viernes, 31 de agosto de 2012

Fernando de Rojas: sentencias breves



Es forçoso el hombre amar a la mujer y la mujer al hombre.

El que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulçura del soberano deleite.

¿No vees tú que es necedad o simpleza llorar por lo que con llorar no se puede remediar?

Los peregrinos tienen muchas posadas y pocas amistades.

La natura huye lo triste y apetece lo delectable.

De los hombres es errar, y bestial es la porfía.

A quien dizes el secreto, das tu libertad.

No es cosa más propia del que ama que la impaciencia; toda tardança les es tormento; ninguna dilación les agrada.

Todo es assí, todo passa desta manera, todo se olvida, todo queda atrás.

Todo lo puede el dinero: las peñas quebranta, los ríos passa en seco, no hay lugar tan alto que un asno cargado de oro no suba.

Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan moço que hoy no pudiesse morir.

La prolixidad es enojosa al que oye y dañosa al que habla.

Es menester que ames si quieres ser amado.

A las obras creo, que las palabras de balde las venden dondequiera.

La mocedad ociosa acarrea la vejez arrepentida y trabajosa.

El plazer no comunicado no es plazer.

La necesidad y pobreza, la hambre, que no hay mejor maestra en el mundo, no hay mejor despertadora y avivadora de ingenios.

Nunca alegre vivirás si por voluntad de muchos te riges.

El tiempo, según me parece, se nos va, como dizen, dentre las manos. Corren los días como agua de río; no hay cosa tan ligera a huir como la vida.

Ninguna virtud hay tan perfecta que no tenga vituperadores y maldizientes.

Vale más un día del hombre discreto que toda la vida del necio y simple.

Cuando el coraçón está embargado de passión, están cerrados los oídos al consejo, y en tal tiempo las fructuosas palabras, en lugar de amansar, acrecientan la saña.


Nota. Que los clásicos son un pozo de sabiduría, una escuela de vida y un acicate para el conocimiento lo demuestra sobradamente la obra de Fernando de Rojas La Celestina. Releyéndola, lápiz en mano, en las plácidas horas de sol junto al mar y en el preludio de la siesta sosegada, me encuentro con estas, y muchas otras que no puedo incluir ahora, sentencias breves que traigo aquí para quien pase por estas páginas volanderas y quiera leer al menos una de ellas, vale la pena.

sábado, 11 de agosto de 2012

Shakespeare: aforismos


[1] Los hombres son dueños de sus destinos en cierto momento. La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros, que no somos más que esclavos. (Julio César)

[2] El amor es un humo que sale del vaho de los suspiros; al disiparse, un fuego que chispea en los ojos de los amantes; al ser sofocado, un mar nutrido de lágrimas de los amantes; ¿qué más es? Una locura muy sensata, una hiel que ahoga, una dulzura que conserva. (Romeo y Julieta)

[3] ¿Qué es un hombre si su principal bien y la adquisición de su tiempo es solo dormir y comer? Una bestia, nada más. (Hamlet)

[4] No busques siempre, con los párpados bajos, a tu noble padre en el polvo: ya sabes que es lo común, que todo lo que vive ha de morir, pasando a la eternidad a través de la naturaleza. (Hamlet)

[5] Mi vida no me importa el precio de un alfiler. (Hamlet)

[6] Las cosas sin ningún remedio no deben volverse a considerar: lo que está hecho, hecho está. (Macbeth)

[7] La vida es solo una sombra caminante, un mal actor que, durante su tiempo, se agita y se pavonea en la escena, y luego no se le oye más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no significa nada. (Macbeth)

Nota. Leo estas obras de Shakespeare y me salen al paso estos aforismos intertextuales que no me resisto a dejar aquí. La traducción es de José María Valverde, de las ediciones de Clásicos Universales Planeta.

sábado, 28 de julio de 2012

Definición de socialismo



Leo Marianela, de Pérez Galdós, y me encuentro con una sencilla y lúcida definición de lo que significa el socialismo, sus valores, tan cercanos a los del cristianismo en boca de los personajes Pablo, Marianela y Florentina:

- ¿Por qué esta bendita Nela no tiene un traje mejor? -añadió la señorita de Penáguilas-. Yo tengo varios y le voy a dar uno, y además otro que será nuevo.

Avergonzada y confusa, Marianela no alzaba los ojos.

- Es cosa que no comprendo... ¡Que algunos tengan tanto y otros tan poco!... me enfado con papá cuando le oigo decir palabrotas contra los que quieren que se reparta por igual todo lo que hay en el mundo. ¿Cómo se llaman esos tipos, Pablo?

- Esos serán los socialistas, los comunistas -replicó el joven sonriendo.

- Pues esa es mi gente. Soy partidaria de que haya reparto y de que los ricos den a los pobres todo lo que tengan de sobra... ¿Por qué esta pobre huérfana ha de estar descalza y yo no? ¿Cómo se consiente que haya tanta y tanta desgracia? A mí me quema la boca el pan cuando pienso que hay muchos que no lo prueban.

