miércoles, 17 de julio de 2013

Parece tan fácil...


Me sale al paso en la preterida lectura veraniega de estas Memorias de un investigador privado, de José Antonio Marina, un autor cuya claridad de ideas nunca deja de asombrarme, una propuesta, formulada conjuntamente con María de la Válgoma, de una "Ley del progreso Ético de la Humanidad", no quiero dejar de ponerla aquí:

Todas las sociedades cuando se liberan de cinco obstáculos -miseria extrema, miedo, ignorancia, dogmatismo y odio al vecino- evolucionan convergentemente hacia un modelo ideal compartido: reconocimiento de derechos individuales, no discriminación injustificada, participación en el poder político, mercado libre, seguridades jurídicas y políticas de ayuda social. Si esta ley fuera verdadera, nos permitiría predecir a grandes rasgos, y sin fijar plazos, la evolución de las sociedades. 

Casi al mismo tiempo en que termino la lectura de estas memorias, que más que memorias son una poliantea de temas que se presentan al lector sin tregua, asisto atónito, a través de la prensa, a un nuevo capítulo de la mascarada del ruedo ibérico; pienso entonces que ya a lo único que podemos aspirar es a que alguien, desde el poder, dé algún tipo de explicaciones que resulten mínimamente convincentes, cosa harto difícil, aunque sea a través del plasma.

lunes, 15 de julio de 2013

Tanka de la piedra y el agua



TANKA DE LA PIEDRA Y EL AGUA

Lanzo la piedra
sobre el agua aquietada
de la bahía,
miro su vuelo breve
luego la veo hundirse.

martes, 25 de junio de 2013

Javier Tomeo


Conocí a Javier Tomeo en una memorable noche en la que coincidimos, él como presidente del jurado del Premio de Novela, que en su día le fue otorgado, y yo como ganador de la edición del año anterior, en Barbastro. Me pareció un hombre formidable, desde luego a la altura de la obra que ya había leído de él; podría decirse que uno veía en su persona al narrador de todos sus cuentos y novelas sin desmerecer un ápice de cualquiera de ellos. Una vez fallado el premio, que ganó, si no recuerdo mal, un autor mexicano,  aunque mi preferencia fuera otra, apareció Félix Romeo y se unió a la tertulia en la que también participaban Ramón Acín y Manuel Vilas. Entre copa y copa hacía dibujos en un papel y preguntaba quién de nosotros quería que le hiciera uno. El que comparto con los lectores que se pasen por aquí es el que le dedicó a mi hijo Claudio, que por entonces tenía un año y medio. Ahora lo rescato y lo traigo aquí para recordar a Tomeo, el de Bestiario, el de la maravillosa Napoleón VII, el de Los enemigos, el de El canto de las tortugas, el de Amado monstruo y el de tantas otras obras; también para decirle, donde quiera que esté, lo mucho que he aprendido  y disfrutado, más allá de la dureza de algunas de ellas, leyendo sus obras. Fue un gran autor. Me sumo al dolor de su familia y de sus amigos.

viernes, 14 de junio de 2013

La luz proclamada: Ars vivendi, de Tomás Rodríguez Reyes


Le viene bien el título del libro de Rodríguez Reyes a este blog, porque conforma una elocuente antítesis con el de la entrada anterior, cuyo tema era el suicidio. Sigo desde hace tiempo el blog de Tomás "Trópico de la Mancha" y, por consiguiente, estoy algo familiarizado con su prosa poética y reflexiva a un tiempo. Sin embargo, debo decir que la lectura en libro, más íntima y sosegada que ante la pantalla del ordenador, realza de alguna forma que no sé explicar del todo esa escritura.

El diario es en sí mismo un género literario y hay en el libro abundantes reflexiones sobre ello. Especialmente afortunada es la que se incluye en la entrada del 19 de diciembre de 2010: "un diario es una elegía continuada y todo lo elegíaco es lírico, profundamente lírico." Tal vez lo sea porque, como se dice en la entrada del 16 de marzo, el diario recoge "el pensamiento que dicta ese día que es el mismo y que es otro." La elegía consiste, pues, en atrapar las reflexiones nacidas en el tiempo que huye y se va. Es una forma de dejarlas presas en las palabras para que el vendaval no las esparza entre la ventolera del olvido. 

El diario es una forma más de la literatura, "una forma pura y exacta de la literatura", como dice el autor en la entrada correspondiente al 25 de octubre. Así que, como toda buena literatura, el diario también conlleva una importante dosis de indagación en lo personal, en lo que nos pasa y sucede, en lo que somos o creemos ser: "si alguna vez pudiera comprender quién o qué soy", nos dice en acertado aforismo Rodríguez Reyes. 

