miércoles, 6 de febrero de 2013

Una obra maestra: La defensa de Madrid


Como no vivo dominado por la inmediatez, termino de leer ahora este extraordinario libro de Manuel Chaves Nogales estremecido ante su calidad literaria, su hondura humana y la lucidez penetrante de su visión histórica. Salgo del libro convencido de que he leído una novela y no una crónica periodística que fue publicada por entregas entre el 5 de agosto y el 22 de noviembre de 1938. La voluntad de estilo de Chaves Nogales lo acerca irremediablemente a la literatura, como puede advertirse en este ejemplo en el que se describen los efectos que causa el inicio de las hostilidades en un grupo de milicianos que se dirige despreocupado y casi festivo al frente: "Desde unas casas que están al borde de la carretera parten los primeros disparos del enemigo. Se hace un silencio súbito que corta en seco la aturdida mascarada. Es un silencio tan denso, tan inverosímil, que en un instante, el grupo y el paisaje entero toman una extraña calidad espectral."

Los diálogos, la prosa, de frase breve y ajustadísima a la materia narrativa, con las palabras precisas, con imágenes impactantes, con un lenguaje que a veces recuerda la envidiable precisión de la prosa de Valle-Inclán en El ruedo ibérico, el tratamiento del "personaje" central, el general Miaja: todo hace pensar en que lo que se lee es una novela y no una crónica. Esa es la grandeza de Chaves Nogales, romper los moldes de los géneros y hacer que un libro lo mismo pueda leerse como un modelo de crónica periodística que como una novela histórica de primer orden.

Chaves Nogales está del lado del pueblo que se batió heroicamente en los largos días de la batalla de Madrid en noviembre de 1936. Está muy lejos de las intrigas y los manejos de los sindicatos y de los partidos del Frente Popular; se muestra especialmente crítico con el entonces presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, quien no sale muy bien parado que digamos en este libro; solo muestra admiración hacia el general Miaja y hacia el heroísmo de los ciudadanos que acudieron en masa a defender Madrid con un fusil por cada cuatro hombres, sin preparación militar alguna y con escasísima munición. Seguramente muchos estarán de acuerdo con lo expresado por el autor en el último párrafo del libro: "España no será comunista ni fascista. La mayor infamia que se puede hacer aún con el pueblo español es la de tremolar triunfalmente sobre el inmenso cementerio de España cualquiera de esas dos banderas que siendo ambas extranjeras han hecho derramar tanta sangre española."

Este es un libro decisivo, un libro que todos deberíamos leer, sin la tardanza con la que lo he hecho yo, sin excusas, sin dejarlo para mañana, si no hay edición, que se reimprima y que se haga ya. Mi felicitación a la profesora María Isabel Cintas Guillén por rescatar estos textos, a la editorial Renacimiento por lo cuidado de la edición y a Antonio Muñoz Molina por lo certero del prólogo. Cierro este comentario destacando también las magníficas ilustraciones de Jesús Helguera.

sábado, 2 de febrero de 2013

Escribo como hablo


Partidario como fue siempre Leonardo de la naturalidad expresiva, no podía sino recomendar a sus jóvenes alumnos, muchos de ellos educados en la falsa idea de que escribir bien es escribir en un estilo complicado, las sabias palabras de Juan de Valdés que eran por sí solas todo un tratado de estilística.

"Llaneza, señores, llaneza -dijo Leonardo un día en que decidió empezar su clase sorprendiendo una vez más a sus pupilos-, saquen sus cuadernos y tomen nota de lo que voy a escribir en la pizarra y ténganlo como norma básica para expresarse; no se preocupen si de este escritor nada dicen sus libros de texto, basta con que sepan que en el primer Renacimiento, el conocido como la época del Emperador, fue un destacado autor en el ámbito de la prosa didáctica. La defensa de sus ideas erasmistas le costó el exilio a Nápoles -donde residiría hasta su muerte acaecida en 1541-, ya que la Inquisición abrió un proceso contra él al publicar su Diálogo de doctrina cristiana en 1529, en Alcalá. Fíjense bien ahora en sus consejos estilísticos, que provienen de otro libro suyo, el Diálogo de la lengua, que, como curiosidad se lo digo, nunca vio publicado su autor; la primera edición se debe a don Gregorio Mayans y Siscar quien lo incluyó en el tomo II de Orígenes de la lengua epañola, este sí publicado en Madrid en 1777:

"El estilo que tengo me es natural, y sin afectación ninguna escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque a mi parecer en ninguna lengua está bien la afectación.

Todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis decir con las menos palabras que pudiéredes, de tal manera que, explicando bien el concepto de vuestro ánimo y dando a entender lo que queréis decir, de las palabras que pusiéredes en una cláusula o razón no se pueda quitar ninguna sin ofender a la sentencia della o al encarecimiento o a la elegancia." 

viernes, 25 de enero de 2013

Elogio de la ficción


Cada vez que salía del mundo de la ficción, y últimamente notaba que se acentuaba en él una peligrosa resistencia a abandonarlo, sentía extraña, gris y monótona la realidad en que transcurrían sus días.

