sábado, 22 de febrero de 2014
Machado: nada os debo, nada os pido
Antonio:
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yago.
Manuel:
[...] Gloria... ¡la que me deben!
Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...
miércoles, 12 de febrero de 2014
Cortázar: estamos solos y no hay tu tía
Proverbial era el uso que Manuel Fraga hacía de la expresión "no hay tu tía" y a su figura está de algún modo asociado para mí el empleo de esa frase hecha; por eso me llama la atención, releyendo el capítulo 22 de Rayuela, la utilización que de la misma hace el narrador reproduciendo los luminosos pensamientos de Oliveira con respecto a la soledad, a lo que es y significa estar solo:
La incomunicación total -pensó Oliveira-. No tanto que estemos solos, ya es sabido y no hay tu tía. Estar solo es en definitiva estar solo dentro de cierto plano en el que otras soledades podrían comunicarse con nosotros si la cosa fuera posible. (...) ¿Quién estaba de vuelta de sí mismo, en la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás?
Consulto el Diccionario de Frases Hechas que coordinó para Larousse en 2001 el doctor Ernesto Carratalá García, profesor que fue de Gramática Histórica en mis años de estudiante en la Universidad de Barcelona -un auténtico sabio-, y se dice esto acerca de la citada expresión:
Expresión figurada y familiar con la que se indica a alguien la dificultad o imposibilidad de realizar o conseguir una cosa. Pintoresca expresión que se reduce a un mal uso lingüístico, con su punto de etimología popular, del arabismo tutía (o atutía, con el artículo árabe) 'ungüento medicinal hecho con óxido de cinc'. Se empleaba en la Edad Media y aparece documentado en la Vida del escudero Marcos de Obregón, 1618.
La imposibilidad, en el caso de la cita de Cortázar, sería la de no estar solos, es decir, estaríamos condenados a estar solos-entre-los-demás siempre y en cualquier circunstancia.
Nota. El texto de Cortázar procede de la edición de Edhasa/Sudamericana, Barcelona 1977, de las páginas 119-120.
martes, 28 de enero de 2014
Tanka del viento
TANKA DEL VIENTO
Se queja el viento
sobre la luz de enero
desordenando
el agua y las palmeras
que cobijan su nombre.
Nota. La fotografía está tomada el domingo veintiséis de enero en el paseo marítimo de Llançà, junto al monumento, obra de Domènec Fita i Molat, dedicado a la memoria del escritor catalán Pere Calders.
domingo, 19 de enero de 2014
Emilia Pardo Bazán: comer las rosas en ensalada
En 1883 se recogían en libro la serie de artículos que sobre el Naturalismo fue publicando la novelista gallega en La Época de Madrid entre el siete de noviembre de 1882 y el dieciséis de abril de 1883. Bajo el título de La cuestión palpitante, con un prólogo de Leopoldo Alas "Clarín", el libro vio la luz ese año en Madrid. Al segundo de esos artículos, "Entramos en materia", pertenecen estas luminosas palabras:
El artista de raza nota en sí algo que se subleva ante la idea utilitaria que constituye el segundo error estético de la escuela naturalista. Este error lo ha combatido más que nadie el propio Zola, refutando la obra póstuma de Proudhon. Es de ver a Zola indignado porque Proudhon intenta convertir a los artistas es una especie de cofradía de menestrales que se consagra al perfeccionamiento de la humanidad, y leer cómo protesta en nombre de la independencia sublime del arte, diciendo con donaire que el objeto del escritor socialista es sin duda comerse las rosas en ensalada.
No hay artista que se avenga a confundir así los dominios del arte y de la ciencia: si el arte moderno exige reflexión, madurez y cultura, el arte de toda las edades reclama principalmente la personalidad artística, lo que Zola, con frase vaga en demasía, llama el temperamento. Quien careciere de esa quisicosa, no pise los umbrales del templo de la belleza, porque será expulsado.