Las lecturas son uno de los elementos más destacados del libro. Los comentarios, las reflexiones, las numerosas citas de autores, algunos de ellos poco transitados, nutren las páginas de esta obra porque "en el fondo soy un lector que escribe". En el libro se respira literatura y vida en cada página: "a pesar de la vida, escribo la vida", nos dice el autor en la entrada del 20 de octubre, para  enfatizar la idea el 5 de diciembre: "no hay nada más allá de escribir; escribir, en sí, es ya una acción que completa una vida."

Para terminar ese comentario sobre Ars vivendi, cuya lectura, es obvio, recomiendo encarecidamente a quien se pase por estas páginas de literatura y vida, he seleccionado, esperando que Tomás no se moleste, estos aforismos sobre la poesía:

  • La palabra poética encierra las razones luminosas del ser.
  • La poesía conduce a sentir más que a comprender.
  • La poesía es revelación y mudez, estrategia de la razón para desasirse de sus artificios.
  • La poesía es memoria, es tiempo y es palabra.
  • La pasión de la poesía es la pasión por el silencio, porque el poeta no escoge la palabra adecuada, escoge los silencios necesarios.
  • La poesía brota de la plenitud y un poeta no lo es más que cuando está contemplando la eternidad de su finitud.
  • La poesía es la raíz en la oscuridad que conduce a la luz proclamada.

sábado, 1 de junio de 2013

Suicidio: cuatro aforismos


Para IFF, que tiene toda
la vida por delante.

[1] Suicidarse o vivir: falso dilema, siempre vivir. 

[2] ¡No me habléis de la muerte y de su cortejo fúnebre, habladme de la vida!

[3] El malditismo que desnaturaliza la vida y la deja al borde del abismo carece de sentido.

[4] De acuerdo con Machado: no tenemos derecho a aniquilar la fuerza útil que pueda haber en nosotros.

Nota. Escribo estos aforismos tras la lectura estremecedora de Amarillo, de Félix Romeo. La foto de la farola modernista del Paseo de Gracia de Barcelona es de MQ.

lunes, 27 de mayo de 2013

Tanka de la lluvia


TANKA DE LA LLUVIA

Gotas de lluvia
como lágrimas leves
que llora el cristal
bailarinas fugaces
del agua entre la niebla.

Nota. La foto es de M.Q.

viernes, 24 de mayo de 2013

Manuel Lamana y Vázquez Montalbán / y 4


Copio aquí, para finalizar estas entradas dedicadas a Manuel Lamana, la columna que el veintiocho de septiembre de 1998 le dedicó, en el diario El País, Vázquez Montalbán al escritor exiliado.

LAMANA

La película Los años bárbaros es una de las pocas incursiones en el filón argumental de la resistencia antifranquista, sin duda filón que convoca atracción y rechazo según se hiciera algo o no se hiciera nada contra Franco cuando ya era Franco, Franco, Franco. La peripecia vivida por los dos jóvenes refugiados del batallón de trabajadores presos políticos del Valle de los Caídos, Manuel Lamana y Nicolás Sánchez Albornoz, fue novelada por una de las dos jóvenes, entonces, norteamericanas que les ayudaron en la fuga, Barbara Probst Salomon. La otra muchacha, Bárbara Mailer, es hermana de Norman, y fue estratega de la fuga otro hermano de hermano ilustre, Paco Benet.
   Hasta aquí el resumen de la situación. A partir de aquí un arrebato de melancolía porque uno de los protagonistas de la fuga, Manuel Lamana, es un novelista español que mereció ser censado por Eugenio de Nora, pero cuya obra es imperfectamente desconocida en España. Autor de Los inocentes, de Otros hombres y de la inédita Diario a dos voces, Lamana perteneció a la promoción de los Aldecoa, Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo, García Hortelano, aunque se hiciera escritor en su país de exilio, Argentina, y después de su fuga viviera una historia personal y política más marcada por el tenebrismo argentino que por el español. No sé si la palabra inadmisible es excesiva, pero resulta difícilmente admisible que las novelas de Lamana no sean republicadas y reasumidas por la sociedad literaria española y editada la inédita, como ejercicio de recuperación de un escritor que nos faltaba para entender la travesía del desierto de los años cuarenta y cincuenta. Trato de sobreponerme a la decepción causada por la cantidad de veces que he tenido que dar la filiación no ya de Lamana, sino de Eugenio de Nora y de sus imprescindibles estudios sobre la novela española contemporánea. Y eso que Lamana, como se ha demostrado, era de película.