La ingenuidad y la sencillez de las palabras de  Florentina, quien parece mirar la realidad con ojos limpios, se acerca bastante a lo que podríamos llamar la caridad cristiana. No es el suyo un socialismo político ni doctrinario, pero con qué nitidez plantea la injusticia de que unos tengan tanto y otros tan poco e incluso nada. Bendito Galdós...

miércoles, 25 de julio de 2012

Indalecio Prieto y la banca



El 17 de junio de 1931 Indalecio Prieto hizo unas declaraciones al diario Crisol en las que daba, siendo, muy a su pesar, ya ministro de Hacienda, sus opiniones sobre la banca española. Pareciéndome, ahora que releo el libro de Alfonso Carlos Saiz Valdivielso Indalecio Prieto. Crónica de un corazón, de mucha actualidad, las traigo a estas páginas volanderas y virtuales:


Creo que la banca española está llena de defectos; el más grave de todos es el de su falta de organización, de modo que la expansión del crédito no responde a un planteamiento verdaderamente democrático. La banca parece estar, efectivamente, organizada para amparar, de modo predominante, los negocios de sus consejeros; y los consejos de los bancos, en consonancia, constituyen unos cacicatos, desde los que se despliega un desmesurado afán de absorber el crédito en beneficio del desarrollo de las empresas tuteladas por ellos. Creo además que existe un número excesivo de bancos y que este exceso, con la multiplicidad de agencias y sucursales, determina el encarecimiento de la función bancaria.


Si esto declaraba Prieto lúcidamente en 1931, qué no hubiera declarado viendo el estado actual de la banca. En fin... 

miércoles, 20 de junio de 2012

La colección ROTATIVA



En 1970, cuando se publicó el libro cuya portada ilustra esta entrada, yo tenía dieciséis años y aún no vivía en Barcelona. El título era raro y del autor nada sabía, así que no debió llamar especialmente la atención del joven lector que yo era entonces, el que empezaba a adquirir los primeros volúmenes de lo que después sería su biblioteca personal. No lo adquirí, pues, en su momento. Sin embargo, llevado de mi costumbre, ya algo amortiguada, de perderme por librerías de lance y revolver viejos cestos, el otro día me crucé con un ejemplar, por cierto en muy bien estado de conservación, y no dudé en comprarlo por un precio irrisorio.

He de decir que, andando el tiempo, supe quién era Agustí Bartra y leí el libro en su lengua original, la catalana, en la Biblioteca A tot vent, de Edicions Proa, cuyas portadas, íntegras de color naranja, llegaron a convertirse en míticas para la literatura catalana. El relato era uno de los más impresionantes escritos sobre los campos de concentración del sur de Francia en los que malvivieron los refugiados republicanos españoles al cruzar la frontera a partir de febrero de 1939. La prosa brillante y poética de Bartra y el reflejo de una durísima experiencia colectiva, hacen de este libro un hito en la llamada narrativa del exilio republicano de 1939.

Pero entonces, en 1970, nada sabía yo de todo ello y aunque seguro que vi el libro en alguna librería, no me hice con él. Ahora lo releo traducido al castellano, sin que se haga mención alguna al traductor, de lo que deduzco que fue el propio autor quien lo vertió al castellano para poder ser editado en esta colección. Me sigue pareciendo un libro fundamental y de lectura obligada y necesaria para quien quiera saber la verdad de lo sucedido a los republicanos españoles al terminar la Guerra Civil.

Al llegar a casa, busco los otros volúmenes de la colección que recordaba haber leído y comprado en determinadas épocas. Entre ellos, con portada de ODUBER, está esta Antología de Blas de Otero, publicada en 1974 y donde leí por primera vez al poeta vasco.

Me pregunto quién estaría detrás de esta colección de la editorial Plaza y Janés. Las portadas, magníficas todas ellas, iban firmadas, además de por la persona ya indicada, por Álvaro y J. Palet, al menos en los ejemplares que yo poseo.

También descubrí, en una edición de 1975, la poesía de Miguel Hernández en un libro que lleva la siguiente nota: "Esta selección de la obra poética de Miguel Hernández ha sido preparada por la viuda del poeta, Josefina Manresa, con la colaboración de José Luis Cano." Ahí, en esa edición que reproduce en su portada el famosísimo dibujo que al poeta hizo el dramaturgo Antonio Buero Vallejo en la cárcel, leí el poema "Antes del odio", publicada en Cancionero y romancero de ausencias, por primera vez y se me quedaron grabados los versos que lo cierran:

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión:
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
                           Libre soy, siénteme libre.
                           Sólo por amor.


