miércoles, 15 de mayo de 2013

Manuel Lamana: el tiempo vacío del exilio / 1


Dos voces, separadas en el tiempo, conforman este diario:  una es la de José María Lamana, padre del escritor, que cuenta los hechos según están sucediendo, entre el tres de febrero y el veintiocho de abril de 1939, y la otra es la del escritor, la del autor de Otros hombres y Los inocentes, que rememora en la distancia sus vivencias de aquellos meses y redacta un diario con ellas, en 1985, paralelo al de su padre. El relato del padre es estremecedor, el del hijo más reflexivo y más literario, redactado en una prosa cautivadora. El padre cuenta la experiencia directa del exilio: el internamiento en los campos de concentración franceses, las penalidades sin cuento, las miserables condiciones de vida, la dignidad maltratada por la injuria de unos carceleros desalmados, la incertidumbre sobre el destino inmediato, el dolor y la tristeza por la separación familiar, el absurdo de la situación en la que se vieron envueltos quienes no hicieron, como el padre de Lamana, otra cosa que cumplir con su obligación.

Manuel Lamana, con su prosa impecable, reflexiona sobre la condición del exiliado, del refugiado, en estos términos:

10 de marzo de 1939. Ornans
Qué día opaco. Creo que así es el exilio, un día de exilio: un día sin luz, un día donde no se ve nada. Un día vacío, donde todo está destruido, donde todo falta, donde todo es vano, inútil. Es el desierto. (...) El refugiado ha puesto su existencia en sordina y lo que haga será algo que no podrá terminar. Hoy no soy nada. estoy fuera de mi lugar, en exilio.

En otro momento escribe:

Ser refugiados como nueva identidad. No saber hasta cuándo seremos refugiados ni lo que significa exactamente el serlo. Es difícil asumir una identidad que no se sabe cuál es.

Es evidente que este tipo de reflexiones pertenecen al Lamana adulto, que da voz al inquieto joven que era entonces, cuando contaba apenas dieciséis años, en febrero de 1939 y conoció, para después contarlo con mano maestra, la incertidumbre y la zozobra que rodean siempre al refugiado, al exiliado.

jueves, 9 de mayo de 2013

Contar la vida



Después de haber escrito tanto sobre vidas ajenas, renunció al proyecto de contar la suya propia. No merecía la pena, así que se dedicó a leer, a pasear y a contemplar la naturaleza. Fueron pasando veloces los años y muy al final, cuando tuvo la sensación de que el tiempo lo alcanzaba, pensó que quizá no fuera del todo inútil redactar una breve memoria sobre aquel suceso que había marcado su juventud y el resto de su existencia. Sin demasiado afán, se puso a ello. Emborronó algunas cuartillas con el pulso ya tembloroso de su estilográfica, pero se cansó pronto y abandonó la tarea: para qué hurgar en el pasado, para qué contar nada, y menos aún tan a destiempo. Era mejor esperar en paz. Sin aspavientos. Con el alma sosegada. En silencio.

Nota. La foto de Barcelona, vista desde Montjuich, es de Marta Q.

sábado, 4 de mayo de 2013

El lugar más hermoso


A vosotras, que estuvisteis allí conmigo,
y a ti, que sin estar siempre me acompañas.

En el lugar más hermoso las piedras entablan, calladamente, un inusitado diálogo con el agua. Cielo y espumas son testigos mudos del prodigio.


Una geología caprichosa ha ido labrando las piedras al correr de los siglos; la salitre y el viento han sido cooperadores activos, agentes necesarios.


El águila de piedra extiende sus alas, y como si de un albatros se tratase, se dispone, después de observar el azul en el horizonte, a desplegar su vuelo poderoso y desgarrador.


En el lugar más hermoso conviven armoniosamente las especies animales; su obligada quietud las mantiene inmóviles, con la vista perdida en el mismo mar que labró, olas, salitre y espuma, su ser de piedra.


La intervención del hombre, de los arquitectos del paisaje, facilita la contemplación de la naturaleza en estado puro, y nos ofrece observatorios privilegiados.


Así, donde antes había viviendas usurpando los espacios comunes, bajo el amparo de legislaciones autoritarias y obsoletas, se levanta hoy un mirador geométrico de formas rectangulares sobre la inmensidad del mar; simetría panorámica que nos devuelve lo que es de todos.