Nota. Se ocupó de su figura y de su obra también José R. Marra-López en su pionero y célebre Narrativa española fuera de España 1939-1961. La sociedad literaria española, como dice Vázquez Montalbán, ya ha "republicado" Otros hombres y Los inocentes y también la "inédita" Diario a dos voces. ¿Habrá tenido o tendrá eco entre los lectores? Lo podremos comprobar en el número de reediciones que las editoriales Viamonte y Seix Barral se vean obligadas a hacer ante la demanda del público lector. 

martes, 21 de mayo de 2013

Manuel Lamana, biografía de solapa / 3


Manuel Lamana nació en Madrid en 1922, segundo hijo de una familia de cuatro hermanos. Cursó sus primeros estudios en la capital. Su padre, afiliado a Izquierda Republicana, ocupó un alto cargo en el Monopolio de Tabacos y Fósforos. Ya iniciada la guerra civil, la familia se trasladó a Valencia, en noviembre de 1936, después a Barcelona y finalmente, en febrero de 1939, se exiliaron en Francia, excepto el hermano mayor, José Luis, combatiente republicano que fue hecho prisionero tras la batalla del Ebro. La vida en la Valencia en guerra fue recreada por Lamana en la novela Los inocentes, publicada en el exilio, en Buenos Aires, en 1959. La peripecia del destierro en suelo francés, la de su padre por un lado, separado de la familia, y la de la madre y sus hijos, Manuel, Álvaro y Carmen, por otro fue contada en Diario a dos voces, publicado en Barcelona en 2013; por una parte, el diario escrito entre el tres de febrero y el veintiocho de abril de 1939 por José María Lamana, el padre, y por otra, el del escritor recreando sus vivencias de aquel tiempo muchos años después, en 1985. Para no ingresar en una compañía de trabajo de la Alemania nazi, Lamana regresó a España, a Madrid, en cuya universidad, en la Facultad de Derecho, se matriculó. Fue detenido en 1947 por sus actividades clandestinas antifranquistas. Ingresó en prisión y fue condenado a varios años de cárcel; la condena la cumplió en el campo de concentración de Cuelgamuros, haciendo trabajos forzados en la construcción del mausoleo fascista de El Valle de los Caídos. Consiguió fugarse en agosto de 1948 y llegar a París en compañía de Nicolás Sánchez Albornoz, ayudados ambos por la escritora Bárbara Probst Salomon y Bárbara Mailer. La estancia en la España franquista y la espectacular fuga la contó Lamana en Otros hombres, novela publicada en Buenos Aires en  1956. Es también autor de un conjunto de artículos sobre literatura española recogidos en Literatura de postguerra, publicado en la capital argentina en 1961. Vivió exiliado en Buenos Aires, donde se dedicó a la docencia universitaria y donde fallecería en 1996.

viernes, 17 de mayo de 2013

Manuel Lamana, Los inocentes / 2


Vaya por delante, Los inocentes me parece una de las novelas cortas sobre la guerra civil española más lograda y original. El narrador, contando desde la perspectiva de Luisito, un joven de catorce años en el que se adivina cierto trasunto biográfico del autor, que se desplaza desde Madrid a Valencia con su familia en noviembre de 1936 y va a vivir en la ciudad en guerra hasta su trágico final, ofrece al lector, además de la guerra en sí misma, contada de modo tangencial, como el caso de la niña cuyos padres mueren en la toma de Málaga por los nacionales ametrallados desde un avión que asesina a la gente que huye por las carreteras, los efectos que esta tiene sobre la conciencia de un joven todavía en formación.

En el libro que comentaba en la entrada anterior, Diario a dos voces, Manuel Lamana nos dejó, ignoro si deliberadamente, una de las claves de esta novela, cuya primera edición publicó Losada en Buenos Aires en 1959. El Manuel Lamana de ese diario, que tantos puntos en común tiene con el Luisito protagonista de la novela a la que me refiero, escribe:

He pensado a veces cuánto perdería el mundo si yo muriera, si hubiera muerto en un bombardeo, por ejemplo. He pensado también que el mundo es todo para uno. Habría entonces algo así como una suma: el mundo y yo, mano a mano los dos. Tanto me completo yo en el mundo como el mundo conmigo. Ahora veo que no, que nadie es tan imprescindible. Aunque uno falte, el mundo sigue funcionando igual. ¿Pero puede ser que yo desaparezca y para el mundo no importe? No digo para mamá y para mis hermanos: para el mundo. Por lo que he visto, basta con que los demás se corran un poco y el hueco estará tapado. Todos seguirán comiendo, todos seguirán charlando. Yo no estaré, nada más, pero ¿quién se dará cuenta?