Alguna vez se le había pasado por la imaginación la peregrina idea de romper amarras y quedarse instalado en ese universo paralelo, pero pronto los ineludibles quehaceres cotidianos imponían su áspera dictadura de mediocridad y el sueño se diluía como la espuma de las olas se disuelve en el agua.

Así que acabó por resignarse y aceptar, sin rencores inútiles, que no tenía solución ese conflicto, que no había salida en ese laberinto de contradicción. Con todo, nada le impidió seguir pensando que la ficción es el refugio contra la adversidad del tiempo, el espejo donde se refleja lo que la realidad oculta, la vida imaginada que ampara nuestros sueños.

miércoles, 16 de enero de 2013

La vida, siempre


A todos vosotros, porque 
estuvimos juntos allí.

A pocos kilómetros de distancia de Argelès-sur-Mer, la Maternidad Suiza de Elna está situada a las afueras de la ciudad, en el camino de Montescot. Se accede por una vereda de tierra desde uno de los desvíos de la carretera. El paraje en el que está enclavado el edificio de la maternidad, un palacete antiguo, es un lugar tranquilo donde reina el sosiego y se respira una acogedora sensación de paz y de bienestar.


Rodeada de tierras de labranza, sin apenas casas alrededor, para acceder al recinto hay que pasar una alta verja de hierro. En el jardín que rodea el edificio estaba el huerto donde antaño se cultivaban las verduras y hortalizas para el consumo de quienes allí vivían y trabajaban. Los árboles, la hierba agostada de los campos, el Canigó como majestuoso telón de fondo, todo contribuye a que sea palpable esa impresión de calma y de sosiego que dan siempre los lugares donde el bien ha prevalecido sobre el mal.


En este lugar nacieron casi seiscientos niños y niñas entre diciembre de 1939 y enero de 1944. Por eso en el ambiente aletea la vida con su fuerza imparable y una indefinible alegría llena de luz las estancias. Las mujeres republicanas españolas recluidas en los campos de Argelès, Saint-Cyprien y Rivesaltes, la recuerdan como un ángel que en medio de la negrura de sus vidas se les apareció para evitar la injuria de alumbrar en las insalubres condiciones de viento y de arena en los campos.


Elizabeth Eidenbenz no hizo todo esto sola, aunque fue el alma de todo cuanto allí se hizo. Solía decir que la solidaridad se demuestra en los momentos difíciles y en verdad que aquellos lo fueron, no solo para las españolas internas en los campos, también para las familias judías acosadas por las leyes antisemitas del gobierno de Vichy. Suiza fue solidaria y ayudó económicamente a través del SCI, Asociación de ayuda a los niños en guerra, y esa ayuda ya había comenzado durante la guerra civil española y siguió luego durante los años ya mencionados.


Cuando las mujeres estaban a punto de dar a luz, después de haber vivido un embarazo en las peores condiciones imaginables, pasaban a vivir en unas barracas que la maternidad había habilitado en los campos para mejorar en la medida de lo posible la preparación para el parto. Allí eran bien alimentadas, dormían sobre rústicos colchones y contaban los días que faltaban para que la ambulancia Rocinante, el nombre se lo puso Eidenbenz, que era maestra y seguramente lo hizo como homenaje a España y a Cervantes, viniera a buscarlas para llevarlas a Elna e ingresar en la maternidad, donde permanecían después semanas o meses hasta que los recién nacidos estaban en buenas condiciones para volver al campo.


La norma era que todas las mujeres eran iguales y que no importaba ni la religión, ni las ideas políticas, ni el color de la piel, ni la nacionalidad o la lengua en que hablaban. Allí lo importante era alumbrar en condiciones dignas. Se acogía a las mujeres, que tanto habían sufrido, con ternura y comprensión y se las ayudaba en la importante tarea que tenían por delante: perpetuar la vida, siempre la vida.


Todo el mundo ayudaba en lo que podía, nadie estaba allí ocioso. Era una tarea colectiva sacar aquellas vidas adelante y mantener la maternidad a pleno rendimiento.


Cuidar de los niños, ayudar en el mantenimiento de la casa, corresponder a la solidaridad recibida con más solidaridad.


El hermoso edificio que albergaba la maternidad fue restaurado, y casi reconstruido, con ayuda suiza. No había lujos, sino funcionalidad. Las estancias, hoy convertidas ya en museo, albergan algunos de los objetos que antaño se utilizaron.


Con los años y el abandono, el edificio se deterioró. Una de sus alas se derrumbó y se sustituyó por una pared de cristal rematada en una hermosísima cúpula encristalada de estilo modernista y desde la cual es muy hermosa la vista.


La pared acristalada nos permite ver el jardín, donde en otro tiempo estaban los huertos y los árboles frutales.


Hemos escuchado atentos las explicaciones que con amabilidad y sabiduría se nos han dado. Hemos recorrido las estancias porque hemos venido para ver, para saber qué ocurrió aquí, para ser conscientes de que por duras que sean las circunstancias se puede ser solidario, se puede siempre ayudar a los demás, desinteresadamente, para que triunfe la luz sobre la oscuridad, para que el ruido de los fusiles no ahogue el llanto de los niños.