Aquel sentimiento inefable que en nosotros produce la belleza, sea él lo que fuere y consista en lo que consista, es patrimonio exclusivo del arte.
domingo, 12 de enero de 2014
Una cruz en el camino
Circulando por las carreteras de la Sierra de Gata, veo esta cruz a la vera del camino. Detengo el coche. Hay una casa solariega al lado y un pequeño huerto donde se alza la cruz, de un tamaño considerable, como si quien la levantó quisiera que se viera desde la carretera. No hay nadie. Aparco el coche debajo de un inmenso eucalipto, a la entrada del camino hacia la casa. En uno de sus muros está escrito, lo veo al pasar,con letras grandes, la leyenda "ZP traidor", que otros han intentado borrar. Me acerco al pie de la cruz. Ninguna señal, ningún nombre, ninguna fecha.
¿A quién estará dedicada esta cruz? ¿A alguien que tuvo aquí un accidente de tráfico o a alguien que murió en este lugar, en este huerto de modo violento y contra su voluntad? Imposible saberlo, no hay nadie a quien preguntar. Veo la casa a lo lejos mientras regreso al coche.
Conociendo la represión que en esta comarca se vivió durante las primeras semanas de la guerra civil, pienso que tal vez la cruz esté dedicada a una o a varias víctimas de aquel pasado nuestro tan violento. Nunca lo sabré. Han transcurrido demasiados años, pero la cruz sigue ahí para recordar al viajero que alguien murió en ese preciso lugar.
Continúo el camino hacia Hoyos. He dejado atrás Valverde del Fresno y San Martín de Trevejo. Hermosa tierra de Extremadura, ¡qué entrañable me resultas!
lunes, 23 de diciembre de 2013
Mi alma antigua de niño: ¡Feliz Navidad!
A todos los que pasáis alguna vez por aquí, y a los que no pasáis también, os deseo feliz navidad y un próspero, si puede ser, 2014.
Voy a necesitar, para los tiempos que vienen, recuperar mi alma antigua de niño, así que estas navidades haré como Federico García Lorca en el poema de 1919 "Balada de la placeta", incluido en Libro de poemas, 1921: irme muy lejos, cerca de las estrellas, para pedirle a Cristo Señor que me devuelva mi alma antigua de niño:
Se ha llenado de luces
mi corazón de seda,
de campanas perdidas,
de lirios y de abejas.
Y yo me iré muy lejos,
más allá de esas sierras,
más allá de los mares,
cerca de las estrellas,
para pedirle a Cristo
Señor que me devuelva
mi alma antigua de niño,
madura de leyendas,
con el gorro de plumas
y el sable de madera.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Antonio Machado, el largo peregrinar hacia la mar
Tiene razón Alfonso Guerra cuando escribe en el prólogo de este libro que la obra de Machado sigue viva para viejos y nuevos lectores. Monique Alonso, quien ya había publicado en 1985 un excelente libro sobre el poeta titulado Antonio Machado. Poeta en el exilio, en editorial Anthropos, nos da ahora esta crónica de los tres últimos años de la vida del poeta, que arranca en el Madrid de 1936 y termina con el fallecimiento del escritor en Collioure en 1939.
Riguroso, documentado y muy bien escrito este libro se lee, a pesar de ser conocidos en lo sustancial los hechos que en él se narran, con pasión y estremecimiento; se vuela sobre sus páginas, y cuando se llega al final, nos gustaría que el libro no acabase y que la autora nos siguiese contando más detalles sobre el menesteroso final del poeta.
Corrige la autora algunos errores que se han venido repitiendo desde hace años y aporta nuevas datos, fruto de sus pacientes y rigurosas investigaciones, sobre el peregrinar del poeta en el exilio.
No elude Monique Alonso los aspectos más controvertidos de la actuación del poeta en esos años. Por ejemplo, cuando no quiso firmar un escrito de ayuda a Félix Ros que le presentó el editor José Janés cuando Machado estaba hospedado en la Torre Castañer de Barcelona. Mi amigo Jusep Mengual recoge ese episodio en la biografía de Janés que publicó recientemente, en septiembre de 2013, en Debate, bajo el título A dos tintas. Josep Janés, poeta y editor.
Me parece que el enigmático viaje de Manuel Machado a Collioure no se aclara suficientemente. Se afirma que tal viaje existió, pero no se aporta ningún documento que lo pruebe. José Machado, el hermano del poeta, quien le acompañó en el momento de la muerte, no alude a ese viaje, cuando tan fácil le hubiera resultado hacerlo, en su libro Últimas soledades del poeta Antonio Machado. Recuerdos de su hermano José, publicado por Ediciones de la Torre en 1999.