Ahora me doy cuenta de que estas lecturas que hice en los ejemplares de la colección Rotativa fueron formando al lector que después fui y me abrieron un camino del cual fui consciente más tarde y que ahora reflejo en esta entrada. Por ejemplo, la primera novela que leí de Gabriel García Márquez fue en esta colección, en 1974, cuando cumplía los veinte años, El coronel no tiene quien le escriba, y que habría de ser la primera de la larga serie de novelas de García Márquez que fui leyendo al correr de los años.

También me asomé a la obra de novelistas europeos que fueron publicados, de manera abundante en este colección. Entre los ejemplares que conservo está el libro de Soljenitsin Un día en la vida de Iván Denisovich, que me puso en contacto, por primera vez, con el duro mundo del estalinismo y sus campos de exterminio y concentración. Aún recuerdo que algún amigo, militante entonces en el PSUC, me decía que cómo podía leer a un reaccionario y antirrevolucionario como ese. El libro se publicó en 1970 y aquí sí constaba el traductor, J. Ferrer Aleu, que curiosamente traduce no directamente del ruso, sino de la versión francesa de la novela.

En fin, rindo aquí este pequeño homenaje a esta colección que, con tan buen criterio editorial, nos puso en contacto, a los que por entonces rondábamos los veinte años, con autores importantes tanto de la literatura española como europea y latinoamericana.

Guardo los ejemplares en mi biblioteca personal y a veces me pregunto si alguien los leerá alguna vez. ¡Se ha perdido tanto el interés y la afición por los libros!

En fin, mi enhorabuena, con treinta años de retraso a los editores que tanto acertaron con esta colección.

lunes, 14 de mayo de 2012

En entredicho


En entredicho ha quedado mucho de lo escrito sobre García Lorca después de los documentos que estos días ha publicado el diario El País. Miguel García Posada, en la “Introducción” a la edición, magnífica, de las Obras completas del autor, señalaba que el encuentro con Rafael Rodríguez Rapún había sido clave y decisivo en los años inmediatamente anteriores a la rebelión militar que prendió la mecha de la guerra civil y que Rapún “sería el gran amor de su vida”. Dice García Posada que Lorca “dudó mucho en marcharse de Madrid, seguramente para no separarse de Rapún” y que esa parece “haber sido la causa de que no viajara a Cuba y a México con Margarita Xirgu.” A la luz de lo publicado, estas hipótesis parecen erróneas. No fue de Rapún de quien Lorca se despidió en la estación de Madrid, sino de otra persona. Sí parece que Lorca tenía la intención de irse a México, pero previamente necesitaba que esa otra persona contase con la autorización de sus padres al ser legalmente menor de edad.

Durante años muchos lectores de Lorca se preguntaron por qué el poeta viajaría a Granada en aquellos días tan tensos, en los que se presagiaba el desastre donde quiera que se volviese la mirada. Parecía que el deseo del poeta de celebrar el día de su santo junto a sus padres era un motivo que explicaba ese viaje de modo insuficiente. Muchos fueron los que pensaron debería haber algo más, alguna razón oculta para que un hombre avispado como Lorca fuera a meterse en el ojo del huracán que fue Granada en aquellos trágicos días. Quizá ahora, a la luz de lo que se ha publicado se entienda algo mejor la necesidad de Lorca de despedirse de sus padres puesto que iba a emprender un largo viaje del que no sabía a ciencia cierta cuándo iba a poder regresar. Tal vez.

Lo que cabe preguntarse es lo siguiente: ¿Si Agustín Penón ya hablaba en 1955 de esta relación última de Lorca, dando incluso el nombre de la persona, cómo es que quienes escribieron sobre Federico no tiraron de ese hilo hasta ver qué había de cierto en ello y prefirieron seguir con la idea de que el poeta solo mantenía la relación con Rodríguez Rapún y de que este era el destinatario y el inspirador de los Sonetos del amor oscuro? Con lo publicado, también esos maravillosos sonetos, en los que se funde la tradición clásica con la modernidad procedente del surrealismo, cobran una nueva luz. “Amor de mis entrañas, viva muerte / en vano espero tu palabra escrita”, dice Lorca en uno de ellos. ¿Qué palabra escrita esperaba Federico, la de Rodríguez Rapún, o la de la persona con la que esperaba marcharse a México? Quizá si, como dijo Luis Rosales, Federico corrigió o incluso escribió, cuando estuvo refugiado en su casa, alguno de esos sonetos, tal vez ahora cobren también una nueva perspectiva de interpretación. Un riguroso trabajo filológico de datación y estudio textual de los mismos contribuirá a aclarar muchos de los aspectos que ahora quedan abiertos.