En el momento de partir la nostalgia se mezcla con la admiración hacia las personas que hicieron de la defensa de la dignidad y de la vida una razón para estar en el mundo. 


Nota. Las fotos que ilustran esta entrada son de Ana Dobaño. 

lunes, 7 de enero de 2013

Primer día de clase


Leo Cuadernos de La Romana, de Gonzalo Torrente Ballester y me encuentro con este lúcido pasaje que, a pesar de que hayan transcurrido casi cuarenta años, serviría para describir con toda precisión la enseñanza de la literatura en la educación secundaria de nuestros días; donde pone Don Quijote, eso sí, deberíamos escribir La Celestina:

15 de octubre. Primer día de clase. Todavía no tengo una impresión, ni buena ni mala. He comprobado, eso sí, que a lo chicos de sexto no les interesa la Historia de la Literatura ni creen que sirva para nada, ni siquiera los de Letras. Es algo que hay que aprobar, como Las Tres Marías. Intenté, en esta primera reunión, explicarles lo más elemental de lo que es la Historia (en el caso de yo lo sepa a ciencia cierta); les sorprendió mucho saber que la que vamos a estudiar no consiste en el catálogo de autores y de obras, ordenados más o menos cronológicamente, que se deduce del texto.

Cuando los de Literatura de C.O.U. se enteraron de que vamos a empezar por el "Quijote", intentaron, después de un tacto de codos, rechazarlo. Tuve que leerles el texto de la disposición oficial en que se prescribe su lectura íntegra, y sólo así lo aceptaron. No de buena gana, por supuesto. Uno de ellos (que dice haberlo leído) lo definió como un "rollazo" escrito en un idioma ininteligible y totalmente inútil, puesto que de su lectura "no se saca ninguna enseñanza". ¡Estamos listos! Supongo que el pobre chico no ha hecho más que repetirme algo que ha oído.

Nota. La cita procede de la primera edición de la obra, en la colección Áncora y Delfín nº 469, de Ediciones Destino, Barcelona, mayo de 1975. La fotografía la tomé en Roma en la primavera de 2007, en el mes de mayo.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Feliz 2013



A todos los que visitáis este blog, este cuaderno que el pasado dieciocho de diciembre cumplió ya cuatro años, os deseo, como ese gallo crisis -con permiso de Sijé- que se despereza en ese campanario, espadaña de los sueños, que mi hija ha dibujado, una feliz entrada de año y que sea lo más venturoso posible, aunque tengamos que seguir luchando contra los elementos adversos, que otros gobiernan y nosotros intentamos capear. 

martes, 18 de diciembre de 2012

Contra todo cainismo


"Los derrotados hemos sido los hijos de los que hicieron la guerra: nunca conoceremos la verdad", dice José Pestaña, historiador, uno de los personajes protagonistas de esta novela lúcida y necesaria, en un momento de su narración; cuando lo dice está poniendo de manifiesto una imposibilidad: la de entender las razones que movieron los hilos de la conducta de quienes ejercieron la violencia más feroz en los días, semanas y meses que siguieron al alzamiento de los militares rebeldes contra la República; pero también la de quienes ejercieron similar violencia en las zonas en las que el alzamiento fracasó.

Con el paso de los años hemos ido aprendiendo algunas cosas: entre ellas que si los militares no se hubieran alzado en armas contra la República posiblemente no hubiera habido guerra civil. Que el terror se practicó, con el mismo odio y la misma saña, en los dos bandos en los primeros meses de la guerra, esto es, en el verano y el otoño del 36. Los paseos y los fusilamientos no fueron solo cosa de los rebeldes. Hasta en el final de la guerra, lo contó con pelos y señales Sánchez Mazas y Cercas lo recogió en su libro, se llevaron a cabo fusilamientos masivos, como aquel en el que se vio implicado el escritor y del que milagrosamente salió ileso. 

No puede ser la nuestra una historia de buenos y malos, pero hay cosas que no se pueden olvidar. Se puede perdonar, pero nunca olvidar, como le ocurre a Graciano en la novela. A Pepe Pestaña le recomiendan: "Olvídate de la guerra. Aquello pasó, y pasó. Punto." Pero hechos como los que se cuentan en esta novela estremecen y nunca puede ni debe caer el olvido sobre ellos. Hemos aprendido pues que la reconciliación y la convivencia no deben basarse en el olvido. Estoy de acuerdo con Jesús Ferrer, quien en su crítica en el diario La Razón sostenía que esta novela es "todo un alegato a favor de la convivencia social, en contra de todo cainismo."