Paisaje lunar de piedras movidas por el viento, oscuros peñascos, abruptos acantilados, islotes coronados en su base por la espuma que blanquea entre las mil tonalidades del azul: Dios en la creación del universo. El lugar más hermoso es un espacio único y así debe seguir, silencioso entre el rumor bravío del mar, desamparado ante la fuerza desaforada del viento, para siempre.


El color de la piedra lavada por la sal y las olas, bajo un cielo esplendente de azul.


El mar inmenso baña la tierra con su lengua y la sombra oscurece las piedras lunares, que contemplan calladas el paso de los siglos.


Lugares de pausa reposada para leer los poemas que el viento y la lluvia han escrito sobre las piedras. Sosiego, soledad. Un vuelo de eternidades a ras de suelo.


El beso de piedra becqueriano cobra aquí forma en estas rocas que, cual amantes desolados, intentan unir sus bocas en el instante último antes de quedar presas e inmóviles para siempre en la soledad de las estatuas.


Tierra casi volcánica a la orilla del mar, curiosas formaciones dibujadas por el agua.


El camino de vuelta orillado por una geología inquietante.


Asombro ante la belleza de este locus amoenus, de este remanso de poesía natural: piedra, sal, agua, cielo.


El lugar más hermoso es un destello de luz primigenia sobre las piedras y el agua, un bálsamo de belleza indolente para mis cansados ojos, que no dejan de asombrarse al contemplarlo.

Nota. Las fotos fueron tomadas por mi hija Marta en Semana Santa, en el Espai Tudela del Cap de Creus, Girona. El arquitecto del paisaje, diseñador de la intervención, fue Martí Franch Batllori fundador del EMF.

sábado, 27 de abril de 2013

Tanka de la poesía

                               
                        (Dibujo de José Moreno Villa, de su libro Jacinta la Pelirroja, 1929)


TANKA DE LA POESÍA

El universo
está en la poesía
inicio y fuente
de la que fluye limpia
el agua de la verdad.

(Completando un tanka con Moreno Villa.)

martes, 23 de abril de 2013

Tanka del amor



TANKA DEL AMOR

Es llama el amor
que el corazón incendia
sosiega y colma
fulgor que no se extingue
paz y en el alma vida.

Nota. La foto está tomada en Portbou, en marzo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Salazar Chapela: uno de los nuestros


A Jusep Mengual, en la amistad,
y celebrando sus Negritas y cursivas.

Como no se escriba la historia de la literatura española de los últimos años con un criterio más generoso, quedará olvidado como tantos; la honradez, sentenciará Aub en su diario el 23 de febrero de 1965, día en que le llega noticia del fallecimiento en Londres de su amigo Esteban Salazar Chapela, no sirve para la inmortalidad. Cuando se encuentran en Londres, en septiembre de 1956, hace veinte años que no se han visto. Los dos amigos, bajitos y con el pelo blanco, beben vino de Tarragona en el pequeño apartamento donde vive Salazar Chapela, en Barkston Gardens, juno al Támesis. Está escribiendo Desnudo en Piccadilly, que publicará tres años después. Le comenta a Aub que alimenta la idea de escribir un libro con los recuerdos de los días de la guerra en Valencia. Con el tiempo lo escribirá, pero quedará inédito y se publicará, póstumamente, bajo el título de En aquella Valencia.


Salen a la calle porque Aub quiere ver pintura y le pide a su amigo que le acompañe a la National Gallery. Toman el metro en Piccadilly Circus y se bajan en Trafalgar Square, plaza a la que asoma la fachada principal del museo, de estilo neoclásico, con la cúpula central y la columnata. Salazar le lleva directamente a la sala veintinueve, donde está expuesta la Venus del espejo, de Velázquez. Aub se enternece al comprobar hasta qué punto tiene su amigo a España, ¡ay, España!, metida en el corazón. En 1961, Salazar se decidirá a viajar a Madrid y a su Málaga natal; sólo recogerá sinsabores y regresará a Londres: "Es mejor estar exiliado en México o en Londres -escribirá a Aub en octubre de 1961- que estar enterrado en Madrid, así que con ese consuelo he vuelto a mi exilio en Inglaterra". 

Así siguió, viviendo del periodismo y de la crítica, con dificultades y estrecheces, ignorado en España. En 1961 se publicó la versión inglesa de su novela, Naked in Piccadilly. Murió a causa de un envenenamiento de la sangre que los médicos confundieron con una bronquitis, solo, en un hospital londinense. Cuando se fue, Aub escribió: "uno más, uno menos de los nuestros".