En fin, al margen de esos debates siempre abiertos, el libro es magnífico y recomiendo encarecidamente su lectura, sobre todo a los jóvenes lectores que desconozcan o tengan solo una visión superficial de los hechos aquí narrados. Lo mejor que puede decirse, al margen de alabar el rigor histórico y filológico, es que este libro se lee como si fuera una novela o como si fuera una crónica de un tiempo doloroso y apasionante.
viernes, 6 de diciembre de 2013
1991: Mandela en Barcelona
Como suele decirse, yo estuve allí. Apenas hacía un año que Mandela había salido de la cárcel. Pasqual Maragall era alcalde de Barcelona. Estaba la ciudad en puertas de vivir la Olimpíada del 92. Mandela no era aún presidente de Sudáfrica, pero era un símbolo de la lucha contra el racismo, y también lo era de la defensa de las libertades, la igualdad y la decencia. Por eso fui a verlo aquella tarde. Pocas personas he visto que comunicaran tanto simplemente con su voz y su presencia. No sé si mi ciudad le dio la importancia que tenía. Le habían preparado, por todo escenario, un rústico tablado en una esquina de la Plaza de Sant Jaume, de una austeridad improvisada y un punto inadmisible, para que se dirigiera al escaso público, negros en su inmensa mayoría. El acto duró poco. No tengo fotos y por eso las tomo de la prensa. Recuerdo el sonido de los tambores que tocaban los negros y sus cánticos y sus bailes y hasta creo recordar que Mandela también bailó, ¡dichosa memoria!... La impresión que nos causó no se me ha olvidado. Descanse en paz.
martes, 3 de diciembre de 2013
Tanka del tiempo
TANKA DEL TIEMPO
Pasan veloces
como nubes los años
asombro y vértigo
caudalosa esperanza
en las aguas del tiempo.
Nota. La foto de este edificio barcelonés es de MQ.
viernes, 29 de noviembre de 2013
El porvenir vacío: Larra, Zúñiga y Zorrilla / y 3
Así cuenta Zúñiga el final de la lectura de Zorrilla y del entierro de Larra en su libro Flores de plomo:
La voz se rompió y Roca de Togores, que estaba detrás de él, le cogió los papeles y terminó de leer el poema, con lo cual se puso fin al acto: los tres sepultureros cerraron el ataúd y lo introdujeron en el nicho, lo que, por estar casi a ras de suelo, no les costó gran esfuerzo, y esta sensación de facilidad se comunicó a los presentes, que se pusieron las chisteras, empezaron a hablar y a moverse en dirección a la puerta del cementerio y a los coches que allí esperaban.
Si existe un remoto cielo
de los poetas mansión,
y solo le queda al suelo
ese retrato de hielo,
fetidez y corrupción;
¡digno presente por cierto
se deja a la amarga vida!
¡Abandonar un desierto
y darle a la despedida
la fea prenda de un muerto!
Poeta, si en el no ser
hay un recuerdo de ayer,
una vida como aquí
detrás de ese firmamento...
conságrame un pensamiento
como el que tengo de ti.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
El porvenir vacío: Larra, Zúñiga y Zorrilla / 2
Así cuenta Ramón de Mesonero Romanos, en Memorias de un setentón, la participación de José Zorrilla en el entierro de Larra:
La misma tarde del 14 estábamos reunidos todos los amantes de las letras, o por mejor decir, toda la juventud madrileña, en la parroquia de Santiago, ante el sangriento cadáver del malogrado Fígaro; colocado que fue en un carro fúnebre, sobre el que se ostentaban cien coronas en torno de sus preciados escritos, seguimos todos a pie, enlutados y llenos de sincero dolor, tributando de este modo el primer homenaje público acaso desde Lope de Vega, rendido entre nosotros al ingenio. Y llegados que fuimos al camposanto de la puerta de Fuencarral, y antes de introducir el ataúd en su modesto nicho, don Mariano Roca de Togores (actual Marqués de Molíns) pronunció algunas sentidas frases en loor del desdichado suicida; adelantóse luego con tímido continente un joven, un niño aún, pálido, macilento, de breve persona y melancólica voz; pidió permiso para leer una composición, y obtenido, hízolo de un modo solemne, patético, en aquellos versos, en aquella sentida composición que sorprendió a los circunstantes. Aquel niño inspirado hizo vibrar las fibras de nuestros corazones, y el nombre de José Zorrilla, circulando de boca en boca, consiguió inspirar desde aquel instante las mayores simpatías.