La lucidez de esta reflexión, llevada a cabo por un Lamana adulto, puesta en el pensamiento de un muchacho de dieciséis años que se enfrenta a la crudeza de un exilio injusto,  emparenta con la actitud vital de Luisito, un joven que se envuelto en una guerra cruel y durísima que otros, en su felonía, en su rebelión, le han impuesto; ello le obliga, quizá infructuosamente, a adaptarse al paisaje, físico y moral, que esa misma guerra ha creado.

La monotonía, la abulia en muchos momentos, la falta de horizontes vitales, la sensación de estar viviendo un tiempo estancado y muerto, conducen a Luisito a una actitud, de marcados rasgos existencialistas, que tiene no pocos puntos en común con la del Lamana que escribe el diario postergado de su exilio en Francia en 1939: "Luisito se sentía cansado. El cielo era azul, pero él lo sentía gris. Las piernas le pesaban, le pesaba la cabeza, los pies se le apretaban contra las paredes de los zapatos. Cerraba los ojos y andaba unos pasos, para mejor no estar."

Luisito, forzado testigo de unos acontecimientos detestables, siente la guerra en su vida diaria y en lo que habla con sus padres y en lo que ve y lo que oye; ya sabe, por ejemplo, que los rebeldes "mataban a todo el que no pensaba como ellos", que en su familia eran republicanos, y que no todos, en palabras del padre, defendían acertadamente la República, sobre todo quienes, amparados en el anonimato de la noche, asesinaban lo mismo que los del otro lado. Don Luis, el padre del personaje, educa a su hijo en la tolerancia y en el intento vano de lograr algún día la concordia entre los que entonces se mataban en los frentes. Al hilo de la muerte de dos de sus colaboradores, ametrallados desde un avión cuando circulan en coche por la carretera de Sagunto, reflexiona lúcidamente ante su hijo con estas palabras:

Cuando a un español no le gusta lo que hace otro dice: "Ese no es de mi España, es de la otra media". Nos empeñamos en no ver. Nos empeñamos en negar lo que no nos gusta. ¡No es de mi España! ¿Quién da el derecho a esa posesión excluyente? Y así llega el día en que el mito lo encontramos convertido en la verdad más crasa. En que realmente España está partida por la mitad. En que ya no es de nadie. En que todos nos tenemos que poner a matar. Y en un día de sol como hoy nos matan a Prados y a Marín. ¿Te das cuenta? ¡Por España! Algún día, quién sabe, nos daremos cuenta de que españoles somos los de aquí y los de allí, y que no hay España sin los dos. A mí ellos no me gustan. Ni yo a ellos. Pero somos todos del mismo suelo. Es así."

Por eso el narrador, estratégicamente situado detrás de la conciencia de Luisito, reflexiona así sobre el significado de la guerra:

La guerra había llegado hasta ellos y les había hecho sentir el odio de sus mayores. Y aquí estaba el problema que estremecía a Luisito y le hacía quedar en el vacío sin llegar a formulárselo: ¿Ellos iban a seguir odiando? ¿El odio de los mayores ya no se lo iban a poder arrancar? ¿Iban a seguir diciendo acusadoramente "vosotros" y "nosotros"?

Quizá el final trágico de Luisito, causado sin duda por ese odio, sea una respuesta a esas preguntas. 

Los inocentes es una gran novela, una de las mejores sobre la guerra civil española. Reeditada en 2005 por la editorial Viamonte, con un prólogo excelente de Constantino Bértolo, es una lectura obligada por su calidad literaria, por la originalidad en el tratamiento de la guerra, por su hondura humana. Se preguntaba Lamana si alguien, caso de haber desaparecido en un bombardeo, por ejemplo, se daría cuenta de que no estaba o no estaría. Sí, claro que hay quien se daría cuenta, todos los lectores que han leído sus libros, que se han emocionado y estremecido con ellos, al margen, naturalmente, de quienes le conocieron y vivieron junto a él, Isabel Luzuriaga, su mujer y sus hijos María Luisa y Miguel, a quienes dedicó la novela en 1959, así como a todos los niños, en paz o en guerra, porque Los inocentes también puede considerarse una novela de aprendizaje, de iniciación a la vida en un tiempo en el que la vida no valía nada, una novela de acceso a la experiencia en unas circunstancias terribles que afortunadamente, a pesar del dolor, este país aprendió a superar, mirando hacia adelante y dejando atrás los enfrentamientos estériles; por eso, creo que esta novela debería ser leída por los jóvenes que, como el Luisito protagonista, estén ahora en la adolescencia, para que conozcan el pasado y no lo olviden nunca. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Manuel Lamana: el tiempo vacío del exilio / 1