Nota. Esta entrada la ha provocado la que acabo de leer en el blog de Jusep Mengual Negritas y cursivas, y supone un diálogo entre bitácoras con el exilio al fondo. Los que pasáis por aquí podéis conectaros al blog de Mengual desde los enlaces, en la columna de la derecha o situando el cursor encima de su nombre en la dedicatoria. La fotografía está tomada del diario El País. El texto procede de mi novela sobre Aub.

lunes, 8 de abril de 2013

Cervantes en Tiempo de silencio



A veces a Leonardo le gusta rendir homenaje, en sus clases, a los grandes filólogos, esos que nos han ayudado a leer mejor a los clásicos con sus análisis y sus comentarios. "Cuando murió -les cuenta cuando por enésima vez le toca explicar la obra de Cervantes- en 2001 Edward C. Riley, quien en su Introducción al Quijote escribió que la locura de don Quijote "no es una locura caprichosa que lo abarca todo, sino que se dirige únicamente a su obsesión caballeresca" y que cuando sale de ella "puede hablar y actuar tan cuerdamente como cualquiera y la gente se maravilla del buen sentido y de la inteligencia de su discurso" y que, por tanto, se puede considerar al personaje "como un loco con intervalos lúcidos", cuando murió -dice Leonardo- en 2001, la reseña necrológica la escribió, en El País, otro gran filólogo, Francisco Rico. También los escritores, en este caso un novelista célebre, no olviden que la literatura se nutre a menudo de literatura, Luis Martín-Santos, hace que en una noche de sábado, después de haber cenado una emblemática pescadilla mordiéndose la cola, en el Madrid del franquismo, Pedro, el investigador personaje principal de la novela, reflexione lúcidamente sobre Cervantes al hilo de un paseo por lo que hoy se conoce como el barrio de los escritores; escuchen:  

Por allí había vivido Cervantes -¿o fue Lope?- o más bien los dos. Sí; por allí, por aquellas calles que habían conservado tan limpiamente su aspecto provinciano, como un quiste dentro de la gran ciudad. Cervantes, Cervantes. ¿Puede realmente haber existido en semejante pueblo, en tal ciudad como esta, en tales calles insignificantes y vulgares un hombre que tuviera esa visión de lo humano, esa creencia en la libertad, esa melancolía desengañada tan lejana de todo heroísmo como de toda exageración, de todo fanatismo como de toda certeza? ¿Puede haber respirado este aire tan excesivamente limpio y haber sido consciente como su obra indica de la naturaleza de la sociedad en la que se veía obligado a cobrar impuestos, matar turcos, perder manos, solicitar favores, poblar cárceles y escribir un libro que únicamente había de hacer reír? ¿Por qué hubo de hacer reír el hombre que más melancólicamente haya llevado una cabeza serena sobre unos hombres vencidos? ¿Qué es lo que ha querido decirnos el hombre que más sabía del hombre de su tiempo? ¿Qué significa que quien sabía que la locura no es sino la nada, el hueco, lo vacío, afirmara que solamente en la locura reposa el ser-moral del hombre?

"Ignoro -continuó Leonardo después de cerrar el ejemplar de la edición de la novela Tiempo de silencio, a la que pertenecía el fragmento que leyó a sus alumnos- si han reflexionado ustedes alguna vez acerca de la locura y su naturaleza, si no lo han hecho ya, pueden empezar a hacerlo a partir de la metáfora de Martín-Santos: la locura no es sino la nada, el hueco, lo vacío. Convengan conmigo en que no está nada mal, para empezar, ese aforismo. La clase ha terminado."  

jueves, 4 de abril de 2013

José Ramón Arana: biografía de solapa / y 3

              (Elvira Godás, Veturián Arana Godás y José Ramón Arana en México, junio de 1962)

José Ramón Arana nació en Zaragoza el trece de marzo de 1905. El fallecimiento de su padre, maestro rural, en 1913 abocaría al escritor a una prematura adolescencia sustanciada en duros oficios. En su juventud trabajó en una fundición en Barcelona y más tarde fue empleado de banca en Zaragoza. De formación autodidacta, las lecturas de sus años de aprendizaje le dejaron un poso de hondura existencial, así como las menesterosas experiencias laborales despertaron en él una inagotable sed de justicia social que lo acompañaría a lo largo de su vida. Durante la Guerra Civil desarrolló una intensa actividad política, en el ámbito de la izquierda republicana, en Aragón y en Cataluña. El final de la guerra le sorprendió en Bayona, Francia, donde cumplía una misión de información; allí fue detenido e ingresado en el campo de concentración de Gurs. Consiguió escapar y llegar a Marsella, donde embarcó rumbo a México, país en el que residiría hasta 1972, año en el que regresó a España gravemente enfermo. Murió el veintitrés de julio de 1973 en Zaragoza. Está enterrado en el cementerio de Monegrillo.