Era una flor que marchitó el estío,
era una fuente que agotó el verano;
ya no se siente su murmullo vano,
ya está quemado el talle de la flor.
Todavía su aroma se percibe,
y ese verde color de la llanura,
ese manto de hierba y de frescura
hijos son del arroyo creador.
Que el poeta en su misión,
sobre la tierra que habita,
es una planta maldita
con frutos de bendición.
con frutos de bendición.
Duerme en paz en la tumba solitaria
donde no llegue a tu cegado oído
más que la triste y funeral plegaria
que otro cantará por ti.
¡Esta será una ofrenda de cariño
más grata, sí, que la oración de un hombre,
pura como la lágrima de un niño,
memoria del poeta que perdí!
Se dice que, en algún momento, bien podría ser este, al joven poeta se le quebró la voz y no pudo continuar la lectura de su estremecedor poema. Se dice también que fue Roca de Togores el que tomó las cuartillas manuscritas de Zorrilla para terminar la lectura.
Nota. La cita de Mesonero Romanos procede del libro Escritores cotumbristas. Larra, Mesonero Romanos, Estébanez Calderón, de la Biblioteca Clásica Ebro, Editorial Ebro, Zaragoza, 1973. La selección de los textos, el prólogo y la edición corrieron a cargo de José Manuel Blecua; sin estar seguro de ello, conjeturo que se trata de José Manuel Blecua, hijo.
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lunes, 25 de noviembre de 2013
El porvenir vacío: Larra, Zúñiga y Zorrilla / 1
Publicó Juan Eduardo Zúñiga hace unos años, en 1999, un libro titulado Flores de plomo. En uno de sus capítulos, o cuentos, según cómo se mire, o pequeñas piezas maestras, según se dice en el texto de la contraportada, titulado "Juzga la mirada", dice el poeta José Zorrilla, convertido por Zúñiga en personaje literario:
Pasarán unos años y olvidaremos a Larra. Se olvidarán sus artículos satíricos, se olvidarán sus amores, su mordacidad, su final lamentable, porque fue un descontento, un censor de cuanto le rodeó en su época y la verdad es que sólo se recuerda a quienes nos hacen sentir felices, aunque sea con engaños.
Cuenta después el personaje que al entierro de Larra no acudió nadie de la familia, tan solo algunos amigos, pocos, y escritores. Su mujer, Matilde O'Reilly -en realidad se llamaba Florentina- a quien le está hablando, se lamenta porque Larra fue, dice, un hombre educado, culto y con atractivo para las mujeres. Pregunta luego Matilde al poeta por qué fue al cementerio y el Zorrilla personaje de Zúñiga responde que había ido a leer los versos que algunos le habían pedido que escribiera en su honor.
Es cosa de imaginarse, ante Larra de cuerpo presente, en el ámbito lúgubre del cementerio, una tarde fría de febrero, al joven poeta, literaturizado por Zúñiga, que empieza a darse a conocer con la lectura de aquellos versos, leyendo con la voz entrecortada y estremecida:
Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana:
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana.
Acabó su misión sobre la tierra,
y dejó su existencia carcomida,
como una virgen al placer perdida
cuelga el profano velo en el altar.
Miró en el tiempo el porvenir vacío,
vacío ya de ensueños y de gloria,
y se entregó a ese sueño sin memoria,
¡que nos lleva a otro mundo a despertar!