Habrá que reescribir, también, las últimas semanas de la vida de Lorca teniendo en cuenta todos estos datos. Y también lo escrito acerca del lugar donde está enterrado, porque los datos aportados por Gibson, cuya fuente principal es sobradamente conocida, son también claramente erróneos y lo escrito necesita de una revisión a fondo. ¡Ay, Federico!...

miércoles, 2 de mayo de 2012

Tanka del río





TANKA DEL RÍO

Vendrá la muerte
cuando menos lo esperes
silencio y sombra
el curso de aquel río
no se detendrá por ti.

jueves, 26 de abril de 2012

Una voz oscura detrás de los montes




La pasión irreprimible rompe los convencionalismos y deshace las ataduras que nos echaron encima desde antes de nacer. Nada se puede contra el grito de la sangre. Y es mejor seguir el camino de la sangre que estar “vivo con ella podrida”. Aunque la fatalidad le persiga, Leonardo huye con la Novia y dispara la trama de la tragedia que acabará, inevitablemente , en muerte y desolación. A la mujer de Leonardo, en Bodas de sangre, le espera un destino aciago: “Tú, a tu casa. Valiente y sola en tu casa. A envejecer y a llorar. Pero la puerta cerrada. Y vengan lluvias y noches sobre las hierbas amargas.” La Madre del Novio grita su rabia y su desesperación y pareciera, en sus palabras, que Lorca esté hablando de sí mismo de forma premonitoria:


Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos. Bendito sea Dios, que nos tiende juntos para descansar.


Juntos están el maestro, el poeta y los dos banderilleros. Maleza alimentaron sus cuerpos, que no trigo, en un paisaje agreste y desolado. El destino los juntó para que inertes acabaran tendidos y confundidos en la muerte, en la soledad irremediable de la muerte. Cuántas veces las madres de tantos que murieron de forma similar a la de Federico García Lorca no se preguntarían lo mismo que la Madre de la Novia: “¿No hay nadie aquí? Debía contestarme mi hijo. Pero mi hijo es ya un brazado de flores secas. Mi hijo es ya una voz oscura detrás de los montes.”

jueves, 19 de abril de 2012

¡Ay, España!: Pérez Galdós



Así, de esta manera lúcida y penetrante, nos dejaba Galdós la visión de la España de los días previos a la revolución del 68 en su novela Tormento; al releer estas palabras, cuántas semejanzas se pueden hallar con la España de nuestros días:

En una sociedad como aquella, no vigorizada por el trabajo, y en la cual tienen más valor que en otra parte los parentescos, las recomendaciones, los compadrazgos y amistades, la iniciativa individual es sustituida por la fe en las relaciones. Los bien relacionados lo esperan todo del pariente a quien adulan o del cacique a quien sirven, y rara vez esperan de sí mismos el bien que desean. En esto de vivir bien relacionada, la señora de Bringas no cedía a ningún nacido ni por nacer, y desde tan sólida base se remontaba a la excelsitud de su orgullete español, el cual vicio tiene por fundamento la inveterada pereza del espíritu, la ociosidad de muchas generaciones y la falta de educación intelectual y moral.

¡Y cuántas señoras y señores Bringas hay en nuestros días que todo lo siguen basando en las relaciones! ¡Cuánta pereza de espíritu seguimos teniendo los españoles! ¡Cuánta falta de educación intelectual y moral!

viernes, 13 de abril de 2012

De Papini a Unamuno



En la entrada de ayer incluí un fragmento de la “Oración a Cristo” que Giovanni Papini editó al final de su Historia de Cristo, libro de 1921. Como es sabido, se trata de un libro escrito por alguien que recupera la fe y se convierte al cristianismo. Por consiguiente, el libro es visceral, escrito desde la fe del converso. Sin embargo, en la oración duda, pide, casi exige, una señal, lo que viene a demostrar que su fe busca un fundamento más o menos “racional”, una señal al menos que la corrobore y la consolide, la justifique.
     Papini se consideraba, como declaró poco antes de morir “un Unamuno mancato”, esto es, un Unamuno fallido. En uno de sus poemas, don Miguel incluye estos versos, coincidentes en grado sumo con la necesidad manifestada por Papini en su oración:

Una señal, Señor, una tan solo,
una que acabe
con todos los ateos de la tierra;
una que dé sentido
a esta sombría vida que arrastramos.
¿Qué hay más allá, Señor, de nuestra vida?
Si Tú, Señor, existes,
¡di por qué y para qué, di tu sentido!
¡di por qué todo!

jueves, 12 de abril de 2012

Giovanni Papini: Oración a Cristo





Estás aún, todos los días entre nosotros. Y estarás con nosotros perpetuamente.


Vives entre nosotros, a nuestro lado, sobre la tierra, que es tuya y nuestra; sobre esta tierra que, niño, te acogió entre los niños, y, acusado, te crucificó entre ladrones; vives con los vivos, sobre la tierra de los vivientes, de la que te agradaste y a la que amas; vives con vida sobrehumana en la tierra de los hombres, invisible aún para los que te buscan, quizá debajo de las apariencias de un pobre que mendiga su pan y a quien nadie mira.