Aunque sus primeras obras vieron la luz en la Barcelona en guerra, el grueso de su labor literaria lo desarrolló en el exilio mexicano, donde, además de fundar junto a Manuel Andújar la revista Las Españas, publicó, entre otros, el libro de poemas A tu sombra lejana (1942), la novela corta, una de las mejores sobre la Guerra Civil, El cura de Almuniaced (1950), la obra dramática Veturián (1951) y los ensayos Esta hora de España (1957) y Cartas a las nuevas generaciones españolas (1968). De nuevo en España, publicó Can Girona (1973), primer volumen del ciclo novelesco-biográfico Por el desván de los recuerdos, cuyo segundo volumen, ¡Viva Cristo Ray! y todos los cuentos, se editó póstumamente en 1980.

lunes, 1 de abril de 2013

José Ramón Arana: los aforismos de Pedro Abarca / 2


[1] España será libre tan pronto como los españoles se hayan puesto en condiciones de querer serlo, es decir, tan pronto como en vez de embestir, discurran.


[2] ¿Por qué, nosotros, españoles, no hemos de ser los primeros en salirnos de la recua mental puesta a la cola de gringos o de rusos? ¿Es que no hay para el hombre sino el despeñarse hacia el Este o chapotear hacia el Oeste?

[3] Después de tanta sangre, tanta ruina y tanto sufrimiento, luego de tanta experiencia acumulada y de mascar fracaso tras fracaso durante veintiún años seguidos, da pena tener que levantar la voz para señalar puras evidencias y decir cosas elementales.

[4] Fascismo o comunismo era, o parecía ser, el dilema acorralador.

[5] Lo de “borrón y cuenta nueva” nos ha indignado siempre. Significa tirar a la basura nuestro millón de muertos; dejar a medio hacer, como otras veces, lo a tan alto costo comenzado; hacernos trampas a nosotros mismos.

[6] Cristianismo y socialismo son cosa viva, de sustancia. De esas sustancias se han de nutrir los dos grandes partidos del futuro. Sus modos y maneras deben ser españoles; su pulsación la de este tiempo; su meta una España habitable en libertad y dignidad, aportadora de sus grandes valores conservados al acervo de la comunidad humana.

[7] Poesía es lo que únicamente se descubre a cierta manera de estar siendo o, quizá, lo que resulta de estar siendo de manera determinada.

martes, 26 de marzo de 2013

José Ramón Arana: los aforismos de Pedro Abarca / 1


Para Miguel Veturián Arana Godás, en la amistad.

[1] Todo brote de libertad ha sufrido en España furiosos gañafones de quienes, en uno y otro bando, tienen, desde antes de nacer, petrificada la sesera.


[2] El hombre sabe muy poco de sí mismo.

[3] Creo que lo verdaderamente humano se alimenta con el pan poético que los capaces de soñar a Dios –de soñarlo de una u otra manera- amasan para el hombre.

[4] España necesita un aire nuevo, limpio; sacudirse la pereza mental, reencontrarse, sustanciar las ideas en lo olvidado de su ser, y una actitud abierta, fervorosa, realista en la entera realidad del hombre. Le hacen falta esclarecedores de lo turbio, rectificadores de tanta mentira y tanta falsificación acumuladas y un proyecto de sí.

[5] ¿No fue, más bien, que cinco reinados –los de Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII- acumulando culpas, vilezas y desastres, hacían indefendible el régimen monárquico?

[6] El diálogo, forma perdida entre nosotros.

[7] Los desterrados: el alma partida, un no ser ni de aquí ni de allá completamente.

[8] Barrer media España a la otra media es imposible, como ha venido demostrándose.


Nota. En 1968 publicó José Ramón Arana en México, en la "Colección perspectivas españolas, nº 2, de la editorial Finisterre, un libro de ensayo titulado Cartas a las nuevas generaciones españolas y lo hizo con el pseudónimo de Pedro Abarca.

viernes, 22 de marzo de 2013

Tanka de la luz



TANKA DE LA LUZ

¿De dónde vendrá
con esa inusitada
y extraña fuerza
esta luz que me asombra
tan dulce y tan lejana?