Nota. El libro de Zúñiga lo publicó Alfaguara. El texto de Zorrilla lo tomo de la Antología de la poesía romántica, Clásicos Castellanos nº 12, Biblioteca Hermes, Barcelona, 1997. La edición y la selección de textos corrió a cargo de mi amigo José Ángel Cilleruelo, cuyo blog "El Visir de Abisinia", se puede visitar desde los enlaces de este blog. El texto de Zorrilla lo acompañó Cilleruelo con una nota al pie que dice: "La muerte de Larra fue uno de los acontecimientos que más impresionaron en la época romántica. Ese día, el joven y hasta ese momento enteramente desconocido Zorrilla, leyó estos versos, como homenaje, ante la multitud de personas que había acudido al sepelio. Este es, por lo tanto, el primer poema de su prolífica obra y, como tal, encabezó los seis volúmenes de sus juveniles Poesías."
Acabó su misión sobre la tierra,
y dejó su existencia carcomida,
como una virgen al placer perdida
cuelga el profano velo en el altar.
Miró en el tiempo el porvenir vacío,
vacío ya de ensueños y de gloria,
y se entregó a ese sueño sin memoria,
¡que nos lleva a otro mundo a despertar!
Nota. El libro de Zúñiga lo publicó Alfaguara. El texto de Zorrilla lo tomo de la Antología de la poesía romántica, Clásicos Castellanos nº 12, Biblioteca Hermes, Barcelona, 1997. La edición y la selección de textos corrió a cargo de mi amigo José Ángel Cilleruelo, cuyo blog "El Visir de Abisinia", se puede visitar desde los enlaces de este blog. El texto de Zorrilla lo acompañó Cilleruelo con una nota al pie que dice: "La muerte de Larra fue uno de los acontecimientos que más impresionaron en la época romántica. Ese día, el joven y hasta ese momento enteramente desconocido Zorrilla, leyó estos versos, como homenaje, ante la multitud de personas que había acudido al sepelio. Este es, por lo tanto, el primer poema de su prolífica obra y, como tal, encabezó los seis volúmenes de sus juveniles Poesías."
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domingo, 17 de noviembre de 2013
A donde quiera el aire
Un poema de Juan Ramón Jiménez, del libro La muerte (1919-1920)
¡Que, con la muerte, sea yo
lo mismo que la campanilla azul;
que, al cerrarse, a la tarde,
deja fuera de sí todo su aroma,
para que se lo lleve a donde quiera el aire!
El aroma que se lleva el aire es el de la obra poética de nuestro autor, que tantos millones de personas han leído al correr de los años y que crece con cada nueva lectura en hermosura y asombro poético.
Nota. La foto es del cementerio de Portbou y la tomé el pasado septiembre.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Si de Ti me aparto
En 1909 Manuel Murguía inició la edición de las Obras completas de Rosalía de Castro. Incluyó en ellas una edición ampliada de En las orillas del Sar y añadió una serie de poemas alguno de los cuales explicita bien a las claras el sentimiento religioso de Rosalía, aunque otros poemas del libro nos indiquen que es una creencia la suya llena de matices y muy compleja. Este es el último de los poemas añadidos por Murguía:
Tan solo dudas y terrores siento
divino Cristo, si de Ti me aparto;
mas cuando hacia la cruz vuelvo los ojos
me resigno a seguir con mi calvario.
Y alzando al cielo la mirada ansiosa
busco a tu Padre en el espacio inmenso
como el piloto en la tormenta busca
la luz del faro que le guíe al puerto.
Nota. La foto la tomé en Colliure el otoño pasado.
domingo, 20 de octubre de 2013
Leyendo a Alice Munro
Con una oración exclamativa recomendaba mi amigo Fernando Valls hace unos días en su blog que había que leer a Alice Munro. En el mundo del cuento, y en otros, claro, Fernando es una referencia absolutamente fiable, así que dirigí mis pasos hacia una céntrica librería y busqué algún libro de la autora. Elegí Amistad de juventud, un libro de 1990. Fui a pagar y delante de mí otro cliente se llevaba, entre otros, un libro de Munro, del cual no pude ver el título, traducido al catalán.
Me bastó la lectura del primer cuento, que leí junto al mar, el sábado pasado hizo un día casi veraniego, para advertir la gran calidad literaria de la autora. El relato que da título al libro es un cuento logradísimo, que no se agota en sí mismo y cuya materia literaria bien podría haber servido de base a una novela. Al igual que esa melancólica historia llena de delicadeza y rebosante de soledad sobre esa poeta observadora de una realidad áspera y triste, perteneciente a una familia de colonos sobre la que la muerte y el destino trágico se abaten sin piedad, que es "Meneseteung". Una prosa admirable. Mano maestra en eso que algunos llaman cuentos de la media distancia. Habrá que seguir leyendo a Munro.