Dos voces, separadas en el tiempo, conforman este diario:  una es la de José María Lamana, padre del escritor, que cuenta los hechos según están sucediendo, entre el tres de febrero y el veintiocho de abril de 1939, y la otra es la del escritor, la del autor de Otros hombres y Los inocentes, que rememora en la distancia sus vivencias de aquellos meses y redacta un diario con ellas, en 1985, paralelo al de su padre. El relato del padre es estremecedor, el del hijo más reflexivo y más literario, redactado en una prosa cautivadora. El padre cuenta la experiencia directa del exilio: el internamiento en los campos de concentración franceses, las penalidades sin cuento, las miserables condiciones de vida, la dignidad maltratada por la injuria de unos carceleros desalmados, la incertidumbre sobre el destino inmediato, el dolor y la tristeza por la separación familiar, el absurdo de la situación en la que se vieron envueltos quienes no hicieron, como el padre de Lamana, otra cosa que cumplir con su obligación.

Manuel Lamana, con su prosa impecable, reflexiona sobre la condición del exiliado, del refugiado, en estos términos:

10 de marzo de 1939. Ornans
Qué día opaco. Creo que así es el exilio, un día de exilio: un día sin luz, un día donde no se ve nada. Un día vacío, donde todo está destruido, donde todo falta, donde todo es vano, inútil. Es el desierto. (...) El refugiado ha puesto su existencia en sordina y lo que haga será algo que no podrá terminar. Hoy no soy nada. estoy fuera de mi lugar, en exilio.

En otro momento escribe:

Ser refugiados como nueva identidad. No saber hasta cuándo seremos refugiados ni lo que significa exactamente el serlo. Es difícil asumir una identidad que no se sabe cuál es.

Es evidente que este tipo de reflexiones pertenecen al Lamana adulto, que da voz al inquieto joven que era entonces, cuando contaba apenas dieciséis años, en febrero de 1939 y conoció, para después contarlo con mano maestra, la incertidumbre y la zozobra que rodean siempre al refugiado, al exiliado.

jueves, 9 de mayo de 2013

Contar la vida



Después de haber escrito tanto sobre vidas ajenas, renunció al proyecto de contar la suya propia. No merecía la pena, así que se dedicó a leer, a pasear y a contemplar la naturaleza. Fueron pasando veloces los años y muy al final, cuando tuvo la sensación de que el tiempo lo alcanzaba, pensó que quizá no fuera del todo inútil redactar una breve memoria sobre aquel suceso que había marcado su juventud y el resto de su existencia. Sin demasiado afán, se puso a ello. Emborronó algunas cuartillas con el pulso ya tembloroso de su estilográfica, pero se cansó pronto y abandonó la tarea: para qué hurgar en el pasado, para qué contar nada, y menos aún tan a destiempo. Era mejor esperar en paz. Sin aspavientos. Con el alma sosegada. En silencio.

Nota. La foto de Barcelona, vista desde Montjuich, es de Marta Q.

sábado, 4 de mayo de 2013

El lugar más hermoso


A vosotras, que estuvisteis allí conmigo,
y a ti, que sin estar siempre me acompañas.

En el lugar más hermoso las piedras entablan, calladamente, un inusitado diálogo con el agua. Cielo y espumas son testigos mudos del prodigio.


Una geología caprichosa ha ido labrando las piedras al correr de los siglos; la salitre y el viento han sido cooperadores activos, agentes necesarios.


El águila de piedra extiende sus alas, y como si de un albatros se tratase, se dispone, después de observar el azul en el horizonte, a desplegar su vuelo poderoso y desgarrador.


En el lugar más hermoso conviven armoniosamente las especies animales; su obligada quietud las mantiene inmóviles, con la vista perdida en el mismo mar que labró, olas, salitre y espuma, su ser de piedra.


La intervención del hombre, de los arquitectos del paisaje, facilita la contemplación de la naturaleza en estado puro, y nos ofrece observatorios privilegiados.


Así, donde antes había viviendas usurpando los espacios comunes, bajo el amparo de legislaciones autoritarias y obsoletas, se levanta hoy un mirador geométrico de formas rectangulares sobre la inmensidad del mar; simetría panorámica que nos devuelve lo que es de todos.