Pero ha llegado el tiempo en que es fuerza te muestres de nuevo a todos nosotros y des una nueva señal perentoria e irrecusable a esta generación. Tú ves, Jesús, nuestra pobreza. Tú ves cuán grande es nuestra pobreza; no puedes dejar de reconocer cuán improrrogable es nuestra necesidad, cuán dura y verdadera nuestra angustia, nuestra indigencia, nuestra desesperanza; sabes cuánto necesitamos de una extraordinaria intervención tuya, cuán necesario nos es tu retorno.


Aunque sea un retorno breve, una llegada inesperada, seguida al punto de una desaparición súbita; una sola aparición, un llegar y un volver a partir, una palabra sola al llegar, una sola palabra al desaparecer, una sola señal, un aviso único, un relámpago en el cielo, una luz en la noche, un abrirse del cielo, un resplandor en la noche, una sola hora de tu eternidad, una palabra sola por todo tu silencio.


Tenemos necesidad de Ti, de Ti solo y de nadie más. Solamente Tú, que nos amas, puedes sentir hacia todos nosotros, los que padecemos, la compasión que cada uno de nosotros siente de sí mismo. Tú solo puedes medir cuán grande, inconmensurablemente grande, es la necesidad que hay de Ti en este mundo, en esta hora del mundo. 

jueves, 22 de marzo de 2012

La Constitución de Cádiz


Faro y norte de los partidarios de la libertad en España, ahora que se conmemora su bicentenario, no estaría de más que se recordara a los que dieron su vida por la causa liberal que tan bien supo recoger el espíritu de ese texto jurídico. Tampoco sería ocioso que se dijera quién o quiénes estuvieron en contra de ese sentir y desataron una orgía de sangre para imponer sus ideas, cosa tan frecuente, por desgracia en España. Fernando VII promulgó un decreto, después de que se ahorcara a Riego el 7 de noviembre de 1823 en la plazuela de la Cebada de Madrid, que comenzaba así: "Con el fin de que desaparezca para siempre del suelo español hasta la más remota idea de que la soberanía reside en otro que en mi real persona...". Que cada palo aguante su vela y que no se disfrace lo que cada uno hizo y dijo. Que no sirvan las conmemoraciones para ocultar la verdad del pasado.

Benito Pérez Galdós escribió unas páginas estremecedoras en El terror de 1824 sobre el ahorcamiento de Riego. Federico García Lorca dramatizó la historia de la heroína granadina Mariana Pineda en su obra teatral de título homónimo, Mariana Pineda. José Esteban, el crítico y escritor interesado por el fenómeno de los exilios en España, escribió un libro, al que ya me he referido en este blog, titulado La España peregrina, editado por Mondadori en 1988, en el que apoyándose en los mecanismos de la ficción, narra en una suerte de diario fabulado, las circunstancias en que se produjo el asesinato de Torrijos y sus cincuenta y dos compañeros, el once de diciembre de 1831, en las costas de Málaga, que les vieron en desdichado día, como dejó escrito José de Espronceda en su célebre soneto "A Torrijos y sus compañeros", cuyos tercetos, vehementes y exaltados, cerraban así el poema: "Españoles, llorad; mas vuestro llanto / lágrimas de dolor y sangre sean; / sangre que ahogue a siervos y opresores; / y los viles tiranos, con espanto, / siempre delante amenazando vean / alzarse sus espectros vengadores." Cito a continuación las palabras de la última entrada de ese diario ficcionalizado en el que se reproduce con tanto acierto la voz íntima de Torrijos:

Iremos caminando por la playa, que se extiende ondulada hasta el infinito, con cierta dificultad y con fatiga. Nos acompañará la curiosa y anhelante multitud. Sonarán los tambores. Los capuchinos irán a nuestro lado dándonos sus últimos consuelos. De súbito, se parará la comitiva. Un toque destemplado y agudo de corneta, nos dejará inmóviles en el punto en que vamos a ser sacrificados. Todos, olvidando a los frailes, iremos a ocupar nuestro último lugar entre los vivos. Nos erguiremos frente a los fusiles. Yo volveré a reclamar mi derecho a dar la voz ejecutoria de fuego. No hay presente otro mariscal. Pero mis verdugos volverán a negarme ese honor último que me corresponde. El padre Vicaría no soltará llorando a su grumete, que terminará desplomándose sin sentido al contemplar tan tremendo espectáculo. Ni siquiera el tirano nos consiente morir en paz y soledad, a solas con el más allá, que me espera inflexible. Unos nos abrazaremos emocionados; otros se aislarán en su definitivo silencio. Los soldados nos irán agrupando para fusilarnos. Yo estrecharé las manos de mis compañeros, me adelantaré hacia el pelotón y cuando oiga el grito de ¡Fuego!, gritaré fuerte ¡VIVA LA LIBERTAD!, que es la última palabra que quiero oír en mi vida.

jueves, 8 de marzo de 2012

Némirovsky y Rodoreda, escritoras.