Nota. El fondo que contemplan mis pies es el Cap Ras. La foto es de MQ.
jueves, 3 de octubre de 2013
Camilo J. Cela: La alcoba de don Antonio / y 3
Cela no se limita, en Judíos, moros y cristianos, a describir la alcoba del poeta, también nos habla de la tertulia a la que acudía con regularidad en el estudio del ceramista Fernando Arranz:
En el taller de Arranz se formaba todas las tardes, después de almorzar, una tertulia que presidía don Antonio, el escultor Emiliano Barral, que era de Sepúlveda y trabajaba a martillazos, según la buena técnica de su abuelo que a los noventa años aún picaba piedra, el más duro granito; y el padre Villalba, un agustino exclaustrado, y el cadete Carranza, que tocaban la música; y Seva, que era empleado de Haciendo y la sombra de don Antonio; y don Blas Zambrano, de quien Barral hizo una cabeza de piedra con una inscripción que dice: el arquitecto del acueducto; y Julián María Otero, que publicó un Itinerario sentimental de la ciudad de Segovia; y Mariano Quintanilla, que aún vive en Segovia, guardián de tanto viejo recuerdo; y Carral, Ignacio Carral, que había de morir trágicamente en Madrid; y Manuel Cardenal Iracheta, tolerante y buen amigo del vagabundo.(...) Sobre Blas Zambrano, el padre de María Zambrano, la escritora a quien el vagabundo conoció en Madrid, en su casa de la plaza del conde Barajas, publicó don Antonio un artículo en La Vanguardia, de Barcelona, durante la guerra."
En una carta de Machado a María Zambrano, fechada el 22 de diciembre de 1937, se refiere a Blas Zambrano y le dice a su hija:
Diga V. a su padre -mi querido don Blas-, que lo recuerdo mucho, y siempre para desearle toda suerte de bienandanzas y de felicidades. Dígale que, hace unas noches, soñé con que nos encontrábamos otra vez en Segovia, libre de fascistas y de reaccionarios, como en los buenos tiempos en que él y yo, con otros viejos amigos, trabajábamos por la futura República. Estábamos al pie del acueducto y su papá, señalando a los arcos de piedra, me dijo estas palabras: "Vea V., amigo Machado, cómo conviene amar las cosas grandes y bellas, porque ese acueducto es el único amigo que nos hoy queda en Segovia". En efecto -le contesté-, palabras son esas dignas de su arquitecto. (Poesía y Prosa, Tomo IV, pág. 2228, ed. de Oreste Macrì)
domingo, 29 de septiembre de 2013
Camilo J. Cela: La alcoba de don Antonio / 2
Las cartas que publicó Concha Espina, a las que se refiere Camilo José Cela en la entrada anterior, lo fueron en Madrid, Lifesa, en 1950 bajo el título de De Antonio Machado a su grande y secreto amor. Muy posteriormente, en 1981, se publicó, en Plaza y Janés, el libro Sí, soy Guiomar. Memorias de mi vida, de Pilar de Valderrama. Las cartas que se contienen en él, no el facsímil manuscrito, claro, también reproducido, las recogió Oreste Macrí en el tercer volumen Tomo III. Prosas completas (1893-1936) de la edición de la obra completa del poeta que bajo el título de Poesía y prosa, publicó en 1988 en Espasa Calpe con la colaboración de la Fundación Antonio Machado. Allí, con el título de "Cartas a Guiomar", se habla, lo hace el poeta, en efecto, de la estufa a la que se refiere Cela:
Domingo - Noche - Segovia
Llego a las 12 y media, pues el tren ha tenido un largo retraso. La noche está muy fría; pero mi patrona me tiene encendido un brasero y la estufa. Si vienes, diosa mía, un momentito a ver a tu poeta, no tendrás frío. (Pág. 1676)
Hay otra alusión en esas cartas al frío y a otra estufa, la que hizo instalar el poeta en el café de Madrid, nuestro rincón lo llamaba, en el que se encontraba con Guiomar:
Sábado - Madrid