Nota. Definición de "tanka" del diccionario de la RAE: "Poema japonés corto, compuesto de cinco versos; pentasílabos primero y tercero, y heptasílabos los restantes."

viernes, 15 de marzo de 2013

San Juan, de Max Aub: mundo a la deriva


Para Eugenio, en la amistad.

Pronto se cumplirán setenta años de la publicación de la tragedia de Max Aub San Juan. Releo la obra en un ejemplar de la primera edición publicada en México en julio de 1943 por Ediciones Tezontle: "Este libro se acabó de imprimir el día 6 de julio de 1943, en Gráfica Panamericana, Pánuco, 63, México, D.F." Me lo regaló mi amigo Eugenio García Gascón; lo compró en Jerusalem por un módico precio, y me lo dio en Barcelona en septiembre de 1995 con una nota que terminaba así: "Ves, como te dije que es un intonso..., tú verás si lo abres..." Lo abrí, claro, y lo leí; siempre me ha gustado leer, cuando me ha sido posible, en primeras ediciones, sobre todo a determinados autores.  Eugenio, premio Cirilo Rodríguez de periodismo 2011, lo adquirió en la librería Ludwig Mayer.



Lo releo ahora con la admiración que siempre me causó el teatro de Aub. La edición, como es sabido, la prologó Enrique Díez-Canedo, quien evocó en esas páginas la visita que le hizo Aub en 1923 para llevarle, a su casa de Madrid, Los poemas cotidianos, su primer libro de versos, y someterlo a su consideración. Dice en ese prólogo Canedo que "el teatro es lo que mejor cuadra, tal vez, a sus aptitudes". No le falta razón al gran crítico, sin olvidar, naturalmente, la novela. He tenido la sensación, mientras leía, de estar ante a un gran clásico, ante una de esas obras perfectas, logradas. 


Dice Canedo que la obra "es la tragedia de todos, en que cada cual, sea la que fuere su religión y su raza, puede reconocerse en nuestros días; San Juan es la imagen de nuestro mundo a la deriva, condenado sin apelación y abatido sin esperanza". El pesimismo de esas palabras, escritas por un Díez-Canedo casi en puertas de la muerte, exiliado en México, tan lejos de su Madrid, debe entenderse en un contexto borrascoso y tremendo, en un tiempo adverso hasta la saciedad. Me quedo ahora, sin embargo, con este diálogo breve entre Efraim y Boris, dos de los judíos que van en el barco que navega a la deriva; Efraim, joven, entusiasta, capaz aún de luchar por un mundo mejor; Boris, viejo y escéptico, con miedo al dolor y en cuya gran metáfora asoma el Aub vanguardista que nunca dejó de ser:

EFRAIM. ¡Enajenáis vuestra libertad para salvar vuestra problemática vida futura! ¿He de enajenar la mía por salvar mi vida presente? Eso está bien para ustedes que creen en el paraíso.

BORIS. Sí, joven, y en mi hígado. El mundo gira alrededor de mi hígado. ¿Usted no lo sabía? ¡Hermosa víscera! Prometeo encadenado... y sin fuego. A lo sumo, defendí lo que aborrecía. Todo deja de existir frente al dolor. (...) El mundo es un gran hígado, un hígado tremendo, el formidable hígado de Dios.  


Ya he contado en otros sitios que Aub pagaba las ediciones de su bolsillo y que el FCE se limitaba a distribuirlas. No fue San Juan una excepción, sino el inicio de una larga serie de títulos que sufragaría nuestro autor. No fue fácil para Aub, pero su perseverancia le garantizó su posteridad. No vio, también es sabido, estrenarse la obra, pero su fuerza quedó ahí, en la letra impresa, en espera de tiempos mejores que, eso él nunca llegó a saberlo, tardarían en llegar, pero llegaron.Tener fe en lo que se escribe, defender con orgullo lo hecho, lo escrito, esa es una de las grandes lecciones que nos legó Aub:

RABINO. ¿No hemos llevado la levadura del saber por el mundo entero? ¿No hemos hecho por la civilización más que todos los demás juntos? ¿Olvidáis que nadie ha llegado con la pluma en la mano más allá de Job, más allá del Cantar, más allá del Ecclesiastés? 