Me ocurre con muy pocos libros, me pasó con El coronel no tiene quien le escriba o con La metamorfosis, pero cuando terminé la novela de Trapiello volví al principio y la leí de nuevo. Este es un libro que todos deberíamos leer, un ajuste de cuentas con nosotros mismos y con nuestra memoria colectiva, aunque en ella se cuente una historia dolorosa y tremenda que parece solo afectar a dos familias, la de Pestaña y la de Graciano. La indagación que dispara esa historia es colectiva, de todos. El objetivo de ella es superar el pasado violento, no olvidarlo, a cada cual lo suyo, pero sí evitar las banderías de la violencia que se adueñaron por entonces del suelo patrio. A fin de cuentas, no deja de tener razón Pestaña, por mucho que su actitud resulte provocadora para algunos, cuando dice:

La bandera de los demócratas es, hoy por hoy, la bandera constitucional; esa (se refiere a la republicana) es tan inconstitucional como la del aguilucho. Durante la guerra por cada bandera republicana había veinte de la Cnt, de la Fai, del Poum, de Pce, de la Ugt, de cualquier partido menos de la República. (...) Las aspiraciones de esa República, subsidio de desempleo, seguridad social, jubilaciones, matrimonios civiles y divorcios, aborto o igualdad entre hombres y mujeres han quedado cumplidas y rebasadas en muchos casos en esta monarquía. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Barcelona, octubre de 1934 / y 3


Julián Marías, Una vida presente. Memorias 1 (1914-1951), Alianza Editorial, Madrid, 1988. Pág.161.


Paralelamente a la insurrección de Asturias, en Barcelona, Companys, que había sustituido a Maciá en la presidencia de la Generalidad, proclamó la República catalana, en franca rebeldía frente al Gobierno nacional, con las fuerzas que estaban a sus órdenes y otras improvisadas, paramilitares. El general Batet acabó prontamente con esta rebelión, que ofreció muy escasa resistencia, pero dejó en suspenso el Estatuto y produjo una situación de tensión y descontento.

En ambos casos, se trataba de una ruptura de la convivencia, por una parte; de la legalidad, por otra. La Constitución y el Estatuto fueron igualmente violados por ambas rebeliones. Faltó en absoluto el respeto a las leyes, incluso a las más altas, reguladoras de la vida nacional. Tuve la impresión, pronto confirmada, de que la República había quedado herida mortalmente, y sería muy difícil salvarla; para ello habrían sido necesarias grandes dosis de inteligencia, energía y generosidad; las tres escaseaban.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Barcelona, octubre de 1934 / 2


GARCÍA OLIVER, Juan, El eco de los pasos, Ruedo Ibérico, Ibérica de Ediciones y Publicaciones, París, 1978, pág. 159.

En Barcelona lo acontecido fue de comedia. Dencás, cabecilla máximo de Estat Català, dirigía el movimiento desde el edificio de Gobernación. Badía, segundo que aspiraba a primero, acompañado de policías catalanes, de Guardias de Asalto y de algunos escamots, paseaba con descaro por las calles de Barcelona, "Thompson" en mano, deteniendo a anarquistas y a militantes de la CNT. Asaltó los locales de Solidaridad Obrera y algunos otros de la CNT.

Aunque Companys se consideraba el jefe del Frente Popular en toda España, el movimiento, tal como lo estaban llevando a cabo Dencás, Badía y sus escamots, era la iniciación de un movimiento de tipo fascista. Solamente los lerdos podían ignorarlo. En el Palacio de la Generalidad, Companys, con su mirada un poco torcida, resplandeciente de gozo, proclamaba una Cataluña libre, federada a una España federal. Los desmanes de Dencás y Badía desmentían las buenas palabras de Companys.

Companys se fue quedando solo ante el micrófono de Radio Barcelona instalado en el Palacio de la Generalidad. El Frente Popular no daba señales de vida. La Alianza Obrera, con "treintistas" disidentes de la CNT, minúsculos residuos de rompehuelgas de la UGT y microsindicatos del POUM, tampoco hicieron acto de presencia. Los rabassaires estaban muy lejos, allá donde hacía poco tiempo se había pisado las uvas. De los cinco mil prometidos, los pocos escamots que habían salido a la calle empezaban a sentir el frío de las miradas despectivas de los barceloneses. Fue un continuo abandonar los fusiles y las pistolas de que estaban armados. Las bocas de las alcantarillas eran los lugares preferidos para deshacerse de los armamentos.

"Hombres y mujeres del Frente Popular y de la Alianza Obrera, acudid en defensa de la Generalidad", clamaba Companys, llamando a las fuerzas disciplinadas de que hizo gala ante Largo Caballero.
"Rabassaires, no me dejéis solo en este momento solemne."
Las palabras resbalaban por las paredes de las casas y los balcones cerrados.
"Hombres de la CNT, siempre tan generosos, acudid a defender esta causa".
El silencio de la ciudad ultrajada por aquellos forajidos de Dencás y Badía era impresionante. 

Aquel silencio fue interrumpido por los estampidos de un tiroteo que provenía de las Ramblas. Eran Comte y sus muchachos del Partit Proletari Català, separatistas y marxistas, que intentaban resistir ante el batallón de infantería del ejército que anunciaba la proclamación del estado de guerra decidido por el capitán general de la IV Región, el general Batet.

Murió Comte. Companys y los miembros del gobierno de la Generalidad que lo acompañaban fueron detenidos, procesados, condenados y enviados a extinguir condena al penal del Puerto de Santa María.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Barcelona, octubre de 1934 / 1


Gabriel Jackson: La República española y la Guerra Civil. 1931-1939, Princeton University Press, México, D.F., 1967. Páginas 133-135.

