En la entrada de ayer incluí un fragmento de la “Oración a Cristo” que Giovanni Papini editó al final de su Historia de Cristo, libro de 1921. Como es sabido, se trata de un libro escrito por alguien que recupera la fe y se convierte al cristianismo. Por consiguiente, el libro es visceral, escrito desde la fe del converso. Sin embargo, en la oración duda, pide, casi exige, una señal, lo que viene a demostrar que su fe busca un fundamento más o menos “racional”, una señal al menos que la corrobore y la consolide, la justifique.
Papini se consideraba, como declaró poco antes de morir “un Unamuno mancato”, esto es, un Unamuno fallido. En uno de sus poemas, don Miguel incluye estos versos, coincidentes en grado sumo con la necesidad manifestada por Papini en su oración:
Una señal, Señor, una tan solo,
una que acabe
con todos los ateos de la tierra;
una que dé sentido
a esta sombría vida que arrastramos.
¿Qué hay más allá, Señor, de nuestra vida?
Si Tú, Señor, existes,
¡di por qué y para qué, di tu sentido!
¡di por qué todo!





