Vuelvo de nuestro café, donde he estado esperándote hasta las dos, y encuentro en casa tu carta, que llegó por conducto de Hortensia Peinador. Mi diosa está malita; pero no quiere alarmar a su poeta. Quiero creer que no es nada. Quietecita en la cama, vida mía, que, en efecto, el tiempo está muy malo y la gripe en todas partes. Ya tenía yo mi preocupación por el frío de nuestro café, hasta el punto, que hoy mandé poner una pequeña estufa de gasolina para calentar nuestro rincón. Ardiendo estuvo hasta que me marché. Verás, otra vez, qué bien calienta. (Pág. 1704)
viernes, 27 de septiembre de 2013
Camilo J. Cela: La alcoba de don Antonio / 1
Leo Judíos, moros y cristianos. Notas de un vagabundaje por Ávila, Segovia y sus tierras, célebre libro de viajes publicado por Camilo José Cela en febrero de 1956, número 120 de la colección Áncora y Delfín, de Ediciones Destino. En sus páginas califica a don Antonio Machado como "el hombre más bueno del mundo" y hace esta descripción de su habitación en Segovia, donde vivió el poeta, dice, "a siete pesetas diarias durante trece años":
La alcoba de don Antonio, casi una celda de fraile pobre, es modesta y baja de techo, ruin de proporciones y desangelada. La alcoba de don Antonio está al fondo de la casa y da la parte de atrás. La alcoba de don Antonio se conserva tal como él la vivió, con su cama de hierro, su mesa de tabla, se papelera de alambre, su cómoda negra, su silla, su bombilla y su tulipa colgando del cordón de la luz. La alcoba de don Antonio guarda también el aguamanil y el espejo que él se compró para lavarse la cara y peinarse el pelo de la cabeza. La alcoba de don Antonio se calentaba con una estufa de petróleo, que ahí sigue, que también salió de su bolsillo de profesor con poco dinero; don Antonio habla de su estufa en una carta que publicó Concha Espina. Lo único noble de la alcoba de don Antonio es su balcón, que cae, por encima de los tejados de la ciudad, del río Eresma y de la Vera Cruz, sobre las peladas cuestas de la Lastrilla, que se ve al fondo. Al lado de la alcoba de don Antonio, vivía un don Avelino a quien el poeta arrullaba, noche tras noche, leyéndole versos en voz alta hasta que se dormía.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Tanka del alma y la sombra
TANKA DEL ALMA Y LA SOMBRA
Será una sombra
en este mar mi alma
sueño y salobre
flotando sobre el agua
navegando en el viento.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Silencio, destierro y astucia
Mi amigo, casi hermano, J.C., catalán internacional donde los haya, me envía desde Italia, donde imparte docencia universitaria en letras, con motivo del once de septiembre esta modestísima cita, según él, del libro de Joyce cuya portada ilustra esta entrada de regreso:
I will tell you what I will do and what I will not do. I will not serve that in which I no longer believe, whether it calls itself my home, my fatherland, or my church: and I will try to express myself in some mode of life or art as freely as I can and as wholly as I can, using for my defense the only arms I allow myself to use -- silence, exile, and cunning.
Me gusta tanto que tomo el libro de la estantería y lo repaso hasta encontrar la cita. Stephen Dédalus dialoga, ya hacia el final del libro, con Cranly acerca de sus actitudes y puntos de vista frente a la realidad; es entonces cuando dice:
Me has preguntado qué es lo que haría y qué es lo que no haría. Te voy a decir lo que haré y lo que no haré. No serviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese mi hogar, mi patria o mi religión. Y trataré de expresarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como me sea posible, tan plenamente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia.
Lucidez de Joyce, lección de vida: silencio, destierro y astucia.
Nota. La traducción es de Dámaso Alonso.La colección "Palabra en el tiempo", de la editorial Lumen, la dirigía como es bien sabido don Antonio Vilanova, uno de mis profesores en la universidad. Mi ejemplar pertenece a la segunda edición, la de 1978. La cita procede de la página 295.
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