Paisaje lunar de piedras movidas por el viento, oscuros peñascos, abruptos acantilados, islotes coronados en su base por la espuma que blanquea entre las mil tonalidades del azul: Dios en la creación del universo. El lugar más hermoso es un espacio único y así debe seguir, silencioso entre el rumor bravío del mar, desamparado ante la fuerza desaforada del viento, para siempre.


El color de la piedra lavada por la sal y las olas, bajo un cielo esplendente de azul.


El mar inmenso baña la tierra con su lengua y la sombra oscurece las piedras lunares, que contemplan calladas el paso de los siglos.


Lugares de pausa reposada para leer los poemas que el viento y la lluvia han escrito sobre las piedras. Sosiego, soledad. Un vuelo de eternidades a ras de suelo.


El beso de piedra becqueriano cobra aquí forma en estas rocas que, cual amantes desolados, intentan unir sus bocas en el instante último antes de quedar presas e inmóviles para siempre en la soledad de las estatuas.


Tierra casi volcánica a la orilla del mar, curiosas formaciones dibujadas por el agua.


El camino de vuelta orillado por una geología inquietante.


Asombro ante la belleza de este locus amoenus, de este remanso de poesía natural: piedra, sal, agua, cielo.


El lugar más hermoso es un destello de luz primigenia sobre las piedras y el agua, un bálsamo de belleza indolente para mis cansados ojos, que no dejan de asombrarse al contemplarlo.

Nota. Las fotos fueron tomadas por mi hija Marta en Semana Santa, en el Espai Tudela del Cap de Creus, Girona. El arquitecto del paisaje, diseñador de la intervención, fue Martí Franch Batllori fundador del EMF.

sábado, 27 de abril de 2013

Tanka de la poesía

                               
                        (Dibujo de José Moreno Villa, de su libro Jacinta la Pelirroja, 1929)


TANKA DE LA POESÍA

El universo
está en la poesía
inicio y fuente
de la que fluye limpia
el agua de la verdad.

(Completando un tanka con Moreno Villa.)

martes, 23 de abril de 2013

Tanka del amor



TANKA DEL AMOR

Es llama el amor
que el corazón incendia
sosiega y colma
fulgor que no se extingue
paz y en el alma vida.

Nota. La foto está tomada en Portbou, en marzo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Salazar Chapela: uno de los nuestros


A Jusep Mengual, en la amistad,
y celebrando sus Negritas y cursivas.

Como no se escriba la historia de la literatura española de los últimos años con un criterio más generoso, quedará olvidado como tantos; la honradez, sentenciará Aub en su diario el 23 de febrero de 1965, día en que le llega noticia del fallecimiento en Londres de su amigo Esteban Salazar Chapela, no sirve para la inmortalidad. Cuando se encuentran en Londres, en septiembre de 1956, hace veinte años que no se han visto. Los dos amigos, bajitos y con el pelo blanco, beben vino de Tarragona en el pequeño apartamento donde vive Salazar Chapela, en Barkston Gardens, juno al Támesis. Está escribiendo Desnudo en Piccadilly, que publicará tres años después. Le comenta a Aub que alimenta la idea de escribir un libro con los recuerdos de los días de la guerra en Valencia. Con el tiempo lo escribirá, pero quedará inédito y se publicará, póstumamente, bajo el título de En aquella Valencia.


Salen a la calle porque Aub quiere ver pintura y le pide a su amigo que le acompañe a la National Gallery. Toman el metro en Piccadilly Circus y se bajan en Trafalgar Square, plaza a la que asoma la fachada principal del museo, de estilo neoclásico, con la cúpula central y la columnata. Salazar le lleva directamente a la sala veintinueve, donde está expuesta la Venus del espejo, de Velázquez. Aub se enternece al comprobar hasta qué punto tiene su amigo a España, ¡ay, España!, metida en el corazón. En 1961, Salazar se decidirá a viajar a Madrid y a su Málaga natal; sólo recogerá sinsabores y regresará a Londres: "Es mejor estar exiliado en México o en Londres -escribirá a Aub en octubre de 1961- que estar enterrado en Madrid, así que con ese consuelo he vuelto a mi exilio en Inglaterra". 

Así siguió, viviendo del periodismo y de la crítica, con dificultades y estrecheces, ignorado en España. En 1961 se publicó la versión inglesa de su novela, Naked in Piccadilly. Murió a causa de un envenenamiento de la sangre que los médicos confundieron con una bronquitis, solo, en un hospital londinense. Cuando se fue, Aub escribió: "uno más, uno menos de los nuestros".

