre en él a uno de los nuestros. Melancolía. Me uno al dolor de la familia. Descanse en paz.

Nota. La foto de Jordi Solé Tura está tomada de la red, de Siglo XXI Editores. Hace poco, y como una coincidencia insospechada, releí fragmentos de su libro Autonomies, Federalisme i Autodeterminació, editado por Laia/Entrellat, en Barcelona, en 1986.