A pesar del Estatuto y de la gran popularidad personal de Companys, Cataluña fue sacudida por una oleada de nacionalismo incontrolado. En la Universidad, los profesores castellanos veían cómo sus discípulos y sus colegas catalanes se mostraban deliberadamente hostiles al uso continuado de la lengua castellana en las aulas. Aparecieron octavillas exhortando a los catalanes a no contaminar su sangre casándose con castellanas. Más grave que tales síntomas era el crecimiento de un movimiento casi fascista dentro de las filas juveniles de la Esquerra. Llevando camisas verdes, llamándose a sí mismos escamots (pelotones), y denominando a su movimiento Estat Català, hacían la instrucción en formación militar, con fusiles anticuados o inservibles, reconociendo como jefe a José Dencás, consejero de Orden Público de la Generalidad. (...) Los escamots, a veces amenazando con sus pistolas, detuvieron tranvías y autobuses, dijeron a los expendedores de billetes en las taquillas del Metro que se fueran a sus casas, y amenazaron con destrozar los escaparates de las tiendas que no cerraran. También se informó que estaban levantando los raíles del ferrocarril al este de Lérida para separar "Cataluña" de "España". (...) El presidente Companys se vio metido en medio de una tormenta en formación. (...)  La tarde del día 6, los nacionalistas exaltados esperaban la proclamación de la plena independencia de Cataluña. Dencás planeaba por su cuenta la proclamación del Estat Català. Companys, en medio de tantos fuegos cruzados, tomó el micrófono de manos de Dencás y proclamó el "Estado catalán dentro de la República federal española". Luego él y su Gobierno se atrincheraron en la Generalidad, dependiendo para su defensa de unos 100 mozos y esperando desesperadamente que el general Batet permaneciera neutral. (...) Dencás, olfateando el fracaso, huyó de Barcelona aquella noche. A las cinco de la mañana, Companys acordó por teléfono los términos de la rendición. El general Batet ordenó que se abrieran las puertas y que los mozos salieran con los brazos en alto. (...) La revolución catalana de octubre costó algunos muertos en las escaramuzas habidas en la noche del 6 al 7 de octubre, y al amanecer el Gobierno de Companys fue a la cárcel para aguardar el proceso bajo el cargo de rebelión contra la autoridad debidamente constituida.

domingo, 28 de octubre de 2012

La metáfora



"Hubiera podido escribir el poeta su pandereta Preciosa tocando viene; pero tal vez sus lectores, acostumbrados a su brillantez metafórica, se hubieran sentido defraudados. Así que sustituye pandereta, término real, por la imagen que esta le sugiere luna de pergamino, similitud, pues, en la redondez y en el color blanco roto y algo rugoso de la superficie; de modo que el verso queda su luna de pergamino Preciosa tocando viene. Pues bien, jóvenes, a esa operación intelectual y estética es a lo que se suele llamar metáfora. García Lorca, fiel seguidor de Luis de Góngora, andaluz como él y a quien tenía por maestro, comprende que el uso de la metáfora es una forma manifiesta de embellecer la realidad."

Un muchacho, tímido, inquieto y curioso, de los más jóvenes alumnos de Leonardo, levanta la mano y pregunta: "¿Vive Lorca aún?" Leonardo, sin salir de su asombro, responde: "No. Lo asesinaron al inicio de la Guerra Civil, pero no me hagan ahora contarles su historia."

Tal fue la insistencia, quién sabe si Leonardo provocó el interés con su respuesta, que no le quedó otra que, en medio de un silencio sepulcral, hablarles del poeta. Los jovencísimos alumnos le escucharon atentamente decir que el poeta está enterrado en algún lugar de Víznar, Granada, junto a un maestro de escuela y dos banderilleros, en una fosa común, abandonado a su frío destino de lluvia.

Cuando terminó de hablar, el mismo muchacho, inquieto, tímido y curioso, volvió a preguntar: "¿Y por qué si era un poeta tan importante como usted dice lo mataron de eso modo?" Leonardo enmudeció y se quedó mirando el vacío, ese sepulcro abandonado sobre la nada, para instantes antes de dar por terminada la clase, responder: "Eso mismo me pregunto yo". 

viernes, 19 de octubre de 2012

José Antonio Pagola




Leí el libro de José Antonio Pagola, Jesús. Aproximación histórica, en cuanto se puso a la venta. Ávido de encontrarme con un perfil de Jesús de Nazaret más humano que el que nos lo presenta convertido casi en dogma de fe. No me defraudó la lectura, es un gran libro, escrito con una sólida base histórica y desde los presupuestos de una fe sincera y creo que razonada, basada en la lectura inteligente, sosegada y reflexiva de los Evangelios, a los que califica como “un género literario absolutamente original y único”, lejos, pues, de las visiones simplistas y dogmáticas.