Nota. Esta entrada la ha provocado la que acabo de leer en el blog de Jusep Mengual Negritas y cursivas, y supone un diálogo entre bitácoras con el exilio al fondo. Los que pasáis por aquí podéis conectaros al blog de Mengual desde los enlaces, en la columna de la derecha o situando el cursor encima de su nombre en la dedicatoria. La fotografía está tomada del diario El País. El texto procede de mi novela sobre Aub.

lunes, 8 de abril de 2013

Cervantes en Tiempo de silencio



A veces a Leonardo le gusta rendir homenaje, en sus clases, a los grandes filólogos, esos que nos han ayudado a leer mejor a los clásicos con sus análisis y sus comentarios. "Cuando murió -les cuenta cuando por enésima vez le toca explicar la obra de Cervantes- en 2001 Edward C. Riley, quien en su Introducción al Quijote escribió que la locura de don Quijote "no es una locura caprichosa que lo abarca todo, sino que se dirige únicamente a su obsesión caballeresca" y que cuando sale de ella "puede hablar y actuar tan cuerdamente como cualquiera y la gente se maravilla del buen sentido y de la inteligencia de su discurso" y que, por tanto, se puede considerar al personaje "como un loco con intervalos lúcidos", cuando murió -dice Leonardo- en 2001, la reseña necrológica la escribió, en El País, otro gran filólogo, Francisco Rico. También los escritores, en este caso un novelista célebre, no olviden que la literatura se nutre a menudo de literatura, Luis Martín-Santos, hace que en una noche de sábado, después de haber cenado una emblemática pescadilla mordiéndose la cola, en el Madrid del franquismo, Pedro, el investigador personaje principal de la novela, reflexione lúcidamente sobre Cervantes al hilo de un paseo por lo que hoy se conoce como el barrio de los escritores; escuchen:  

Por allí había vivido Cervantes -¿o fue Lope?- o más bien los dos. Sí; por allí, por aquellas calles que habían conservado tan limpiamente su aspecto provinciano, como un quiste dentro de la gran ciudad. Cervantes, Cervantes. ¿Puede realmente haber existido en semejante pueblo, en tal ciudad como esta, en tales calles insignificantes y vulgares un hombre que tuviera esa visión de lo humano, esa creencia en la libertad, esa melancolía desengañada tan lejana de todo heroísmo como de toda exageración, de todo fanatismo como de toda certeza? ¿Puede haber respirado este aire tan excesivamente limpio y haber sido consciente como su obra indica de la naturaleza de la sociedad en la que se veía obligado a cobrar impuestos, matar turcos, perder manos, solicitar favores, poblar cárceles y escribir un libro que únicamente había de hacer reír? ¿Por qué hubo de hacer reír el hombre que más melancólicamente haya llevado una cabeza serena sobre unos hombres vencidos? ¿Qué es lo que ha querido decirnos el hombre que más sabía del hombre de su tiempo? ¿Qué significa que quien sabía que la locura no es sino la nada, el hueco, lo vacío, afirmara que solamente en la locura reposa el ser-moral del hombre?

"Ignoro -continuó Leonardo después de cerrar el ejemplar de la edición de la novela Tiempo de silencio, a la que pertenecía el fragmento que leyó a sus alumnos- si han reflexionado ustedes alguna vez acerca de la locura y su naturaleza, si no lo han hecho ya, pueden empezar a hacerlo a partir de la metáfora de Martín-Santos: la locura no es sino la nada, el hueco, lo vacío. Convengan conmigo en que no está nada mal, para empezar, ese aforismo. La clase ha terminado."  

jueves, 4 de abril de 2013

José Ramón Arana: biografía de solapa / y 3

              (Elvira Godás, Veturián Arana Godás y José Ramón Arana en México, junio de 1962)

José Ramón Arana nació en Zaragoza el trece de marzo de 1905. El fallecimiento de su padre, maestro rural, en 1913 abocaría al escritor a una prematura adolescencia sustanciada en duros oficios. En su juventud trabajó en una fundición en Barcelona y más tarde fue empleado de banca en Zaragoza. De formación autodidacta, las lecturas de sus años de aprendizaje le dejaron un poso de hondura existencial, así como las menesterosas experiencias laborales despertaron en él una inagotable sed de justicia social que lo acompañaría a lo largo de su vida. Durante la Guerra Civil desarrolló una intensa actividad política, en el ámbito de la izquierda republicana, en Aragón y en Cataluña. El final de la guerra le sorprendió en Bayona, Francia, donde cumplía una misión de información; allí fue detenido e ingresado en el campo de concentración de Gurs. Consiguió escapar y llegar a Marsella, donde embarcó rumbo a México, país en el que residiría hasta 1972, año en el que regresó a España gravemente enfermo. Murió el veintitrés de julio de 1973 en Zaragoza. Está enterrado en el cementerio de Monegrillo.