Cada vez que vuelvo a las obras de Aub, me doy cuenta de que lo que más interesa de él es su dimensión existencial y su profundo humanismo (sin adjetivos, como otros quieren), al tiempo que me asombra su lenguaje y la sabiduría de su concepción teatral, en este caso.

ERICH. Dime. Todos esos pájaros, las gaviotas, cuando se mueren ¿dónde van a parar? Allí en la costa había muchísimas. Por las olas no se ven nunca. ¿Si el mundo es tan viejo, cómo no forman montones?

CARLOS. Nos hacemos polvo, muchacho.

ERICH. Ya lo sé. Encima del despacho de papá están las cenizas del abuelo.



Pues eso, nos hacemos polvo, no lo olvidéis, parece decirnos Max en esta foto tomada durante su efímera visita a Madrid en 1969, igual que se lo dice un personaje a otro en su San Juan. O sea, que, desde una dimensión existencial, la frase de Díez-Canedo que da título a esta entrada está cargada de razón y basta para comprobarlo con echar una ojeada a nuestro presente de aguda crisis económica, social y sobre todo moral: "un intelectual es -según dejó dicho Aub- aquel para quien los problemas políticos son, ante todo, problemas morales." Pues eso.

sábado, 9 de marzo de 2013

La luz de Barcelona


Casi sin advertirlo, me doy cuenta, cuando miro, de que la luz de Barcelona ha cambiado, de que este cielo de principios de marzo, en el que navegan a merced del viento esas blancas y algodonosas nubes, ya no es el mismo de semanas atrás. Hay otra claridad y es otra la nitidez.


De repente cambia la perspectiva y la torre parece inclinarse ligeramente, como en un esfuerzo estéril por emular a otra célebre torre, y el pez, que antes mostraba menesteroso su hambrienta silueta recortada contra el azul, ha desaparecido del encuadre. Los edificios son ahora una vaga simetría enmarcando la nada, dos signos de admiración ante la belleza de este cielo que tiende su manto sobre la ciudad.


Doy la espalda a las torres y pongo la vista en el mar, en cuya superficie espejean los rayos del sol que se filtran a través de esa humilde nube deshilachada y flotando solitaria en el azul. ¿De dónde vendrá esta luz? El verde de la hierba parece querer rubricar el enfoque cruzando la escena de lado a lado. Las figuras que se ven sobre la arena son un ejercicio de imprecisa humanidad junto a la orilla de la playa. 


Me he quedado un rato adormilado después de haber estado leyendo De los nombres de Cristo, de Fray Luis de León: "Dios está presente en nosotros, porque en él y por él, no solo nos movemos y respiramos, sino también vivimos y tenemos ser, pero así nos está presente, que en esta vida nunca nos es presente; quiero decir, que está presente y junto con nuestro ser, pero muy lejos de nuestra vista y del conocimiento claro que nuestro entendimiento apetece; por lo cual convino, o por mejor decir, fue necesario, que entre tanto que andamos peregrinos dél en estas tierras de lágrimas, ya que no se nos manifiesta ni se junta con nuestra alma su cara, tuviésemos, en lugar de ella, en la boca algún nombre y palabra, y en el entendimiento alguna figura suya, como quiera que ella sea imperfecta y oscura, enigmática". 

Cuando me desperezo y me incorporo, todo ha cambiado. Siento la extrañeza de la luz y aunque no me atreva a confesarlo, quizá también, como el ilustre agustino, la nostalgia del cielo.

Nota. Las fotos son de mi hija Marta y están tomadas en el Port Olímpic de Barcelona.

viernes, 1 de marzo de 2013

Bárbara acentuación: conclave o cónclave


Se reunirá dentro de pocos días y escucho, en la televisión autonómica pronunciar, en lengua catalana, la palabra conclave como llana, mientras que en la televisión española los distintos locutores la pronuncian como esdrújula, cónclave. Acudo a los sabios y esto es lo que escribe Joan Corominas en su celebérrimo Diccionari Etimològic i Complementari de la Llengua Catalana con respecto a este término: "No s'ha usat en català la bàrbara accentuació cónclave capritxosament admesa pels castellans." (No se ha utilizado en catalán la bárbara acentuación cónclave admitida caprichosamente por los castellanos). 