Hay, con todo, dos momentos que me dejaron insatisfecho: el relato de las curaciones, de los llamados milagros y el de la resurrección, en ellos las explicaciones del padre Pagola no me convencieron, me resultaron insuficientes. Sin embargo, es de alabar, en el segundo de los temas, su honestidad intelectual cuando escribe: “Los relatos llegados hasta nosotros no permiten establecer de manera segura y definitiva los hechos que se han producido después de la muerte de Jesús. No es posible, con métodos históricos, penetrar en el contenido de la experiencia.” Quiere ello decir, pues, que en ese asunto se nos sitúa en el territorio de la creencia y de la fe, nada que objetar, pero no acaba de convencerme.


Afirma el padre Pagola que la resurrección de Jesús transforma a sus discípulos y les lleva a empezar, dice, una nueva vida. Por consiguiente, la resurrección es una de las claves de la continuidad del cristianismo y un dogma básico en la fundación de la Iglesia. Lo que sorprende es que, después de habernos presentado a Jesús como un hombre a lo largo del libro, al final aparezca lo sobrenatural, lo que necesita de la fe para ser creído.


“Si todo acaba en la muerte ¿quién nos puede consolar?” se pregunta el padre Pagola, para afirmar a continuación que “la resurrección de Jesús es para nosotros la razón última y la fuerza diaria de nuestra esperanza”. Una esperanza basada pues en la fe y no en la razón, que a la luz de la imposibilidad científica de la resurrección nos conduce a la nada, a la desaparición inapelable.  Reconoce el padre Pagola que “para Jesús, como para cualquier judío, la muerte es la mayor desgracia, pues destruye todo lo bueno que hay en la vida y no conduce sino a una existencia sombría en el sheol”, es decir, en el reino de las sombras y de las tinieblas que, según la tradición judía, está en las profundidades de la tierra. ¿Existiría pues el cristianismo sin la resurrección? ¿Y la Iglesia? 


Dice el padre Pagola que fueron las generaciones siguientes de cristianos quienes mantuvieron vivo el testimonio de la resurrección de Cristo en “unos relatos llenos de encanto –escribe- que evocan los primeros encuentros con Jesús resucitado.” A pesar de ello, dice en nota al pie: “nada se puede concluir con certeza”. De lo cual se desprende que la resurrección, improbable a la luz de la ciencia y la razón, es la base de todo, de ahí que la Iglesia lo haya convertido en dogma incuestionable. Creer en la resurrección es pues cuestión de fe y es precisamente la resurrección lo que convierte al Jesús hombre del libro del padre Pagola en el elemento clave de una religión que siguen millones de seres humanos en el mundo. ¿Por qué, pues, la Conferencia Episcopal lleva el libro de José Antonio Pagola ante la Inquisición romana? ¿Qué es lo que no les gusta? No lo entiendo.

Enhorabuena, padre Pagola, porque el suyo es un gran libro de lectura imprescindible y necesaria que nos presenta a un Jesús partidario de los pobres, de “los que no tienen nada: gentes que viven al límite, los desposeídos de todo, los que están en el otro extremo de la elites poderosas, sin riqueza, sin poder y sin honor” y nos dice que “Dios no es un juez siniestro que espera airado; es un amigo que se acerca ofreciendo su amistad.”


Nota. Escribo esta entrada después de leer la contraportada de la edición del diario El País de hoy, dedicada a José Antonio Pagola.

martes, 9 de octubre de 2012

Enrique Díez-Canedo


La feria del libro de ocasión, prefiero la expresión de lance, que cada año se instala en el Paseo de Gracia de Barcelona desde mediados de septiembre a principios de octubre, es ya una costumbre en el inicio del otoño entre los barceloneses y las gentes curiosas que visitan nuestra ciudad y se acercan a ver libros, antiguos y no tanto, que se venden a buen precio. Soy asiduo desde hace años y he de decir que he encontrado a menudo libros interesantes, unos años más que otros, para decirlo todo. Con melancolía, el último día, el pasado domingo, me encuentro con un volumen encuadernado en piel con el título grabado en oro en el lomo Poemas en prosa de Carlos Baudelaire. Lo abro y es la edición de Espasa-Calpe de 1935 con una pequeña nota debajo del título y del nombre del autor que dice: “La traducción del francés ha sido hecha por E. Díez-Canedo.” Lo compro inmediatamente a un precio más que razonable.



Mientras camino de vuelta a casa me pregunto quién se acuerda de don Enrique Díez-Canedo, el crítico literario, el poeta, el traductor, el periodista, el que llamó a Aub “viajante de poesía” y le prologó su primer libro de poemas Los poemas cotidianos en 1925; Díez-Canedo, el que murió en el exilio en México, en junio de 1944, con la herida de España sangrándole en el corazón. ¡Ay, España, siempre España! Vuelvo a recrearme en la prosa de Baudelaire, tan sugerente, tan poética, tan precisa en estos textos antecedente sin duda de los microrrelatos, basta con leer el estremecedor "La desesperación de la vieja", al inicio del libro.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Carta al President Mas



Señor Presidente:


Le escucho hablar abiertamente, tras la manifestación del 11 de septiembre en Barcelona, de la necesidad de un estado propio y, por ende, de la hipotética independencia de Catalunya respecto de España, al hacer suyo el lema de esa manifestación: “Catalunya, nou estat d’Europa”.
   Señor Presidente, Convergència i Unió, su formación política, ganó las elecciones con la idea explícita en su programa electoral del llamado “Pacte fiscal”, pero de estado propio y de independencia, con claridad, solo hablaban, que yo recuerde, ERC y los partidos de su ámbito. Ello significa que si CiU ha cambiado de rumbo, debe usted convocar inmediatamente elecciones y presentarse con sus nuevos planteamientos políticos.
   Si lo hace, señor Presidente, los ciudadanos que viven en Catalunya podrán elegir, de ese modo, con más claridad hacia dónde quieren que se encamine Catalunya en el futuro.
     No se excuse, señor Presidente, en la imposibilidad de convocar referendos. Las elecciones, libres y democráticas, son la mejor manera de que la ciudadanía en su conjunto, los que fueron a la manifestación y los que no fueron también, se exprese. Debe hacerlo por elemental higiene democrática, para que no decida la calle sino las urnas.
       Con todo respeto, un ciudadano de Barcelona.

Nota. Esta carta la escribí el doce de septiembre, después de la intervención del Molt Honorable President de la Generalitat en un foro madrileño; como no me sentí demasiado representado por las cosas que allí dijo, me decidí a enviarla a un medio de comunicación, que la ignoró. La traigo aquí porque a veces, como reza el título de la entrada, los políticos obligan a los ciudadanos a  bajar a la arena. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

En silencio




EN SILENCIO

Me limito a observar en silencio
el transcurrir de la vida a mi alrededor
como la nube da sombra sin saberlo
igual que el viento azota sin ira las encinas.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Horacio Vázquez-Rial



Alguien de la editorial sugirió su nombre y le mandó el libro. Tres días después, Horacio me telefoneó a casa y me dijo que le había gustado mucho el libro y que estaría encantado de presentármelo en Madrid. No lo conocía y hablamos con una cordialidad que aún recuerdo. Era marzo de 1998. Nos vimos en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, en la sala Valle-Inclán. Nos llevábamos siete años entre nosotros. Alfonso Guerra (1940), Horacio (1947) y yo (1954). Empezó hablando Horacio, con una voz sosegada, creando con sus cálidas palabras un ambiente de cordialidad y complicidad para conmigo, mi novela y la figura que a todos nos unía, don Julián Besteiro. Dijo algo que no he olvidado, a pesar de que han transcurrido muchos años ya de todo aquello; dijo Horacio que el relato que hacía en mi novela sobre las circunstancias que rodearon la detención, el juicio y la muerte menesterosa de Besteiro en la cárcel rompía el pacto de silencio de la transición. Ignoro si fue Horacio algo exagerado, pero yo le sigo agradeciendo sus palabras de aquella tarde. Por mi parte le dije que me tenía enganchado, la estaba terminando por aquellas fechas, a su novela sobre Gustavo Durán El soldado de porcelana. Ahora creo que los autores siempre dejan una, dos o tres obras de las que se habla cuando desaparecen. Creo que la novela a que me refiero, un acierto soberbio de Horacio, estará ahí por mucho tiempo. Ahora se hablará de él y de esa novela por la cercanía de la triste noticia, pero cuando pase más tiempo, se seguirá hablando de esa novela, se reeditará y ojalá tenga los lectores que la literatura de Horacio se merecía. Me uno desde aquí al dolor de su familia y de sus amigos, entre los que me cuento. Hasta siempre, amigo.

Nota. La foto de Horacio está tomada de El País, que a su vez la toma de la Agencia EFE. Si la memoria no me falla, esa misma ropa llevaba Horacio aquella tarde en el Círculo de Bellas Artes, a lo mejor, esa foto fue tomada en aquel acto, no lo sé, pero me gustaría la coincidencia.

viernes, 31 de agosto de 2012

Fernando de Rojas: sentencias breves



Es forçoso el hombre amar a la mujer y la mujer al hombre.

El que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulçura del soberano deleite.

¿No vees tú que es necedad o simpleza llorar por lo que con llorar no se puede remediar?

Los peregrinos tienen muchas posadas y pocas amistades.

La natura huye lo triste y apetece lo delectable.

De los hombres es errar, y bestial es la porfía.

A quien dizes el secreto, das tu libertad.

No es cosa más propia del que ama que la impaciencia; toda tardança les es tormento; ninguna dilación les agrada.

Todo es assí, todo passa desta manera, todo se olvida, todo queda atrás.

Todo lo puede el dinero: las peñas quebranta, los ríos passa en seco, no hay lugar tan alto que un asno cargado de oro no suba.

Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan moço que hoy no pudiesse morir.

La prolixidad es enojosa al que oye y dañosa al que habla.

Es menester que ames si quieres ser amado.

A las obras creo, que las palabras de balde las venden dondequiera.

La mocedad ociosa acarrea la vejez arrepentida y trabajosa.

El plazer no comunicado no es plazer.

La necesidad y pobreza, la hambre, que no hay mejor maestra en el mundo, no hay mejor despertadora y avivadora de ingenios.

Nunca alegre vivirás si por voluntad de muchos te riges.

El tiempo, según me parece, se nos va, como dizen, dentre las manos. Corren los días como agua de río; no hay cosa tan ligera a huir como la vida.