La inminente ocupación de París por las tropas alemanas en junio de 1940 provocó el éxodo de multitud de ciudadanos que abandonaron la capital francesa y se desplazaron hacia el sur, hacia lo que entonces se consideraba la Francia libre. Esa huida es la que narra Irene Némirovsky en su estupenda novela Suite francesa, que he leído en la traducción catalana de Anna Casassas, editada por La Magrana en septiembre de 2007.


La novela permaneció inédita más de sesenta años. La peripecia del manuscrito constituye de por sí otra novela. La escritora, de origen judío ucraniano, fue víctima de las leyes antisemitas promulgadas por el gobierno colaboracionista de Vichy. De modo que fue detenida y deportada al campo de exterminio de Auschwitz, donde murió en el verano de 1942. Sus hijas, que habían sido enviadas por sus padres a Issy-l'Évêque, guardaron los originales inéditos de su madre y entre ellos estaba esta Suite francesa.


La escritora catalana Merce Rodoreda, exiliada en esa misma época en Francia, narró la misma peripecia en un cuento magnífico titulado “Orleáns, 3 kilómetros”. Traduje ese cuento del catalán y lo edite en Solo una larga espera. Ahora, después de haber leído la estremecedora novela de Irene Némirovsky, veo las coincidencias en la materia narrativa de las obras de ambas escritoras, mujeres que han dejado una obra que, en el caso de Némirovsky, la redime de una muerte injusta y cruel, y en el caso de Rodoreda, la convierte en una escritora fundamental en la historia de la literatura catalana.


Dos párrafos que se asemejan:


Némirovsky:


Per la carretera de París arribava una riuda contínua i lenta de cotxes, camions, carros i bicicletas, a la qual es barrejaven els animals dels pagesos, que abandonaven les granges i se n’anaven cap al sud arrossegant criaturas i bestiar. L’embús era tal que era impossible surtir de la ciutat. Els cotxes anaven arribant els uns rere els altres, plens a vessar, carregats a més no poder de maletes i mobles, cadascun amb un matalàs lligat al sostre.


Rodoreda:


A lado y lado de la carretera se extendían los campos de trigo. Las espigas se doblaban, maduras, llenas, a punto de reventar; una brisa ligera las llenaba de olas rubias. El sol se ocultaba entre nieblas: un sol de color carmín llenaba el paisaje de tonos malva. De cuando en cuando una amapola se asomaba entre las espigas, excesiva en su inmovilidad. La carretera estaba llena de gente que no sabía hacia donde se dirigía. Pasaban carros a rebosar de muebles, de jaulas llenas de aves sedientas y hambrientas, de colchones, de cacharros de cocina, de herramientas de trabajo.

lunes, 27 de febrero de 2012

Una lección de vida



Estimado Rafael:


Terminé, hace unos días, la lectura de las memorias de Julián Marías en la edición de Alianza Editorial, publicadas en tres volúmenes bajo el título global de Una vida presente. Aunque ya había leído el primer volumen hace algunos años, para estudiar lo que en él se decía de Julián Besteiro, solo ahora, releído de un tirón junto a los otros dos, recobra el libro todo su esplendor. Pienso que no exagero si digo que ese primer volumen es de lectura imprescindible, también los otros dos, claro, para quien quiera saber lo que se perdió con el tajo de la Guerra Civil. La Facultad de Filosofía de la Universidad de Madrid es un claro ejemplo de ello. Juan Marichal dijo alguna vez que la libertad de conciencia había sido muy poco ejercida en España y que esa carencia influyó decisivamente en lo que hemos sido como país. Marías, republicano moderado, defensor siempre de la libertad y enemigo de cualquier extremismo, sobre todo político, vio con lucidez que esa libertad de conciencia en la que él se educó y se formó intelectualmente en la Facultad de Filosofía mencionada, con maestros como Ortega, Zubiri o el propio Besteiro, tardaría demasiados años en ser recuperada, en el nivel público, que no en el privado donde tantas personas la ejercieron durante los años de plomo de la dictadura, en España. La vida de Marías y su trabajo, los libros sobre todo, pero también las conferencias, los cursos en las universidades extranjeras -aquí no se le permitía ejercer la docencia en ese ámbito-, el magisterio ejercido siempre sobre pequeños grupos ilustrados, es un ejemplo de vínculo, de nexo de continuidad con una España que la guerra y la dictadura franquista se encargaron de laminar.