Aunque sus primeras obras vieron la luz en la Barcelona en guerra, el grueso de su labor literaria lo desarrolló en el exilio mexicano, donde, además de fundar junto a Manuel Andújar la revista Las Españas, publicó, entre otros, el libro de poemas A tu sombra lejana (1942), la novela corta, una de las mejores sobre la Guerra Civil, El cura de Almuniaced (1950), la obra dramática Veturián (1951) y los ensayos Esta hora de España (1957) y Cartas a las nuevas generaciones españolas (1968). De nuevo en España, publicó Can Girona (1973), primer volumen del ciclo novelesco-biográfico Por el desván de los recuerdos, cuyo segundo volumen, ¡Viva Cristo Ray! y todos los cuentos, se editó póstumamente en 1980.

lunes, 1 de abril de 2013

José Ramón Arana: los aforismos de Pedro Abarca / 2


[1] España será libre tan pronto como los españoles se hayan puesto en condiciones de querer serlo, es decir, tan pronto como en vez de embestir, discurran.


[2] ¿Por qué, nosotros, españoles, no hemos de ser los primeros en salirnos de la recua mental puesta a la cola de gringos o de rusos? ¿Es que no hay para el hombre sino el despeñarse hacia el Este o chapotear hacia el Oeste?

[3] Después de tanta sangre, tanta ruina y tanto sufrimiento, luego de tanta experiencia acumulada y de mascar fracaso tras fracaso durante veintiún años seguidos, da pena tener que levantar la voz para señalar puras evidencias y decir cosas elementales.

[4] Fascismo o comunismo era, o parecía ser, el dilema acorralador.

[5] Lo de “borrón y cuenta nueva” nos ha indignado siempre. Significa tirar a la basura nuestro millón de muertos; dejar a medio hacer, como otras veces, lo a tan alto costo comenzado; hacernos trampas a nosotros mismos.

[6] Cristianismo y socialismo son cosa viva, de sustancia. De esas sustancias se han de nutrir los dos grandes partidos del futuro. Sus modos y maneras deben ser españoles; su pulsación la de este tiempo; su meta una España habitable en libertad y dignidad, aportadora de sus grandes valores conservados al acervo de la comunidad humana.

[7] Poesía es lo que únicamente se descubre a cierta manera de estar siendo o, quizá, lo que resulta de estar siendo de manera determinada.

martes, 26 de marzo de 2013

José Ramón Arana: los aforismos de Pedro Abarca / 1


Para Miguel Veturián Arana Godás, en la amistad.

[1] Todo brote de libertad ha sufrido en España furiosos gañafones de quienes, en uno y otro bando, tienen, desde antes de nacer, petrificada la sesera.


[2] El hombre sabe muy poco de sí mismo.

[3] Creo que lo verdaderamente humano se alimenta con el pan poético que los capaces de soñar a Dios –de soñarlo de una u otra manera- amasan para el hombre.

[4] España necesita un aire nuevo, limpio; sacudirse la pereza mental, reencontrarse, sustanciar las ideas en lo olvidado de su ser, y una actitud abierta, fervorosa, realista en la entera realidad del hombre. Le hacen falta esclarecedores de lo turbio, rectificadores de tanta mentira y tanta falsificación acumuladas y un proyecto de sí.

[5] ¿No fue, más bien, que cinco reinados –los de Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII- acumulando culpas, vilezas y desastres, hacían indefendible el régimen monárquico?

[6] El diálogo, forma perdida entre nosotros.

[7] Los desterrados: el alma partida, un no ser ni de aquí ni de allá completamente.

[8] Barrer media España a la otra media es imposible, como ha venido demostrándose.


Nota. En 1968 publicó José Ramón Arana en México, en la "Colección perspectivas españolas, nº 2, de la editorial Finisterre, un libro de ensayo titulado Cartas a las nuevas generaciones españolas y lo hizo con el pseudónimo de Pedro Abarca.

viernes, 22 de marzo de 2013

Tanka de la luz



TANKA DE LA LUZ

¿De dónde vendrá
con esa inusitada
y extraña fuerza
esta luz que me asombra
tan dulce y tan lejana?

Nota. Definición de "tanka" del diccionario de la RAE: "Poema japonés corto, compuesto de cinco versos; pentasílabos primero y tercero, y heptasílabos los restantes."