Ninguna virtud hay tan perfecta que no tenga vituperadores y maldizientes.

Vale más un día del hombre discreto que toda la vida del necio y simple.

Cuando el coraçón está embargado de passión, están cerrados los oídos al consejo, y en tal tiempo las fructuosas palabras, en lugar de amansar, acrecientan la saña.


Nota. Que los clásicos son un pozo de sabiduría, una escuela de vida y un acicate para el conocimiento lo demuestra sobradamente la obra de Fernando de Rojas La Celestina. Releyéndola, lápiz en mano, en las plácidas horas de sol junto al mar y en el preludio de la siesta sosegada, me encuentro con estas, y muchas otras que no puedo incluir ahora, sentencias breves que traigo aquí para quien pase por estas páginas volanderas y quiera leer al menos una de ellas, vale la pena.

sábado, 11 de agosto de 2012

Shakespeare: aforismos


[1] Los hombres son dueños de sus destinos en cierto momento. La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros, que no somos más que esclavos. (Julio César)

[2] El amor es un humo que sale del vaho de los suspiros; al disiparse, un fuego que chispea en los ojos de los amantes; al ser sofocado, un mar nutrido de lágrimas de los amantes; ¿qué más es? Una locura muy sensata, una hiel que ahoga, una dulzura que conserva. (Romeo y Julieta)

[3] ¿Qué es un hombre si su principal bien y la adquisición de su tiempo es solo dormir y comer? Una bestia, nada más. (Hamlet)

[4] No busques siempre, con los párpados bajos, a tu noble padre en el polvo: ya sabes que es lo común, que todo lo que vive ha de morir, pasando a la eternidad a través de la naturaleza. (Hamlet)

[5] Mi vida no me importa el precio de un alfiler. (Hamlet)

[6] Las cosas sin ningún remedio no deben volverse a considerar: lo que está hecho, hecho está. (Macbeth)

[7] La vida es solo una sombra caminante, un mal actor que, durante su tiempo, se agita y se pavonea en la escena, y luego no se le oye más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no significa nada. (Macbeth)

Nota. Leo estas obras de Shakespeare y me salen al paso estos aforismos intertextuales que no me resisto a dejar aquí. La traducción es de José María Valverde, de las ediciones de Clásicos Universales Planeta.

sábado, 28 de julio de 2012

Definición de socialismo



Leo Marianela, de Pérez Galdós, y me encuentro con una sencilla y lúcida definición de lo que significa el socialismo, sus valores, tan cercanos a los del cristianismo en boca de los personajes Pablo, Marianela y Florentina:

- ¿Por qué esta bendita Nela no tiene un traje mejor? -añadió la señorita de Penáguilas-. Yo tengo varios y le voy a dar uno, y además otro que será nuevo.

Avergonzada y confusa, Marianela no alzaba los ojos.

- Es cosa que no comprendo... ¡Que algunos tengan tanto y otros tan poco!... me enfado con papá cuando le oigo decir palabrotas contra los que quieren que se reparta por igual todo lo que hay en el mundo. ¿Cómo se llaman esos tipos, Pablo?

- Esos serán los socialistas, los comunistas -replicó el joven sonriendo.

- Pues esa es mi gente. Soy partidaria de que haya reparto y de que los ricos den a los pobres todo lo que tengan de sobra... ¿Por qué esta pobre huérfana ha de estar descalza y yo no? ¿Cómo se consiente que haya tanta y tanta desgracia? A mí me quema la boca el pan cuando pienso que hay muchos que no lo prueban.

La ingenuidad y la sencillez de las palabras de  Florentina, quien parece mirar la realidad con ojos limpios, se acerca bastante a lo que podríamos llamar la caridad cristiana. No es el suyo un socialismo político ni doctrinario, pero con qué nitidez plantea la injusticia de que unos tengan tanto y otros tan poco e incluso nada. Bendito Galdós...

miércoles, 25 de julio de 2012

Indalecio Prieto y la banca



El 17 de junio de 1931 Indalecio Prieto hizo unas declaraciones al diario Crisol en las que daba, siendo, muy a su pesar, ya ministro de Hacienda, sus opiniones sobre la banca española. Pareciéndome, ahora que releo el libro de Alfonso Carlos Saiz Valdivielso Indalecio Prieto. Crónica de un corazón, de mucha actualidad, las traigo a estas páginas volanderas y virtuales:


Creo que la banca española está llena de defectos; el más grave de todos es el de su falta de organización, de modo que la expansión del crédito no responde a un planteamiento verdaderamente democrático. La banca parece estar, efectivamente, organizada para amparar, de modo predominante, los negocios de sus consejeros; y los consejos de los bancos, en consonancia, constituyen unos cacicatos, desde los que se despliega un desmesurado afán de absorber el crédito en beneficio del desarrollo de las empresas tuteladas por ellos. Creo además que existe un número excesivo de bancos y que este exceso, con la multiplicidad de agencias y sucursales, determina el encarecimiento de la función bancaria.


Si esto declaraba Prieto lúcidamente en 1931, qué no hubiera declarado viendo el estado actual de la banca. En fin...