Al margen de definirla como "reunión de cardenales para elegir al nuevo papa", el maestro Martínez de Sousa, en su Diccionario de usos y dudas del español actual, dice lo siguiente: "La Academia admite ambas formas, pero prefiere la llana, conclave, la etimológica, pese a que la pronunciación más extendida es la antietimológica, cónclave.

Sutiles diferencias entre ambas explicaciones. No parece la de Corominas demasiado respetuosa con los hablantes de la lengua española, a quienes engloba en ese peculiar, y no exento de cierto tono despectivo, o al menos así me lo parece, "castellans". Más correcta, a mi parecer, es la explicación de Martínez de Sousa, al calificar de "antietimológico" el cambio de acento. 

A fin de cuentas, lo mismo ocurrió con otros términos como medulas, que Quevedo utiliza como llana en el verso de su conocidísimo soneto "medulas que han gloriosamente ardido" y que hoy se pronuncia como esdrújula, médulas.

Nota. La foto la tomé en la Sagrada Familia en mayo de 2008.

martes, 12 de febrero de 2013

Vías muertas: Calatayud-Soria


Entonces, cuando los trenes circulaban por estas vías, el sonido de las locomotoras y los vagones pautaba el paso del tiempo en esta comarca y la luz cegadora no amparaba esta soledad de maleza invadiéndolo todo. Los raíles, que ya no conducen a ninguna parte, no estaban amenazados por la herrumbre y el jaramago que el cierzo arrastra inclemente de una parte a otra. Sin embargo, cuando a mediados de los ochenta conocí la fuerza adusta y estremecedora de este paisaje, la línea se consideró deficitaria por falta de viajeros y se decidió suprimirla. En aquel momento empezó el abandono y el lento deterioro.


Fue como si de repente todos aceptasen la fatalidad como inevitable y nadie quisiese responsabilizarse de nada de lo relacionado con la línea férrea. Así que, ni la compañía ni los ayuntamientos, con sus menguados presupuestos, se hicieron cargo del mantenimiento de los edificios de las estaciones y estos fueron abandonados a la labor  destructora del tiempo. Los tejados fueron cediendo poco a poco y los interiores se deterioraron irremediablemente. 


Con todo, la huella de la vida quedó anclada en las paredes de algunos edificios: las fachadas de piedra, los rosetones que ya no daban luz a ningún camaranchón, las jícaras de porcelana blanca que servían de soporte a los cables del tendido eléctrico, los restos de un farol ya en desuso que dejó de alumbrar hace muchos años: todo parecía resistirse al olvido.


Ya no había viajeros que esperasen la llegada de ningún tren y las marquesinas cubiertas que antaño los protegieran del viento y de la lluvia en los andenes, son hoy refugio para los jóvenes que dejan la huella efímera de su nombre en las paredes, para que sirva de testigo de su estancia en ese lugar hasta que la intemperie también dé con todo ello en tierra.


Y sin embargo, en la soledad de mis paseos en primavera por estos cauces áridos y pedregosos de ríos secos, aún me parece posible imaginar el ruido de los trenes circulando por encima de estos viaductos, cuya impecable construcción resiste como ningún otro elemento la destrucción del tiempo.


Y esos trenes que a veces intuyo en mis paseos seguirán su camino hacia otros pueblos a los que hoy solo se llega por carretera. Vías muertas de ferrocarril por las que ya no circulan los trenes pero que cobijan y guardan el eco de miles de historias de los viajeros que en otro tiempo se desplazaban de un pueblo a otro, entre Calatayud y Soria.


La caseta del guardabarreras ya no sirve para nada y tampoco los instrumentos para cambiar de agujas; hoy son restos de un pasado anacrónico, esperando quizá un renacer imposible, pasto de la maleza y de la hierba que lo invade todo.


Estaciones inservibles, con el nombre de la población a medio derruir. Las ventanas son las cuencas vacías de unos ojos perdidos en el tiempo. 


Las vías se alejan en medio de la maleza que las invade y los trenes imaginarios tal vez mañana sigan circulando hacia ninguna parte.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Una obra maestra: La defensa de Madrid


Como no vivo dominado por la inmediatez, termino de leer ahora este extraordinario libro de Manuel Chaves Nogales estremecido ante su calidad literaria, su hondura humana y la lucidez penetrante de su visión histórica. Salgo del libro convencido de que he leído una novela y no una crónica periodística que fue publicada por entregas entre el 5 de agosto y el 22 de noviembre de 1938. La voluntad de estilo de Chaves Nogales lo acerca irremediablemente a la literatura, como puede advertirse en este ejemplo en el que se describen los efectos que causa el inicio de las hostilidades en un grupo de milicianos que se dirige despreocupado y casi festivo al frente: "Desde unas casas que están al borde de la carretera parten los primeros disparos del enemigo. Se hace un silencio súbito que corta en seco la aturdida mascarada. Es un silencio tan denso, tan inverosímil, que en un instante, el grupo y el paisaje entero toman una extraña calidad espectral."