Tiene razón Marías cuando dice que somos lo que hemos hecho pero también lo que no pudimos hacer. Su palabra escrita, el relato que hace de su propia vida es una enorme lección de tenacidad, de lucha por la libertad, de compromiso con sus ideas y con su tiempo. La ética, la decencia y la defensa de su dignidad son admirables, incluso en contextos tan adversos como en los que le tocó vivir. Tienes razón, Rafael, entrañable es la palabra adecuada. Entrañables son las páginas dedicadas a narrar el dolor por la muerte de su primer hijo y también estremecedoras resultan aquellas en las que cuenta la enfermedad y muerte de su mujer, a la que le unió una historia de amor muy particular. La grandeza de Marías asoma tras cada página. Por ejemplo, cuando se niega a nombrar a las personas que le denunciaron al acabar la guerra y que dio con sus huesos en la cárcel. Tú sabes muy bien, Rafael, que su hijo Javier lo contó, en cierto modo, cerró la “vida presente” de su padre, en su novela Tu rostro mañana; y digo que lo sabes muy bien porque en tu estupendo libro sobre don Julián sigues la pista de esos personajes y nos cuentas qué fue de ellos. ¡Admirable la actitud de Marías! Y entrañable el abrazo de despedida de Julián Besteiro cuando este fue detenido en los sótanos del Ministerio de Hacienda de Madrid. Estremecedora también resulta la imagen que nos deja de Ortega desde que regresó a España hasta su final.


Si hubiera un canon de biografías, la de Marías debería ocupar un lugar muy destacado. Pienso que el primer volumen, uno de los más hermosos libros que he leído en mi vida, debería ser de lectura obligatoria en institutos y universidades.


Recibe un afectuoso saludo de este amigo y lector tuyo, Javier.

domingo, 12 de febrero de 2012

Palabra sagrada



En tanto que lee un soneto de Garcilaso de la Vega, oye Leonardo inopinadamente voces, murmullos graciosillos que interfieren la música que, procedente de las palabras del poeta, va inundando el aula de armonías que se posan, en sosegado vuelo, en el alma incipiente de sus jóvenes alumnos. Ante las voces discordantes, insolentes y fuera de lugar de algunos de ellos, detiene Leonardo la lectura y se dirige a quienes hablan y en el fondo a todos en general:

La poesía es como la palabra sagrada. Debe oírse en actitud de respetuoso silencio. ¿Se concibe que alguien se ponga a hablar mientras un violonchelista interpreta una suite de Bach? Viven ustedes en la civilización del ruido absurdo.


Para mañana, termina por decirles, quiero que me escriban una redacción de diez líneas acerca de ese tema: el ruido absurdo. En adelante, cuando en esta clase se digan los versos de los poetas o los relatos de los narradores, háganse al caso de que el silencio ha de ser total, absoluto.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Poesía española del siglo XX



(Luis Cernuda, nacido en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y fallecido en el exilio, en México, el 5 de noviembre de 1963.)
 


(Federico García Lorca, nacido en Fuente Vaqueros el 5 de junio de 1898 y asesinado entre Víznar y Alfacar el 18 de agosto de 1936.)


(Juan Ramón Jiménez, nacido el 23 de diciembre de 1881 en Moguer y fallecido en el exilio, en San Juan de Puerto Rico, el 29 de mayo de 1958.)


(Antonio Machado, nacido en Sevilla el 26 de julio de 1875 y fallecido en el exilio, en Collioure, el 22 de febrero de 1939.)


(Miguel Hernández, nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910 y fallecido en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942.)


Pedro Salinas, nacido en Madrid el 27 de noviembre de 1891 y fallecido en el exilio, en Boston, el cuatro de diciembre de 1951.)

domingo, 5 de febrero de 2012

Al correr de los años


 

Después de ser liberado del campo de concentración nazi de Oraniemburg en el que estuvo preso, Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno, se instaló en París y allí, en 1946, escribió las cartas que se editaron en el libro Mis recuerdos. En una de ellas, titulada "Pensando en España", deja estas significativas palabras que traigo hoy a estas páginas volanderas para que, siguiendo a su autor, cada uno las interprete como tenga a bien:

Hace años, en un mitin celebrado en el Cine Pardiñas, en el que hablamos Saborit, Besteiro y yo, cuyos discursos se publicaron en un folleto, decía yo que si me preguntasen qué quería, mi respuesta sería esta: ¡República! ¡República! ¡República! Si hoy me hicieran la misma pregunta contestaría: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! Luego que le ponga cada cual el nombre que quiera.

lunes, 30 de enero de 2012

Los folicularios y el estilo



Es cosa sabida que don Manuel Azaña no fue un presidente al uso. Numerosas razones lo abonan. No es lo corriente que un presidente se desvíe del argumento político al escribir sus diarios para perderse en un meandro reflexivo acerca del estilo de los periodistas españoles de su tiempo. Cuando Negrín y Zugazagoitia lo visitaron en La Pobleta, en mayo de 1937, recién estrenados sus cargos de presidente del Gobierno y ministro de la Gobernación, teniendo en cuenta la tarea periodística del nuevo ministro, escribe, de modo admirable, el presidente de la República en sus Memorias de guerra 1936-1939:

Desde hace algunos años, a casi todos los folicularios españoles les ha dado por escribir, venga o no a pelo, con frasecitas cortas, con cláusulas breves, creyéndose con ello más "modernos". Cuando se trata de gentes sin talento literario, ni formación de escritor, ni conocimiento siquiera superficial de la lengua escrita, se contentan con tronchar las oraciones, cortándolas a cada dos o tres vocablos con un punto y seguido arbitrario, sin observar correspondencia alguna entre el desarrollo de la frase y el de la idea o pensamiento que pretenden expresar. Así resulta una frase cojitranca y jadeante. La atención del lector, como la materia suele ser parva y muy cursada, corre más veloz que la elocución del articulista, y, se ve forzada a detenerse en las pausas indebidas de la prosa, desligadas de las pausas del discurso. Queriendo ser rápidos, son tartamudos. Pero, ¡bueno!, ¿a qué viene ahora hablar de estilos? Hablemos de política.

lunes, 23 de enero de 2012

Lo que desarma en él


En esta tarde de enero, en que tengo noticia del fallecimiento de Miguel García-Posada, mientras leo el último volumen de las memorias de Julián Marías -¡qué extraordinaria lección de vida!-, me llega un correo de mi amigo Joaquim Parellada con una cita que no me resisto a compartir con quien se pase por aquí. Es de un texto de nuestro admirado José-Carlos Mainer y en él escribe sobre dos de los autores que tanto queremos Joaquim y yo, Galdós -tan bien editado por él y por Teresa Barjau- y Baroja. La amistad se mezcla con la melancolía, la vida es hermosa cuando existe la amistad, nunca seremos quienes somos sin la amistad.

“… lo que desarma en él [Baroja] es su melancólica desesperanza, su nihilismo sincero y su sinceridad de fondo… Puede resultar enfadoso alguna vez, pero su frecuentación no me cansa nunca porque es un escritor que gana cuando lo lees a lo largo, por extenso… como comprobé al editar las Obras completas y volvérmelo a repasar de cabo a rabo y por su orden…Galdós es el ser humano más cabal [¿recuerdas nuestra cita de Cernuda al respecto?], aunque no sé qué opinarían las amantes que se quitaba de encima de modo poco piadoso… Es un inventor de mundos vecinos en los que siempre hay una nota de piedad, otra de humor y otra de utopía: la primera nunca es sensiblera, la segunda –excipiente casi obligado de la novela de su época—tampoco es blanda; la tercera nunca es retórica.”


J.C. Mainer (conversación entre él, Juan Marqués y Julio José Ordovás) en Para Mainer, La Veleta, 2011.


¡Qué capacidad de síntesis! ¡Hay cuatro o cinco tesis doctorales en germen en estas líneas!

lunes, 9 de enero de 2012

Julián Marías: hablar por boca ajena



A J.G., que encabezó
la pequeña lista.

Los libros ejercen ciertos efectos sobre sus lectores, pocos o muchos; a veces, durante muchos años, en algunos casos excepcionales, durante siglos. Pero no se suele reparar en los efectos que tienen sobre el autor, que queda modificado por cada uno de ellos, siempre que se trate de libros auténticos, nacidos del fondo de la persona. El libro sobre Ortega había sido de larga elaboración; me había ocupado más tiempo que ningún otro; es decir, había “vivido” en él, sumergido en él durante tres años, inmerso en el empeño de reconstruir su mundo.

Paradójicamente, fue después de la muerte de Ortega cuando más intensa y constantemente me ocupé de él, cuando penetré con mayor hondura en su obra y en la adivinación de su vida, en un extraño experimento mental consistente en ver el mundo –el intelectual y el resto- tal como lo había vivido.

Este intento de reviviscencia de otra vida, este ensayo de trasladarme imaginativamente a mundos ajenos y relativamente pretéritos, me dio experiencias que nunca hubiera poseído. Al acabar de escribir el libro, tenía que ser sensiblemente diferente.

Algunas personas reconocieron que la visión de Ortega iba en adelante a ser otra, y se dieron cuenta de que ello era así porque había sido visto desde una perspectiva a que yo mismo no había llegado antes. Pero al mismo tiempo se consolidó en España la decisión de “no enterarse”, de anular a Ortega por el procedimiento de cerrar los ojos.

No sería sincero si no confesara que esto me produjo alguna desilusión. Soy bastante resistente, quizá por ser muy poco vanidoso, por no interesarme la popularidad, pero cuando se publica un libro es para que sea leído y entendido, para que sirva de algo. Resultaría asombrosa una pequeña lista de personas que no dijeron nada de este libro, simplemente como si no existiera.


Nota. Estas reflexiones, extraídas de las páginas 156 y 157, pertenecen al libro de Julián Marías Una vida presente. Memorias 2 (1951-1975), Alianza Editorial, Madrid, 1989. Apelo a la indulgencia del lector para que perdone la osadía y de paso rogarle que donde dice Ortega ponga Aub, el de Max Aub, novela.