Los diálogos, la prosa, de frase breve y ajustadísima a la materia narrativa, con las palabras precisas, con imágenes impactantes, con un lenguaje que a veces recuerda la envidiable precisión de la prosa de Valle-Inclán en El ruedo ibérico, el tratamiento del "personaje" central, el general Miaja: todo hace pensar en que lo que se lee es una novela y no una crónica. Esa es la grandeza de Chaves Nogales, romper los moldes de los géneros y hacer que un libro lo mismo pueda leerse como un modelo de crónica periodística que como una novela histórica de primer orden.

Chaves Nogales está del lado del pueblo que se batió heroicamente en los largos días de la batalla de Madrid en noviembre de 1936. Está muy lejos de las intrigas y los manejos de los sindicatos y de los partidos del Frente Popular; se muestra especialmente crítico con el entonces presidente del Gobierno, Francisco Largo Caballero, quien no sale muy bien parado que digamos en este libro; solo muestra admiración hacia el general Miaja y hacia el heroísmo de los ciudadanos que acudieron en masa a defender Madrid con un fusil por cada cuatro hombres, sin preparación militar alguna y con escasísima munición. Seguramente muchos estarán de acuerdo con lo expresado por el autor en el último párrafo del libro: "España no será comunista ni fascista. La mayor infamia que se puede hacer aún con el pueblo español es la de tremolar triunfalmente sobre el inmenso cementerio de España cualquiera de esas dos banderas que siendo ambas extranjeras han hecho derramar tanta sangre española."

Este es un libro decisivo, un libro que todos deberíamos leer, sin la tardanza con la que lo he hecho yo, sin excusas, sin dejarlo para mañana, si no hay edición, que se reimprima y que se haga ya. Mi felicitación a la profesora María Isabel Cintas Guillén por rescatar estos textos, a la editorial Renacimiento por lo cuidado de la edición y a Antonio Muñoz Molina por lo certero del prólogo. Cierro este comentario destacando también las magníficas ilustraciones de Jesús Helguera.

sábado, 2 de febrero de 2013

Escribo como hablo


Partidario como fue siempre Leonardo de la naturalidad expresiva, no podía sino recomendar a sus jóvenes alumnos, muchos de ellos educados en la falsa idea de que escribir bien es escribir en un estilo complicado, las sabias palabras de Juan de Valdés que eran por sí solas todo un tratado de estilística.

"Llaneza, señores, llaneza -dijo Leonardo un día en que decidió empezar su clase sorprendiendo una vez más a sus pupilos-, saquen sus cuadernos y tomen nota de lo que voy a escribir en la pizarra y ténganlo como norma básica para expresarse; no se preocupen si de este escritor nada dicen sus libros de texto, basta con que sepan que en el primer Renacimiento, el conocido como la época del Emperador, fue un destacado autor en el ámbito de la prosa didáctica. La defensa de sus ideas erasmistas le costó el exilio a Nápoles -donde residiría hasta su muerte acaecida en 1541-, ya que la Inquisición abrió un proceso contra él al publicar su Diálogo de doctrina cristiana en 1529, en Alcalá. Fíjense bien ahora en sus consejos estilísticos, que provienen de otro libro suyo, el Diálogo de la lengua, que, como curiosidad se lo digo, nunca vio publicado su autor; la primera edición se debe a don Gregorio Mayans y Siscar quien lo incluyó en el tomo II de Orígenes de la lengua epañola, este sí publicado en Madrid en 1777:

"El estilo que tengo me es natural, y sin afectación ninguna escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible, porque a mi parecer en ninguna lengua está bien la afectación.

Todo el bien hablar castellano consiste en que digáis lo que queréis decir con las menos palabras que pudiéredes, de tal manera que, explicando bien el concepto de vuestro ánimo y dando a entender lo que queréis decir, de las palabras que pusiéredes en una cláusula o razón no se pueda quitar ninguna sin ofender a la sentencia della o al encarecimiento o a la elegancia."